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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2011

Los movimientos sociales e indgenas de indo-afro-latinoamrica y los desafos del tiempo poltico actual
De las revueltas a las revoluciones

Isabel Rauber


En el mapa geopoltico indo-afro-latinoamericano se observan da a da agigantados cambios y no todos de igual contenido, sentido y alcances; ms bien podra afirmar que ellos responden a fuertes contradicciones y las recrean nuevamente en otra dimensin y tiempo, y con actores sociales y polticos hasta poco tiempo insospechados como tales.

Quiero relevar muy sucintamente primero, como se ha conformado este nuevo mapa a partir de la conformacin de gobiernos que para abreviar- denominar aqu como populares. Estos gobiernos no surgieron de la nada, ni mgicamente por una buena campaa. En la base de todos los procesos actuales, con mayor o menor visibilidad segn sean las posibilidades de cada lugar, est la acumulacin emergida y construida en aos de resistencia y luchas protagonizadas por los movimientos sociales, los movimientos indgenas, los movimientos por los derechos humanos, por movimientos de mujeres, ecologistas, y tambin frecuentemente acompaados por gran parte de la izquierda organizada latinoamericana. En este gran crisol de culturas y riquezas de alternativas germin la posibilidad de plantear opciones polticas para disputar gobiernos.

En Venezuela, de la mano de un militar honesto y bolivariano que se decidi a embanderar un proceso de cambio; con dbiles races de organizaciones sociales, sindicales y de pobladores, este logr sin embargo tocar las fibras de la dignidad y convocar a las mayoras a la epopeya por la patria.

En Brasil, Lula, ex dirigente sindical de la CUT, siendo parte de un partido, el PT, supo construir estadualmente la posibilidad de llegar al gobierno nacional y cont por ello con un fuerte partido y engrasados mecanismos de funcionamiento; sin resolver su articulacin con los grandes movimientos sociales del pas, pero con dilogos construidos.

En Ecuador, surge un referente, Correa, luego de su destitucin como Ministro. Debido al apoyo que ello despert comenz a nuclear a los dispersos fragmentos de la izquierda y la intelectualidad y logr erigir su programa en opcin poltica para gobernar. Su mayor debilidad estuvo y an est en su vinculacin con los movimientos indgenas originarios, particularmente, con aquellos nucleados en la CONAIE.

En Paraguay, un Obispo catlico se hace cargo de la bsqueda de un camino para romper con el dominio colorado.

En Uruguay, el histrico Frente Amplio, no solo supo ganar las elecciones sino sostenerse en el gobierno, afianzar sus propuestas y aportar a la unidad del continente.

En El Salvador y en Nicaragua y se logr retomar el rumbo de las luchas por la justicia social de la mano de gobiernos con marcada influencia revolucionaria de los 80, a travs de la participacin del Frente Farabundo Mart y del Frente Sandinista, respectivamente.

En Per, recientemente, Un ex militar con inclinaciones nacionalistas y de justicia social, pudo articular un frente amplio con actores diversos de la sociedad y de la izquierda orgnica e intelectual y ha ganado las elecciones, abrindosele ahora el abanico de desafos de gobernar para sus objetivos siguiendo sus principios y los acuerdos establecidos.

En Bolivia, el gobierno que encabezan Evo Morales y lvaro Garca Linera, es una resultante de las conquistas que fructificaron luego de enrgicas luchas sociales, indgenas, campesinas y de pobladores urbanos. En ellas se han ido formando articulaciones inter e intrasectoriales capaces de romper con la sectorializacin de las luchas y sus actores-sujetos, para avanzar hacia mbitos de articulacin poltica que confluyen luego en la formacin del MAS, instrumento poltico para la soberana de los pueblos. Con esa base, se presenta y gana las elecciones presidenciales en diciembre de 2005, y desde ah hasta el presente.

Lo dicho es suficiente para evidenciar lo que centra mi inters en estas reflexiones: salvo en el proceso boliviano en el que se evidencia la activa y protagnica presencia de actores-sujetos que convergen hacia su constitucin en actor-sujeto colectivo, en los otros casos, es notoria la ausencia protagnica de un actor o actores sociopoltico/s. Y si la (auto)construccin-constitucin del sujeto poltico creador e impulsor de los cambios es la principal ausente en tales procesos, es tambin, por tanto, su principal debilidad interna.

Brasil, y tal vez Uruguay, Nicaragua y El Salvador, constituiran tambin excepciones por contar con un partido con capacidad de gobernar, pero tienen debilidad en su anclaje social y la necesidad de abrir las puertas a la articulacin basada en la participacin de los movimientos sociales populares para avanzar en la construccin de una voluntad y conduccin colectiva social y poltica hacia transformaciones raizales democratizadoras.

El futuro-como los sujetos- se disputa y construye palmo a palmo en el presente

Lo dicho respecto de otros procesos latinoamericanos no significa que en la experiencia de Bolivia las cuestiones de organizacin y conduccin social y poltica estn resueltas; el sujeto poltico colectivo contina su proceso de (auto)construccin en las nuevas condiciones, es decir, sigue en la disputa por (auto)constituirse en el actor sociopoltico colectivo protagonista de las tareas y desafos de este tiempo.

→La (auto)constitucin del sujeto es permanente, es parte del caminar, por ello es importante tener presente que el haber constituido gobierno reclama como nunca antes seguir en la disputa de la construccin social, cultural, econmica y poltica de lo nuevo, incluyendo a los actores-sujetos en el proceso de cambio y transformacin que es y ser siempre, a la vez y en primer lugar, un proceso de (auto)transformacin. Se trata de una actitud y condicin constante, pues las situaciones concretas -as como los desafos-, son y sern siempre diferentes; lo nuevo emerger una y otra vez junto con las tareas a realizar en pos de las transformaciones, con el caminar.

Habitualmente se piensa que cambian las realidades pero no as los actores y sus conciencias; o sea, al parecer habra un momento en que se rompe la relacin entre realidad, experiencias sociales y conciencia sociopoltica. Y supuestamente, por ello , a pesar de los cambios que tienen lugar en la realidad social por ejemplo, cuando se constituyen gobiernos populares , desde el plano analtico y poltico suele tratarse a los actores-sujetos partcipes de tales logros , refirindolos a su actuacin y conciencia del tiempo anterior. Esto, adems de que no les reconoce el protagonismo que los actores-sujetos tienen o deberan tener en el nuevo tiempo, en el tiempo de co-gobernar, impide comprender [y (auto)comprenderse] a los actores-sujetos en las nuevas interrelaciones sociales creadas por la nueva situacin sociopoltica y econmica y cultural. Se rechaza, de ltima, el hecho de que las nuevas coyunturas replantean permanentemente los intereses colectivos y sectoriales y disputan la conciencia, organizacin y accin de los actores-sujetos.

La instalacin de un gobierno popular revolucionario supone la conformacin de nuevas interrelaciones sociales y el surgimiento de nuevas contradicciones, conflictividades, afinidades e interacciones de fuerzas e intereses sociales, econmicos, culturales y polticos acorde con la nueva realidad poltica e institucional, de conjunto, estas configuran un nuevo mapa sociopoltico que define nuevas tareas y desafos a los actores sociales, ahora claramente confrontados en su matriz poltica o sociopoltica.

→La revolucin es una construccin permanente y requiere esfuerzo poltico, formativo y organizativo consciente, autoconsciente. No hay linealidad, ni espontanesmos; no se darn los cambios sociales, polticos, ideolgicos y culturales; sern (o no) construidos colectivamente (por las mayoras). Tampoco hay garantas respecto de los resultados: el presente y el futuro se disputan palmo a palmo, da a da.

En tal sentido, vale ubicar a los gobiernos populares de Latinoamrica: pueden constituir una importante herramienta para abrir las puertas a los cambios desde abajo, promoviendo el protagonismo de los actores-sujetos. Pero si se toma a los gobiernos como el objetivo poltico central, la tendencia al acomodamiento, al conservadurismo de lo ya conquistado, puede hacer estragos arriba y abajo y dar por tierra a los objetivos sociotransformadores. No hay separaciones tajantes entre la gestin del gobierno, la administracin y gestin del Estado y la participacin poltica de las organizaciones sociales y los pueblos todos. Esta es en todo momento la clave revolucionaria del proceso. Promoverla, calificarla y estimularla es vital para ampliar-profundizar la potencialidad revolucionaria de los gobiernos populares, para que las reformas que promueven se profundicen hacia cambios raizales y no terminen empantanadas en los sinuosos tentculos del poder hegemnico del capital. Hay que estar atentos y enfrentar a la cmoda sentencia que supone que de algn modo se resolver.

→Los pueblos retoman su historia donde la han dejado en el proceso natural de su movimiento y accin social. Vale recordar que los movimientos sociales surgen, se consolidan y se desarrollan por razones defensivas de sobrevivencia sectorial en principio y avanzan hacia conciencia y accin poltica colectivas en momentos de extrema agudizacin de la lucha por la sobrevivencia. En ella se abren las compuertas de la conciencia sectorial a lo colectivo, pero no es un estado permanente. Al cesar la situacin extrema, al resolver lo que originariamente se identific como el objeto causal de la situacin de exclusin, al sentir, por ejemplo, que ahora ya se es gobierno, se produce una suerte de relajacin poltica y reacomodamiento a lo nuevo, donde lo colectivo pareciera separarse nuevamente de las problemticas sectoriales y lo defensivo sectorial vuelve a ocupar un lugar importante en los movimientos sociales otrora altamente polticos. Esto, en casos extremos, abre paso a la resurgencia de lo corporativo. Es lo que se evidencia en determinados conflictos sectoriales recientes en Bolivia, en Ecuador protagonizados por movimientos indgenas, de campesinos, por sindicatos, etctera. Es el movimientos contradictorio del proceso de cambios por lo que, lejos de acusar un dficit insuperable, marca la naturalidad de la circularidad del proceso social. Por otra parte, refuerza los llamados a no dejar los procesos a merced del espontanesmo y la desorganizacin poltica, convoca a ejercer la accin poltica formativa prctica, para estimular la superacin poltica de las limitaciones del pensamiento sectorial corporativo, y crecer todos y todas en protagonismo. Esto es parte de la construccin de la conduccin poltica colectiva del proceso revolucionario. Es lo que, en ese sentido, define la necesidad e importancia del trabajo poltico as como sus modalidades y contenidos.

Lucha de clases o va pacfica?

→Desconocer u olvidar que los adversarios desalojados del poder poltico cuyos intereses socioeconmicos y culturales son afectados por los nuevos gobernantes, quienes pasado el desconcierto inicial-, dedicarn sus energas, saberes y poderes a desestabilizar y subvertir el nuevo estado de cosas. Como escrib en algn momento: las revoluciones que transitan por esta va no lo hacen en un lecho de rosas, quienes as lo piensan se hacen cargo del equivocado, prejuicioso y setentista relato de la va electoral como sinnimo de va pacfica, interpretando a esta como propia de un tiempo ausente de conflictos.

En las condiciones sociopolticas actuales de los gobiernos populares se evidencia un crecimiento de la lucha por la hegemona histrica por parte del poder y sus personeros. En tal situacin, la disputa por la cabeza de la poblacin se incrementa.

Es importante no subestimar la lucha poltico-ideolgica, y redoblar los esfuerzos para atenderla simultneamente con las otras actividades y responsabilidades nuevas que, ciertamente, debilitan a los movimientos sociales, indgenas, sindicales, ecologistas, campesinos, etc., por la migracin de sus de por s escasos- cuadros a las esferas del gobierno y el Estado, mientras algunos fijan la mirada en los cargos pblicos dando cauce a reclamos sectoriales y corporativos tras ellos: Yo tambin quiero, nosotros tambin queremos. En tales casos se trastocan aunque coyunturalmente los objetivos histricos: ya no se trata de cambiar la sociedad sino repartir la torta y, consiguientemente, todos los que as se posicionan exigen tener lo que consideran su parte.

→La revitalizacin de la lucha de los adversarios por reconquistar el terreno perdido constituye una significativa amenaza de los procesos revolucionarios democrticos, pero tambin las grietas internas, la ausencia o escasez de articulaciones entre gobierno, Estado y pueblos, la auto-constitucin de articulaciones entre los actores-sujetos que abrirn las puertas a convergencias polticas programticas entre ellos.

→Los movimientos sociales, indgenas, campesinos, de mujeres, de jvenes, etc., tienen una gran responsabilidad poltica y un desafo poltico central: dejar de ser actores demandantes y (auto)constituirse en sujetos polticos.

Esta situacin ubica el quehacer de los movimientos sociales en una dimensin cualitativamente diferente de la hasta ahora experimentada: hacerse cargo de lo que ellos mismos han construido. Se trata tambin de asumirse como protagonistas centrales de los gobiernos y disponerse en consecuencia , a (co)gobernar. Esto es: profundizar los procesos colectivos de articulacin y construccin de poder propio en simultnea transformacin de los espacios gubernamentales e institucionales del Estado y el gobierno, profundizando la disputa integral con el poder hegemnico del capital.

No es polticamente lgico resistir, luchar, voltear y poner gobiernos si luego se rechaza asumir la responsabilidad de (co)gobernar en funcin de impulsar las transformaciones revolucionarias; con autonoma respecto a quienes gobiernan y a las estructuras gubernamentales-estatales, pero articulados a los representantes para (luchar por) participar en la toma de decisiones, en el control de la gestin pblica y para promover propuestas propias construidas desde abajo, en las comunidades, movimientos, sindicatos El contenido popular de un gobierno no se desprende del currculo de quienes gobernantes, sino de su vocacin y empeo para transformar radicalmente las instituciones gubernamentales-estatales abrindolas a la participacin protagnica de los de abajo. Esto es clave y para lograrlo se hace necesaria la concurrencia voluntaria y consciente de los movimientos sociales, indgenas, urbanos, etc., y de los pueblos todos. Hay variadas modalidades de involucramiento de los movimientos: como demandantes con reivindicaciones sectoriales corporativas, como ejecutores de tareas subordinados al gobierno-estado, como fuerzas de choque de la oposicin, como espectadores crticos, o como protagonistas en disputa con lo viejo y creadores-constructores de lo nuevo, que se atreven a transitar por el terreno del conflicto propio de las disputas y accin poltica. Esto supone para ellos vivir en conflicto, hacerse cargo de la disputa por la construccin de un nuevo poder popular construido por el protagonismo de los de abajo, desde abajo y en todos los mbitos de la vida social: gobierno, Estado y todo el cuerpo de instituciones sociales y polticas, as como en los diversos mbitos de la vida social.

→Normalmente se analiza el conflicto como una situacin dada en la que externamente- intervienen los actores, sin embargo por el contrario , el conflicto existe porque es constituido por el accionar de los actores en funcin de intereses contrapuestos o contradictorios entre s. Ello no quiere decir que los actores-sujetos puedan crear o manejar los conflictos a su antojo; subraya la participacin genealgica de los actores-sujetos en el surgimiento, desarrollo y desenlace de los mismos. Esto rescata, por un lado, a los conflictos como la forma natural de existencia de lo poltico y por tanto de la participacin de los movimientos sociopolticos en la disputa con el poder hegemnico del capital en busca de la construccin de su propio poder. Por otro, reubica a las contradicciones propias de los procesos revolucionarios como parte de los conflictos, que no se resuelven por decretos sino por las dinmicas concretas de las interacciones e interdefiniciones de los actores-sujetos concretos que pelean y discuten palmo a palmo con los agentes del poder hegemnico en bsqueda de la construccin de otro poder, otra hegemona. Parten de posiciones de subordinacin histrica a la hegemona dominante del poder y prcticas de resistencia, lucha y construccin de lo nuevo mediante , se van encaminando hacia la no-subordinacin, fortaleciendo y desarrollando su propia hegemona, aprendiendo a gobernar de modo diferente en la misma mediada que van gobernando, traspasando las fronteras poltico-institucionales impuestas por el aparato poltico institucional que responde a los intereses, las lgicas, y los protagonistas del poder del capital.

Romper ese crculo del poder es parte de las claves de los actuales procesos de cambio, tanto para quienes ocupan posiciones de gobierno, como para el conjunto de actores-sujetos sociopolticos que promueven el cambio. Los caminos y los tiempos para ello se anudan a la batalla ideolgico-cultural, poltica y organizativa necesaria para no quedar atrapados por las redes del poder, siendo arrastrados por la inercia cultural de la vieja poltica y sus prcticas fragmentarias, corporativas, jerrquicas, burocrticas y excluyentes.

Revalidar el protagonismo poltico alcanzado en las luchas contra el neoliberalismo, ponindolo en sintona con las condiciones, tareas y desafos actuales, implica transformarlo en forma y contenidos. Hay que tener presente que no se trata de una actitud terica; los sujetos se constituyen siempre en las luchas, en ellas pueden madurar y tomar conciencia de la importancia de articular sus reivindicaciones sectoriales con las de otros, profundizando en las races sociales de las mismas hasta llegar a poner de manifiesto los intereses comunes que estas representan. Es all cuando sintetizando , lo social se torna poltico porque es consciente de que la disputa reivindicativa es, a la vez, una disputa de poder, una disputa poltica.

Lo reivindicativo, antes fragmentado sectorialmente y ahora articulado y proyectado en una nueva dimensin, se torna programtico; los actores dispersos se constituyen en actor colectivo, sujeto poltico de su tiempo. Esta condicin resulta raizalmente articulada a la accin de los actores-sujetos en el entramado de contradicciones del conflicto sociopoltico, en su capacidad de definirlo en sentido favorable a sus intereses, necesidades y aspiraciones. Pero no es una condicin o estatus permanente. Es decir, si vara la situacin sociopoltica, si se modifica la correlacin de fuerzas, de poderes, si el protagonismo de los actores-sujetos en los conflictos polticos a favor de los cambios deja de ser interconstituyente (del conflicto y de su protagonismo), el actor colectivo puede retroceder como sujeto, atomizarse y desintegrarse como tal sujeto, es decir, puede de-constituirse como sujeto poltico. Caso contrario, no habra retrocesos, contramarchas, errores La vida est llena de ellos, ms aun los procesos raizalmente democratizadores como los que actualmente se disputan en Bolivia, y tambin aunque en otras dimensiones en Ecuador, en Venezuela

Los reclamos y las protestas son cuando menos , insuficientes en esta etapa, ms aun las lamentaciones de lo que no se hace o no se consigue. Sin desestimar la importancia y vigencia de las movilizaciones de los actores sociales por sus reivindicaciones, al contrario, es tiempo de promoverlas y desarrollarlas, pero atendiendo siempre al contenido y la proyeccin poltica de estas en el conjunto de la problemtica sociopoltica de este tiempo, que ya no tiene como objetivo a la protesta, sino a la protesta con propuesta, protagonizando los cambios, crendolos, impulsndolos y participando en sus realizacin, es decir, movilizndose para que los cambios se hagan realidad o se profundicen.

En las actuales procesos de democratizacin abiertos por gobiernos populares, no basta con que los representados reclamen a los representantes, no basta con protestar, no basta con tomar distancia para seguir de cerca las gestiones de gobierno. El quemeimportismo poltico es hijo de la ideologa del aparente no-compromiso neoliberal, y en las actuales condiciones es funcional a la supervivencia de su hegemona.

Los destinos, posibilidades y alcances de los procesos revolucionarios abiertos en el continente, los contenidos y alcances de la accin gubernamental y la participacin poltica de los movimientos sociales estn genealgicamente entrelazados.

Este nuevo tiempo poltico abierto a los desafos sociotransformadores gestados desde abajo en las resistencias y luchas de los movimientos indgenas y sociales, demanda de ellos alzarse sobre prejuicios, dogmas, contradiccin y las limitaciones propias de su desarrollo, para protagonizar las decisiones de hoy y llevarlas adelante, haciendo realidad las consignas del pasado y dando los pasos necesarios en aras de fortalecer el protagonismo colectivo del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios y del pueblo todo. Y para ello es importante no descuidar el trabajo de formacin poltica intercultural descolonizadora.

Es vital superar la defensiva, erigirse (construirse) en sujetos protagonistas de su historia

Superar la defensiva no es una decisin voluntaria. Supone dar cuenta, en primer lugar, de la nueva realidad sociopoltica, de las correlaciones de fuerzas y sus cambios: en sus caractersticas, interrelaciones, articulacin, contradicciones y dimensiones; en segundo lugar, dar cuenta de las tareas y sus nuevos desafos.

Vivir en las realidades abiertas por los gobiernos populares implica para los movimientos indgenas y sociales del campo popular, moverse en un terreno histrica y polticamente desconocido hasta el presente: en el terreno de la libertad de pensar y elaborar propuestas colectivamente, de presentarlas y discutirlas mano a mano con el Ejecutivo o en los parlamentos, desarrollndose como protagonistas con capacidad de propuestas y articulacin intersectorial en aras de avanzar hacia la constitucin del actor poltico colectivo.

Esto se entrelaza con el trnsito por caminos que hay que construir para cambiar de raz el contenido social de los instrumentos tradicionales del Estado y el gobierno, y buscar o crear los medios para hacerlo, participando en ellos, convirtindolos en herramientas de los cambios colmndolos de participacin popular y comunitaria gestada desde abajo. En tales procesos de lucha por los cambios que se desarrollan simultneamente con ellos , residen las contradicciones de las ventajas y los obstculos para los cambios como as tambin las posibilidades de que los diversos actores sociales atomizados vayan reencontrndose a s mismos como protagonistas de este nuevo tiempo.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que los adversarios polticos, lejos de estar debilitados, tiene ahora las mejores condiciones que nunca para dedicarse al estudio y observacin de los errores y limitaciones de los movimientos y sus representantes, tienen los medios y los recursos. Y estando fuera de la administracin del Estado en lo fundamental-, tienen todo el tiempo para socavar las bases del poder revolucionario en gestacin. No estn solos los movimientos y el pueblo construyendo su futuro, esta construccin se da en medio de una alta lucha poltica entre sectores que no descansan ni un segundo en llevar a delante la batalla por la recuperacin del terreno perdido.

El proceso es a la vez constituyente e instituyente.

No existe un ser ni un deber ser definidos a priori, no hay sujetos, ni caminos, ni tareas, ni rumbos y resultados preestablecidos, no hay garantas de resultados exitosos ni situaciones irreversibles. Se trata de una lucha constante que tiene que apelar infatigablemente a la imaginacin, inventiva y voluntad de los actores participantes, (auto)desafiando paso a paso sus deficiencias y limitaciones, convocando a la voluntad sobre la base de la conciencia y el deseo, para protagonizar cada vez ms integral y profundamente el proceso de cambios, proceso que abrieron sabiendo lo que no queran pero sin tener plenamente establecido lo que queran. Pero esto no necesariamente es as, este camino est atravesado por las subjetividades, por apetencias, personalismos, celos y miradas de todos los matices tanto en los movimientos sociales como en gobernantes y funcionarios; es una lucha en tensin constante para no dejarse atrapar por las redes del poder y sus tentculos de cooptacin y absorcin de los objetivos revolucionarios en unos y otros o en ambos. Es un proceso vivo, abierto, dinmico, contradictorio, tensionante y desafiante.

El carcter constituyente abarca e interdefine los sentidos, las dimensiones y acciones del proceso de cambios, y con ello, a los propios sujetos. Es decir, se trata de un proceso interconstituyente de poder, proyecto y sujetos. Y como todo ello se va definiendo concatenado (hilvanado) por la participacin (integral) de los actores sujetos, resulta en tal sentido, a la vez , un proceso autoconstituyente, marcado por sus capacidades polticas, de conciencia y organizacin. No hay resultados ni sujetos, ni proyectos, ni poderes preconcebidos ni garantizados; todo est en juego permanentemente. Precisamente por ello los actuales procesos democrtico-revolucionarios que se desarrollan en el continente en disputa frontal con la hegemona del poder colonial-capitalista, reclaman un creciente y renovado protagonismo de los movimientos indgenas, sociales, campesinos, de mujeres, de trabajadores, de ecologistas, pensadores populares, etctera.

Los primeros pasos resultan de alto valor simblico positivo, visibilizando como ciudadanos de derecho y de hecho a amplios sectores de la poblacin histricamente marginada, invisibilizada. Los cambios estn marcados por el desarrollo de programas de gobiernos que -teniendo en cuenta la correlacin de fuerzas existente , buscan en primer lugar consolidar la gestin gubernamental naciente y avanzar.

En tal sentido, la construccin de hegemona popular resulta central. Y ella est anudada a la profundizacin-ampliacin de la democracia heredada simultneamente con la construccin de una democracia raizal que abra el horizonte a la participacin multidimensional de los actores sociopolticos diversos, fortaleciendo tambin su (auto)constitucin en actor colectivo, sujeto de su historia.

Aunado a ello, es vital fortalecer/desarrollar el instrumento poltico, la conduccin poltica colectiva del proceso, capaz de coordinar y potenciar el desarrollo de tareas polticas, culturales e ideolgicas que promuevan la participacin protagnica del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios, construir canales y herramientas de informacin y organizacin, abriendo canales institucionales y no institucionales para su participacin conciente, capacitada, organizada y creciente en las diversas dimensiones de la vida social.

Esto se anuda directamente con la realizacin de actividades orientadas a fortalecer el desarrollo de la conciencia poltica de los actores sociopolticos, estimulando la recuperacin y reflexin crtica de sus experiencias concretas de construccin de poder propio, creando mbitos colectivos de intercambio y produccin de pensamiento crtico de sus procesos de cambios, contribuyendo efectivamente al crecimiento y fortalecimiento de la conciencia colectiva, abriendo espacios para peridicas reflexiones sobre las nuevas y cambiantes realidades.

La ideologa del cambio, como el sentido y sus definiciones estratgicas son parte del proceso social vivo, y no un dogma apriorstico establecido desde fuera de las luchas de los pueblos por alguna vanguardia partidaria que los dems tendran que asimilar. La conciencia poltica de los actores sociopolticos del pueblo se forja y crece en los procesos de resistencia, lucha y construccin de alternativas, en interdefinicin constante de los rumbos y objetivos estratgicos. Estos no vienen dados del ms all; se van construyendo (y modificando) a partir de las cotidianidades y modos de vida y experiencias de lucha y sobrevivencia diversos que existen en cada sociedad, en cada comunidad.

El debate estratgico est abierto en cada proceso que apuesta a cambiar la realidad en este continente, protagonizado por actores-sujetos que van construyendo caminos que cuestionan colectivamente el actual sistema mundo a la vez que como seala Mszros , lo van rediseando ms all del dominio del capital.


Isabel Rauber es Dra. en Filosofa. Directora de la Revista Pasado y Presente XXI. Profesora de la Universidad Nacional de Lans. Educadora popular. Estudiosa de los procesos polticos de los movimientos sociales e indgenas de indo-lafro-latinoamrica. www.isabelrauber.blogspot.com ; e-mail: [email protected] ; Twitter: @IsabelRauber


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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