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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2011

La barbarie de los 11 de septiembre

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Qu tenemos que ver los habitantes de Nuestra Amrica con el 11 de septiembre? En todo caso, mi memoria histrica acerca de esa fecha no empieza con el ataque terrorista en el 2001 contra las torres gemelas del World Trade Center, sino con el criminal asalto militar de 1973 contra La Moneda, la casa presidencial chilena. Poco ms de tres mil vidas inocentes fue el dao colateral de la primera, anunciada por sus perpetradores como el golpe de Dios Omnipotente contra uno de los rganos vitales del mal. Mientras, el saldo brutal de la segunda fue sobre 30,000 vidas, incluyendo la de su heroico presidente Salvador Allende, vctimas tambin de otra cruzada fundamentalista: el anticomunismo.

Ambos acontecimientos septembrinos desembocaron en la instauracin de regmenes de hecho despreciadores de los derechos humanos y abocados a la desposesin de los ms en beneficio de los menos. En el caso del violento fin de la democrtica va chilena al socialismo, as como de la guerra contra el terror desatada hacia dentro y hacia fuera de Estados Unidos, ambas sirvieron de vehculo para la legitimacin de nuevas estrategias de control y dominacin fuera de todo marco legal. Propiciaron tambin la intensificacin de la aspirada sumisin de la vida toda bajo las lgicas neoliberales del capital.

Cmo imagen publicitaria producto del dominio de los grandes medios estadounidenses, el 11 de septiembre se nos ha vendido como metfora representativa del pensamiento nico neoliberal. Es una narrativa que pretende reducir al mundo a un orden de batalla entre los buenos, los capitalistas, y los malos, todos los que de una y otra manera difieran de su visin del mundo hecho a imagen y semejanza del capital. Quin no est con los autoproclamados buenos, tiene que estar objetivamente con los malos, sentenci el tejano George W. Bush, quien funga de mandatario de los yanquis en ese momento. Y los malos son culpables por naturaleza de sus fines, lo que justifica incluso su tortura, desaparicin o ejecucin sumaria y extrajudicial. Los condenados de la tierra son invisibilizados o deshumanizados bajo este maniquesmo imperial.

Como bien nos seala el economista Franz Hinkelammert, con el 11 de septiembre se colapsaron nuestras coordenadas del bien y el mal. En su lugar, se impuso la perversa estrategia imperial de la guerra total, sin lmites, y sin coordenadas claras acerca del bien y del mal. El nico criterio legitimador en adelante sera la fuerza y la eficacia de sus efectos, por ms deshumanizantes que sean.

Sin embargo, mi memoria histrica sigue resistindose a los simplismos ideolgicos. Me trae a la mente esos otros 11 de septiembre que han marcado mi consciencia, por lo menos en el ltimo medio siglo. Los bombardeos criminales de Estados Unidos sobre Hanoi y todo el territorio vietnamita, incluyendo el uso de armas qumicas de destruccin masiva. Murieron sobre 3 millones de vietnamitas, de los cuales 2 millones eran civiles. Igualmente recuerdo la aniquilacin en 1989 -con, entre otras cosas, el brbaro napalm usado en Viet Nam- del barrio Chorillos de la Ciudad de Panam, donde murieron 10,000 civiles panameos como resultado de la ilegal invasin militar estadounidense.

Las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistn, y la no declarada en Pakistn, han dejado igualmente cientos de miles de muertos, en su mayora civiles. Contina operando, con absoluta impunidad, el campo de concentracin estadounidense en Guantnamo. La Corte Penal Internacional saca pecho para investigar y condenar los delitos de los malos, mientras condona los crmenes de los buenos. Bush y su vicepresidente Cheney admiten y defienden pblicamente sus crmenes y nadie su inmuta. Quien sumisamente le ha dado continuidad a las polticas criminales de stos, el presidente Barack Obama, la Academia Sueca le otorga el Premio Nobel de la Paz. Y con ese premio en mano, ha agredido a Libia y producido all, junto a sus aliados europeos, otro violento e ilegal cambio de rgimen, con su secuela abismal de muertos.

Huelga decir que la barbarie hace ya tiempo nos ha ido arropando. El ser humano se ha visto reducido a mero medio desechable. Habra que refundar la propia civilizacin para que vuelva a ser fin bajo unos fundamentos ticamente comunes, es decir, incluyentes, sobre el bien y el mal o, mejor an, ms all del bien y del mal como categoras absolutas impuestas por los poderes establecidos. La comunista alemana Rosa Luxemburgo tuvo razn. En ausencia de la sociedad del poder y bien comn, lo que podemos esperar es la barbarie.

Durante los pasados diez aos igualmente somos testigos de otra manifestacin de la barbarie anunciada: la decadencia de los centros imperiales de Estados Unidos y Europa, con sus elites polticas agotadas y desacreditadas, as tambin sus economas de mercado, sumindose en el decrecimiento real de sus fuerzas productivas y el incremento significativo de sus desigualdades, producto de la avaricia sin fin de sus elites econmicas. Ya no slo enfrentan problemas de gobernabilidad, sino algo peor: la inviabilidad bajo el actual orden civilizatorio capitalista. Contra ello, se levanta un rayo de esperanza: la indignacin organizada para la articulacin de un modo alternativo de vida comn.

En ese sentido, desde la Amrica nuestra ha surgido las ms importantes expresiones de cambio con implicaciones antisistmicas. Desde Chile, parece por fin despertarse su pueblo de la larga noche neoliberal impuesta por Pinochet y los Chicago boys, y revalidada por una desconcertada y timorata izquierda oficialista. Convocada por sus estudiantes y su juventud, aquella que nada tiene que perder excepto las cadenas heredadas de la dictadura del capital, ha puesto por fin sobre el tapete la superacin del modelo neoliberal y su sistema de valores basado en el lucro privado y excluyente sin fin.

Por otra parte, jalonada hacia la izquierda a partir de los influyentes cambios vividos en la ltima dcada en Venezuela, Bolivia y Ecuador, sin hablar de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, sin olvidarnos de Nicaragua y la revolucionaria Cuba, avanza la regin en la articulacin de su largamente deseada y esperada desconexin de las decadentes economas imperiales de Estados Unidos y Europa, y la consiguiente potenciacin e integracin solidaria de sus respectivas sociedades y economas.

Slo Mxico, con sus ms de 12 millones de nuevos pobres y sobre 40,000 muertos, en la ltima dcada, producto de la guerra impuesta contra el narcotrfico, resalta como la gran excepcin. En su caso, la barbarie ha estado determinada, en ltima instancia, por la creciente dependencia neocolonial bajo el rgimen integracionista que comparte con Estados Unidos, el mismo que ha admitido armar a los carteles que suplen la demanda por estupefacientes a su alienada sociedad. Si algo ensea el caso de Mxico es que el futuro de Nuestra Amrica no se labra hoy mirando al Norte, sino en todo caso hacia nosotros mismos.

Los yanquis parecen vivir al margen de la historia de la pasada dcada. Se me parecen a los cruzadistas cristianos del siglo XIII que, en palabras de un cronista rabe: Proceden con tanta impetuosidad, como las polillas de la noche que vuelan a la luz. Peor an, parecen emular las palabras del tristemente clebre Goebbels el gran propagandista fascista- poco tiempo antes de la cada de la Alemania hitleriana: Si tenemos que abandonar el teatro del mundo, vamos a tirar la puerta de una manera tal, que el universo tiemble.

 

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.  

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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