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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2011

Y ese da cambi el mundo?

Camilo de los Milagros
Iniciativa debate pblico


Recuerdo perfectamente qu haca ese 11 de septiembre de 2001 cuando se desmoronaron las torres gemelas: estaba merendando en el recreo del colegio antes de entrar a una clase que nunca empez porque los profesores, asustados e intensamente impresionados, dejaron salir temprano sus pupilos para entregarse frenticos a una actividad en la que continan; la visin atemorizada de las noticias y los telediarios, expectantes del desenlace de aquello que pareca el fin del mundo.

Lo que no recuerdo de ningn modo es que haya habido eventos que por s solos o en s mismos hayan cambiado y trastocado el curso de la historia. Ni siquiera los ms brutales como el desafortunado tropiezo de Coln con sus Indias o la bomba atmica. Los sucesos polticos, los hechos magnos y asombrosos se revelaban como la continuidad de acontecimientos menores, como la sucesin de largas cadenas, de procesos que casi siempre o siempre tienen un contenido complejo y recndito, enlazado meticulosamente entre las tendencias del devenir humano: contradicciones econmicas, cambios biolgicos o naturales acumulados durante siglos, fuerzas sociales que slo se dejan entrever con el caleidoscopio de la vida diaria, tan sorprendente, tan inasible e indefinida.

Los Yankees pretenden obligarnos a creer con la insolencia de sus misiles y portaaviones que ese da, de la nada y de la noche a la maana, cambi el mundo sin remedio. Todo debido a la perfidia y la maldad de un reducido grupo de fanticos, acomplejados y resentidos, unos brbaros que se atrevieron a desafiar el atavismo salvaje ms peligroso en los tiempos actuales: el orgullo nacionalista del imperialismo americano y de millones de estpidos ciudadanos adocenados que lo secundaron de buena gana.

No vale la pena mencionar de nuevo la voluminosa masa de inconsistencias en la versin oficial y aceptada juiciosamente por la prensa de nuestros pases: todo indica, una dcada despus, que hubo un montaje gigantesco y monstruoso en aquellos atentados con intereses oscuros. Tampoco vale la pena insistir en las repercusiones ya conocidas que implican el enorme retroceso que ha sufrido la paz mundial y los Derechos Humanos desde entonces, la inestabilidad y zozobra geopoltica que se desencaden en el planeta y el aumento desaforado de la ya desaforada industria militar norteamericana.

La contra-versin ms difundida entre todos los crticos del imperio consiste en afirmar que, tratndose indistintamente de un autogolpe o de un atentado real, el suceso permiti a las criminales clases dominantes del pas del norte consolidar su poder y efectuar una rapia que aun no termina contra las reservas petroleras del planeta. El primer eslabn de esa cadena fue Afganistn (no haban pasado ocho horas del atentado cuando la CNN anunci a Ben Laden apoyado por el rgimen afgano como el posible autor), pasando por Irak que nada tena que ver con Ben Laden, continuas agresiones a Irn y ahora Libia donde Al-Qaeda est siendo armada y apoyada por la OTAN en la guerra contra Gadafi. Pero aquello aunque es cierto supone o por lo menos deja abierta la posibilidad de que ese da, ese once de septiembre del ao dos mil uno, el mundo cambi. Y esto resulta ser, como la fantasiosa muerte de Ben Laden o las armas de destruccin masiva de Saddam Hussein que nunca aparecieron, una asquerosa mentira. Quiz la ms grande de todas, la ms maloliente y despreciable.

Otros sucesos similares en el pasado de la humanidad, que presuponen igualmente tiempos turbios y calamidades histricas se asemejan en circunstancias al desplome de la torres gemelas. El incendio de Roma ordenado por Nern que luego desemboc en terribles persecuciones de cristianos marcando la decadencia del imperio ms grande de su tiempo. El ataque del Reichstag que ardi en llamas, cometido por los propios Nazis en el poder, quienes veran luego un ascenso meterico y enfrascaran el mundo en la peor guerra del siglo XX. Siempre hubo debajo profundas grietas sociales, movimientos de fuerzas incontenibles que encontraron en el hecho poltico, en la consagracin material -planeada o no- de la catstrofe, la explicacin absoluta de un fenmeno que ya era imparable o incluso estaba consumado en sus alcances.

El mundo cambi para siempre cuando el petrleo dej de cotizarse en la bolsa en un tope de 20 dlares y empez a subir exponencialmente para nunca ms bajar, pero eso fue dcadas antes del 11-S. El mundo cambi para siempre cuando cay el muro de Berln y el capital se lanz igual que un carroero a rondar el globo acumulando todo lo acumulable, edificando pacientemente los cimientos de la peor crisis de su historia, otra vez una crisis de sobreproduccin. El mundo cambi para siempre cuando el insostenible estado Keynesiano del Bienestar Social se vino abajo por su propio peso y el sistema re-edit en tiempos de computadoras, vuelos transocenicos y viajes al espacio, un capitalismo calcado de las novelas de Dickens y Zol, est vez con consecuencias siquiera previstas ante su eventual colapso. El mundo cambi cuando el ejecutivo Norteamericano empez a prestar para pagar deudas (es la economa estpidos, es la economa!) y a prestar ms para pagar intereses de lo que ya no alcanzaba a pagar y a prestar otra vez para pagar intereses sobre los intereses y as hasta el absurdo en una economa de la irrealidad y la especulacin donde la riqueza, el Estado y los mercados son tan presentes pero tan intangibles como la Santsima Trinidad o los fantasmas Kafkianos.

El mundo cambi hace ya mucho, tan rpido, tan alucinante, tan voraz y avasallador, que ha faltado un eplogo como el 11 de septiembre para que nos demos cuenta. Si el gobierno norteamericano lleg al extremo de recurrir a una mentira inocultable, atroz, que cost la muerte de varios miles de sus ciudadanos, la destruccin premeditada del corazn emblemtico de su imperio y el inicio de unas salvajes guerras perdidas, es porque estaba en una situacin sin salida. Medidas desesperadas como esa son las que hacen los nufragos agobiados por el hambre al devorar a sus propios compaeros, o los escorpiones que se clavan en el lomo el aguijn envenenado cuando se saben perdidos.

Semejante suicidio Hollywoodesco y criminal slo es posible en una sociedad esquizofrnica, enferma, que ve nicamente lo que quiere ver y para la cual tienen ms valor los Iphone ltima generacin que todas las ltimas generaciones de somales.

Recuerdo tambin en la televisin los rostros de los nios afganos y de las madres Iraques, que leyeron entre lneas en las declaraciones de la CNN una amenaza cumplida, un obituario precoz a su vida plagada de penas y miseria, pero digna. Aquello era el colapso de una civilizacin que se hunda en vivo y en directo con un universo de canalladas e infamias a sus espaldas, mientras nosotros, humildes mortales, contemplbamos lo imposible con una mezcla ambigua de terror y esperanza que todava persiste.

Fuente: http://iniciativadebate.wordpress.com/2011/09/11/%C2%BFy-ese-dia-cambio-el-mundo/



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