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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2011

El 11 de Septiembre: la fbrica del consentimiento

Jean Claude Paye
Diagonal

El socilogo francs, Jean-Claude Paye apunta que diez aos despus de los atentados contra las torres gemelas, EE UU y todos los pases occidentales han impuesto y aceptado una serie de medidas que han eliminado importantes derechos civiles. "Una transformacin poltica y jurdica profunda", asegura el autor. (Traducido del francs por Carole Charraud)


Los atentados del 11 de septiembre han sido una ocasin estupenda para acelerar la transformacin de los cdigos y procedimientos penales. Este cambio ya estaba en marcha desde haca varios aos. En los meses y a veces los das que siguieron, los gobiernos tomaron medidas que restringieron las libertades pblicas y privadas. No se puede sino sorprender la rapidez con la cual las distintas leyes fueron aprobadas. Esto se entiende si tenemos en cuenta el hecho de que la mayor parte de aquellas modificaciones haban sido realizadas o estaban previstas mucho antes de que ocurrieran los atentados.

Las medidas escogidas en esta ocasin finalizan la transformacin del derecho penal y le dan una legitimidad. Lo que haba sido realizado sin ninguna publicidad apareca a todas luces y se encontraba retrospectivamente justificado. Lo que no significa que los procesos de decisin se vuelvan transparentes. Al contrario, las leyes se aprueban sin que un real debate se haga en la sociedad o en el Parlamento. La falta de oposicin en el contenido de las legislaciones dej sitio a un discurso paradjico: se trata de medidas justificadas por las agencias, pero que se inscriben en una guerra duradera contra el terrorismo.

La lucha antiterrorista no es solamente un instrumento de dominacin, sino tambin un modo para ejercer la hegemona. Instala un proceso de consentimiento, de aceptacin por la poblacin de la puesta en tela de juicio de sus libertades. Esta necesidad de reconocimiento explica por qu estas distintas medidas adoptan la forma del derecho.

Si tradicionalmente, la guerra es una seal de soberana, lo mismo ha ocurrido en la guerra contra el terrorismo, pero en esta ocasin, no solo se trata de un acto de soberana exterior, sino tambin interior, de gestin de las poblaciones. Es a la vez un acto de hostilidad y de operacin policaca, una accin contra los pases granujas y una posibilidad para criminalizar los movimientos sociales. Efectivamente, los textos permiten perseguir cualquier accin cuyo objetivo resulta por la influencia de la poltica gubernamental o en la presin sobre una organizacin internacional.

Las leyes antiterroristas ofrecen al poder ejecutivo la capacidad de anular cualquier forma de oposicin y de rechazar cada diferenciacin, hasta las que distinguen el acto de la pura eventualidad. La ley ya no es codificacin, un muelle frente al a la arbitrariedad. Al contrario, inscribe en el derecho que ya no existen lmites al ejercicio del poder.

En todos los pases europeos, los derechos de defensa civil han sido debilitados. En Estados Unidos, estn totalmente suprimidos para los extranjeros designados como terroristas por el poder ejecutivo. A los dos lados del Atlntico, los ciudadanos estn sometidos a medidas de vigilancia que, antao, estaban reservadas al contraespionaje. Los civiles pueden estar sometidos a medidas de privacin de libertades ms apremiantes que aquellas aplicadas a los presos de guerra.

La lucha antiterrorista abole la distincin entre el enemigo y el criminal. Fusiona el derecho de la guerra con el derecho penal. Las poblaciones pueden aparecer como enemigas a los ojos de sus propios gobiernos. Esta situacin ya est grabada y legitimada por el derecho penal estadounidense. El Military Commissions Act of 2006 integra en la ley la nocin de enemigo combatiente ilegal, que se transform en enemigo beligerante no protegido en 2009. El poder ejecutivo estadounidense puede designar como enemigo cualquier residente de un pas con el cual no est en guerra e incluso sus propios ciudadanos. La administracin no debe motivar su decisin, ni tampoco traer el ms mnimo elemento material.

La transformacin jurdica y poltica es profunda, ya que derrumba las relaciones establecidas entre las poblaciones y su gobierno, la relacin entre el instituyente y el instituido. Las poblaciones ya no son quien instituye el poder, sino que ste ltimo determina, entre los residentes, quien es un ciudadano y quien es un enemigo, quien debe estar excluido de la sociedad. La transformacin es tal que el orden simblico de la sociedad est afectado.

Una persona es terrorista porque se la considera como tal. Estos textos establecen de esta manera una identidad entre la palabra y la cosa. Las leyes nos dejan fuera del lenguaje, fuera de su poder separador y consagra el reino de la imagen. Nos encierran en una psicosis. La substitucin del lenguaje por la imagen nos lleva a un estado arcaico de fusin con la imagen de la madre, aqu, aquella del Estado actuando maternalmente. Actualmente, la madre simblica, en oposicin a las formas paternales del poder, no nos invita a la sumisin, sino al consentimiento. Se trata de una estructura social donde los individuos estn ensimismados en el terror y se abandonan al Estado. Aceptan la destruccin de sus libertades y renuncian al derecho de disponer de ellos mismos a cambio de una proteccin que les anula.

Como fusin maternal con el poder, la lucha antiterrorista evacua cada conflictividad. La imagen maternal del poder produce una denegacin poltica. Rechaza los conflictos y las diferencias. Se dirige con amor a monadas homogeneizadas, con las cuales establece una relacin intima virtual.

La apuesta de la lucha antiterrorista reside en tomar el sitio del sagrado, de fundar un nuevo real que ocupe el lugar del simblico. As como en la fenomenologa de Husserl, la imagen del 11 de septiembre nos pide suspender cada conocimiento relacionado con la percepcin de los hechos. Las leyes de la fsica tienen que estar metidas entre parntesis. Cada cuestin, cada referencia a los objetos, depende de la teora del gran complot, ya que su materialidad se opone a lo que hay que ver. Enmascara a la luz del poder, a su capacidad de dar sentido sin necesidad de pasar por las cosas. El icono del 11/9 da a ver directamente al invisible. Tal como la mirada de la Gorgona, se agarra a nosotros y nos ciega, porque miramos sin ver. Lo real se nos impone sin la meditacin de la razn, sin que se interponga el escudo de Perseo, de esta pantalla que permite ver y estar protegido a la vez de la mirada de fuego.

Aqu, todo es produccin de imgenes. Las distintas nociones que especifican el acto y la organizacin terrorista se presentan como construcciones abstractas. No tienen por objeto atacar a una forma de criminalidad particular. Los cdigos penales ya contenan todo lo necesario para hacer frente a la materialidad de los delitos. Estas imgenes tienen otra funcin, nos miran. Nos ordenan callarnos, nos prohben pronunciar cualquier palabra y establecer cortes con el poder maternal. Tal es la mirada de Medusa, nos transforma en estatuas de piedra.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/El-11-de-Septiembre-la-fabrica-del.html



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