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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2011

El enemigo que apenas existe
Al Qaida y el mito detrs de la guerra contra el terror

Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Cul fue el ataque ms devastador de al Qaida en los ltimos meses? A pesar de todo el palabreo piadoso de este fin de semana sobre el combate contra el terrorismo, pocos habrn odo hablar de l. Sucedi el 15 de agosto cuando atacantes mataron a 63 personas en 17 ciudades por todo Iraq en el espacio de unas pocas horas.

Una carnicera semejante es ignorada porque EE.UU. y Gran Bretaa ven a al Qaida solo en relacin con s mismos, y porque todas las vctimas fueron iraques. Los verdaderos motivos de al Qaida, a menudo arraigados en luchas locales entre palestinos e israeles o sunes y chies, son desdeados y reemplazados por fantasas sobre el choque de civilizaciones.

Como archiexponentes del terrorismo, al Qaida es al mismo tiempo ms y menos que el cuadro que presentan gobiernos, agencias de inteligencia, periodistas y comentaristas. Como organizacin, siempre ha sido pequea y destartalada, pero, si parece ms grande, es porque tiene la capacidad de nutrirse en feroces disputas locales. Osama bin Laden podr haber querido lanzar un yihad global, pero la mayora de los que afirmaban ser al Qaida desde el 11-S han tenido planes diferentes y ms inmediatos.

En Iraq, al Qaida en Mesopotamia, la franquicia local, aunque nunca estuvo bajo el control de bin Laden, siempre se interes ms por masacrar chies iraques que por matar soldados estadounidenses. Los talibanes paquistanes, estrechamente vinculados a al Qaida, todava dedican una parte de sus energas a enviar atacantes suicidas a fin de hacer volar aldeanos chies y trabajadores en las ciudades, incluso cuando enfrentan ofensivas del ejrcito paquistan.

El sectarismo de al Qaida es una suerte para Occidente. Muchos de los ataques atribuidos a al Qaida desde el 11-S han fracasado porque los que los realizaban no podan construir ni el artefacto explosivo ms simple. El motivo por el cual esto ha sucedido forma parte de un misterio ya que semejante pericia est demasiado generalizada en reas de influencia de al Qaida, en Iraq central, el noroeste de Pakistn e incluso en partes del sur de Yemen. Pero el conocimiento no es transmitido porque los fabricantes de bombas en esas reas se mantienen absortos en el intento de asesinar a sus vecinos musulmanes y muestran poco inters por propagar el caos en Chicago o Nueva York.

Al Qaida como organizacin global siempre ha sido una especie de ficcin. Bin Laden podr haber buscado un alcance internacional pero, aparte del 11-S, pocas veces lo logr. Su propaganda ha sido aceptada como realidad por gobiernos por sus intereses propios y por agencias de inteligencia con inters en exagerar la amenaza de al Qaida para fomentar su propia autoridad. Incluso el ms frustrado y primitivo intento de atentado ha sido presentado como si fuera una reproduccin del Complot de la Plvora. Al Qaida en la Pennsula Arbiga coment burlonamente que no importaba si sus complots fracasaban o tenan xito, porque los fracasos perturbaban el trfico areo y creaban caos.

Parecera que al Qaida tuviera tentculos en todo el mundo, porque grupos, a menudo con otros planes pero utilizando tcticas similares, se convirtieron en sus franquicias. Esta nocin tambin se ha arraigado porque autocracias por doquier tienen inters en pretender que sus oponentes son todos fundamentalistas islmicos, estrechamente vinculados a al Qaida. En Libia, Muamar Gadafi lo hizo con mucho xito en sus relaciones con la CIA y el MI6, en parte porque el Grupo de Combate Islmico de Libia estaba dirigido por veteranos de la guerra afgana, como Abdel Hakim Belhaj. India en Cachemira y Rusia en Chechenia, en su combate contra lo que eran movimientos separatistas que gozaban de amplio apoyo, afirmaron que combatan audazmente contra bin Laden y al Qaida.

En el 11-S, el gran xito de al Qaida fue publicitar su propia existencia y provocar una sobre-reaccin estadounidense que le hizo directamente el juego. Provoc a EE.UU. a derrocar a los talibanes y a Sadam Hussein y a que se enmaraara en guerras civiles de gran complejidad. En retrospectiva se ha hecho fcil culpar a George W Bush y a sus lugartenientes en Washington y en el terreno por errores como disolver el ejrcito iraqu y el partido Baaz. Pero en esos das aunque desde entonces han mantenido mucho silencio los dirigentes chies y kurdos estaban totalmente a favor de eliminar esos dos principales instrumentos del poder sun y dejar que EE.UU. cargara con la culpa.

La guerra de Iraq relanz a al Qaida de otra manera. Desde el principio, los portavoces militares de EE.UU. pensaron que era una idea brillante afirmar que los ataques insurgentes, quienquiera los realizara, eran obra de al Qaida. El objetivo era ganar apoyo para la guerra en EE.UU., pero en Iraq, donde la ocupacin estadounidense era cada vez ms impopular, dio la falsa impresin de que al Qaida diriga los ataques de la guerrilla contra el ejrcito de EE.UU. Los nios iraques comenzaron a agitar banderas negras de al Qaida ante los soldados estadounidenses. Los rabes sunes pensaron que podra ser un aliado til y al movimiento le fue ms fcil recaudar dinero en todo el mundo rabe.

Al Qaida ha probado ser tan escurridizo y difcil de eliminar sobre todo porque nunca ha existido en la forma pretendida por gobiernos y agencias de inteligencia. Sus miembros, incluso antes de 2001, siempre fueron pocos y tuvo que contratar a miembros de las tribus afganas para que produjeran vdeos de propaganda. Pero apenas pasa un mes sin que la CIA anuncie que sus drones han matado a planificadores operacionales de al Qaida, como si el grupo fuera un reflejo exacto del Pentgono. Auto-pregonados expertos en terrorismo aparecen como presentadores en televisin, y declaran que la eliminacin de algn personaje de al Qaida ha sido un golpe mortal para la organizacin, pero su resistencia es tal que su amenaza para nosotros sigue sin disminuir.

Podra algn gobierno de EE.UU. haber reaccionado de un modo diferente despus del 11-S? No fue tan fuerte el deseo popular de represalias que Washington no pudo evitar la cada en la trampa de al Qaida? Hay algo de cierto, pero el motivo por el cual esta forma de terrorismo es tan efectiva es que dirigentes polticos son tentados a aprovechar la oportunidad para expandir su poder destacando la amenaza. Pueden mostrar a crticos que no se muestran de acuerdo como ingenuos o poco patriotas. Reformas necesarias pueden ser dejadas de lado en medio de un llamado general a unirse alrededor de la bandera.

Esta sobre-reaccin a ataques terroristas no es totalmente inevitable. En Irlanda del Norte despus del comienzo en 1968, el IRAQ Provisional se hizo experto en provocar al Ejrcito britnico y al gobierno para que sobre-reaccionara. Cuando un soldado britnico era muerto, la consecuencia era el castigo colectivo de un distrito catlico romano y los jvenes se apresuraban a sumarse a los Provisionales. Cost doce aos antes que el Ejrcito britnico se diera cuenta de que estaba reaccionando como el IRA esperaba que lo hiciera.

Ha aprendido EE.UU. una leccin similar? Parece dudoso, porque ningn presidente de EE.UU. puede admitir que ha librado guerras innecesarias en busca de un enemigo que apenas existe.

Patrick Cockburn es autor de  The Occupation: War, resistance and daily life in Iraq y Muqtada! Muqtada al-Sadr, the Shia revival and the struggle for Iraq .

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/09/12/the-enemy-that-barely-exists/



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