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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2011

A quin creer?
"El Pas" o Wikileaks

Vctor Sampedro Blanco
Rebelin


Hace una semana El Pas conden a Wikileaks en un editorial muy revelador (parecido al que dedic al Che). La causa: haber publicado ntegros, sin editar, los documentos del Cablegate de los que el diario haba tenido la exclusiva en espaol. La sentencia: "un peligro para los derechos humanos. As se revela la distancia entre un peridico de prestigio y quienes denuncian al Imperio y las guerras (in)humanitarias. Las militares y las diplomticas.

Cada prrafo del editorial, tres en total, coloca a cada cual en su sitio. Revisndolo se entiende por qu los medios corporativos atacan ahora a Wikileaks. Se distancian de quienes han construido y defienden la Red (la informacin, en general) como contrapoder.

Rezaba el primer prrafo:

- Wikileaks se convirti en un eficaz instrumento para las organizaciones de derechos humanos y para todos aquellos ciudadanos cuyas demandas eran contrarrestadas con el secreto de Estado y la opacidad. La afirmacin indigna. Qu rendicin de responsabilidades impuls El Pas? No pidi la dimisin de la vicepresidenta que presion a la Audiencia Nacional para que abandonase el caso Couso. Y tampoco exigi el cese de la ministra Sinde, cuya infausta ley se fragu con ms de cien cables en los que la industria estadounidense peda cerrar Internet a los piratas espaoles. Ntese que se menciona a las organizaciones de DDHH y a los ciudadanos como impulsores de la transparencia. No a los profesionales de la comunicacin. Siquiera cuando saben del encubrimiento de un crimen contra un compaero de profesin. No s ustedes, pero yo creo a quien se la juega por m; por lo menos, en cuanto a crmenes de guerra y a ficheros compartidos (considerados tambin un crimen) se trata.

Pasemos al segundo prrafo:

- Las fuentes que aparecen citadas en los cables pasan a ser, de inmediato, vctimas potenciales de los mismos atropellos que se decidieron a denunciar, con lo que Wikileaks deja de ser un instrumento a su favor y se convierte en un arma en su contra. Puede ser esto cierto? No. Tras casi un ao entero de circulacin de los cables sin editar (fueron publicados por un periodista de The Guardian) y de filtraciones entre los propios medios (p.e. a 20minutos de su filial noruego), no se han puesto a resguardo los informantes? La cuestin es ms de fondo. El periodismo profesional no respeta que Wikileaks rechace como obligacin proteger a "nuestros" ejrcitos y a sus colaboradores. Los considera mas blindados que la poblacin civil, como demuestran las cifras de muertos que revel. Wikileaks toma partido, pero no las armas: est con las vctimas. No las "potenciales", sino las reales. Las que otros no cuentan o llaman "colaterales".

ltimo mazazo de los editorialistas togados:

- El error de Wikileaks no consiste en haber renunciado a servir de fuente a algunos de los principales diarios y semanarios del mundo [...] consiste en haber abandonado luego la deontologa por la que se rige el periodismo con el que estn comprometidos esos medios. Una sentencia y un cargo sin fundamento. Ornamento y delito. Assange y su equipo sirvieron mucho ms que de fuentes. Y un cdigo para profesionales no puede imponerse a quien no lo es.

Wikileaks sin cobrar nada a cambio (ni una campaa promocional, tal como van las cosas se le prepara la hoguera), ayudaron a los cinco medios impresos de ms prestigio a descifrar bancos de datos valorados en millones de dlares. Les propusieron trabajar de modo colaborativo, algo inconcebible con las exclusivas. Les disearon un marco transnacional, que aseguraba impunidad para revelar secretos de estado. Si el New York Times publicaba primero, gracias a la Primera Enmienda, el resto lo hara sin represalias. En suma, Wikileaks introdujo en la vieja prensa algunos principios de la cultura digital y, en concreto, hacker. El flujo de informacin ha de ser gratuito, colaborativo, transnacional y alegal. Son requisitos para luchar contra los think tanks que alimentan gratis a los medios, y contra quienes actan fuera de la legalidad o la cambian a su antojo, como las transnacionales y los ejrcitos.

Minusvalorar el papel de Wikileaks no legitima a quien le public lucrndose. Tampoco oculta su contradiccin argumental. El Pas y los otros medios dijeron haberse mostrado indispensables para contrastar y contextualizar los cables. Negaron que Wikileaks fuese un medio de comunicacin y Assange un periodista (lo que mejorara su situacin). Slo los periodistas conferan rigor y credibilidad. Ahora reprochan, a quien no goza de sus privilegios legales, incumplir una deontologa periodstica que no casa con la baja estima social y los menguantes negocios de esta profesin.

Los cables fueron fragmentados en noticias domesticadas. El racionamiento de abusos trufados de chascarrillos nos hizo perder la insoportable visin de conjunto. Los enfoques domsticos, sobre escndalos nacionales, filtrados y compensados con declaraciones oficiales, devalu las denuncias. Se demostr, en suma, que la mediatizacin de los escndalos resulta inocua para los poderes denunciados. Y que los medios corporativos no cumplen sus tratos. Haban convenido liberar los cables despus de haber informado sobre ellos. Demuestran, a fin de cuentas, que actan como PayPal o MasterCard. Sus transacciones permiten financiar la carrera de armamento, pero no a Wikileaks.

Imponiendo a los pblicos cibernautas su deontologa, los periodistas sueltan lo que pudiera ser su tabla de salvacin: la ciudadana empoderada en la esfera digital. Su alianza con gentes como Wikileaks abri una va clara de sostenibilidad, econmica y deontolgica. Los cinco medios que compartieron la exclusiva publicaron ms denuncias que nunca, multiplicaron ganancias y audiencias. Por qu criminalizan ahora al mensajero? Mientras, prosiguen la demolicin de Assange y del supuesto filtrador, Bradley, como iconos de la libertad de expresin. Pensarn que los los de faldas de uno y los desequilibrios del otro rendirn ms beneficios. O que el Gran Jurado de Virginia que les espera generar crnicas inolvidables. Y que as nos harn olvidar que gracias a ellos constatamos la impudicia del emperador y las masacres que financiamos. Olvidan ellos que sabemos quin se la juega por nosotros, quin nos amenaza y quin nos niega como actores comunicativos de pleno derecho y una tica propia: la hacker.

Apelando a ella hubieran cabido las crticas a Assange desde una mayor comprensin de lo que est en juego. Wikileaks, al entregar los cables en exclusiva, vulner el principio hacker de liberar con transparencia y neutralidad informacin crtica. Ha racionado sin rendir cuentas las filtraciones hasta que acab el trato. Los diarios deban liberarlas tras haberlas utilizado. Aparte de esta, hay otras razones y de gran calado. Son las de los hackers. La Humanidad tiene derecho a construir un archivo global de su Historia. La informacin clasificada no poda seguir siendo patrimonio del milln y medio de militares y contratistas que viven del negocio de la guerra. Los datos ya circulaban por un error de Assange, por filtraciones entre los medios y de estos al pblico ( Micah L. Sifry ). Por ltimo, la cifra de muertes provocadas por filtraciones semejantes de Wikileaks (p.e. los Papeles de Afganistn) es 0. Esta intrahistoria ha sido ocultada con otros relatos interesados , que anuncian otros peores. Porque los errores estn repartidos ( Tom Watson y Jeff Jarvis ). Y porque los hechos que demuestran quin es quin. Quin ejerce por ahora, con sus contradicciones pero tambin con todas sus consecuencias, el (contra)poder informativo.

Vctor Sampedro Blanco es Catedrtico. Departamento de Comunicacin I de la Universidad Rey Juan Carlos.

Blog del autor: http://propolis-colmena.blogspot.com/2011/09/quien-creer-el-pais-o-wikileaks.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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