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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2011

Apuntes para entender la derrota
La transformacin abortada: la experiencia de la Unidad Popular y el poder popular

Juan Pablo Carrillo Ramos/Jaime Labra Todorovich
Rebelin


Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienacin
Ernesto Guevara de la Serna

Antes de iniciar con el anlisis histrico del periodo de la Unidad Popular, es necesaria una breve introduccin terica, para comprender a cabalidad lo que es el Poder y lo que llamamos Poder Popular, para de esta manera adentrarnos en este periodo histrico tan controvertido, comprender sus consecuencias y sacar algunas conclusiones prcticas para nuestro quehacer poltico.

Bajo el supuesto liberal burgus, en el que somos todos iguales y capaces de decidir por nosotros mismo, el Poder se entiende como el que se crea en el consenso entre personas libres e iguales, dentro de un Estado que se eleva objetivamente sobre la sociedad. El sueo dorado de los liberales progresistas. El hecho, que se desprende de un anlisis cientfico de la sociedad, o sea basado en la realidad material y temporal, desmiente absolutamente este supuesto. Dentro de una sociedad de clases, como la actual, es imposible hablar de igualdad y de conciencias libres, ni muchos menos de un Estado objetivo lejano de la manipulacin de la clase dominante. Todo intelectual liberal que se base en este supuesto para desarrollar sus teoras, juega en el aire y sus textos parecen ms literatura fantasiosa que anlisis serios de la realidad. Haciendo un anlisis marxista de la concepcin de Poder, en nuestra realidad histrica, decimos que este no se origina en el consenso, por el contrario, se origina a partir de la contradiccin. Antonio Gramsci, recogiendo y continuando las reflexiones de Lenin, nos dice: el poder no es una cosa sino que son relaciones (...) pero no de cualquier tipo. El poder est conformado por relaciones de fuerza entre las clases sociales[1]. Entendemos el poder como una relacin y no una cosa, pero no cualquier relacin, se trata de una relacin dialctica, o sea de contraposicin. Al ser el poder una relacin entre fuerzas, lo entendemos como un concepto unitario, hay un solo Poder, que se compone por fuerzas que estn en contraposicin constante, estas Fuerzas no pueden conciliarse sino que por el contrario chocan en la lucha por la hegemona de este. Por esto la dualidad de poderes se entiende en el sentido de estas fuerzas internas a la relacin de poder.

Lo hegemnico, construido por la clase dominante, tiene siempre dos fases, que se interrelacionan entre ellas para consolidar el poder establecido, la va represiva clsica, es decir, la violencia hecha carne y fuego; y la va del consenso creado en la subjetividad popular, mediante el cual se introduce en ella la manera de ver y vivir el mundo de la clase dominante. Bajo esta segunda premisa o va, se constituy la relacin del Estado que nace en 1925 y el movimiento popular, bajo una lgica de introduccin en los esquemas institucionales y legales definidos por el primero. En cambio, lo popular es lo que se construye ante lo hegemnico, o sea (en esta sociedad), ante el Estado y el poder de la clase que lo maneja. Lo Popular hace relacin a la Fuerza en el Poder de la clase oprimida, ms all de la poca ingerencia que tenga, ms all de lo reprimida que este o de lo autnoma que parezca, siempre estar mientras exista Poder en esta sociedad de clases. Debemos entender que el Poder Popular, en sentido estricto, no es un Poder por s mismo, sino que una Fuerza. Sin perjuicio de lo anterior, esta Fuerza es Poder solo en cuanto se relaciona (en trminos de dominacin) con otra Fuerza, la Fuerza de la otra clase. Vistos los procesos desde esta ptica, tenemos que la sociedad chilena vivi una crisis orgnica, donde lo nuevo que an estaba por nacer pugn con lo viejo que an no se terminaba de morir, intentando resolver la tensin entre la dependencia de las lgicas del Estado de 1925 y un movimiento popular que se demostraba cada vez ms rupturista de la hegemona burguesa Exista alguna va que permitiera la conciliacin de ambos? O por el contrario Exista un tercer actor que se haba mantenido en silencio, pero que a la larga terminara por aplacar tanto a uno como a otro? La experiencia de la Unidad Popular no fue otra cosa que el intento dramtico por lograr esa conciliacin. Desde la victoria de Allende en 1970, y su consiguiente ratificacin por el Congreso pleno, la va chilena al socialismo acto en dos direcciones divergentes, la primera y ms clsica, estrategia de negociacin parlamentaria, en miras a alcanzar cierto consenso para producir los cambios que se decan necesarios en beneficio de los sectores populares; y la segunda, que consista en intentar apoyarse en el movimiento popular que se deca representar.

La primera direccin fue representada consecuentemente por lo que Julio Pinto llama la izquierda gradualista[2], la cual bajo el supuesto de la existencia en Chile de una burguesa nacional y autctona, buscara con sus representantes polticos, es decir, con el sector progresista de la Democracia Cristiana, un amplio acuerdo que permitiera hacer avanzar el proceso. Sin embargo dicha postura careca del siguiente anlisis expresado por Gaudichaud: Esta bsqueda de una burguesa autnoma result rpidamente ilusoria, puesto que una de las caractersticas de las formaciones sociales latinoamericanas es precisamente la directa interdependencia de los intereses de las clases dominantes con los capitales extranjeros[3] Otro error que oculta la posicin institucional de la izquierda tradicional es creer que en el sistema de partidos estaran representadas las clases sociales, como una forma de proyeccin de las contradicciones de la sociedad en el parlamento. Efectivamente era as? La lucha de clases se dara en el Congreso? O por el contrario Tendera a darse cada vez ms en la calle? La experiencia de esos aos, de masivos combate callejeros entre las fuerzas del gobierno y la oposicin demuestra lo asertivo de lo segundo[4].

La segunda direccin, tambin representada por la izquierda gradualista y tradicional sera el apoyo del movimiento popular al gobierno. A este haba que mantenerlo bajo los moldes institucionales del Estado de 1925. Salir de ellos sera romper el supuesto equilibrio democrtico. Estbamos, se deca, construyendo un nuevo modelo histrico de transicin hacia otra forma de produccin, pacfico y legal En el cual era el movimiento quin presionaba (a la oposicin) y apoyaba (al gobierno), pero es el gobierno el que finalmente decida. Dicho novedoso modelo, no era ms que la repeticin de un populismo largamente larvado por la clase poltica civil, aunque esta vez radicalizado, tanto por el discurso, como por la accin del movimiento popular al cual intent responder. Es en esa segunda direccin, es donde se producen las fisuras ms fuertes del proyecto populista. Si como ya haba demostrado Tom Davis en la dcada de 1950 que el Estado de 1925 resultaba inviable para fomentar la acumulacin de capital[5]. Ahora la inviabilidad se demostraba a nivel de movimiento popular, el populismo careca de los medios para controlar su volcnica erupcin por sobre el Estado. Surge el llamado poder popular, pobladores logran el autogobierno a nivel local, obreros se toman fbricas y las hacen andar esta vez sin patrones, campesinos llevan a cabo tomas de terreno y exigen el control comunitarios de estos. Era este poder popular canalizable por las vas institucionales del Estado? Ciertamente que no, al contrario cuestionaba al Estado Nacional-Populista en sus cimientos. La soberana regresaba a su verdadero dueo, el pueblo. Se gestaba as, aunque de modo germinal el futuro de un nuevo Estado. Las clases oprimidas se preparaban para romper cadenas, y comenzaban a construir un mundo de acuerdo con sus parmetros, sobrepasando la hegemona burguesa, y construyendo una hegemona autnticamente popular. El Poder estaba siendo hegemonizado por la Fuerza Popular, sobrepasando las lgicas del Gobierno Popular. La historicidad que el pueblo vena forjando desde hace ms de veinte aos, y que por no decirlo, provena tambin del movimiento popular de inicios del siglo XX, tuvo sus frutos. Los cordones industriales, conjunto de fbricas y empresas tomadas por sus trabajadores, segn espacio territorial, quebraban el viejo sindical-parlamentarismo funcional al modelo e impona una visin abiertamente creadora del cambio social. Las poblaciones controladas y autogobernadas por sus propios pobladores, con su propia justicia popular, sus frentes de trabajo, cultura, salud, etc., con el apoyo brindado por los estudiantes en la construccin urbana del mundo popular, a travs de sus conocimiento en diversas reas del saber (arquitectura, ingeniera, derecho, salud, pedagoga, etc.)[6].

Los comandos comunales que vinculaba en la accin concreta a los pobladores, los obreros de un cordn, y los campesinos organizados de una comuna en especfica, en miras de su control. Sobre el poder popular, se repitieron las dos viejas posturas histricas. O era un rgano de apoyo al gobierno popular (postura populista de dependencia) o bien, este tomaba un carcter contrahegemnico ante la clase que segua manipulando el Estado[7]. Si bien lo primero ocurri en particular para contrarrestar las ofensivas de la oposicin (paro de los transportistas por ejemplo), no eclips lo segundo, tanto as que el mismo presidente Allende al enterarse de la celebracin de la Asamblea del Pueblo en Concepcin y su propuesta de sustituir al parlamento burgus, opinara: En otras experiencias histricas ha surgido un doble poder contra el poder institucional reaccionario, sin base social y sumido en la impotencia. Pensar algo semejante en Chile en estos momentos es absurdo, si no crasa ignorancia o irresponsabilidad. Porque aqu hay un solo gobierno, el que presido, y que no es slo el legtimamente constituido sino que, por su definicin y contenido de clase, es un gobierno al servicio de los trabajadores No tolerar que nada ni nadie atente contra la plenitud del legtimo Gobierno del pas El Gobierno de la Unidad Popular es el resultado del esfuerzo de los trabajadores, de su unidad y organizacin. Pero tambin de la fortaleza del rgimen institucional vigente Por eso, es mi deber defender sin fatiga el rgimen institucional democrtico[8].

Vistas as las cosas, la institucionalidad (que ya se caa a pedazos) era ms importante que el propio potencial creador del pueblo, expresado en el poder popular. El viejo discurso populista se utilizaba una vez ms pero esta vez con una legitimacin revolucionaria. Era por lo tanto ms importante la lucha contra la miseria, por la distribucin econmica igualitaria desde arriba, que la lucha contra la alienacin y por la liberacin de los sujetos desde los sujetos mismos[9]. En los aos en cuestin, existi una corriente poltica que busc expresar las posiciones de un poder popular con vocacin de hegemona, era la autodenominada izquierda revolucionaria. La cual se caracterizaba adems por desconfiar de la institucionalidad estatal y por la certidumbre de lo inevitable que se tornaba la violencia en el proceso. Esta izquierda, hija poltica de Clotario Blest y constituida fundamentalmente por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el Movimiento de Accin Popular Unitaria (MAPU), la Izquierda Cristiana (IC), y sectores del Partido Socialista (PS)[10], y que a raz de sus propios desgarros internos, tales como la inclinacin hacia el vanguardismo excesivo, el sectarismo y dogmatismo heredados de su antecesora y rival, la izquierda tradicional, careci de madurez y capacidad suficiente para virar el proceso hacia otro rumbo que no fuera la amarga derrota, ya no slo del reformismo, ni del populismo, sino que tambin de la propia izquierda revolucionaria y del movimiento popular[11].

Cmo explicar el crudo final? De dnde viene la asonada golpista que perpetu el terror por 17 aos? Basta mencionar la dura polarizacin de esos aos? Basta buscar explicaciones en el modelo poltico y sus fisuras? En particular, hay alguna respuesta plausible en la simple contradiccin entre parlamentarismo y presidencialismo, como lo creen algunos?[12] Claramente que no. Una explicacin de perspectiva histrica debe considerar al nacional-populismo, el cual entr en una crisis terminal, al ser incapaz de controlar al movimiento popular y de ofrecer un patrn de acumulacin para Chile. Un Estado que no fue en el literal sentido de la palabra un instrumento de control represivo de clase, pues intent integrar bajo sus parmetros al mundo popular, y alej de l al empresariado productivo nacional, el cual no tuvo otra opcin ms que moverse en las sombras. El aborto del proyecto no poda ser realizado sino por su propia madre, la lgica librecambista y de dependencia, que se mantuvo en silencio como pilar fundamental del desarrollo nacional. La madre saldra a la luz, asesinara al hijo y de paso al proyecto popular que deca combatir contra l. Los militares fueron pues, parteros violentos de esta historia, del nuevo hijo que naca, esta vez a imagen y semejanza de su progenitora, la contrarrevolucin neoliberal, que de la mano del terror militar se impondr a sangre y fuego hasta nuestros das. Qu enseanza debe sacar la izquierda de este proceso, para una mejor aplicacin de nuestras polticas? Aunque grupos progresistas se hagan de la maquinaria del Estado Burgus, el Poder Popular debe mantenerse independiente de esa influencia, ocupando los espacios que se abran, pero jams subordinndose a la fuerza hegemnica, poniendo en manifiesto su contradiccin bsica y lgica tanto con esta fuerza dominante en el poder, como con los progresistas institucionales que se hacen (o intentan hacerse) de la maquina de un Estado que, por ms que intenten lo contrario, siempre servir a los intereses burgueses, ya que fue hecho y reafirmado (1833, 1925 y 1973) para este propsito.

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[1] Nstor Kohan. Antonio Gramsci. Ocean Sur. 2006. Pg. 9-10s
[2] Pinto, J. Hacer la Revolucin en Chile, en Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular (Pinto, J. editor), (Santiago 2005, LOM) p. 15
[3] Gaudichaud, F. Poder popular y cordones industriales (Santiago, 2004. LOM) p. 19
[4] Salazar, G. Op. Cit., pp. 263-277
[5] Salazar, G. & Pinto, J. Op. Cit., p. 63
[6] Particular inters al respecto tiene el Campamento Nueva Habana. Ver en Garcs, M. Construyendo las poblaciones: El movimiento de pobladores durante la Unidad Popular, en Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular (Pinto, J. editor), (Santiago 2005, LOM), pp. 73-77
[7] Gaudichaud, F. Poder popular y cordones industriales (Santiago, 2004. LOM), p. 28
[8] Citado en Salazar, G. & Pinto, J. Op. Cit., p.166
[9] Para profundizar al respecto se recomienda Salazar, G. Transformacin del sujeto social revolucionario: desbandes y emergencias, en Actuel Marx N 1 (Santiago, 2003. Universidad ARCIS)
[10] Sobre la relacin de Clotario Blest y la izquierda revolucionaria, en particular en el proceso de fundacin del MIR ver en Leiva, S. & Neghme, F. La poltica del MIR durante la Unidad Popular y su influencia sobre los obreros y pobladores de Santiago en http://www.archivochile.com/tesis/02_tms/02tms0015.pdf pp. 11-23
[11] Compartimos en este sentido la opinin de Mario Garcs en Miguel Enrquez y el proyecto revolucionario en Chile, editores varios (Santiago 2004, LOM), p .13
[12] Al respecto ver Salazar, G. Construccin de Estado en Chile: la historia reversa de la legitimidad, en Proposiciones N 24 (Santiago, 1993. Ediciones SUR), pp. 98-99

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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