La farsa de Kioto en cinco claves
Después de siete años de negociaciones y cumbres internacionales en la
ciudad japonesa de Kioto, el pasado 16 de Febrero entró en vigor el
famoso Protocolo. Es el instrumento que llega desde los gobiernos (141
países firmantes) y las instituciones supranacionales para combatir los
excesos de la contaminación sobre el planeta. Pero ¿realmente sirve de
algo? Baste decir que el hasta el PNUMA (el Programa de la ONU para el
Medio Ambiente) ha declarado que “este acuerdo para controlar el cambio
climático llega tarde y mal”
Porqué no sirve:
1. Objetivo ridículo: El objetivo del Protocolo de Kioto es reducir un
5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero (tomando como base
los niveles de 1990) para el año 2012. Las propias Naciones Unidas
reconocen que es “un objetivo más bien modesto”. Podríamos llamarlo más
bien ridículo. De hecho, los científicos del IPCC (Panel
Intergubernamental para el Cambio Climático, de la ONU), han dicho que
sería necesaria una reducción ¡del 60 %!
2. Los países más
contaminantes se niegan a firmar el acuerdo: Varios de los países más
contaminantes del mundo, como China y la India, no han firmado. Tampoco
lo ha hecho el país líder en contaminación, EEUU: es responsable del
25% de las emisiones de los gases que producen el efecto invernadero.
3. Los límites no se cumplen: Además de lo ridículo del recorte de
emisiones ¡los países se pasan y por mucho! Según El País “Las
emisiones de gases de efecto invernadero en España triplican ya el tope
fijado dentro del Protocolo de Kioto. En 2004, las emisiones superan en
un 45% las de 1990” Sólo se permitía aumentar un 15%.
4. Si
quieres contaminar más… puedes comprar derechos para hacerlo: El
acuerdo permite el "Comercio de Emisiones": es decir, si a tu país se
le ha fijado una cuota X de emisiones de CO2, y te pasas, puedes
comprar derechos “de emisión de CO2” a países que contaminan menos y no
han llegado al límite de su cuota. Como se ve, lo que menos importa
aquí es el planeta.
5. ¿Y qué ocurre con los países o
empresas que sobrepasen sus límites? Pues una multa. Como si jugar con
el futuro de nuestro planeta fuera igual que dejar el coche mal
estacionado. ¡Sanciones penales, ya!
En resumen: Intentar
salvar al planeta, bajo la lógica del capitalismo, se convierte en otra
forma de intercambio de dinero. De hecho, el nuevo comisario europeo,
Durao Barroso, ya ha declarado que la UE no seguirá a la cabeza de
Kioto porque “resulta demasiado costoso”.
Una cifra: El
gobierno del PSOE calcula que cumplir la primera fase del Protocolo
costará a las empresas 85 millones €. (El País) Parece mucho dinero,
pero si lo comparamos con los 10.170 millones € que gastan al año las
empresas en innovación tecnológica, se ve que realmente es una miseria
(fuente: INE)