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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2011

Lagrimas y puos por Kukutza

Berna Gmez Edesa
Rebelin


En las ltimas dcadas y en el mbito vasco, cuesta recordar en el devenir de las problemticas y luchas sociales una actuacin de las instituciones del poder con tanto impacto social y meditico como lo acontecido estos das con Kukutza; quiz habra que remontarse al cierre del astillero Euskalduna.

No pareca a priori que el desalojo del gaztetxe de Rekalde fuera a tener esta repercusin. Las claves de ello podran situarse en factores diversos que han convergido para hacer muy real el que, al final, ha resultado ser un acertadsimo eslogan de los ltimos meses del movimiento juvenil en torno a este Gaztetxe: BilboxKukutza.

Por una parte est el trabajo fresco, plural, democrtico, abierto, comprometido con el barrio y con los valores ms humanos que una sociedad puede reivindicar, desarrollados por colectivos y personas que se han movido y se mueven en kukutza, creando consecuentemente un amplio grado de aceptacin y respaldo en el propio Barrio y amplios lazos de simpata y comunicacin en otros crculos ms alejados, pero conscientes del valor que para una sociedad plural e integradora supona la experiencia Kukutza. Ejemplos no faltan, desde apoyos de una amplio espectro del mundo de la cultura, asociaciones vecinales, de ocio, culturales y deportivas de toda ndole, partidos polticos, sindicatos, etc., hasta el simple respeto y reconocimiento, que no es poco, de medios de comunicacin habitualmente al servicio de intereses alejados e incluso enfrentados a dinmicas del tipo de las que Kukutza representa.

A lo anterior habra que aadirle otro factor, un tanto diverso, pero que gira en torno a una situacin general de cambio profundo tanto a nivel mundial como de nuestro entorno ms cercano. El descarado y claramente visualizado desfalco econmico e ideolgico que las lites del poder econmico y poltico estn llevando contra la gran mayora de la poblacin del mundo, incluidos los vascos y vascas, est generando un amplio, diverso s, pero potente movimiento contra el actual sistema de cosas. Cada vez ms sectores de la poblacin tienen claro que esto no puede seguir as, que un mundo, una sociedad nueva es imprescindible. Kukutza representa una avanzadilla de esa nueva sociedad que despierta y trabaja por un futuro con futuro.

Por ltimo, como tercer factor a tener en cuenta, los nuevos mtodos de comunicacin, que permiten contrarrestar de manera cada vez ms importante el poder Goebbelsiano de los grandes medios de comunicacin. Internet, el correo electrnico, las redes sociales, las pequeas cmaras de fotos, los telfonos mviles..., se han convertido en una extraordinaria herramienta de autodefensa popular.

En la batalla de Kukutza se han enfrentado los dos modelos de mirar a ese futuro, los apoltronados defensores del actual orden caduco, explotador, expoliador, corrompido y represor, frente a quienes van a cambiar la sociedad como ltima oportunidad para salvar a la humanidad y al planeta, tomando para ello por banderas viejos y casi olvidados valores como la honestidad, la igualdad, la generosidad, la solidaridad, la libertad.

Henchidos de arrogancia y de borrachera de poder, Azkuna y Ares no han sabido medir las conscuencias de sus acciones, o s, pero simplemente les da igual, que es an peor.

El primero, entronado en su mayora absoluta electoral olvida, si alguna vez lo ha sabido, que Hitler lleg al poder con los votos democrticos de una gran mayora del pueblo alemn. Ese abuso de poder le lleva al paroxismo de la inconsciencia y la irresponsabilidad al justificar el desalojo y derribo de Kukutza porque no es el modelo que queremos, como si tuviera que haber un exclusivo modelo cultural o social a su imagen y semejanza. He aqu un prrafo del potente artculo de opinin que sobre Kukutza publicaron recientemente tres reconocidos profesores universitarios: La historia de Kukutza es la historia de un grupo de gente joven y menos joven que decidi construir un espacio pblico alternativo. Distinto, no contrario, de lo pblico institucional y oficial, y que escribe en el aire la pregunta de si disponemos de autoridades permisivas, progresistas e inteligentes. En muchas ciudades de Europa las autoridades entendieron experiencias constructivas de ocupacin similares y las apoyaron como otra forma de bien colectivo. Entendieron adems que encajaba dentro de la historia de las polticas culturales con el paradigma de democracia cultural. En su extremismo Azkuna est provocando a que quienes no compartan su modelo, muchos bilbainos, decidan, por ejemplo, quemar un da el Guggenheim.

Ares, el de las porras y las bocachas, el jefe de los horribles sin cerebro que arremeten con todo su arsenal represivo, incluido su histeria personal, contra el mobiliario urbano, contra todo ser humano que se mueva en las calles de Rekalde, contra los representantes elegidos del Ayuntamiento, Diputacin y Parlamento, contra dirigentes de partidos polticos y abogado defensor de Kukutza; que machacan a los jvenes sentados pacficamente en la calle, que rompen persianas de establecimientos y puertas de los portales para apalear y detener a la gente, que entran en el centro sanitario a por los partes mdicos de los heridos. Ares, el profesional de la represin que siembra el pnico y el dolor en todo un barrio, el proporcionado de los heridos y humillados trata desde su altavoz de propaganda meditica, volver a los vecinos del Barrio contra los jvenes en lucha. Est acabado, hace mucho que cambi su origen popular por el ascenso poltico al precio que sea. He coincidido estos das con varios conocidos de Rekalde, adultos padres de familia, buena gente de viejas luchas, ya bastante acomodada, que si bien no participaban en la cosa de Kukutza, respetaban su trabajo y existencia en el Barrio, y que han salido a la calle indignados y con el puo apretado a sumarse a la denuncia ante tanta brutalidad. Me ha devuelto a los aos setenta y ha resucitado en m aquel espritu de lucha, me deca uno de ellos. El tiro contra Kukutza se les volver en contra muy amplificado, al tiempo.

Lloro al ver a los jvenes llorar de impotencia ante la tragedia que para cualquier humano de verdad supone la labor destructora de esa gra, pero me embarga tambin la fuerza que dan sus puos de dignidad levantados gritando Kukutza aurrera! Hay esperanza, hay futuro. Un abrazo de compromiso a vosotros y vosotras jvenes en lucha, una abrazo de agradecimiento Kukutza, un abrazo solidario Rekalde.

Berna Gmez Edesa, vecino de Dima.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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