Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2011

Puerto Rico
Qu hacen los puertorriqueos que no se indignan y se rebelan?

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Con motivo de haberse conmemorado otro aniversario ms del Grito de Lares, esa emblemtica rebelin poltica que pretendi el 23 de septiembre de 1868 despertar la voluntad soberana de los puertorriqueos contra el rgimen colonial espaol, no pude dejar de reflexionar sobre aquello que le escriba Ramn Emeterio Betances a Eugenio Mara de Hostos en abril de 1871. Fracasado el levantamiento lareo, Puerto Rico pareca haberse resignado nuevamente a la normalizacin de su condicin colonial. Betances, como todo padre de una patria, le recrimina a su pueblo: Puerto Rico est en una borrachera completa. All estn borrachos con las reformas que no le han dado. Se han embriagado con el olfato. Es el espectculo ms raro y triste de un pueblo chicos y grandes- celebrando las libertades que creen tener y que no tieneParece aquello una reunin de dementes, bailando sin msica. Tal vez el baile no dure mucho tiempo. Es lo nico que puede consolar. Desde que vuelvan la vista hacia la orquesta, todos ellos tienen que ver que no hay violines.

Luego, cuando sumido en la total frustracin, en su exilio forzado, frente a la intrascendente respuesta de su pueblo ante la invasin estadounidense del 25 de julio de 1898, Betances afirma que Puerto Rico no debe conformarse ms con su condicin colonial, sea con Espaa o Estados Unidos. Y qu les pasa a los puertorriqueos que no se rebelan?, es la gran pregunta que le hace a su pueblo.

En estos das, no pocos puertorriqueos nos hemos hecho la misma pregunta. La esfera pblica ha sido privatizada en su prctica totalidad. La primera familia de los Fortuo se enriquecen desde la cpula de la administracin colonial, por medio del esquema de venta de influencia seudo-legal de la primera dama-notaria. De paso, tambin facilita el enriquecimiento de los colaboradores del gobernador. Mientras se aducen razones presupuestarias para haber lanzado a la calle sobre 20 mil empleados pblicos en los pasados tres aos, a la misma vez bajo su gobierno se reparten jugosos salarios y contratos de servicios a los allegados.

La Asamblea Legislativa se lumpeniza a unos niveles escandalosos y las renuncias por corrupcin material y moral se suceden una tras otra desde el primer da entre las huestes de la mayora absoluta del anexionismo. Como consecuencia, la legislacin fruto de sus maniobras e imposiciones ha sido devaluada, por no decir ilegitimada ante los ojos de sectores significativos de la sociedad.

La Rama Judicial se hunde tambin en la politiquera ms abyecta y la dependencia ms absoluta en las determinaciones partidarias de las otras dos ramas gubernamental. Adios a la llamada independencia judicial. Ello es el resultado no slo de las acciones de la nueva mayora, ese comit servil de achichincles del partido anexionista gobernante, sino tambin de su debil presidencia, en manos de Federico Hernndez Denton, quien el insigne jurista y reconocido lder independentista Juan Mari Brs tild de mediocre correveidile de los poderes establecidos. Consiguientemente, el Estado de Derecho ha dejado de ser su marco de referencia y a ste se ha superpuesto el Estado de hecho y de fuerza, con la burda eficacia de las decisiones judiciales como nuevo criterio de legitimidad.

La llamada democracia puertorriquea representa hoy lo peor del tribalismo y egoismo que resulta consustancial a nuestra condicin colonial-capitalista actual. Reina el ms espectacular desgobierno. De ah que el gobierno de Estados Unidos, como si tuviese las manos limpias, pretende aparecer ahora como el gran salvador, poniendo bajo sindicatura nuestras instituciones educativas y policiales.

Con toda franqueza, si fuese por la composicin actual de la presente mayora absoluta por la que vot un milln de puertorriqueos en el 2008, habra que dudar del valor mismo del sufragio en este momento histrico. En ese sentido, tiene razn el filsofo francs Alain Badiou cuando seala que no respeto el sufragio universal en s mismo: depende de qu produce. Porqu debe ser el sufragio universal la nica cosa en el mundo que amerita respeto independientemente de sus resultados?. Una mayora numrica por s misma nunca es verdadera o justa. La mayora tambin se puede equivocar, como bien lo demuestra la eleccin de Adolfo Hitler en Alemania, la de George W. Bush en Estados Unidos o la de Luis Fortuo en Puerto Rico, con los resultados desastrosos que todos conocemos.

En un mundo en que se levantan miles y miles de indignados por doquier contra el empobrecimiento objetivo de sus vidas a manos de unos poderes fcticos que le explotan y le oprimen, desde los gobernantes corruptos a los mercados tirnicos, la relativa pasividad de los puertorriqueos no deja de inquietar. La ausencia de una oposicin verdadera en este contexto resulta alarmante.

El Partido Popular se sume en el silencio ms oportunista, apostando a que, ante la inexistencia de otra opcin creble, ser electoralmente favorecido en noviembre de 2012 producto de la debacle de la presente administracin. Y lo poco que habla, slo sirve para comprobar que sigue empantanado en el punto muerto del status quo de la dependencia colonial-capitalista.

La izquierda independentista y socialista parece dormir el sueo de los justos, conformndose cada cual con seguir girando en torno a sus referentes ideolgicos exclusivos, como si la parte tuviese ms fuerza que el todo. Producto de ello, el pas anda a la deriva en ausencia de la articulacin de un proyecto de refundacin comn que le imprima sentido de direccin a su futuro ms all de su yermo presente.

Desde 1989, con el caracazo, esa insurgencia civil que culmin diez aos ms tarde con el inicio de la revolucin bolivariana en Venezuela, pasando por los triunfos polticos de la izquierda en Ecuador, Bolivia, Peru, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Nicaragua y El Salvador, se levanta, paso a paso, un nueva Amrica nuestra, independiente de los polos imperiales, arraigada en sus propias realidades e intereses plurales. No slo se ha convertido en referente obligado de aquellos que a travs del planeta buscan articular ese otro futuro posible que anida en el presente, sino que tambin ha dado ctedra de progreso social y econmico.

Mientras en Estados Unidos y Puerto Rico, aumenta la desigualdad y la pobreza, mientras la economa imperial y su regin econmica colonial registran tasas menguadas o negativas de crecimiento econmico, acompaadas de una reduccin significativa en los ndices de calidad de vida y bienestar general, bajo el nuevo entorno indo-afro-latinoamericano se va integrando un nuevo espacio poltico-econmico desde el cual se va potenciando el bien comn. Para ello han tenido la visin de irse desconectando del capital foraneo capitaneado desde el Norte, hoy turbulento. De paso, van forjando los procesos constitutivos de su nueva independencia e integracin regional. Entre ellos, Brasil despunta como potencia emergente, al lado de Rusia, India y China (BRIC), y juntos van haciendo sentir sus voces a favor de una reordenacin poltica y econmica ms equitativa de la comunidad internacional.

El futuro definitivamente est ya en otra parte: el Sur. Estados Unidos y Europa se cuecen en su propia salsa, incapacitados polticamente para lidiar con las propias contradicciones de sus procesos de circulacin del capital, bloqueados mayormente por un sector financiero totalmente corrupto y criminal en sus fines. Producto de ello, tanto el valor del dlar como del euro, las otroras divisas dominantes, se desploman. El desgaste econmico-social de ambos se va haciendo irreversible.

A ello se suman los antagonismos crecientes de las relaciones sociales de fuerza caractersticas del capitalismo actual, en su versin neoliberal. El capital ha pretendido subsumir la vida toda, en cada uno de sus mbitos, a su exclusiva voluntad y mando. Lo nico que ha producido es la pauperizacin creciente de, por lo menos, 9 de cada 10 de sus ciudadanos.

Las tan pregonadas sociedades democrticas de Europa y Estados Unidos sucumben ante la dictadura de facto que se impone desde los mercados. La democracia del capital busca dictar, sin oposicin, los trminos de rendicin del soberano popular. Para ello, no escatima en hacer caso omiso del llamado Estado de derecho y sustituirlo con un Estado crecientemente policial, es decir, fundamentado en la fuerza.

Sin embargo, el capital es una contradiccin viviente. Como tal genera su propia negacin: la lucha de clases y, desde sta, ese proletariado ampliado que anida en todos los mbitos de la vida que han sido invadidos por los dictados excluyentes del capital.

La sociedad civil se va potenciando como un orden civil de batalla, como atestiguan los hechos recientes en Londres. En ello concuerda el prominente cientfico social estadounidense Immanuel Wallerstein, quien lanza la siguiente prognosis: Yo veo guerras civiles en mltiples pases del norte, sobre todo en Estados Unidos, donde la situacin es mucho peor que en Europa occidental, aunque all tambin hay posibilidades de guerra porque hay un lmite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradacin de sus posibilidades.

Podramos estar presenciando un asomo adicional de ello en estos das con el movimiento para la ocupacin de Wall Street, el corazn del capital financiero estadounidense, que dio inicio el 17 de septiembre pasado, integrado por centenares de indignados que, no empece el hostigamiento y represin policial, proclaman: Somos el 99% de la poblacin y estamos tomando medidas para apropiarnos de un futuro que est embargado. Como expres uno de sus portavoces, se busca despertar al gigante dormido del progresismo estadounidense.

La historia nos ensea que cuando los ricos se hacen demasiado ricos y los pobres se hacen demasiado pobres, siempre hay una revolucin. Esperemos que esto sea el comienzo de un cambio, manifestaba un simpatizante.

Lo revolucionario de los okupas niuyorquinos es que buscan, al igual que sus pares en Madrid, Barcelona y Atenas, construir el futuro desde lo comn como alternativa al mercado. Lo revolucionario est hoy en la construccin de ese poder alternativo del pueblo desde las calles, las plazas, los centros laborales y de estudio, en las comunidades y los hogares. Es la constitucin de esa nueva democracia de lo comn desde el pueblo mismo, por el pueblo mismo y para el pueblo mismo.

Lo triste es que en Puerto Rico parecera que an, unos y otros, consciente o inconscientemente, vivimos bajo la ilusin liberal-reformista de finales del siglo XX de que puede haber futuro an bajo el mando del mercado y sus representantes polticos. Nuestras voluntades pareceran cooptadas por las cada vez ms menguadas recompensas con las que nos entretienen a partir de una sociedad de consumo cada vez ms esculida e inaccesible para los ms. Parafraseando a Betances, pareceramos una banda de alienados, creyndonos libres porque podemos adquirir una mercanca cualquiera y conformndonos con bailar al son que nos tocan cada cuatro aos en el gran carnaval electoral dominado por los grandes intereses.

En fin, qu esperamos para indignarnos y rebelarnos?


 

* El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.  

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter