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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2011

Los neutrinos no pasarn por Palestina

Jos Manuel Rambla
Rebelin


Estos das el mundo cientfico anda revolucionado, o al menos as se encargan de subrayarlo los medios de comunicacin vidos de cualquier noticia que no sea el desplome burstil. La responsabilidad la tienen unas extravagantes partculas denominadas neutrinos cuya principal virtud parece residir en su capacidad de superar en unos nanosegundos a los fotones y su velocidad de la luz, segn la aparentemente absurda carrera a la que ambos elementos son sometidos en unos laboratorios ubicados en el subsuelo de los Apeninos. Este experimento, aseguran los cientficos, podra llegar a cuestionar las tesis de Einstein, como si a estas alturas an necesitramos saber que todas las teoras en esta vida son relativas, incluidas incluso la de la relatividad.

En cualquier caso, esta obsesin del hombre por la relacin entre el movimiento y el tiempo no es nueva. Su antigedad ya qued reflejada en ese viejo aforismo espaol empeado en relacionar la velocidad y el tocino con el que la sabidura popular supo reflejar el sinsentido de algunas comparaciones. Menos vistosos que los grandes descubrimientos cientficos de bata blanca y frmula matemtica, pero bsicos para comprender el mundo que nos rodea, fueron en este sentido los planteamientos del historiador Fernand Braudel sobre las distintas duraciones del tiempo histrico, ese que se empea en ir compaginando las frecuencias ms fugaces con aquellos otros ritmos geolgicos de exasperante lentitud.

En ltima instancia, la experiencia nos demuestra que las velocidades, sobre todo aquellas que determinan el devenir de las sociedades, tienen poco que ver con la ciencia de la fsica y ms con los saberes de la qumica, esa qumica que determina los antojos pasionales de los amantes tanto como prefigura los caprichos inescrutables del poder. La pasada semana hemos sido testigos de cmo en muchas ocasiones el tiempo parece asumir esa cadencia desesperadamente lenta que rige en el magma oculto tras la corteza terrestre, por mucho que en ocasiones la vistosidad de los volcanes nos engae con su espejismo de aceleracin. Ha sido a propsito de la peticin de Mahmoud Abbas reclamando ante Naciones Unidas el reconocimiento oficial de un Estado palestino. La sola mencin de la idea ha sido suficiente para que Barak Obama haga suyo el insoportable vrtigo que parece sentir Benjamin Netanyahu ante la supuesta velocidad inadmisible de la demanda. Y ello a pesar de que en este conflicto los palestinos no han conseguido avanzar apenas un milmetro en sus legtimas aspiraciones desde 1948. Un dato que no parece haber inmutado a una Europa cada vez ms caduca, cuyos gobernantes han vuelto a reclamar paciencia a un pueblo inmaduro, a su juicio, como muestran sus actuales prisas y su cansancio tras dcadas interminables marcadas por la muerte, el exilio, la ignominia y la ocupacin.

Para ellos, como para los saharauis, los yemenes, los sirios, los somales y tantos otros, la inmediatez de los neutrinos no ser ms que una noticia olvidada en unos peridicos que nunca leyeron. Estos nuevos adelantos de la ciencia quedarn reservados para otros menesteres ms nobles. As es posible que acaben agilizando an ms las transacciones internacionales para incrementar la agilidad con que los buitres financieros caen sobre su presa, sea esta la carroa del Estado griego, los bonos italianos o espaoles, o los mercados de futuro de la produccin de alimentos. Movimientos rpidos segn marcan las necesidades del mercado, lo suficientemente sorpresivos como para que la vctima permanezca aturdida el tiempo preciso para sufrir su martirio y despedazamiento.

No, esos tiempos que superan la velocidad de la luz no suelen ser el cronmetro que marca la solucin de las angustias de los pueblos. Ellos quedan condenados a las antiguas teoras inmovilistas del presocrtico Zenn. Aquellas cuyos principios racionales acaban convirtiendo a una perezosa tortuga en una presa inalcanzable para Aquiles, el de los pies ligeros. Solo que en nuestros das, a la hora de convertir la justicia social en un galpago al que nunca se puede dar caza, priman ms los acuerdos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los decretos de los consejos de ministros o las decisiones de los consejos de administracin, que el recurso siempre sospechoso a la razn.




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