Portada :: Chile :: Lecciones de la rebelin estudiantil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2011

Jocelyn-Holt o el desconcierto y terror de la casta oligrquica chilena
Inasible malestar?

Sergio Grez Toso
The Clinic


En su columna de opinin estipendiada por una de las cabezas del duopolio de la prensa escrita nacional, el ensayista y opinlogo Alfredo Jocelyn-Holt ha develado una vez ms el fondo de su pensamiento sobre los movimientos sociales que desde hace varios meses han comenzado a cambiar la fisonoma del pas (Ese inasible malestar, La Tercera, Santiago, 17.09.2011).

Tomando como ejemplo ciertas frases maosamente entresacadas de declaraciones de Camila Vallejo, de un plenario de la CONFECH y de un reciente artculo de mi autora (Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile, The Clinic, N409, Santiago 01.09.2011), Jocelyn-H se centra en algunas metforas que hacen alusin a la guerra para dar a entender el carcter prolongado y estratgico de determinados conflictos sociales (como la lucha por la Educacin Pblica), a fin de descalificar y tratar de delirantes algunas de nuestras propuestas. Particular irritacin le provocan las proposiciones de renacionalizacin del cobre, convocatoria a una Asamblea Constituyente y refundacin de la Repblica de manera de superar la soberana delegada y esencialmente nominal que ha imperado durante dos siglos en Chile, sustituyndola por la soberana efectiva de los pueblos que viven en este Estado-nacin.

Su texto no merecera mayor atencin si no fuera porque hay un trasfondo de peso: revela el sentir profundo de la clase dominante chilena, con la cual pretende identificarse Jocelyn-H. Durante estos ltimos meses hemos asistido a numerosos berrinches histricos como el suyo protagonizados por polticos de derecha, opinlogos, panelistas y periodistas de ciertos medios de prensa, especialmente de TV, que al igual que el personaje que nos distrae, no logran entender las causas, la profundidad ni los alcances del movimiento por la Educacin Pblica ni de otros movimientos sociales que han hecho eclosin durante el presente ao. Desde Lavn a Zalaquett, pasando por Carlos Larran, Sabat, Labb y Jocelyn-H., la misma reaccin, el mismo sentimiento de clase ha inspirado la reprobacin de los movimientos sociales, en particular, el protagonizado por los estudiantes. Ninguno de estos y otros prohombres de la clase que dirige Chile desde la fundacin de la Repblica, comprende las causas profundas del malestar social. Para ellos este es inasible. No entienden, porque no quieren, no les conviene ni pueden entender que la mayora de la poblacin est harta de la desigualdad social extrema (una de las mayores del planeta); de los bajos sueldos; de las diferencias de hasta 70, 80 o ms veces en el ingreso de familias que viven en una misma ciudad; de los abusos patronales contra los trabajadores y los consumidores; de pagar servicios de salud y de educacin mediocres a tarifas que se encuentran entre las ms caras del mundo. Tampoco comprenden las causas de fondo de la violencia social ni el malestar de los pueblos originarios y su creciente rebelin contra la opresin del Estado-nacin Repblica de Chile y de la clase dominante que se ha beneficiado de esa situacin. Menos an logran explicarse que un sector cada vez ms creciente de la poblacin manifieste un deseo de empoderamiento para exigir lo ms bsico y esencial en cualquier rgimen poltico que se presente como democrtico: que el pueblo sea el titular efectivo de la soberana. Algo que nunca ha ocurrido en la historia de Chile. De all entonces el reclamo de una Asamblea Constituyente, que Jocelyn-H considera delirante. Los privilegios de clase se defienden (basta recorrer rpidamente nuestra historia para darse cuenta), y el primero y ms primordial de ellos el del poder Constituyente- se defiende a como d lugar.

Locura-delirio. As califican siempre los dueos del poder las propuestas y proyectos de quienes osan cuestionar su dominacin. Recordemos que el clebre reaccionario Joseph de Maistre, enemigo acrrimo de la Revolucin Francesa (a la que consideraba como un hecho satnico y radicalmente malo), del liberalismo y de todo aquello que oliera a democracia y derechos del pueblo, sostena que: Una asamblea cualquiera de hombres no puede constituir una nacin. Una empresa de ese gnero merece alcanzar un lugar entre las locuras ms memorables. La coincidencia de Jocelyn-H con este pensamiento ultra conservador es perfecta.

Pero hay ms en el texto del opinlogo de marras.

Sin enunciar prueba alguna, sostiene que los militantes de la izquierda dura (que en su devaneo parece identificar con el Partido Comunista), se atrincheraron en las universidades pblicas, dejadas a su suerte, decadas, sin pluralismo interno (acadmicos de derecha y de centro han emigrado), con autoridades quesillo [sic] cooptables, obsesas con cuestiones de plata. Esperaron, agitaron. [] Llegamos al ao 2011, cosecharon y aqu estamos. No son ningunos genios.

Se podran hacer muchos comentarios sobre estas lneas repletas de falsedades, insultos, descalificaciones e incoherencias intelectuales y personales de su autor. Anunciemos solo algunas.

Qu entiende por izquierda dura? Solo a aquel sector que siempre estuvo dispuesto a servir de salvavidas en las segundas vueltas electorales a la decadente Concertacin? Su anlisis hiede a un pasado en el cual la dicotoma Concertacin/Derecha tradicional ordenaba casi todo el juego poltico. Sus sosas crticas a la Concertacin formuladas en los ltimos prrafos apuntan a cuestiones secundarias y, por sobre todo, a la incapacidad de esa coalicin de mantener lo que a l ms le preocupa: la gobernabilidad, para que nada esencial cambie. Pero la porfiada realidad (la rebelin estudiantil y el despertar de otros movimientos sociales) termin imponindose y la laboriosa arquitectura poltica de la transicin controlada se fractur definitivamente. Mientras el acuerdo hegemnico funcionaba, Jocelyn-H poda posar de crtico y de liberal-progresista, llegando incluso a encantar a algunos intelectuales de izquierda impresionados por este enfant terrible de la bourgeoisie. Pero cuando las papas comienzan a quemar, caen las mscaras y el seorito Jocelyn-H hace gala impdicamente de la histeria que recorre la clase dirigente. No es la primera vez que lo vemos mutarse radicalmente y de seguro, no ser la ltima (para mayores precisiones, buscar en Internet: Un nuevo nmero de transformismo: Jocelyn-Holt y el movimiento popular).

Sigamos con sus dichos. Cules son las universidades pblicas, decadas, sin pluralismo? Tal vez se trata de la Universidad de Talca o de la Universidad de Santiago de Chile por las cuales l pas dejando un triste recuerdo? O tal vez se refiere a la Universidad de Chile, que lo ha acogido y soportado a pesar de sus continuos ataques en contra de la misma institucin y de sus autoridades? No es esta la mejor prueba del pluralismo en la Casa de Bello? Y a qu autoridades quesillo cooptables se refiere? Al Rector de la Universidad de Chile, sin duda, cuya renuncia viene pidiendo pblicamente (La Tercera, Santiago, 06.08.2011). Pero, muy probablemente tambin est aludiendo a las autoridades de las Facultades de Ciencias Jurdicas y de Filosofa y Humanidades donde se desempea sin sufrir la ms mnima presin o censura por sus destempladas expresiones. Cabe preguntarse, cmo compatibiliza esos juicios con su permanencia en la Universidad de Chile o en cualquier otra decada universidad pblica? Por qu no emigra hacia una exitosa universidad privada con fines de lucro? Pero tal empresa es igualmente azarosa, a juzgar por lo que le ocurri hace algunos aos en la Universidad Diego Portales, donde protagoniz hechos muy similares a los vividos en la Universidad de Talca y en la USACH. Evidentemente, la coherencia entre el pensar, el decir y el hacer no es una de las caractersticas de este comediante de la farndula intelectual.

Al comienzo de este artculo deca que la opinin de Jocelyn-H solo merece atencin en la medida que refleja el sentimiento profundo de los sectores ms reaccionarios de la sociedad chilena. A pesar de su pretensin de ser el Pepe Grillo de la clase dominante, tcnicamente podra sostenerse que estamos ms bien ante un particular tipo de lumpen en el sentido que Marx le da a este trmino, cuando se refiere al lumpen-Wolle, que alude no a la chusma (Gesindel), sino a la gente cursi. Tambin eran y son parte del lumpen los aventureros de la burguesa (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte), como es el caso de este personaje. Su ataque, tanto a los movimientos sociales actuales, como a los proyectos y propuestas de la ciudadana crtica que comienzan a despuntar en Chile no es ms que el pattico arrebato de una casta oligrquica, con su coro de servidores y lumpen-Wolle, que al ver cuestionada su hegemona -aunque sea en pequea medida- hace uso de todas las armas para defender sus rancios privilegios. Como en la fbula, los nios y jvenes han dicho la verdad: El rey est desnudo!.

Acadmico de la Universidad de Chile, coordinador del Doctorado en Historia de la Facultad de Filosofa y Humanidades.

Publicado en The Clinic, N413, Santiago, 29 de septiembre de 2011 (El autor y la revista autorizan su difusin)


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter