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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2011

El peligroso culto de "The Guardian"
Una polica del pensamiento en la Era de Internet

Jonathan Cook
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


No poda haber mejor prueba de la revolucin que tiene lugar gracias a Internet en la accesibilidad de informacin y comentario informado que la reaccin de nuestros medios dominantes, corporativos.

Por primera vez, los pblicos occidentales por lo menos los que se pueden permitir un ordenador tienen un camino para sortear a los guardavallas de nuestras democracias. Ahora es posible buscar datos que nuestros lderes solan mantener bien ocultos, as como los anlisis de los que no son pagados para hacer caso omiso de la constante y convincente evidencia de hipocresa occidental. WikiLeaks, en particular, ha erosionado rpidamente los sistemas jerrquicos tradicionales de diseminacin de la informacin.

Los medios por lo menos sus componentes supuestamente de izquierdas debieran estar vitoreando esta revolucin, si no posibilitndola directamente. Y sin embargo, en su mayora tratan de integrar, domar o subvertirla. Por cierto, locutores y escritores progresistas utilizan cada vez ms sus plataformas en los medios dominantes para desacreditar y ridiculizar a los presagios de la nueva era.

Un buen caso para anlisis es el Guardian, considerado el peridico ms izquierdista en Gran Bretaa y que adquiere rpidamente estatus de culto en EE.UU., donde muchos lectores tienden a suponer que obtienen acceso a travs de sus pginas a la verdad pura y a toda la gama de pensamiento crtico en la izquierda.

Por cierto, el Guardian incluye excelente informacin y ocasionalmente comentarios perspicaces. Posiblemente porque se encuentra alejado del corazn del imperio, puede proveer un antdoto parcial para la cobertura cobarde de los medios de las corporaciones en EE.UU.

No obstante, sera desacertado creer que por ello el Guardian sea un mercado libre de ideas progresistas o disidentes en la izquierda. De hecho, es todo lo contrario: el peridico controla estrictamente lo que se puede decir y quin puede decirlo en sus pginas, por motivos cnicos de los que hablaremos a continuacin.

Hasta hace poco, era bastante posible que los lectores desconocieran totalmente que existen escritores y pensadores interesantes o provocativos que nunca son mencionados en el Guardian. Y, antes que los peridicos tuvieran versiones en lnea, el Guardian siempre tena la posibilidad de culpar a limitaciones de espacio para no incluir una variedad ms amplia de opiniones. Eso, claro est, cambi con la aparicin de Internet.

El Guardian vio muy temprano el potencial, as como la amenaza, planteado por esta revolucin. Reaccion creando un blog aparentemente libre para todos llamado Comment is Free [Comentario es libre] a fin de captar gran parte de la energa vital desencadenada por Internet. Reclut a un ejrcito de escritores, activistas y propagandistas, en su mayora no remunerados, a ambos lados del Atlntico para que ayudaran a establecerlo como el eptome de los medios democrticos y pluralistas.

Desde el comienzo, sin embargo, desde que apareci Comment is Free nunca fue tan libre excepto en trminos de coste financiero para el Guardian. Escritores importantes de la izquierda, particularmente los que eran considerados fuera de las normas comnmente aceptadas en el antiguo paisaje meditico, no tuvieron acceso a esta nueva plataforma democrtica. Otros, incluido yo mismo, rpidamente descubrimos que haba lmites severos y aparentemente inexplicables para lo que se poda decir en CiF (sin relacin con los temas de gusto o libelo).

Nada de esto sera importante. Despus de todo, hay muchos sitios ms que CiF para publicar y obtener una audiencia. En toda la red, escritores disidentes ofrecen anlisis alternativos de los eventos de la actualidad, y llaman la atencin a la importancia de informacin frecuentemente ignorada o marginada por los medios corporativos.

En lugar de alegrarse por esta competencia, o resignarse a la emergencia de un pluralismo meditico real, el Guardian volvi a ser el mismo de siempre. Volvi a convertirse en polica del pensamiento de la izquierda.

Esta vez, sin embargo, no pudo lograr que la izquierda desafiante simplemente no fuera tomada en cuenta. Internet elimina la opcin de silenciar por exclusin. Por lo tanto, al parecer, utiliza sus pginas para calumniar a los escritores que, a travs de sus propias ideas y anlisis provocativos, sugieren la sumisin del Guardian.

La difamacin de la izquierda por el Guardian ya que la izquierda es un concepto que nunca ha sido definido por los escritores del peridico est lejos de tener lugar en una lucha leal de ideas. No solo porque el Guardian est respaldado por los inmensos recursos de sus propietarios corporativos. Cuando ataca a escritores disidentes pocas veces, si en alguna ocasin, pueden encontrar una plataforma de la misma prominencia para defenderse. Y el propio Guardian ha resultado ser ms que renuente a permitir a los que denigra un derecho adecuado de respuesta en sus pginas.

Pero tambin, muy en particular, casi nunca enfrenta las ideas de esos escritores disidentes. Evidentemente, prefiere atacar al hombre, no a sus ideas. En su lugar crea etiquetas, desde las simplemente denigrantes a las evidentemente difamatorias, que lanzan a esos escritores y pensadores al territorio de lo poco escrupuloso.

Un ejemplo tpico de la nueva estrategia del Guardian fue evidenciado esta semana en un artculo en las pginas de comentario de la edicin impresa tambin disponible en lnea y en una plataforma mucho ms prestigiosa que CiF en el cual el peridico encarg a un escritor socialista, Andy Newman, que argumentara que el msico israel judo Gilad Atzmon forma parte de una tendencia antisemita discernible en la izquierda.

Jonathan Freedland, el columnista residente estrella del peridico y obsesionado por el antisemitismo, tuite a sus seguidores que el artculo es importante porque insta a la izquierda a enfrentar el antisemitismo en sus filas.

No tengo la menor idea de si Atzmon ha expresado puntos de vista antisemitas y sigo sin enterarme despus de leer el artculo de Newman.

Como ahora es tpico en este nuevo tipo de asesinato de la reputacin del Guardian, el artculo no hace ningn esfuerzo por demostrar que Atzmon sea antisemita o para mostrar que existe algn motivo tpico o urgente de mencionar ese supuesto defecto en su carcter. (De pasada, el artculo hizo una acusacin similar de antisemitismo contra Alison Weir de If Americans Knew, y contra el sitio en la red CounterPunch por publicar un artculo suyo sobre el papel de Israel en el trfico de rganos.

Atzmon acaba de publicar un libro sobre la identidad juda: The Wandering Who?, que ha sido elogiado por personalidades respetadas como Richard Falk, profesor emrito de derecho en Princeton, y John Mearsheimer, distinguido profesor de poltica en la Universidad Chicago.

Pero Newman no critic el libro, ni public alguna cita. De hecho, no present ninguna indicacin de que haya ledo el libro o conozca algo sobre su contenido.

En su lugar, Newman inicia su artculo, despus de elogiar la maestra musical de Atzmon, con una referencia a sus escritos antisemitas. A continuacin siguen algunas antiguas citas de Atzmon, suficientemente largas como parar ser interesantes, pero demasiado breves y fuera de contexto para probar su antisemitismo excepto presumiblemente para la polica del pensamiento del Guardian y sus lectores ms respetuosos.

La pregunta que queda en la mente de cualquier persona razonable es porqu dedicar un espacio de comentario en el peridico a Atzmon? No haba ninguna sugerencia de un ngulo de inters periodstico. Y no se daba ninguna justificacin que probara que Atzmon sea realmente antisemita. Simplemente se asumi que es un hecho.

Atzmon, incluso segn su propia estimacin, es un personaje inconformista que tiene una tendencia a enfurecer a casi todos con sus pronunciamientos provocativos, y frecuentemente ambiguos. Pero por qu sealarlo en particular y luego sugerir que representa una tendencia discernible y depravada en la izquierda?

No obstante, el Guardian se complaci en ofrecer su imprimtur a la difamacin de Newman sobre Atzmon, quien fue descrito como terico de la conspiracin empapado en desprecio de los judos, a pesar de toda ausencia de evidencia que lo justifique. Verdaderamente digno de Pravda durante su apogeo.

El artculo sobre Atzmon apareci el mismo da en el que el Guardian public una feroz crtica similar, esta vez sobre Julian Assange, fundador de WikiLeaks. El peridico public una resea del editor de investigaciones del Guardian, David Leigh de la autobiografa no autorizada de Assange.

Que haya podido considerar que Leigh sea una opcin razonable para realizar una resea del libro que puso pblicamente en la picota demuestra lo poco que el Guardian est dispuesto a atenerse a los principios elementales del periodismo tico.

Leigh tiene su propio libro sobre la conexin del Guardian con WikiLeaks y Assange, que actualmente compite con la autobiografa de Assange por las ventas en las libreras. No se puede decir que sea una parte desinteresada.

Pero asimismo, y es ms importante, Leigh obviamente no es desapasionado sobre Assange, tal como no lo es el Guardian. El peridico ha estado librando una guerra casi declarada contra WikiLeaks desde que las dos organizaciones se disputaron respecto a la publicacin del tesoro de WikiLeaks de 250.000 cables de las embajadas de EE.UU. La desavenencia, si se ha de creer a las rplicas en el peridico, incluso ha comenzado a poner a prueba la paciencia de algunos de los lectores ms leales del peridico.

El punto ms bajo en el papel de Leigh en esta saga tuvo lugar cuando divulg en su propio libro una contrasea compleja que Assange haba creado para proteger un archivo digital que contena los cables originales y no censurados de las embajadas. Cada uno era cuidadosamente modificado antes de su publicacin por diversos peridicos, incluido el Guardian.

Este acto de estupidez vulgar en la interpretacin ms generosa de la conducta de Leighdio la clave para que cada agencia de seguridad del mundo pudiera abrir el archivo. Leigh ha acusado a WikiLeaks de negligencia al permitir que una copia digital del archivo estuviera disponible. Aunque sea as, su propio papel en el asunto es mucho ms imperdonable.

Incluso en vista de su aparente ignorancia del mundo digital, Leigh es un periodista investigativo veterano quien tiene que haber sabido que la revelacin de la contrasea era extremadamente imprudente. Adems, demuestra claramente cmo Assange formula sus contraseas, y suministrara pistas importantes para hackers que traten de abrir otros documentos protegidos de WikiLeaks.

Su imprudencia, y la del Guardian, al revelar la contrasea fue complicada por su decisin negligente de no contactar ni a Assange ni a WikiLeaks antes de la publicacin del libro de Leigh para comprobar si la contrasea segua siendo utilizada.

Despus de este deshonroso episodio, uno de los muchos del Guardian en relacin con Assange, se podra haber supuesto que Leigh sera considerado una persona inadecuada para comentar en el Guardian sobre asuntos relacionados con WikiLeaks. No fue as.

En su lugar, el peridico ha estado promulgando la versin de Leigh de la historia, resultante de su inters personal e impugnando regularmente el carcter de Assange. En un reciente editorial, el peridico recrimin al fundador de WikiLeaks de ser absolutista de la informacin, deficiente, voltil y errtico, argumentando que haba decidido poner en peligro a informantes nombrados en los cables estadounidenses al publicar el cache sin censurarlo.

Sin embargo, el peridico no hizo mencin alguna ni del papel de Leigh al revelar la contrasea o del argumento de WikiLeaks de que, despus de la incompetencia de Leigh, todas las agencias de seguridad y hackers en el mundo tuvieron acceso a los contenidos del archivo. Mejor sera, pensaba WikiLeaks, crear un campo de juego parejo y permitir que todos tuvieran acceso a los cables, lo que permitira que los informantes supieran si haban sido nombrados y estaban en peligro.

El abuso de su posicin por Leigh es solo un elemento en una sucia campaa del Guardian para desacreditar a Assange y, por extensin, al proyecto de WikiLeaks.

Parte de eso refleja claramente un choque de personalidades y egos, pero tambin parece de manera sospechosa como si el feudo derivara de una lucha ideolgica ms profunda entre el Guardian y WikiLeaks sobre cmo debiera ser controlada la informacin dentro de una generacin. La filosofa implcita de WikiLeaks es promover una apertura y una igualacin del acceso a la informacin cada vez mayores, mientras el Guardian, siguiendo sus imperativos comerciales, quiere asegurarse de que los guardavallas mantengan su control.

Cuesta no ver que Assange tiene por lo menos a su disposicin a WikiLeaks, un destacado sitio en la web, para presentar sus propias posiciones y motivos. Otros objetivos del Guardian tienen menos suerte.

George Monbiot, considerado ampliamente el columnista ms progresista del Guardian, ha utilizado su espacio para atacar a un grupo dismil en la izquierda que, por casualidad, tambin incluye a acerbos crticos del Guardian.

En una columna en junio, acus a Ed Herman, destacado profesor de finanzas estadounidense y tambin colaborador en la crtica de los medios de Noam Chomsky, y al escritor David Peterson, de ser negacionistas del genocidio por su investigacin de eventos en Ruanda y Bosnia. La evidencia se encuentra supuestamente en su libro conjunto

The Politics of Genocide, publicado en ao pasado, y en un volumen en lnea, The Srebrenica Massacre, editado por Herman.

Implicando que la negacin del genocidio era ahora un problema serio de la izquierda, Monbiot tambin atac al periodista John Pilger por apoyar el libro y a un sitio en la web llamado Media Lens que se dedica a denunciar las fallas de los medios corporativos, incluido el trabajo del Guardian y de Monbiot. El crimen de Media Lens fue que argument que se debiera permitir que Herman y Peterson presentaran su caso sobre Ruanda y Bosnia, en lugar de ser silenciarlos, lo que aparentemente prefiere Monbiot.

Monbiot tambin involucr a Chomsky en su crtica, reprendindolo por haber escrito un prlogo para uno de los libros.

Hay que recordar que Chomsky es coautor (con Herman) de Fabricando el consenso, un libro fundamental que argumenta que los medios corporativos, incluidos medios liberales como el Guardian, tienen el papel de distorsionar el entendimientos de los eventos mundiales por sus lectores a fin de promover los intereses de las elites occidentales. Desde el punto de vista de Chomsky, incluso periodistas como Monbiot son seleccionados por los medios por su habilidad de fabricar el consenso pblico a favor de la mantencin de un sistema de dominacin poltica y econmica occidental.

Posiblemente es un resultado de estas ideas que Chomsky sea una pesadilla para el Guardian y su publicacin hermana dominical, el Observer.

Fue vilipendiado notoriamente en 2005 por una cronista con futuro del Guardian, Emma Brockes de nuevo sobre el tema de Srebrenica. El informe de Brockes distorsion de un modo tan intencional los puntos de vista de Chomsky (con citas que no pudo sustanciar porque aparentemente sobregrab su cinta de la entrevista) que el Guardian se vio obligado a una disculpa parcial muy renuente por presin del editor de sus lectores. Por sobre la oposicin de Chomsky, el artculo fue tambin borrado de sus archivos.

Un periodismo tan abusivo debiera haber significado el fin de la carrera de una joven periodista en el Guardian. Pero ridiculizar a Chomsky es una actividad normal en el peridico, y la carrera de Brockes como celebridad entrevistadora floreci, tanto en el Guardian como en el New York Times.

Nick Cohen, otro columnista estrella, esta vez en el Observer, tuvo hace poco bastante tiempo para mencionar a Chomsky, desestimndolo junto a otros destacados pensadores crticos como Tariq Ali, el difunto Harold Pinter, Arundhati Roy y Diana Johnstone como aborrecedores de Occidente. Culp a liberales y a la izquierda por su autoengao chomskiano, y sugiri que eran aplogos de atrocidades.

El artculo de Monbiot sigui en la misma onda. Pareca tener una idea mnima de los detalles de los libros de Herman y Peterson. Gran parte de su argumento de que Herman es un minimizador de genocidios est condicionada por dudas planteadas por una serie de expertos en el libro The Srebrenica massacre sobre la cifra de 8.000 ejecuciones denunciadas de musulmanes bosnios por fuerzas serbias en Srebrenica. Los autores sugieren que la cifra no es corroborada por evidencia y podra, en los hechos, ser de solo 800.

El tema del artculo de Monbiot no es si el caso planteado por Herman y sus colaboradores es convincente o no. No estaba interesado en explorar sus argumentos sino en crear una zona intelectual prohibida de la cual son excluidos pensadores e investigadores crticos un genocidio sagrado.

Para lograr ese fin, era necesario calumniar a dos escritores como negadores del genocidio y sugerir que cualquier otro en la izquierda que se aventure en el mismo territorio sera estigmatizado de la misma manera.

El tratamiento dado al trabajo de Herman y Peterson fue tan descuidado y arrogante que cuesta creer que haya sido l quien analiz sus libros.

Para tomar solo un ejemplo, parecera que de alguna manera Monbiot parece ser incapaz de apreciar la cuidadosa distincin que el libro de Herman hace entre una ejecucin y una muerte, una diferenciacin vital en la evaluacin de la masacre de Srebrenica.

En el libro, los expertos cuestionan si todos o la mayora de los 8.000 musulmanes bosnios desenterrados de tumbas en Srebrenica fueron vctimas de un plan genocida de los serbios, o vctimas de encarnizados combates entre las dos partes, o algunos incluso vctimas de una operacin de bandera falsa. Como seala el libro, un post-mortem puede lograr muchas cosas pero no puede discernir las identidades o intenciones de los que cometieron la matanza en Srebrenica.

Los autores no dudan del hecho de que una masacre, o masacres, hayan tenido lugar en Srebrenica. Sin embargo, creen que no debiramos aceptar bajo palabra que se trat de un genocidio (un trmino definido de modo muy especfico en el derecho internacional), o negarnos a considerar que las cifras pueden haber sido exageradas para corresponder a una agenda poltica.

No es un argumento fcil o inconformista. Como dejan en claro en sus libros, armar pieza por pieza lo que sucedi realmente en Ruanda y Bosnia es vital si no queremos ser engaados por dirigentes occidentales para aceptar ms intervenciones humanitarias cuyos objetivos estn lejos de lo que se afirma.

El hecho de que Monbiot haya desacreditado a Herman y Peterson en das en los que la informacin del Guardian vitoreaba en general la ltima intervencin humanitaria, en Libia, es tanto ms irnico.

Por qu, entonces, publican el Guardian y sus escritores esos artculos de propaganda haciendo alarde de preocupacin moral sobre los valores supuestamente degenerados de la izquierda? Y por qu, si la izquierda est en un estado tan envilecido, no puede el establo de talentosos escritores del Guardian enfrentar las ideas de sus oponentes sin recurrir a argumentos falaces, desorientacin y calumnias?

Los escritores, pensadores y activistas atacados por el Guardian, aunque son todos de izquierdas, representan tendencias y enfoques rotundamente diferentes y algunos de ellos se opondran sin duda vehementemente a las opiniones de otros en la lista.

Pero todos comparten el talento de poner a prueba las fronteras del pensamiento permisible de maneras creativas que cuestionan y debilitan verdades establecidas y lo que he llamado en otro sitio el clima de suposiciones que el Guardian ha contribuido a crear y sustentar.

Poco importa si todos o algunos de estos pensadores crticos tienen razn. El peligro que plantean al Guardian es que argumentan convincentemente que la manera como se nos presenta el mundo no representa la manera como es en realidad. Su desafo en s, enfrentado al peso del consenso fabricado, amenaza con empoderarnos a nosotros, los lectores, a mirar ms all de los confines restrictivos de la ortodoxia meditica.

El Guardian, como otros medios dominantes, est fuertemente interesado financiera e ideolgicamente en el apoyo al actual orden global. Otrora pudo excluir y ahora, en la era de Internet, tiene que vilipendiar a los elementos de la izquierda cuyas ideas pueden cuestionar un sistema de poder corporativo y de control del cual el Guardian es una institucin clave.

El rol del peridico, como el de sus primos derechistas, es limitar los horizontes imaginativos de los lectores. Aunque existe la cantidad precisa de debate izquierdista para hacer que los lectores crean que el peridico es pluralista, el tipo de perspectivas radicales necesarias para cuestionar los fundamentos mismos en los cuales se basa el sistema de dominacin occidental no existe o es ridiculizado.

Al leer el Guardian, se puede creer que uno de los principales problemas que enfrentan nuestras sociedades comparables a nuestras elites polticas comprometidas, autoridades policiales corruptas, y un sistema financiero depravado es una serie de disidentes e intelectuales de izquierda, en su mayora aislados.

Es Atzmon y su presunto antisemitismo ms importante que AIPAC? Representa Herman un mayor peligro que las corporaciones militares-industriales que matan a millones de personas en todo el globo? Y es Assange una amenaza mayor para el futuro del planeta que el presidente de EE.UU. Barack Obama?

Al leer el Guardian, uno podra pensar que es as.

Jonathan Cook obtuvo el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Sus ltimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israels Experiments in Human Despair (Zed Books). Su sitio web es: www.jkcook.net.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/09/28/the-dangerous-cult-of-the-guardian/



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