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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2005

El mayor desastre para la Iglesia desde Darwin
El Papa con sangre en sus manos

Terry Eagleton
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


Juan Pablo II lleg a ser Papa en 1978, justo cuando los aos de la emancipacin declinaban hacia la prolongada noche poltica de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Cuando comenz a doler el bajn econmico del comienzo de los aos setenta, el mundo occidental realiz un cambio decisivo hacia la derecha, y la transformacin de un oscuro obispo polaco de Karol Wojtyla a Juan Pablo II form parte de esa transicin general. La iglesia catlica haba vivido su propio modelo del poder de la paz y del amor en los aos sesenta, conocido como el Segundo Concilio Vaticano, y haba llegado la hora de controlar a los monjes izquierdistas, a las monjas entusiastas, y a los catlicos marxistas latinoamericanos.. Ese desarrollo haba sido posibilitado por un Papa Juan XXIII visto como chiflado en el mejor de los casos, y como agente sovitico en el peor por los catlicos conservadores.

Para cambiar de modo radical la tendencia precisaban a alguien que estuviera bien entrenado en las tcnicas de la guerra fra. En su calidad de prelado venido de Polonia, Wojtyla provena de lo a probablemente el puesto avanzado nacional ms reaccionario de la iglesia catlica, pleno de la sensiblera adoracin de Mara, de fervor nacionalista y de feroz anticomunismo. Aos de enfrentamiento con los comunistas polacos los haban convertido, a l y a los dems obispos polacos en expertos y hbiles polticos. En realidad, convirti a la Iglesia polaca en algo que, a veces, era casi indistinguible de la burocracia estalinista. Ambas instituciones eran cerradas, dogmticas, censuradoras y jerrquicas, impregnadas de mitos y cultos de la personalidad. Era de esperar que, como muchos alter egos, tambin hayan sido enemigas morales, atrapadas en una lucha a muerte por las almas del pueblo polaco.

Conscientes de lo poco que haban ganado en el dilogo con el rgimen polaco, los obispos se sentan poco inclinados a prestar odos al estilo de Rowan-Williams a ambos lados del conflicto teolgico que se encarnizaba dentro de la iglesia universal. En una visita al Vaticano antes de llegar a ser Papa, el autoritario Wojtyla se horroriz al ver las discusiones de los telogos. As no se manejaban las cosas en Varsovia. El ala conservadora del Vaticano, que detest el Concilio Vaticano desde el primer da y que haba hecho lo posible por llevarlo al fracaso, busc su salvacin en los polacos. Cuando se desocup el trono de Pedro, los conservadores lograron vencer su aversin ante un pontfice no-italiano y eligieron a uno, por primera vez desde 1522.

Una vez que establecido en el poder, Juan Pablo II se dedic a deshacer los logros liberales de Vaticano II. Destacados telogos liberales fueron convocados ante su trono para ser regaados. Uno de sus principales objetivos fue restaurar en manos del Papa el poder que haba sido descentralizado hacia las iglesias locales. En la Iglesia del comienzo, los seglares y las mujeres elegan a sus propios obispos. Vaticano II no lleg tan lejos, pero insisti en la doctrina de la colegialidad que el Papa no deba ser considerado como el capo di tutti capi, sino como primero entre iguales.

Juan Pablo, sin embargo, no acept la igualdad con nadie. Desde sus primeros aos como sacerdote, se destac por su exorbitante creencia en sus propios poderes espirituales e intelectuales. Graham Greene so una vez con un titular que deca Juan Pablo canoniza a Jesucristo. Los obispos eran citados a Roma para recibir rdenes, no para consultas fraternales. Descabellados extremistas de derecha y franquistas fueron honrados, y a los liberacionistas polticos latinoamericanos se les trataba a gritos. La autoridad del Papa era tan inexpugnable que el jefe de un seminario espaol logr convencer a sus estudiantes de que tena el permiso personal del Papa para enviarles correos electrnicos.

El resultado de la centralizacin de todo el poder en Roma fue una infantilizacin de las iglesias locales. Los clrigos se vieron incapacitados para tomar iniciativas sin lanzar miradas nerviosas hacia el Santo Oficio. Fue precisamente en ese momento, cuando las iglesias locales tenan el menor poder para manejar con madurez una crisis, cuando estall el escndalo del abuso sexual de nios. La reaccin de Juan Pablo fue recompensar a un cardenal estadounidense que haba encubierto diligentemente el crimen con un lujoso puesto en Roma.

El mayor crimen de su papado, sin embargo, no fue su parte en este encubrimiento ni su actitud prehistrica hacia las mujeres. Fue la grotesca irona con la que el Vaticano conden como cultura de la muerte a los condones, que podran haber salvado a innumerables catlicos en el mundo en desarrollo de una muerte horrenda por el sida. El Papa va hacia su recompensa eterna con esas muertes en sus manos. Fue uno de los mayores desastres para la iglesia cristiana desde Charles Darwin.

Terry Eagleton es autor de The Illusions of Post-Modernism: Or the Cultural Logic of Late Capitalism.

http://www.counterpunch.org/eagleton04062005.html



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