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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2011

A D. Paulino Rivero, Presidente de Canarias, desde la indignacin
Con la salud no se juega

Manuel Marrero Morales
Rebelin


Determinadas circunstancias familiares y personales me han tenido en contacto durante las ltimas fechas con las instituciones pblicas responsables de la salud de la ciudadana. Y me ha servido para profundizar en los derechos y los deberes de los usuarios del sistema. Pues bien, si queremos ser crticos, participativos y que no se nos atropelle, debemos conocer nuestros derechos y exigir con firmeza el cumplimiento de los mismos.

Recientemente viv la situacin de seis das en urgencias del Hospital Virgen de la Candelaria, con una persona querida a la que se pretendi derivar hacia la medicina concertada y a lo que la familia se neg rotundamente. Durante cuatro das intentamos que nos atendiera la direccin mdica del centro: el vuelva usted maana o el ya lo llamaremos fue la respuesta obtenida. Mientras esto nos ocurra, y se nos pretenda reiteradamente derivar hacia el negocio privado de la salud, en dicho centro hospitalario haba 300 camas bloqueadas, no ofertadas a las personas enfermas, para dirigir a la mayora hacia dicho negocio. Por tanto no era la causa una razn econmica, ni tampoco que estuvieran repletos los centros pblicos. Era una razn ms perversa, de la que hemos sido sufridores.

Desde hace varias dcadas, opt por los servicios de la Seguridad Social, por razones ideolgicas, porque defiendo como usuario el servicio pblico de la sanidad; y esta decisin la tom, habiendo tenido opcin a inscribirme en la medicina privada, a travs de la Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado, a la que me obligaron a pertenecer.

Sin embargo, en los ltimos aos he observado y padecido cmo se va produciendo el progresivo e intencionado abandono y deterioro de la sanidad pblica, en detrimento de los sectores ms desfavorecidos, mientras se prima y se deriva a los pacientes hacia el negocio privado de la salud. Como ejemplos, valgan el cierre de plantas en el Hospital Universitario de Canarias o el bloqueo actual de 300 camas en el complejo hospitalario Virgen de La Candelaria, ambos pertenecientes al Servicio Canario de Salud. Mientras, cualquier intervencin quirrgica, servicio de consulta externa u hospitalizacin son derivadas por los propios trabajadores pblicos, -cumpliendo rdenes del Gobierno Canario- hacia los centros concertados privados, que cada da crecen ms con dinero pblico, haciendo negocio con la salud de las personas, y en muchos de los cuales prestan sus servicios, como pluriempleados, algunos de los mismos que nos derivan. La prueba evidente, y lo digo con conocimiento de causa, est en que cuando te ha recibido el cirujano en su consulta pblica para operarte, por ejemplo, de una hernia umbilical no urgente, te deriva a la clnica privada en la que l trabaja en horario de tarde, mientras en los centros pblicos estn los quirfanos inactivos, las plantas cerradas y las camas bloqueadas. Qu desvergenza!

La decisin de "enfermo derivable" hacia los centros concertados se toma con una facilidad pasmosa en las urgencias y consultas de los centros pblicos. Se nos est obligando, en muchos casos, contra nuestra voluntad a formar parte del negocio privado de la salud cuando hemos elegido o tenemos asignado un servicio pblico. Ante estas situaciones nos tenemos que plantar y negarnos. Y a ver hasta dnde llega el chantaje y la obligatoriedad.

Nuestras autoridades hacen propaganda continuamente, a bombo y platillo, dicindonos que se han acortado o eliminado las listas de espera. Y a algunos de ellos incluso los vemos en alguna ocasin usando dichos servicios, eso s por circuitos preferentes y de privilegio, y con luz y taqugrafos (cmaras de televisin, en este caso), como puro ejercicio propagandstico. Ellos nunca se pasarn seis das en urgencias con un familiar, por negarse al chantaje de ser desviado hacia la medicina concertada. Pues bien, para el comn de los ciudadanos, la simple asistencia a un neumlogo puede aplazarse hasta 9 meses, o el inicio de una rehabilitacin muscular para reincorporarte a tu puesto de trabajo puede tener una previsin de seis meses de espera, en el mejor de los casos. Situaciones como sta, ni hay personas ni hay pas que lo resistan, tanto desde el punto de vista de la salud personal como desde el de la economa y eficiencia colectivas, tan demandadas en estos tiempos de crisis.

Necesariamente, uno tiene que concluir que los gobiernos elegidos por la ciudadana para gestionar lo pblico no creen en ello, traicionando a quienes los votaron, ya que o bien colocan al frente de la gestin sanitaria a personas no adecuadas para llevarla adelante con xito o bien deciden claras medidas de deterioro de lo pblico y fomento del negocio privado, o incluso la conjuncin de ambas hiptesis, que, en definitiva, nos perjudican a los usuarios y sirven para seguir incrementando el desvo, hacia el negocio privado de la salud, de fondos pblicos, que debieran estar destinados a servicios pblicos esenciales.

Adems, resulta inconcebible que, en tiempos de crisis, y desde una concepcin meramente economicista, se recorte el gasto pblico en servicios esenciales para las personas y, de manera especial, para los sectores ms desfavorecidos, como ocurre con la sanidad. Hasta la ONU ha puesto estos das el grito en el cielo sobre este asunto.

Tenemos derecho a ser atendidos en un centro pblico, y mucho ms cuando hay plantas cerradas o centenares de camas bloqueadas. Tenemos derecho a ser atendidos con prontitud cuando estamos enfermos y a no estar condenados a acudir a una consulta privada, que hemos de costear, si podemos. Estamos pagando doblemente por un mismo servicio, por el que no se nos da y por el que usamos obligados por las circunstancias. Tenemos derecho a ser atendidos en un centro pblico y no tenemos obligacin alguna de acudir a un centro concertado, si ese es nuestro deseo. No estamos pidiendo favores ni nos estn concediendo favor alguno cuando nos atienden debidamente y en un centro pblico. Es nuestro derecho y su obligacin.

Tenemos que hacer valer nuestros derechos frente a los privatizadores y destructores de los servicios pblicos. No podemos resignarnos a que las cosas sigan empeorando. Con la salud no se juega.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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