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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2011

15 de octubre: por la internacionalizacin de la revuelta

Arturo Borra
Rebelin


Sobran razones para movilizarse el 15 de octubre. La significacin misma de crisis est en crisis: no remite ya a una desestructuracin transitoria dentro de un sistema determinado, sino a un proceso regular de concentracin de riqueza entre las oligarquas financieras, econmicas y polticas trasnacionales y la distribucin de las prdidas en amplias franjas sociales. Lo que antao se concibi como una excepcin constituye ahora la regla. No es que esta excepcionalidad sea novedosa: histricamente, la han usado los estados para justificar masacres diversas. Lo que en cambio s es novedoso es la extensividad que ha adquirido el estado de excepcin: se invoca, de facto, para tomar de forma habitual decisiones antipopulares diversas, como por ejemplo, en el caso de Espaa, la reforma express de su constitucin, la reforma de pensiones, la reforma laboral o, en un sentido ms amplio, la instauracin de un escudo antimisilstico tan delirante como oneroso.

La idea misma de catstrofe ecolgica y social entra a escena no ya como un acontecimiento estrictamente incontrolable sino como un coste que esas oligarquas asumen como efecto de sus polticas de concentracin econmica y devastacin planetaria. Lo que podra concebirse tiempo atrs como una circunstancia eventual forma parte de nuestra crnica diaria. Lo ms terrible e infame es que encima nos lo presentan como una realidad inevitable y necesaria, como la nica posibilidad que nos toca vivir a nosotros porque, desde luego, ellos se sitan a distancia, en ese rgimen de excepcionalidad que han institucionalizado para eximirse de dar cuenta de sus actos.

A la heterogeneidad de esa multitud que somos, la homogeneidad de ellos es flagrante: los unifica la ambicin desmedida de lucro, el deseo voraz de deglutir al otro, con tal de asegurar el goce prometido en la apropiacin de los bienes convertidos en mercancas. No les importa que, dentro esa lgica aberrante, tanto los otros seres humanos como la naturaleza en su conjunto sean tratados como cosas.

Prueba de su concepcin positiva de la crisis -que cosifica lo humano y humaniza las cosas, en un proceso de inversin al que Marx se refiri como el fetichismo de la mercanca- es la retrica oportunista de una casta empresarial que vive a resguardo el naufragio colectivo. De sobra conocemos ese discurso que enfatiza el carcter de oportunidad de la crisis, minimizando su costado ms perverso y destructivo. Es cierto que una crisis abre la posibilidad de una reestructuracin o de nuevas decisiones, pero nada seala de antemano la direccin especfica que pueden adquirir o el sujeto que, en efecto, capitalizar dicha oportunidad. En suma, para los millones que se hunden cada da desahuciados, parados, marginados, harapientos, urgidos- la desfinanciacin del estado de bienestar y la financiacin del estado policial y de la banca no constituyen, en s mismas, ninguna oportunidad, ni mucho menos en trminos inmediatos.

A pesar de lo dicho, no deja de ser cierto que la movilizacin colectiva permanente puede transformar esos obstculos en una ocasin para una nueva fase de lucha poltica, mejor autoorganizada y con mayor coordinacin a nivel internacional, que permita la produccin de un poder popular constituyente. Los damnificados, cada vez ms, constituimos una multitud que implica y rebasa, simultneamente, los antagonismos de clase. Indignados es el nombre de una multiplicidad social despojada de parte de sus logros histricos y sus derechos fundamentales, tanto econmicos, como sociales y culturales (como por ejemplo el acceso a la vivienda, a un trabajo relativamente digno, a un sistema sanitario y educativo satisfactorio, a unos procesos judiciales justos o a unas prestaciones sociales indispensables para reducir las desigualdades intrnsecas al capitalismo.

Nada de eso reduce el devenir de ese movimiento social a unas luchas puramente defensivas (1), ni mucho menos habilita a una lectura reduccionista que lo reduce a un sujeto juvenil pequeo-burgus. Porque si algo caracteriza ese movimiento es la carencia de uniformidad ideolgica y social. Ms bien, se trata de una pluralidad de grupos sociales orientados por un diagnstico crtico, aunque variable, con respecto a la realidad actual. Eso supone una deriva que con razn puede inquietar, pero no hay forma de resolverla a priori, puesto que su estructuracin programtica no viene definida de arriba, sino que es producto de una negociacin simblica constante, esto es, de un colectivo de carcter asambleario y horizontal.

Para mayor dificultad, los obstculos a los que nos referimos no son de carcter local. La mundializacin capitalista es tambin campo propicio para que unas pocas corporaciones se muevan con total impunidad entre diferentes territorios, segn las condiciones de explotacin y rentabilidad comparativas de cada uno de ellos. A esas corporaciones, como su contrapartida necesaria, hay que sumar unos poderes financieros absolutamente descontrolados que invierten en las oportunidades de la crisis, esto es, que multiplican sus beneficios a fuerza de una especulacin que incluye la especulacin alimentaria (en breve: almacenar alimentos para que se encarezcan, incluso si ello supone la inanicin de millones de humanos) o la especulacin con la deuda mal llamada soberana (la obtencin de dinero por parte de entidades financieras con una tasa de inters baja y la recolocacin en los mismos estados prestamistas con una tasa de inters notoriamente mayor).

Esos poderes econmico-financieros globalizados hacen manifiesta la insuficiencia de cualquier lucha que se despliegue solamente a nivel local. Incluso los estado-nacin muestran una soberana impotencia con respecto a decisiones fundamentales, tomadas en mbitos interestatales como es la Comisin Europea que, a su vez, muestra ante los operadores de mercado una servidumbre indiscutida. En esas condiciones, la internacionalizacin de la revuelta es, estratgicamente, impostergable. La nica forma de afrontar una arremetida global es responder globalmente, lo que no significa en absoluto que se pierdan de vista las peculiaridades locales.

El 15 de octubre cada uno de nosotros puede y debe sumarse a un grito colectivo que no quiere limitarse a constatar el desastre sino a construir otro mundo social posible. Ese grito ser cada vez ms comn, a pesar de la hegemona del neoconservadurismo en Espaa y de las probables polticas de ajuste que sobrevuelan nuestro futuro inmediato.

No se trata de tomar la calle solamente para defendernos ante una de las peores ofensivas del capital en los ltimos dos siglos o de un sistema poltico con nula credibilidad para muchos de nosotros, por no hablar de sus evidentes dficits democrticos, como es el caso vergonzante de la ley electoral en Espaa (que blinda el bipartidismo a nivel nacional) o a la creciente tendencia a criminalizar un movimiento pacfico de protesta que se extiende ms all de las fronteras, legtimo para cualquier sociedad que se precie de pluralista o que respete mnimamente el derecho constitucional a manifestarse y reunirse libremente. Ms bien, la apuesta poltica fundamental del 15O es alentar un proceso de cambio global, esto es, seguir impulsando una revuelta pacfica en todo el mundo que muestre que la lucha no slo es posible y deseable sino absolutamente irrenunciable si no queremos habitar entre las ruinas. En otros trminos, es comenzar a tomar la iniciativa poltica para erosionar, a corto plazo el neoliberalismo y a largo plazo el capitalismo. Confluir en diferentes partes del mundo es empezar a configurar un contrapoder global que la ms brutal de las represiones policiales puede desacelerar pero no evitar.

Si algo resulta claro en el presente es que este antagonismo popular est determinado por unas condiciones estructurales que seguirn afianzndose si no articulamos unas resistencias colectivas y no elaboramos un proyecto de sociedad diferente. La repolitizacin de estas prcticas sociales est en curso y abre camino a la posibilidad de de una poltica democrtica radical. Nada garantiza que esa poltica termine siendo hegemnica, pero lo que s es seguro es que sin acciones colectivas articuladas a nivel mundial el horizonte que se avizora se parece cada vez ms a una pesadilla colectiva.

Al menos en lo inmediato, seguiremos movindonos en el riesgo elevado de una restauracin autoritaria del control por parte de los guardianes del orden. Pero nuestra salida slo puede forjarse a fuerza de erosionar las polticas del miedo. Ms que resignarse ante la crisis, tenemos que poner en crisis la resignacin.

Una diversidad de razones nos movilizan: desde el autismo del sistema poltico ante las reivindicaciones ciudadanas como las falencias democrticas del sistema electoral, desde una poltica fiscal regresiva hasta la escandalosa transferencia de prdidas del sistema financiero a la ciudadana, sin olvidar el desmembramiento de lo que queda del estado de bienestar, el insostenible nivel de desempleo o la precarizacin laboral generalizada, as como la expandida corrupcin institucional y empresarial, la actuacin delictiva de la banca, la mala complicidad meditica ante la violencia sistmica o el uso demaggico de la xenofobia y el racismo, por mencionar algunos puntos nodales entre tantos otros.

Nuestro derecho a soar se fundamenta en la pesadilla que este sistema significa, cada da, para la inmensa mayora de la poblacin. Forma parte de nuestro deber tico seguir elaborando ese sueo colectivo con sentido crtico, sin autocomplacencias. Estamos lejos de lo que deseamos, pero marchar hacia ese horizonte -que no preexiste a la marcha- es nuestro camino. En esa incertidumbre insoslayable nos movemos. No sabemos dnde llegaremos, pero arrastramos con nosotros la conviccin apremiante de que necesitamos construir una alternativa en la que la moneda de cambio no sea la injusticia presente.

El 15 de Octubre es una oportunidad histrica para mostrar nuestro deseo colectivo de cambiar el mundo, en un sentido radical, para que democracia no sea el nombre de una farsa. No es punto de arribo a ninguna parte, sino un momento crucial para hacernos visibles a nosotros mismos y mostrar as, tambin a ellos, cun decididos estamos a seguir luchando. Lo que est en juego, en pocas palabras, es la promesa de otra vida en comn. Concretar esa promesa forma parte de nuestro devenir.

Nota:

(1) Para una reflexin centrada en el movimiento 15M remito a http://www.kaosenlared.net/noticia/democracia-revuelta-experiencia-ruptura-15-m

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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