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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2011

Resea del libro "Fragmentos de antropologa anarquista"
Tiene algo que ver la antropologa con el anarquismo?

Luis Roca Jusmet
Rebelin

Fragmentos de antropologa anarquista, David Graeber, (Traduccin de Ambar Sewel), Barcelona: Virus editorial, 2011


El ttulo resulta, de entrada, curioso. Incluso casi dira que algo desmotivador : a m, lector que ni soy antroplogo ni me considero anarquista, que puede interesarme del tema ? Despus de leer el libro puedo dar un s rotundo: es un libro sugerente no slo para antroplogos i/o anarquistas sino para cualquier ciudadano comprometido con la emancipacin humana.

David Graeber no hace concesiones: sin reservas se define como antroplogo y tambin como anarquista. Formado en Chicago, ense como profesor asociado en Manchester hasta que no le renuevan el contrato por su radicalismo y su activismo poltico, a pesar de su lcido itinerario como antroplogo. Destaca su brillante trabajo de campo en Madagascar, de la que tomara buena nota para sus propuestas polticas. Graeber insiste en su posicin poltica anarquista, que en ningn momento diluye, y considera que es la ideologa que mejor expresa el espritu de los movimientos actuales contra el capitalismo y contra el Estado.

Despus de una primera parte que es, podramos decir, ms anecdtica ( los antecedentes de antroplogos que simpatizaron con el anarquismo o cmo los antroplogos dan materiales para el anarquismo) entra en cuestiones que me parecen muy interesantes. La primera de ellas es su reflexin sobre la democracia, en la que de entrada entra en polmica con Castoriadis, al considerar Graeber que es una experiencia universal y no un invento griego, como defenda el anterior. Hay tambin un planteamiento muy renovador sobre lo que sera una democracia real, tomando como base el consenso a partir de la democracia directa y no como la victoria de las mayoras sobre las minoras (el voto a mano alzada). Graeber, que tiene la buena costumbre de no perderse en teoricismos, avala su propuesta con experiencias como la de comunidades existentes en Madagascar o la del Ejercicto Zapatista de Liberacin. Por supuesto, y fiel a su tradicin anarquista, considera que las instituciones polticas, como ya puso de manifiesto otro antroplogo anterior que fue Pierre Clastres, no implican la existencia del Estado. El Estado es jerrquico y antidemocrtico ( esto lo vincula con otros demcratas radicales cmo Jacques Rancire o el mismo Castoriadis). Propone una teora sobre el Estado que ponga de manifiesto su carcter dual : ideologa ( un modelo en el imaginario social) y de forma de dominacin. Considera que la gran ilusin de la teora democrtica moderna es la ficcin de la soberana popular, cuando lo que histricamente pas en realidad fue que se desplaz el poder soberano del rey a la burocracia. Expone tambin que la nocin actual de ciudadana tiene una doble vertiente : la defensa de los derechos ciudadanos en Atenas y la defensa de los privilegios feudales en la Inglaterra medieval. Entender la formulacin ciudadana pasa por ver el origen paradjico de su origen y nos lleva a preguntarnos tambin si ambos eran Estados. De todas maneras no me queda del todo claro que es lo que entiende Graeber por Estado y cmo sern en la prctica sus instituciones alternativas. Pero en todo caso aunque no tenga la respuesta s nos da buenos materiales para pensarla.

Otra sorprendente propuesta es la de dejar de pensar la historia de la Humanidad en trminos tradicin/modernidad. Y si esta narracin fuera un mito para justificar el eurocentrismo ? y si las

sociedades supuestamente tradicionales hubieran sido ms dinmicas y complejas y en las supuestas sociedades modernas pesara ms lo conservador ? y si el Estado-nacin fuera simplemente un invento europeo para emular a China ? Preguntas provocadoras que tienen el valor de formularse, ya que parece que rompen el tab sobre el cual se constituye supuestamente Occidente.

Hay tambin un intento de definir el capitalismo ( que es junto al Estado la bestia negra del anarquismo emancipatorio, que justamente lo separa radicalmente del anarcoliberalismo ). Pero hay aqu algn punto discutible. El autor identifica capitalismo con mercado ( y la lgica del beneficio que implica) y relaciones salariales. Me parece que es Immanuel Wallernsetien el que, con todas las limitaciones de una teora tan global, ha definido mejor el capitalismo. Para l no es ni el mercado ni las relaciones salariales las que lo definen. El mercado, como apunta Karl Polanyi, ha existido casi siempre. Es malo en s mismo, sera la pregunta ? Parece que para Graeber ( al contrario que, por ejemplo, para Castoriadis) s lo sera, igual que para el marxismo clsico. Pero es curioso que nos d como ejemplo de autogestin las cooperativas de Mondragn, que estn plenamente inmersas en la lgica del mercado. Son malas las relaciones salariales ? No estoy seguro, aunque de lo que s lo estoy es que el capitalismo podra complementarse ( y lo ha hecho) con otros sistemas, como el esclavismo. En todo caso me parece que de lo que se trata ahora no es de plantearse si en un plano ideal deberan existir o no las relaciones salariales, sino cuales son los lmites ticamente aceptables. Para Wallernstein es la lgica del aumento del beneficio lo esencial del capitalismo y el Estado es uno de los instrumentos bsicos para hacerlo. Pero tambin hay que entender que en el mismo Estado se manifiesta la lucha de clases y que puede actuar en contra de la lgica del capitalismo si defiende polticas contrarias a esta.

Totalmente de acuerdo con el rechazo ( uno de los grandes errores del marxismo) de la teora de la vanguardia. Tambin con su planteamiento de que las alternativas al sistema pasan bsicamente por las experiencias concretas, por ir creando formas de autogestin econmica y social. Ir generando espacios de libertad,, por mucho que la expresin fuera de un partido tan poco anarquista como el PSUC. Lo discutible para m es si hay que dejar las instituciones estatales en manos de los que defienden a las clases dominantes o bien hay que utilizarlas como instrumento de lucha. Desde el punto de vista anarquista la respuesta es clara, por supuesto: son las instituciones estatales las que son en s misma perversas y entrar en ellas es participar en su juego y fortalecerlas. Una vieja y compleja discusin.

Querra destacar finalmente un crtica muy lcida del antroplogo a las "mquinas de la identidad" como uno de los elementos ideolgicos ms desmovilizadores. Se trata de convertir cualquier lucha, cualquier experiencia transformadora en una lucha por la identidad grupal y hacerle perder as su carcter universal y que pueda ser compartida por los otros. Se trata de promover las diferencias para dividir el potencial revolucionario. Pero la revolucin, y aqu tambin Greber es muy lcido, no debe basarse en rupturas bruscas o violentas, debe hacerlo en lo que el filsofo y sinlogo francs Franois Jullien llama las transformaciones silenciosas.

Ahora bien, y aqu expongo una opinin personal, creo que hoy el movimiento por la emancipacin exigen formulaciones nuevas y amplias que permitan integrar lo que han sido las tradicionales divisiones entre anarquistas, comunistas y socialistas. Pero esto es otro tema.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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