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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2011

Obama y la corrupcin de las grandes petroleras
Dnde qued el atractivo del presidente?

Bill McKibben
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de Tom Dispatch

Dnde qued el atractivo del presidente?

Obama y la corrupcin de las grandes petroleras

Bill McKibben

Para los conocedores, los correos electrnicos de recoleccin de fondos de Barack Obama para la campaa electoral de 2012 parecen algo desesperados, recuerdos algo flojos de la ltima vuelta.

Hace cuatro aos por estas fechas, los usuarios precoces entre nosotros comenzbamos a acostumbrarnos al flujo regular de correos electrnicos de la campaa de Obama. En realidad eran misivas interesantes, porque se parecan menos a solicitudes de dinero que a una posibilidad de unirse a un movimiento.

A veces llegaban vdeos inspiradores de Camp Obama, especialmente las sesiones de entrenamiento de voluntarios celebradas por el gur de la organizacin, Marshall Ganz. El siguiente es un favorito mo: una mujer invoca a Bobby Kennedy y Csar Chvez y dice que, mientras pasaba el fin de semana, senta que su corazn se ablandaba, que su cinismo se funda, y su determinacin creca. Recuerdo ese sentimiento, y recuerdo haber hecho clic una y otra vez a fin de enviar otros 50 dlares para financiar esa misin empoderada por el pueblo. (Y recuerdo que tambin golpe muchas puertas en Nuevo Hampshire, con mi hija de 14 aos.)

No es sorprendente, por lo tanto, que todava est en la lista de correo. Pero esta vez no he hecho clic. Ni siquiera cuando el propio Barack Obama me pidi que donara hoy 75 dlares para participar automticamente en una posibilitad de cenar conmigo. Ni siquiera cuando el gerente de la campaa, Jim Messina, seal que, aunque el presidente tiene muy poco tiempo para cualquier cosa que tenga que ver con la campaa prefiere usarlo como sigue, teniendo conversaciones reales, sustantivas, con gente como usted durante la cena que usted podra ganar. (Y si usted gana, lo pondremos en un avin a Washington, o Chicago, o dondequiera que l se encuentre ese da.)

Ni siquiera cuando el gerente adjunto de la campaa, Jen OMalley Dillon, me ofreci que me hiciera dueo de esta campaa al donar y, como un bonus adicional, posiblemente me encontrara al otro lado de la mesa con el presidente. Ni siquiera cuando Michelle rebaj el precio del ingreso de 75 a 25 dlares y ofreci un poco de tranquilidad: Simplemente descanse, Barack quiere que esa cena sea divertida, y realmente le encanta conocer a partidarios como usted. Ni siquiera cuando, horas antes del plazo a finales de septiembre de la recoleccin de fondos, el propio Barack baj el precio a tres dlares. Dios mo, resptese un poco! Tres dlares?

Comienzo a pensar que lo que Obama nunca comprendi fue que s, que para la mayora de nosotros la campaa de 2008 tuvo que ver en parte con l, pero ms con la campaa en s, con el repentino sentimiento de poder que se haba apoderado de una poblacin acostumbrada a Internet, que se sinti capaz de tener una verdadera esperanza. Esperando que tal vez haba encontrado un candidato que escapara de la consagrada corrupcin monetaria de Washington.

Ninguno de nosotros dio 50 dlares a la espera de un favor. Todo lo contrario. Uno daba 50 dlares esperando que, por primera vez en mucho tiempo en la poltica estadounidense, nadie recibiera un favor. Y el candidato, hay que decirlo, nos motiv. Sus vuelos retricos eran despampanantes, a los ecologistas como yo, les prometi liberar a esta nacin de la tirana del petrleo de una vez por todas y prometi que su gobierno marcara el momento en el cual el ascenso de los ocanos comenz a ralentizarse y nuestro planeta empez a curarse.

Una vez que estuvo en el cargo, era inevitable que nos desilusionara hasta cierto punto. De hecho, sabamos que llegara la desilusin y nos preparamos para ella. Despus de todo, nuestro movimiento se enfrentaba al asombroso poder de los intereses creados corporativos y financieros. Cuesta derrotar al gran capital. A pesar de todo, no nos importaba pensar: S podemos. Trabajaremos duro. Tenemos vuestro apoyo. Adelante!

Lo que no comprendimos es que Obama no quera nuestro apoyo, que en cuanto terminase la campaa nos lanzara a la deriva, descartara el movimiento que lo haba llevado al poder. En lugar de utilizar a esos millones de personas para imponer ambiciosas propuestas de atencin sanitaria o una legislacin climtica seria o [poned vosotros lo que queris], gobern como lo contrario de un candidato del movimiento.

Evidentemente no tena el menor inters en mantener activa y comprometida esa red. Aunque lo habamos llevado a la fiesta, fue como si en realidad no quisiera bailar con nosotros. En vez de eso por dolorosa que pueda ser la imagen quera bailar con Larry Summers. (Idea para juntar fondos: Yo pagara 75 dlares a fin de estar seguro de no cenar nunca jams con Summers.)

A medida que los meses de su gobierno se convertan en aos, cada vez pareca interesarse menos por movimientos de cualquier tipo. Sin que pasase mucho tiempo, gente como Tom Donahue, presidente y director ejecutivo de la Cmara de Comercio de EE.UU. estaba en cabeza de la lista de los visitantes ms frecuentes de la Casa Blanca. Y eso fue antes del invierno cuando despus que haban sido los mayores donantes para los candidatos al Congreso del Partido Republicano Obama fue de rodillas a la central de la Cmara, pidiendo disculpas por no haber llevado un pastel de frutas de regalo. (Qu le pasa a este sujeto con la comida? En todo caso pronto les dio un regalo mucho mejor, al contratar al conocedor de la Cmara, Bill Daley, como su jefe de gabinete.)

Ahora, mientras cae su popularidad, Obama y sus consejeros hablan de virar a la izquierda para la eleccin. Hermoso pensamiento, pero tal vez sea un poco tarde.

Me parece que aquellos de nosotros que estuvimos dispuestos a acompaarlo hace cuatro aos vamos a abandonar los canales normales y a buscar otras formas de accin. Un ejemplo: a finales del ao pasado el presidente dijo que tomar una decisin sobre el oleoducto Keystone XL, que llevara petrleo crudo de las arenas bituminosas del norte de Alberta al Golfo de Mxico. Los principales climatlogos de la nacin enviaron una carta al gobierno indicando que una accin semejante sera desastrosa para el clima. James Hansen de la NASA, mximo investigador del clima del gobierno, dijo que la fuerte explotacin del petrleo de las arenas bituminosas, una forma particularmente sucia de combustible fsil, significara el fin del juego para el clima. Nueve Premios Nobel de la Paz sealaron en una carta al presidente que el bloqueo del oleoducto planeado le presentara un verdadero momento de liderazgo, una tremenda oportunidad para iniciar la transicin de alejarnos de nuestra dependencia del petrleo, el carbn y el gas.

Pero todos los indicios de su gobierno sugieren que est dispuesto a otorgar el permiso necesario para un proyecto que tiene el respaldo entusiasta de la Cmara de Comercio, en el cual los Hermanos Koch tienen un inters directo y sustancial. Y no solo el respaldo. Para usar las palabras de un reciente artculo del New York Times, estn dispuestos a pasar por alto la intencin de la ley federal para hacerlo. Tambin hay que estudiar lo siguiente: el Departamento de Estado, por recomendacin de TransCanada, constructor del oleoducto Keystone XL contrat a una segunda compaa para realizar el estudio ecolgico. Esa compaa ya se consideraba cliente importante de TransCanada. Es simplemente corrupto, potencialmente el mayor escndalo de los aos de Obama. Y lo importante es que es un crimen que todava est en progreso. Es una depresin interminable ver que el presidente no hace nada para detenerlo.

Para muchos de nosotros ha sido una tarda llamadade atencin, un fuerte recuerdo de a quin escucha realmente el presidente. A mediados del verano, varios dirigentes del movimiento ecolgico, incluido yo mismo, llamamos a accin civil no violenta de desobediencia ante la Casa Blanca por la prxima decisin sobre el oleoducto Keystone. Y ms personas que en los ltimos 40 aos 1.253 en total se presentaron para que las arrestasen. (Un motivo por el cual los correos de Obama hieden ahora: el que sola escribir muchos de ellos, Elijah Zarlin, no solo ya no trabaja para la campaa, sino se lo llevaron en un furgn policial.)

Apenas han pasado unos meses y ese rcord de arrestos ya est amenazado, gracias a Dios, por las fuerzas de Ocupad Wall Street, un movimiento que incluye a muchas ms personas de las que se sumaron con tanto entusiasmo para apoyar a Obama en 2008.

Obama tuvo atractivo cuando saba que no se trataba de l, sino del cambio. Pero cuando uno promete cambio tiene que cumplir. Su ltima oportunidad puede ser la decisin del oleoducto Keystone, que puede tomar enteramente solo, sin que nuestro intil Congreso pueda ponerse en su camino. Por lo tanto el 6 de noviembre, exactamente un ao antes de la eleccin, queremos rodear de gente la Casa Blanca. Y los letreros que llevaremos sern simplemente citas de su ltima campaa, todo eso que dijo sobre la tirana de las grandes petroleras y la salud del planeta.

Nuestro mensaje ser simple. Si no quera decir eso, no debera haberlo dicho. Si lo quera, ahora tiene la oportunidad de probarlo. Rechace el oleoducto.

No queremos cena. Queremos accin.

Bill McKibben es organizador en tarsandsaction.org, colaborador regular de TomDispatch, y acadmico distinguido Schumann en Middlebury College. Su libro ms reciente es: Eaarth: Making a Life on a Tough New Planet.

Copyright 2011 Bill McKibben

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175452/

rCR



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