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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2011

Prlogo de "La encrucijada universitaria", del profesor Rafael Gutierrez Girardot
La universidad en la mira

Rebelin


Hoy el campus de la universidad est habitado por ausencias numerosas y complacientes. Al parecer, estn dispuestas a ceder ante el agravio gubernamental, la resignacin estudiantil y la anormalidad acadmica. En breve, habr ms edificios inteligentes y burcratas energmenos que universitarios. A quin le conviene esta ausencia general del pensar? Los escritos de Rafael Gutirrez Girardot aqu compilamos dan respuestas en retrospectiva a ese interrogante. Aunque fueron redactados entre los aos cincuenta y los ochenta, gozan de una terrible actualidad fundada en su agudeza para pensar el sentido de la universidad. Es cierto que sus informaciones distan mucho de ser las de hoy, pero su mirada desde el pasado logra hablar al presente de una universidad asediada por la mercantilizacin del conocimiento y la violencia. Gutirrez Girardot anuncia, desde hace casi 50 aos, los sntomas que padecemos en el 2011. El primero y ms grave de todos es la prdida del sentido del estudio universitario. El Estado y las lites le han arrebatado al estudio su esencia antropolgica, es decir, el deseo y la pasin por el conocimiento, y han transformado su propsito social, el anhelo por construir un pas ms justo, en una mercanca ms del mercado y, en las actuales circunstancias, hasta en una mercanca deleznable. Hoy debemos recordarles a los apticos y a los tecncratas que el estudio es una pasin, no una profesin, una aventura y un riesgo, no una carrera, un fuego, no un acto burocrtico, el desafo de la libertad.

La crtica de Gutirrez Girardot a las lites colombianas que entorpecen la tarea de las universidades colombianas hace parte de su inventario ms negativo. La observacin directa de la incapacidad de las lites colombianas para afrontar y asumir sus responsabilidades histricas, lo llevan a un desnimo que se convierte en una denuncia. La crtica a las lites fsiles, a lites sin un mnimo grado de conciencia histrica del cambio social, es el centro de su reflexin-denuncia. Este inventario de los desaciertos y la errtica conduccin del pas, parten de similares consideraciones que la de un contemporneo suyo y a quien estima como un miembro de sensibilidad y cultura de excepcin, a saber, el poeta Jorge Gaitn Durn, quien escribi La revolucin invisible (1959). Gutirrez Girardot hubiera hecho un retoque al ttulo y lo hubiera llamado la reaccin invisible, por la forma astuta y siempre casi efectiva con que las lites ―que tambin son juzgadas negativamente por Gaitn Durn― se convierten en un bloque de resistencia no solo al cambio efectivo, sino a las preservaciones de privilegios cada vez ms voraces. Por eso Gutirrez Girardot habla de la astucia de la teologa que supo apoderarse de los espacios del pensar libre hasta hacer de la universidad un ente apenas al servicio de los poderosos y no un organismo colectivo capaz de construir la paz y la justicia tan anheladas.

Entre las instituciones que Gutirrez Girardot juzga con mayor severidad estn las universidades privadas. Eso en una poca en la que todava no eran cientos en todo el pas. Ellas reproducen el particularismo; no son instituciones creadas, en realidad, por amor a la ciencia y para preservar el primado de la libre investigacin, sino son enclaves del poder y del dinero, formas de caciquismo, con apariencia de instituciones educativas. Hoy en da hasta las universidades privadas ms serias se siente amenazadas por la misma lgica del mercado que propone la reforma de la ley para autorizar la proliferacin indiscriminada de universidades de garaje o fbricas de ttulos.

Esta masificacin incontrolada de la universidad, como se puede ver en los estudios de Gutirrez Girardot, proviene del famoso Informe Atcon (1963). En su artculo, el ensayista colombiano reta a los propietarios y usufructuarios de las universidades privadas. Es de recordar que ese Informe ―que se hizo tristemente clebre por la enconada oposicin del movimiento estudiantil de esa dcada y la siguiente contra la penetracin yanqui―, afirmaba la necesidad de sustituir la vieja estructura politizada e ineficiente de la universidad estatal por modernos campus privados de educacin superior. Cabe, sin embargo advertir, que el Informe Atcon coincide parcialmente con argumentos de Gutirrez Girardot, en el sentido del lamentable y vergonzoso atraso universitario, en la indispensable modernizacin de una estructura universitaria inviable para el desarrollo y la sociedad de masas urbanas y, sobre todo, en la indispensable dignificacin de la actividad del profesor universitario, en la necesidad, pues, de crear un cuerpo docente profesionalmente capacitado, competente cientficamente y bien remunerado y no explotado descaradamente, tal como acontece con los docentes de ctedra. En fin, estos argumentos de Gutirrez Girardot guardan afinidad con las observaciones de la imposibilidad de enfrentarse creativamente a la sociedad de masas sin el personal correspondiente.

Gutirrez Girardot fue un crtico de las lites, pero igualmente se mantuvo distante de los movimientos polticos y estudiantiles. La razn era primero de orden intelectual, a saber, constataba que esos movimientos estaban modelados por el marxismo-leninismo, es decir, por una forma abreviada y necesariamente confusa de la obra de Marx. Este marxismo-leninismo no era solo una cartilla o pldora dosificada del exigente Marx, sino que su temple o inspiracin era autoritaria. Entre los modos de argumentar del leninismo y la escolstica no hay mayor diferencia. Este modo de argumentar es dogmtico, tiene la respuesta previa a la pregunta y es en el fondo un catecismo. El movimiento estudiantil no se ha dado cuenta de que su rebelin expresa de manera vehemente a la sociedad que quiere combatir, la expresa en sus ntimos y en sus contradictorios deseos. La violencia, la demagogia y la pobreza crtica repite[n] en la universidad el sistema completo de valoraciones de la sociedad que se intenta transformar. Por eso es que, segn Gutirrez Girardot, el lder estudiantil que lanza sus arengas no se diferencia en nada absolutamente del viejo cacique o demagogo tradicional y sus argumentos estn por encima o al margen de toda crtica.

conjuncin de elementos Tal disonantes explica el alto grado de perversin del sistema universitario colombiano. Se trata de una

 

deformacin del principio liberal de la iniciativa privada, complementado por una abreviada interpretacin de la libertad de enseanza, que fomenta el egosmo, profundiza de manera arrogante la divisin de las clases sociales e inculca en los privilegiados y consecuentemente, en los no privilegiados la ambicin del enriquecimiento fcil y rpido. Cmo han de sorprender la mafia y los dems fenmenos de delincuencia como el secuestro, etc., es decir, modos de enriquecerse fcil y rpidamente, si el sistema educativo de la libertad de enseanza y de la iniciativa privada ensea a enriquecerse rpida, fcil y desconsideradamente? Para los no privilegiados, la educacin de los hijos es un peso, un sacrificio. Cmo esperar que esa mayora tenga una imagen cabal de lo que es una universidad, de lo que una universidad puede lograr para la pacificacin, la libertad, la justicia social y el mejoramiento y sostenimiento de estos bienes?

Cmo, pues, atender a las demandas de una modernizacin democrtica de la institucin universitaria en medio de las frustraciones sociales y polticas? Colombia ha cambiado en las ltimas cinco dcadas, pero los problemas de su universidad pblica siguen agobindola en no menor medida. La tarea y la significacin de las Misiones para la Ciencia y Tecnologa y de la Modernizacin de la Universidad de principios de los aos noventa y el papel dinamizador de Colciencias, contando con todos sus equvocos, no pueden dejar de contarse entre los aciertos de la universidad colombiana de hoy. Pero entre sus errores ms graves est el catico, desordenado e irresponsable crecimiento de cientos de universidades de garaje, que ocupan manzanas y edificios en menos de una dcada, y cuyo nivel es nfimo y deplorable. Para no decir que la reforma a la ley 30 postula degradar a la universidad en general, permitiendo que toda institucin de educacin, sea cual fuere su origen, pase de ser de educacin superior, es decir, a convertirse en empresa universitaria. Pero la universidad no es un edificio de oficinas. La universidad es vida universitaria y la vida del conocimiento no proviene de la dictadura de clases, sino de la amplia y rica vida cultural, en donde se cultiva la amplitud del mundo gracias a las experiencias concretas y reales de las ciencias, de las artes, de las expresiones culturales de los ms variados modos de entender el mundo. La universidad colombiana no puede seguir esquivando su responsabilidad histrica de ser una universidad multicultural, en donde los grupos sociales y los sistemas de pensamiento occidentales y no occidentales tengan el mismo lugar de dignidad. De no ser as, nuestra sociedad se seguir distinguiendo por ser multiracista y pluriexcluyente.

Al lado, est sin duda, como otro gran interrogante, los procesos de acreditacin que, en las ltimas dcadas, se imponen, bajo los equvocos modelos importados del chileno J. J. Brunner. Esta equivocidad se funda en un reconocimiento de la legitimacin de la universidad privada, de ltima generacin (es decir, de la lumpenizacin de la universidad privada, pues ella como adujo el gur hechizo supo or el mercado). Pero el fundamento, o ADN de las violencias siguen presentes, y se pueden rastrear en estos ensayos de Gutirrez Girardot sus procesos de larga duracin. La pertinaz incapacidad de las lites por formular una idea de Estado, de sociedad y de sus instituciones fundamentales para su modernizacin, se hace patente ms que nunca. El privilegio consentido y la complicidad generalizada de sus falsas y equivocadas actuaciones, en este ltimo medio siglo, solo han intensificado la criminalidad, la violencia, la corrupcin en todas sus formas, la injusticia y han derrumbado los caminos para una verdadera convivencia y un desarrollo sustentable y equitativo.

El fracaso de la nacin, es realmente el fracaso de la conduccin de la educacin por parte de las lites tradicionales que no han querido encontrar los modos socialmente ms justos para su relevo. La relacin entre valores culturales, medios, oportunidades y estmulos de todo orden no se han discutido a fondo y con todas sus inferencias. Acallar las voces de protesta, suprimir la crtica y amordazar los productos de la inteligencia que suea una nueva sociedad, vale decir, los fundamentes crticos de esa sociedad, deben tener en la universidad ―en la universidad pblica, no contaminada del autoritarismo que le ha venido minando su potencial renovador― su espacio natural para repensar la sociedad. Mientras ese espacio privilegiado siga en manos de los representantes del tradicionalismo hispnico y eurocntrico, reinar la confusin, el desorden, el caos institucionalizado. Estas son, creemos, las lecciones de las reflexiones vigentes de Rafael Gutirrez Girardot sobre la universidad y estas reflexiones son una asignatura pendiente de estudio y consideracin para la sociedad colombiana de hoy.

El Ministerio responde ahora con dos claves monocordes: ampliar cupos y legitimizacin consensuada. Para la primera recita que faltan 600.000 estudiantes en pregrado, es decir, corea lo que un cierto rector sopl al odo de la Ministra y sta la repite sin ms a la opinin pblica. Canta que faltan 50.000 estudiantes en posgrados, es decir, vuelve a corear lo que el mismo cierto rector sopl a la misma Ministra y sta sin ms la recita a los colombianos. Pero esa cifra, como toda cifra es algo encapsulado. Como cpsula se convirti en consigna populista oficial: La reforma garantiza 650.000 cupos en cuatro aos. Esto es un imponderable insoportable y descarado. No solo por que no hay dinero, sino simplemente porque, en todos los sentidos, en ninguna parte del mundo, es imposible ampliar una cifra de 650.000 con la misma capacidad instalada. Es, en estas condiciones, una burda meloda. El dinero que ofrece el gobierno es otra cifra, esta vez variable, para cubrir ese enorme dficit. A veces esta cifra es un billn y medio de pesos, luego seis, y ltimamente se mencionan once para los prximos diez aos. El capricho solo de las cifras que se entonan, como juegos de msica-fiscal, no traduce ninguna realidad con certidumbre: son desafinadas trampas que rompen los odos.

Necesitamos acaso 650.000 estudiantes ms, por ejemplo, de derecho? Si son 650.000 estudiantes, dnde se ubican, en qu sector del espectro, en qu regin, a qu clase social se orienta, etc.?Cul es la discriminacin real, social, cultural, tcnica, de esa cifra? No hay respuesta a la mano, por la sencilla razn que el aludido rector y la ministra desconcertada hablan solo de cifras encapsuladas; indescifrables. La cifra se pone como una meta irreal, como un castillo fantasioso, como medio efectista que elude el enorme vaco socio-histrico, sin importar el sentido o alcance de cada slaba pronunciada o recitada. La candorosa forma en que se cuentan estas fantasas de arlequn es una tradicin nacional, pero esa tradicin romntica la rechazamos. Con tres dedos de responsabilidad en una frente seria, se sabe que por arte de conjuro verbal no se crea de la noche a la maana en cuatro aos- un nmero de estudiantes universitarios que todas las universidad pblicas existentes no ha podido albergar. 650.000 estudiantes no son solo 12 universidades Nacionales, sino que la Universidad Nacional de Colombia que tiene unos 50.000, con todas sus sedes, ha precisado 75 aos para consolidarse como la primera universidad colombiana y ocupar, con dignidad patria para sacar pecho (patria, te adoro en mi silencio mudo y sordo y ciego), los ltimos renglones en el ranking mundial de las 500 mejores universidades del mundo. 650.000 estudiantes son 20 Universidades de Antioquia, o 10 Universidades, sumadas las de Antioquia y la del Valle juntas. Habra que advertir que estos centros universitarios alcanzaron cifras rcord de masificacin, gracias a la poltica de hacinamiento universitario que lider ocho aos la otra Ministra, Vlez White, de muy ingrato recuerdo. Lo que se llam cobertura fue, en realidad fue hacinamiento, sobre la base de ampliar cupos indiscriminadamente. En una dcada la Universidad de Antioquia aument su matrcula en 10.000 estudiantes es una intrauniversidad en la universidad de antes-, cuasi con el mismo presupuesto, cuasi con la misma planta profesoral de hace 12 aos, y exactamente con la misma infraestructura en su Campus universitario de los aos setentas. As que la ocurrencia de la cobertura-hacinamiento ya lleg a su tope e improvisar en este punto es un imposible. 650.000 estudiantes precisan adems y esto no est en los clculos ministeriales y casi ni en los rectorales- algunos profesores dems. En otras palabras, 650.000 es una dimensin numrica inconmensurable; una cifra tab, una supersticin, una farsa ms, una consigna de gobierno, que cobra la dignidad de dogma universitario. Y por lo cual la reforma se profetiza aprobada por el congreso.

Luego viene las declaraciones que cada vez son ms enfticas de la Ministra, que pasaron hace unas semanas del tono del consejo a la domstica a una actitud desafiante que se va acercado a Comandante de brigada ante la tropa sublevada: He consultado a todos los sectores universitarios. La mentirilla, repetida en cada uno de los medios, podra ser piadosa para dirigir la vida empresarial de la que procede y de la que mentalmente no est dispuesta a desertar. Soy Ministra, por tanto soy ejecutiva, por tanto gerente, soy patrona, pues, y mi palabra es la ley de los estudiantes. Pero los estudiantes no fueron consultados; pero tampoco los profesores fueron consultados; ni los profesores de planta, ni los ocasionales ni mucho menos los de ctedra, estos ltimos que soportan entre las dos terceras partes a las cuatro quintas partes de la vida docente de las universidades. No fueron consultados los profesores de las universidades pblicas, ni los profesores de las universidades privadas, que son tambin vctimas del sistema. Tampoco se consultaron a otros sectores: como los trabajadores, los sindicatos, las secretarias, los indgenas, los afrodescendientes, los que desertaron, todos quien conforma el mltiple espectculo que a diario da vida a la universidad. Tampoco estos sectores vitales de la universidad fueron incluidos, en la reforma, en los rganos de representacin de las instancias directivas de la universidad. Ellos fueron los invitados de piedra a este festn de mentiras, con que se pretende imponer la reforma. Porque como desafo el seor presidente clama: Protesten que la reforma la impongo adelante, Ministra. Todos estos sectores no fueron consultados, ni al principio del proceso, ni en el medio, ni al final. Pero no acaba all la no-participacin El asunto descansa en el hecho de que el gobierno se arroga, producto de su herencia autoritaria de la era uribista, a ejercer una funcin jerrquica y vertical en realidad la ltima esencia autoritaria del Frente Nacional- para dirimir sus problemas en temas de educacin. No es difcil comprobar que no ha habido Ministro de Educacin, desde Pedro Gmez Valderrama, que sepa leer y escribir. No ha habido un genuino profesor, un acadmico respetado por la comunidad universitaria, al que se le haya confiando este Ministerio en ms de medio siglo; los que han circulado por all no son solo gente extrauniversitaria sino antiuniversitaria que piensa extra y antiuniversitariamente el problema universitario. El Ministro de educacin cualquiera sea l- parte de la base que sus enemigos son los profesores asociados de las universidades pblicas y los estudiantes de las universidades pblicas. Esto se pone de presente en esta ocasin, como en miles de ocasiones ms. Mandan o presumen mandar sobre una comunidad que no conocen, que no respetan, de la que no proceden, ni interpretan sus demandas internas. Mandan como si se tratara de su finca, de su industria, de su gremio privado. Es tan deprimente el asunto de esta reforma o ms bien del conjunto desarticulado de las reformas que emprende el gobierno actual que presume resolver el problema de la justicia sin pensar en reformar a fondo los estudios de derecho, o sea una disciplina central de nuestra tradicin universitaria, de la que procede o es causa de los problemas de la justicia; presume reformar la salud sin reformar las facultades de medicina o salud pblica, en la que los estudios universitarios estn implicados decisivamente; presume reformar el agro sin demandar las condiciones de conocimiento cientfico, tecnolgico y tcnico en los que algo tiene que ver la ciencia universitaria- para reformar el agro, etc. Es decir, son reformas en que no se piensan las relaciones reales de la universidad con la sociedad, y en las que la universidad la pblica- se sigue entendiendo como una institucin adjetiva, accesoria y casi sobrante de la compleja vida nacional. No se piensa ni parece que no se va a pensar por lo pronto, sino solo imponer- que sin la pregunta de qu universidad para qu sociedad?, es decir, la pregunta del presupuesto de una reforma sustancial que responda al deseo utpico de la sociedad justa, de mano de una universidad, sustancialmente, representativa, competente, democrtica.

Pero hay otra cifra que no le sopl el eminente rector a la cndida Ministra: en el pas falta 10.000 doctores activos en la universidad para hacer el sistema potencialmente competitivo en la regin. Hay solo 3.000. Es decir, estamos a la cuarta parte de la proyeccin de los aos noventa. En pocas palabras: el pas ha formado 3.000 doctores en los ltimos veinte aos. La posibilidad de cumplir la meta trazada, es remota, porque adems de que este proyecto de reforma no la contempla -ni siquiera en sus consignas-, los recursos de los programas doctorales son insuficientes. Las tres universidades ms importantes del pas, Nacional, Antioquia y Valle, tienen un muy reducido nmero de programas doctorales. Hay regiones enteras del pas que no conocen esta palabra; por la sencilla razn de que un programa doctoral est alimentado por un sistema de investigacin slido. Aquellos van de la mano de este. As el desequilibrio de universidad a universidad y de regin a regin es gigante; ciudades, como Bogot o Medelln, se vive en diferentes eras glaciales en la investigacin y por tanto en la capacidad institucional de crear doctores. Su compleja infraestructura de bibliotecas, bases de datos, laboratorios y sobre todo profesores, quedaron por fuera de las meninges ministeriales. Este gran dficit ha sido silenciado consciente, voluntaria y brutalmente, en esta reforma. Ella no contempla la articulacin del sistema de pregrados con los posdoctorados, la universidad como institucin de investigacin.

Cunto cuesta un doctor? Por supuesto un doctor no se saca de la manga, ni siquiera de esta Ministra. Un doctor es el producto de un sistema social, de un entorno cultural y de una voluntad institucional y personal de largo plazo. Los costos no son solo econmicos, sino vitales, mentales, psquicos, familiares, universitarios: se trata de un esfuerzo de unos cinco o seis o hasta diez aos, dependiendo de situaciones, en que un individuo se concentra a desarrollar un tema de investigacin. Pero esta prctica compleja precisa de preguntas de semejante envergadura: investigar qu, cmo y para qu sociedad? En este debate el director de Colciencias, que siempre se le ve tan locuaz y animado en otros escenarios, hizo mutis por el foro: se qued callado para cumplir con su destino mimtico de oportunista funcionario de confianza.

La tarea elemental es propiciar una convocatoria nacional universitaria que se oponga al deterioro creciente de la universidad. Una gran convocatoria que implique y comprometa a las organizaciones internacionales competentes, pero sobre todo a los sectores ms vulnerables de la poblacin colombiana, discriminados de la vida universitaria, como son los sectores indgenas, afro-descendientes y millones ms de marginados a la vera de los ros o trepados en la comunas sin futuro. Sin esta marcha multicolor del conocimiento, en la que la universidad sirva de pivote de integracin contra una nacin decidida a su suicidio colectivo ―para decirlo objetivamente, si se tiene a la mano el mapa del terror que siembran todas las organizaciones criminales visibles, invisibles, solapadas, que obran a la sombra o abiertamente―, se seguir en la misma danza macabra. Mientras la educacin nacional viaje en el vagn de tercera del gobierno, el futuro de Colombia ser anticipo de sus pasados ms tenebrosos. Los captulos del pasado sern cuentos infantiles; las guerras civiles del siglo XIX o la violencia de los cincuenta o el ciclo inconcluso del terror narco-paramilitar, iniciado por el Cartel de Medelln, sern amenos relatos populares para adormecer a la niez colombiana. Sin el menor nimo proftico, el saqueo a la educacin universitaria anunciar otra y otra y otra faena de la destruccin de lo humano.

 

Los editores




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