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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2011

La rebelin que nadie esperaba

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


Una chispa puede encender la pradera, deca ese genial pensador y revolucionario chino Mao Tse Tung. Siempre hallaba la frase indicada para representar la ms sencilla aunque potente de las ideas.

En un mundo lleno de lea seca, estaban dadas las condiciones, dira Mao, para que se prendiera una gran llamarada. La chispa fue un acto individual de parte de un vendedor ambulante llamado Mohamed Bouazizi, quien se autoinmol en protesta por los abusos continuados a manos de funcionarios del gobierno. No se sabe si era de derecha o de izquierda, o si perteneca a algn partido. Lo que s se sabe es que la realidad opresiva de su condicin como explotado se encargara de potenciarle la rabia necesaria para su acto supremo de rebelin. Su muerte, una transgresin violenta del orden establecido, prob ser un agente cataltico para una insurgencia civil en Tnez que puso fin, entre diciembre de 2010 y enero de este ao, al rgimen autocrtico que gobernaba hacia 23 aos. Para esas mismas fechas, El Cairo, Alejandra y otras ciudades egipcias fueron escenarios de otra insurgencia popular que llev a la cada de otro rgimen dictatorial.

Segn el filsofo poltico argentino-mexicano Enrique Dussel, se estaba ante un estado de rebelin, es decir, un acto supremo por el que el pueblo se manifiesta, a partir de s, contra una dominacin que se ha tornado insoportable.

El prximo de esos actos supremos que surge desde las entraas mismas del pueblo, harto de sus asfixiantes circunstancias, fue el movimiento de los indignados que se concentr el pasado 15 de mayo en la Puerta del Sol en Madrid. Asimismo, desde el pasado 17 de septiembre, los indignados se atrincheraron a pocas cuadras de Wall Street, en lo que rebautizaron como la Plaza de La Libertad. Somos el 99 por ciento que ya no tolera ms la avaricia y la corrupcin del 1 por ciento, declara el movimiento Occupy Wall Street. Desde entonces, el movimiento de los ocupas niuyorquinos que no ha ocultado la influencia de las insurgencias civiles de Tnez y Egipto, as como la de Madrid- se ha extendido a ms de 100 ciudades en ese pas, incluyendo la capital, Washington DC..

Finalmente, el pasado sbado 15 de octubre decenas de miles de indignados colmaron calles y plazas en ms de 1,500 ciudades a travs del mundo, en cerca de un centenar de pases, incluyendo Puerto Rico. Su consigna era meridianamente clara: se niegan a seguir siendo gobernados y explotados por ese uno por ciento y su agenda neoliberal que slo ha embargado el futuro del noventa y nueve por ciento restante. Han decidido que ha llegado la hora de que el 99 por ciento tome control de su propio destino como resultado de un acto total de autoemancipacin colectiva que poco a poco va retomando las calles y las plazas como espacios comunes de deliberacin y agenciamiento.

Estamos ante la potenciacin de un nuevo sujeto poltico, encarnado en personas realmente existentes que sufren y luchan, el cual intempestivamente irrumpe como protagonista del movimiento real que refuta y supera el estado de cosas actual, como define Carlos Marx la emergencia de lo comn como modo alternativo y superior de vida. Y en el proceso han impugnado las reglas de juego de la poltica que hasta ahora tanto la derecha como la izquierda han estado validando con sus acciones u omisiones. Intuyen, a base de la experiencia, que cualquier transformacin de lo existente no podr transitar por los mismos caminos que nos condujeron a la presente crisis. Por eso la crisis actual del capital en Estados Unidos y Europa es tambin la crisis de la izquierda, dado su fracaso en representar debidamente las necesidades y aspiraciones del pueblo.

De ah que hay quienes desde la izquierda miran con cierto recelo esta fuga hacia la constitucin de otro tipo de poltica por no corresponder a sus esquemas ideolgicos abstractos y ahistricos, es decir, anclados ms all de la experiencia vital del movimiento real de la historia. Se empecinan en institucionalizar, poner en cintura, la poltica salvaje de los rebeldes, para reencausar sus protestas y propuestas por medio de algn tipo de formacin poltica electoral. Incluso, hay quienes se quejan de sus formas de democracia directa o descalifican el potencial revolucionario del movimiento, caracterizndolo vagamente de populista y, como tal, en ltima instancia de derecha.

Ahora bien, advierte el filsofo poltico argentino Ernesto Laclau que los pueblos son formaciones sociales reales y no ideales. De ah que ms all del desdn con el que por lo general la izquierda trata los fenmenos llamados populistas, hay que saber apreciarlos desde otra perspectiva, es decir, como expresin de la propia indeterminacin de la realidad social o el estado de consciencia en un momento dado de las masas populares.

El populismo, insiste Laclau en su obra La razn populista (Fondo de Cultura Econmica , Mxico, 2006), es en ciertas circunstancias histricas una forma de construir lo poltico a partir de una situacin de acumulacin de demandas insatisfechas y un sistema institucional que es incapaz de atenderlas. En el momento en que se articula un movimiento antisistmico en torno a los reclamos insatisfechos, puede producirse una situacin populista bajo la cual el pueblo se construye como actor colectivo frente al poder establecido. Insiste el reconocido politlogo en que ello no es necesariamente negativo, aunque advierte igualmente que el populismo puede operar, como ha sido el caso, tanto a la derecha como a la izquierda.

En ese sentido existen para Laclau dos lgicas de construccin de lo social. Primeramente est lo que l llama la lgica de la equivalencia mediante la cual el pueblo se constituye como sujeto poltico antisistmico en torno a una cadena tan heterognea de reivindicaciones como lo es la pluralidad de su composicin. En segundo lugar, est la lgica de la diferencia en que cada demanda particular es atendida como cuestin de pura administracin y absorbida dentro del sistema.

Sobre el reto terico que plantea en la actualidad este fenmeno, nos seala Laclau en su obra antes mencionada: Quiz lo que est surgiendo como posibilidad en nuestra experiencia poltica es algo radicalmente diferente de aquello que los profetas posmodernos del fin de la poltica anuncian: la llegada a una era totalmente poltica, dado que la disolucin de las marcas de certeza quita al juego poltico todo tipo de terreno apriorstico sobre el que asentarse, pero, por eso mismo, crean la posibilidad poltica de redefinir constantemente ese terreno (pginas 275-276). Y ms adelante abunda: La emergencia del pueblo como actor histrico es, entonces, siempre una transgresin respecto de la situacin precedente. Y este acto de transgresin constituye tambin la emergencia de un nuevo orden (pginas 283-284).

El poder constituyente del pueblo excede los lmites de lo que ha sido hasta el momento la poltica segn las reglas impuestas por el maridaje actual entre el Estado y el mercado, y seguidas por las derechas y las izquierdas oficiales en, por ejemplo, Estados Unidos y Europa. Como bien plantea el filsofo poltico francs Alain Badiou es ese sistema de reglas y limitaciones el que precisamente obstruye toda posibilidad de cambio revolucionario en la sociedad contempornea. De ah que la ruptura con el orden establecido slo puede darse ms all de ese Estado y ese mercado capitalistas. Slo as se potencia la accin colectiva imprescindible para crear lo nuevo.

No basta con negar lo existente. Hay que superarlo mediante la constitucin de una nueva realidad. Para ello hay que sustraerse de los mbitos polticos, jurdicos y econmicos del capitalismo, a partir de la creacin de un espacio de independencia frente al sistema. Este es el reto de toda poltica emancipadora en la poca presente.

Hay que estar consciente, sin embargo, que existe un peligro real de sobreestimar el estado actual de la situacin. El movimiento an se halla frente a una encrucijada. Si bien pretende sustraerse del orden establecido, tiene que definir en algn momento lo que quiere en su lugar. El problema no es una nueva ley electoral ni tan siquiera nuevas regulaciones para el capital financiero. El problema es el sistema capitalista, incluyendo sus instituciones y lgicas actuales de mando econmico y poltico. Es por ello que la lgica a seguir es forzosamente antisistmica y no de administracin, si realmente se trata de producir una transformacin radical.

La batalla actual es dual: sin asumir un activo anticapitalismo no se podr problematizar y transformar efectivamente la forma poltica del capitalismo actual hacia la democracia real deseada. Y es que nada hay ms contrario a la posibilidad misma de una democracia real, en todos los ordenes de la vida, que el capitalismo. De paso, nada hay ms necesario para la construccin de la democracia real que la construccin a su vez de un modo de vida anclado en lo comn.

 

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.  


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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