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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2011

Matar al mensajero

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Sudoroso y agotado tocaba el timbre esperando hubiese alguien en la casa. Era necesario tomar una decisin de vida o muerte. La guerra haba comenzado. Las huestes enemigas cruzaran la frontera y haba que preparar la defensa. El mensajero, consciente de su labor no poda permitir la muerte inocentes ni menos ver su territorio convertido en colonia. Para evitar el desastre arriesgo su vida. No escatim esfuerzos, corri toda clase de peligros, sorteo espas, paso hambre y sin sabores, tres das con sus noches, estaba a punto de cumplir su cometido. Se encontraba ante la casa del ministro de defensa, un viejo casern, mal iluminado, los guardas le haban dejado pasar y l no soltaba su dedo ndice del timbre. No esperaba honores, tampoco ser objeto de recompensa monetaria. Su nico deseo era servir al pas que le vio nacer y que tanto amaba. Incluso, a pesar de sus aos, pensaba incorporarse a filas con el noble propsito de defender el territorio nacional y la dignidad de sus gentes. Nada haca prever el fatal desenlace. El mayordomo, tras unos segundos que a l le parecieron horas, abri la puerta y los ojos del mensajero alumbraron esperanza. Un mensaje urgente para el seor ministro!, exclam. De forma displicente, el mayordomo, lo miro de arriba a abajo y saco esa conclusin propia de los mayordomos, era un desarrapado, estar pidiendo algn favor, como muchos que se acercaba a la casa. Con tono autoritario, le solicito la carta. Ya se la entregara al seor ministro, su amo. Le hizo pasar al primer recibidor habilitado para personas sin honores ni rangos, y lacnicamente le dijo le pidi que en breve tendra la respuesta del Sr Ministro. Al cabo de un buen rato, apareca un sujeto con la cara desencajada, vestido elegantemente. Sin duda sera el ministro, pens el mensajero, se alegro, sus temores parecan llegar a su fin. Sin mediar palabra, a medida que se aproximaba, saco una pistola y vaci su cargador contra el mensajero. Herido de muerte, mientras agonizaba, exclam por qu!. Ya no escuchara la respuesta. Mientras yaca en el suelo, el Sr Ministro, sostena en su mano lo que era la carta, la doblo varias veces y la guardo en el bolsillo pequeo de su chaqueta. Enrabietado y dirigindose al cadver, le increp: no se pueden traer malas noticias, menos en mi fiesta de cumpleaos...! Dicho lo dicho, dio media vuelta y pens en la forma de seguir el sarao como si nada hubiese pasado. Ya habra tiempo para dedicarse al noble arte de la guerra. El problema estaba resuelto. Para sus adentros cavilaba si esa noche podra conciliar el sueo. Antes de llegar al gran saln, le dijo al mayordomo que retirase el cuerpo del mensajero muerto y de paso limpiase el recibidor. As se hizo. Al da siguiente ya no haba pas, ni presidente, ni ministro, las tropas enemigas haban llegado hasta la capital y transformado el territorio en una colonia. Muerto el perro, pensaba el ministro se acabara la rabia. Muerto el mensajero no habra guerra.

Hoy, esta actitud parece una constante en la actuacin de los polticos de postn. Bajo el criterio de tirar balones fuera y achacar a otros responsabilidades propias, emprenden una huda hacia adelante. Los ejemplos sobran. Sin rubor, diputados y senadores, dicen mostrarse comprometidos con la crisis y en un afn de conciliacin con las mayoras sociales pauperizadas y esquilmadas, de una parte de sus salarios, para salvar a los bancos, se bajan sus sueldos. Lo publicitan y quieren que se considere un ejemplo de buen hacer. Pero dicho acto, es ms bien propagandstico, no tiene nada de solidario. No es igual rebajarse un diez por ciento de mil euros que hacerlo de siete mil euros, cifra aproximada que cobran la mayora de los miembros de ambas cmaras, incluido el plus por trabajar en las comisiones. A lo cual habra que sumar el bono taxi, los descuentos en avin, hoteles y gastos de representacin varios, considerados un apartado no vinculado al sueldo. Cuando se les descubre el paste, arremeten contra los periodistas, acusndolos de terroristas de la informacin y crear alarma social. En este desatino, tampoco, la direccin de los partidos se dan por aludidas cuando a sus dirigentes, alcaldes, diputados, senadores o concejales son pillados infraganti en actos delictivos, corrupcin, trfico de influencias, malversacin de fondos pblicos, etc. Muchos de ellos seguirn apareciendo en las listas electorales y contarn con el apoyo irrestricto de sus cpulas. Y cuando salta la liebre, lo mejor culpar a la prensa de promover campaas difamatorias.

Un buen ejemplo de matar el mensajero lo constituye, el portavoz de Convergencia y Unin en el parlamento del reino de Espaa, Josep Durn i Lleida, quien acusa a la prensa y los reporteros de ser los responsables de la mala imagen de la clase poltica. Para l, inmaculado representante del pueblo cataln en las Cortes, no son los actos de corrupcin, falta de tica, los escndalos de sus cargos pblicos la causa del descrdito. No!. Por el contrario, son quienes destapan dichos desaguisados.

A Josep Duran i Lleida, como a otros muchos diputados y senadores, alcaldes y concejales, les gustara gozar de total impunidad. Su gran sueo consiste en promulgar una ley para recortar la libertad de prensa cuando se alude a las formas lisonjeras de la vida de sus honorables seoras. As, una vez puesta en funcionamiento, nadie se enterara de los enjuagues para privatizar la sanidad, recortar presupuestos en educacin y cobrar impuestos revolucionarios a empresarios si quieren obtener las licencias de obras. Maniobra artera utilizada por Convergencia y Unin, para financiar los partidos de la coalicin. El aora el franquismo, donde no haba corrupcin, ni escndalos, y los procuradores en Cortes gozaban de un poder y status de primera. No poda ser de otra manera, hablar mal de ellos y denunciar sus fechoras conllevaba persecucin, crcel y exilio.

Por desgracia para Duran i Lleida, cuando algn mensajero es retirado de circulacin, surgen otros que no temen la prepotencia y el acoso y denuncias sin ambages las extravagancias del seor diputado, quien se aloja en una suite del Hotel Palace y vive opparamente. sin embargo, para tranquilizar su conciencia y de otros como l, se recortan el sueldo en un 10 por ciento. Lo justo sera recortrselo en un 40 por ciento, al menos eso los igualara con el salario medio alto, de la mayora de los ciudadanos que an tienen trabajo en Espaa. De los cinco millones de parados, mejor no hablar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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