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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2011

Despus del 15-O

Carlos Taibo
La Directa


Juzgar la vitalidad de un movimiento social sobre la base del nmero de manifestantes que consigue sacar a la calle ha sido siempre tarea delicada. Aun con todas las cautelas, el 15-M ha salido airoso, sin embargo, de una convocatoria, la realizada entre nosotros el 15 de octubre, que muchos agoreros anunciaban iba a ser un sonoro fracaso. El retroceso imparable que tantos atribuan al movimiento no se ha visto confirmado. Aqul parece haber salido fortalecido, antes bien, para hacer frente a los envites que se anuncian.

En realidad, y a mi entender, no haba razones slidas para el desaliento. El movimiento ha mantenido en los ltimos meses una presencia y una vitalidad nada despreciables. En la mayora de los lugares, por lo pronto, la descentralizacin que ha guiado el despliegue de las asambleas de barrio ha sido un xito razonable: aun cuando no han faltado los problemas de coordinacin, ha permitido reducir el riesgo de burocratizacin y ha dibujado un escenario poco propicio para los intentos de control desde el exterior. Las asambleas de barrio, revitalizadas en estos das, configuran, en cualquier caso, plataformas muy interesantes a efectos de lanzar la accin futura. En un terreno prximo, en suma, las universidades han empezado a despertar y se aprecia una lenta incorporacin de adolescentes al 15-M.

Tan importante como todo lo anterior lo ha sido la progresiva, afortunada y acaso inevitable radicalizacin del discurso del movimiento. Muchos de los jvenes indignados han abandonado la contestacin de la epidermis materializada en la corrupcin y la precariedad para apuntar al ncleo del capitalismo. As las cosas, se han acrecentado las posibilidades de que el 15-M se convierta en plenitud en lo que muchos acariciamos: un movimiento asambleario y autogestionario que en todos los rdenes plante cara al capitalismo desde perspectivas antipatriarcales, antiproductivistas e internacionalistas. Basta con echar una ojeada a los carteles y las consignas que han acompaado a las manifestaciones del 15 de octubre para percatarse de que muchas gentes estn asumiendo de forma espontnea un programa de esa naturaleza.

Para que nada falte, y en fin, el movimiento est aportando incipientemente una nueva identidad. Muchos de los profesores de secundaria que acuden a las asambleas convocadas por los sindicatos mayoritarios se han inclinado por presentarse como miembros del 15-M, algo que remite -parece- a un deseo de identificarse con algo afortunadamente distinto de lo que hemos padecido durante demasiados aos. En paralelo son muchas las gentes que han empezado a descubrir que pueden hacer cosas que hace unos meses hubieran sido literalmente impensables.

Dejemos esta somera enunciacin de virtudes para mencionar algunos problemas. Uno de los ms acuciantes es la proximidad de las elecciones del 20 de noviembre, que configuran un reto delicado para el movimiento. Si bien es verdad que ofrecen, como sucedi en mayo, una oportunidad de oro para plantear un horizonte de contestacin abierta del orden que se nos impone, tambin pueden ser estmulo para la manifestacin de agudas divisiones internas. Ello es as hasta el punto de que lo ms sensato sera pedir que no coloquemos al 15-M en el disparadero de asumir posiciones precisas, sean cuales sean stas, en relacin con las elecciones, no vaya a ser que las divisiones mencionadas, y con ellas las confrontaciones personales, ganen terreno.

Esto al margen, el movimiento arrastra carencias importantes. La ms llamativa es su precaria presencia en el mundo del trabajo -la convocatoria de una huelga general podra resolver algunos de los problemas al respecto-, que tiene, por cierto, un reflejo notable en la escasa presencia de inmigrantes en las filas del 15-M. Pero hay que referirse tambin a la evidente condicin urbana del movimiento o, lo que es mismo, a su muy precaria penetracin en un mundo, el rural, que por lgica tiene mucho que ver con las querencias de quienes reivindicamos la democracia directa, la autogestin y un estilo de vida diferente del que se nos impone.

El balance de estas horas tiene que cerrarse con una consideracin de lo que ha supuesto la movilizacin internacional articulada el 15 de octubre. Admitamos que no es sencillo extraer conclusiones firmes al respecto. Aunque muchas manifestaciones han sido multitudinarias, queda por determinar si remiten a referentes y proyectos razonablemente similares o, por el contrario, reflejan sin ms una vaga ola de contestacin ante fenmenos ms o menos uniformes. Las cosas como fueren, y siendo cierto que esas manifestaciones configuran un activo sugerente, no parece que las redes de coordinacin entre los movimientos de los diferentes pases estn plenamente afinadas. Muchos dirn, de cualquier modo, que lo prioritario en momentos como ste es afianzar lo que no es ms prximo, tanto ms cuanto que lo que se nos viene encima resulta preocupante por muchos conceptos. Lo nico que al efecto podemos sealar sin margen para la duda es que con el 15-M no va a suceder lo que ocurri en el pasado con muchas de las iniciativas antecesoras: que nuestros gobernantes acepten una parte significativa de las demandas que planteamos. Todo invita a concluir, antes bien, que se mantendrn en sus trece de obedecer sumisamente a las imposiciones del capital. Regalo que nos hacen.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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