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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2011

Sobre el concepto de decrecimiento

Juan Torres Lpez
Rebelin


Este texto resume una exposicin ms completa y documentada sobre las tesis del decrecimiento que publicar en un libro prximo. Aqu tratar de mostrar de la manera ms breve e intuitiva posible algunas inconsistencias que a mi modesto modo de ver presenta el concepto de decrecimiento, aunque quisiera sealar antes que nada que tengo una gran simpata por las personas que lo defienden. Comparto su paradigma de cambio social anticapitalista basado en el desarrollo de nuevas formas de producir, de distribuir, de consumir y de pensar. Simplemente discrepo del concepto de decrecimiento que utilizan para definir tales estrategias porque creo que carece de rigor, que no puede hacerse operativo, porque creo que no responde a la realidad del capitalismo de nuestros das y porque, por esas razones, me parece que solo puede servir para estimular una creencia o simples acciones testimonialitas pero no para combatir eficazmente el capitalismo.

El mito del crecimiento pero al revs  

 

 Quienes defienden el decrecimiento pueden decir que estn pensando en otra cosa pero es innegable que cuando utilizan ese trmino estn hablando de disminuir los indicadores que miden la dimensin cuantitativa y monetaria de la actividad econmica y ms concretamente el PIB.

Es verdad que los decrecentistas nos dicen que adems de eso, adems de reducir el PIB, la produccin y el consumo, el decrecimiento es algo ms (redistribucin, decrecimiento solo para los ricos, valores de austeridad...) pero eso no niega la mayor: el decrecimiento es, antes que nada, la disminucin de la magnitud que mide la produccin, el consumo o ambas cosas a la vez.

Para los defensores ortodoxos de la economa convencional, todo lo que tienen que hacerse para que las economas funcionen bien es recurrir al termmetro del crecimiento y hacerlo crecer. Naturalmente, como les pasa a los decrecentistas en el lado contrario, ningn economista ortodoxo defensor del mito del crecimiento admitira que se limita a promover solamente que crezca la actividad porque afirmara que no es suficiente con crecer sino que siempre hace falta algo ms: una combinacin apropiada de mercado y estado, instituciones eficientes, incentivos adecuados, etc.

Se quiera o no, defender el concepto de decrecimiento es recurrir al mismo instrumento, al termmetro, aunque -a diferencia de los ortodoxos- para decirle ahora al enfermo que sus males desaparecen simplemente si baja su temperatura, la tasa de crecimiento.

El concepto de decrecimiento o no se puede poner en prctica o significa lo contrario de lo que propone

El segundo gran problema que plantea el concepto de decrecimiento es que hay que hacerlo operativo. Si se le dice a la sociedad que la solucin a sus problemas es que decrezca la produccin y el consumo debe decrsele en qu cuanta concreta deben bajar porque, lgicamente, no puede dar igual que baje un 5 que un 50 o un 500%.

Para ser consecuente con la propuesta de decrecimiento que se hace, ste ha de manifestarse en una determinada variacin negativa de una magnitud concreta que lo refleje. Ms exactamente, en una magnitud que exprese la cantidad total de la produccin y del consumo que ha de decrecer para poder determinar as en qu cantidad proponen que se reduzca.

Es decir, el decrecimiento necesita exactamente el mismo tipo de indicador que necesitan los partidarios del crecimiento y, de hecho, en los ejemplos que utilizan se refieren incluso al mismo trmino: el Producto Interior Bruto. Un indicador sobre cuyas carencias y limitaciones no creo que sea necesario insistir aqu.

Los partidarios del crecimiento lo utilizan porque asumen una ficcin: que la actividad econmica es solo el proceso de produccin/consumo de bienes y servicios con expresin monetaria. Y el problema del concepto de decrecimiento es que, al utilizar tambin el PIB como magnitud de referencia, se est asumiendo tambin esa ficcin, aunque los decrecentistas no quieran reconocerlo.

Para responder a esta objecin, los decrecentistas responden que entonces, en lugar de utilizar el PIB, podran recurrir a otro indicador.

Pero la cuestin estriba en que es sencillamente imposible disponer de un indicador que proporcione ese cmputo final que nos indique lo que ocurre con la economa en conjunto.

La razn de esta imposibilidad es que los factores que inevitablemente hemos de tomar en consideracin si queremos poner sobre la mesa una propuesta poltica integral de progreso social (monetarios, materiales, fsicos, energticos, ticos, emocionales...) y no una puramente economicista (basada en una simple medicin de la actividad con expresin monetaria), son heterogneos y no se pueden integrar en una magnitud homognea que proporcione un resultado de crecimiento o decrecimiento que sea inequvocamente satisfactorio o indiscutible.

Un concepto ricocntrico

Cuando se plantea la estrategia del decrecimiento se suele poner cuidado en sealar que se trata de que disminuya la produccin y el consumo de los ricos. Pero tambin aqu aparecen varios problemas.

En primer lugar, es muy difcil, por no decir imposible, poder separar la produccin y el consumo de ricos y pobres (o de mujeres y hombres, que tambin sera pertinente, por cierto) sobre todo, cuando no se est haciendo por parte de sus defensores un anlisis de clases sociales o de gnero del decrecimiento.

En segundo lugar, yo creo que, aunque analticamente fuese posible (que creo que no lo es y desde luego los defensores del decrecimiento no demuestran que lo sea), discernir entre la produccin y el consumo de los ricos y el de los pobres que debe subir o bajar independientemente uno del otro, la poblacin empobrecida tendra muchas dificultades para asumir como propio un proyecto que se presenta como de reduccin general de la posibilidad de satisfacer en mayor medida sus necesidades.

Lo dir ms claro anticipndome a lo que sealar ms adelante: lo que necesita la inmensa mayora de la sociedad que hoy da est insatisfecha y que se supone es lo que debera apoyar un movimiento como el del decrecimiento es que crezca la produccin de bienes y servicios a su disposicin, y no al contrario. Aunque eso haya que hacerlo, eso s, con otro modo de producir, de consumir y de pensar.

En este punto se me podra argumentar que una gran parte de las clases trabajadoras son consumistas y que estn dominadas por la ideologa del consumo y el gasto y que lo que acabo de decir contribuira a exacerbar an ms ese fenmeno. Pero, aunque no puedo desarrollar este asunto aqu, creo que se podra argumentar fcilmente que el consumismo no tiene que ver con la cantidad de bienes disponibles o efectivamente dispuestos. Se puede ser consumista con un salario de 700 euros mensuales pero lo que precisamente demuestra eso es que para combatir el consumismo no basta con disminuir la provisin de bienes, sino que ms bien es necesario, por el contrario, es que crezca la de aquellos que pueden contribuir a la mejor formacin, a la autonoma personal, al buen criterio, etc. de los seres humanos. Aunque, lgicamente, procurando que eso se lleve a cabo sin provocar daos aadidos a la vida, al equilibrio social y al del planeta.

Un concepto ajeno a la realidad del capitalismo actual

En el trasfondo de la propuesta del decrecimiento late la idea de que el capitalismo ha provocado un crecimiento de la produccin inmenso e insostenible que se debe detener. Y quien escucha la propuesta del decrecimiento en general no puede sino confirmar la idea de que la abundancia sin lmite de nuestra sociedad va a provocar un gigantesco descalabro que hay que tratar de parar.

En mi opinin, eso es otro error de graves consecuencias polticas porque no me parece cierto que la Humanidad viva en la civilizacin de la abundancia. El dao al medio ambiente, el peligro indudable que nuestro modo de vivir y de organizar la sociedad produce en el planeta hipotecando la vida y el bienestar de las generaciones futuras no se deben a que se produzca demasiado para todos y haya, por tanto, que detener la produccin y el consumo de todos, sino a que se produce y se consume mal y de una forma muy desigualmente distribuida entre los distintos seres y grupos humanos.

Los datos que nos indican que una parte importantsima de la poblacin mundial carece de los bienes ms esenciales son bien conocidos y no me voy a detener en ellos.

Ni siquiera es correcto afirmar que las economas capitalistas estn registrando tasas elevadas de crecimiento. De hecho, lo que viene ocurriendo es lo contrario y conviene explicarlo bien a la poblacin y a la hora de hacer propuestas polticas. Las polticas neoliberales han provocado precisamente una disminucin de los ritmos de crecimiento de la actividad econmica incluso medidos a travs del PIB provocando as ms desempleo y carencias de todo en gran parte de la poblacin (y no solo en la posesin de bienes superfluos sino en la disposicin de educacin, sanidad, cuidados, cultura...).

No nos confundamos: el capitalismo neoliberal produce mucho pero para pocos, muy poco para muchos y, sobre todo, bastante mal para todos.

El error que yo encuentro en el discurso de los partidarios del decrecimiento es que confunden la insostenibilidad que produce un mal modo de producir y una lgica desigual de reparto con un problema de cantidad. Se falla al caracterizar la realidad y entonces se aplica la terapia inadecuada.

Por eso, la alternativa no puede ser simplemente disminuir cuantitativamente la actividad econmica sino producir lo necesario de otro modo y distribuir con justicia, y para ello reorientar la actividad econmica hacia la satisfaccin que tiene que ver con la vida humana en el oikos, liberndola de la esclavitud que le impone el mercado al universalizar el intercambio mercantil y el uso del dinero (la puta universal, como Marx recordaba que lo llam Shakespeare) como equivalente general.

Ni siquiera debera darnos miedo el verbo crecer. Todo lo contrario. Es deseable crecer (e incluso creo que ello comporta un mensaje ms humano y optimista) en la satisfaccin de las necesidades humanas, en la produccin de todo aquello que las satisface de un modo equilibrado y natural. Hacer crecer la satisfaccin solidaria y pacfica de las necesidades humanas no es algo indeseable sino una aspiracin lgica que no tenemos derecho a frustrar, aunque, eso s, tenemos que aprender a conjugarla en la prctica con la austeridad, con el equilibrio, con el amor a la especie y a la naturaleza y, sobre todo, con el respeto indeclinable al derecho que todos los seres humanos tenemos a estar igual de satisfechos que los dems y que es el que obliga a negociar y establecer de un modo democrtico la pauta del reparto de la riqueza.

Una propuesta desmovilizadora y polticamente inocua, aunque est llena de buenas intenciones

El problema de confundir la naturaleza del capitalismo de nuestros das no solo lleva a proponer una estrategia inadecuada para resolver el problema objetivo de la destruccin ambiental y del mal uso de los recursos. Adems, comporta un discurso que confunde a la poblacin, que le impide entender la naturaleza del mundo en que vive y que, al proponerle medidas que nunca pueden resultar atractivas cuando a la mayora de ella tiene insatisfechas la mayor parte de sus necesidades, no permite concitar apoyo ni generar movilizacin poltica suficientes para cambiar el estados de cosas actual.

Como dice Jos Manuel Naredo, un trmino con pretensiones polticas (como el de decrecimiento) que pretende articular un enfoque econmico alternativo al actualmente dominante necesita tener a la vez un respaldo conceptual y un atractivo asegurados, de los que carece el trmino decrecimiento (...) De ah que el movimiento ecologista que defiende el decrecimiento tiene que empezar a ponerle apellidos para que el objetivo resulte inteligible y razonable desde fuera del enfoque econmico ordinario (Jos Manuel Naredo, Luces en el laberinto, La Catarata, Madrid 2009, pp. 214-217).

Conclusin  

Todo lo que acabo de sealar no quiere decir que la actividad que despliegan los defensores del decrecimiento sea intil. Entiendo, como dije al inicio de este texto, que el discurso aadido a la propuesta del decrecimiento y que implica la puesta en prctica de nuevas relaciones de consumo (formas distintas de produccin, y nuevos valores humanos de solidaridad, austeridad, justicia, cooperacin, etc.) es hoy da imprescindible. Pero mientras la formulacin que d pie a este discurso y a estos valores sea la del decrecimiento tal y como hoy se mantiene, y a la que he dedicado este texto, lo que en mi opinin se estar generando ser un movimiento en torno a una creencia y no en torno a un concepto riguroso y que pueda ser llevado a la prctica de modo coherente con dicha filosofa. Se estar promoviendo un movimiento testimonial, muy necesario sin duda y ejemplar si se quiere desde el punto de vista del compromiso personal y colectivo, pero que nunca podr promover una solucin efectiva, operativa y polticamente viable frente a los problemas contra los que se quiere actuar. En definitiva, con el precario arsenal terico del que hoy da dispone el decrecimiento podr ser un movimiento atractivo pero que solo puede ofrecer una creencia, una apuesta moral, una filosofa o una prctica personal, como acabo de decir, muy valiosas pero incapaces de concretarse en un proyecto poltico y, por tanto, en una accin social colectiva realmente transformadora.

Catedrtico de Economa Aplicada de la Universidad de Sevilla. Miembro del Comit Cientfico de ATTAC Espaa. www.juantorreslopez.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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