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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2011

Movilizaciones globales

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Las grandes manifestaciones que se han desarrollado en ms de 80 pases y casi mil ciudades del planeta, constatan el malestar general de cientos de miles de personas, annimas la mayora, que por primera vez, en algunos casos, salieron a la calle a mostrar su rechazo al poder de la banca, el capital financiero y las trasnacionales. Sin duda han existido otros motivos, pero en lneas generales ese ha sido el punto de unin que las identifica.

La actual crisis se expresa por el poder desmedido acumulado por los centros de decisin financiera. Poder que es proporcional a la prdida de autonoma de la poltica. La balanza desde hace muchos aos se ha desequilibrado en favor de los mercados. Las propuestas del G-20, lanzadas el mismo 15 de octubre, de seguir desregulando, se convierten en ms de lo mismo. En otras palabras, apagar el fuego con gasolina. Los banqueros son perseverantes, y mientras queden leyes reguladoras seguirn buscando su derogacin, en pro de legitimar inversiones especulativas de riesgo sin considerar las repercusiones sociales ni polticas, aunque ello suponga un suicidio en el medio plazo. La avaricia es el sino del capitalismo y no su excepcin. Quienes hoy deciden no estn dispuestos a retroceder ni un milmetro. Y la clase poltica prisionera de los mercados, tampoco reacciona. En este contexto, el panorama se vuelve gris y la atmsfera espesa. No hay quien tenga voluntad de poner el cascabel al gato o lo que es lo mismo meter en vereda a los especuladores, banqueros, empresarios y polticos corruptos. La poltica con maysculas, se bate en retirada. Postrados ante los amos de las finanzas, quienes practican la poltica chatarra prefieren arrodillarse y bajar la cabeza, convirtiendo el proceso de toma de decisiones en un complemento desde el cual garantizar el itinerario diseado por las grandes corporaciones y sus magnates a fin de agrandar la brecha entre ricos y pobres. El costo es tremendo, no slo se degrada la poltica al tiempo se produce una oligarquizacin del poder. Cmplices, sicarios, comparsas, tteres o meretrices, aplquese el adjetivo que mejor convenga, la clase poltica se ha transformado en el problema y no en la solucin. Descrdito, mediocridad, inoperancia, arrogancia, egos desmesurados, son algunos de los nuevos rasgos distintivos de las elites del capitalismo global.

Sin duda, cuando en Madrid, este 15 de octubre, medio milln de personas gritaban al unsono que no, que no, que no nos representan!, estaban sealando su desafeccin a la clase poltica de arriba, tanto de derecha como de la llamada izquierda parlamentaria e institucional. Esta frase se core hasta la saciedad en todas las ciudades de Espaa donde el movimiento 15-M convoc a la ciudadana con el fin de rechazar las polticas econmicas y la falta de consonancia entre las demandas sociales y las decisiones a contrapelo de los gobiernos. Esta demostracin de fuerza y unidad hace abrigar esperanzas, pero seala sus lmites. Resultaba curioso ver como esta consigna era voceada por todos los presentes, entre los cuales se hallaban militantes del PSOE, Izquierda Unida, progresistas, anticapitalistas, ecologistas e inclusive alguno que otro votante de la derecha.

Al concluir la manifestacin el grueso de los asistentes abandonaba la plaza y volva a sus hogares teniendo claro que en las elecciones legislativas del 20 de noviembre votar a su opcin de siempre, se llame PSOE, UPyD o IU. Dos partidos y una coalicin que han tenido representacin parlamentaria en la actual legislatura, y salvo IU, en ocasiones contadas, las otras formaciones han seguido, a pies juntillas, los designios del FMI, el BM y las directrices del Banco Central Europeo.

Por qu entonces decidan gritar que no, que no, que no nos representan!? Hacia dnde apuntaba el blanco de sus crticas? Si la respuesta es un rechazo a los partidos, la corrupcin y un sistema de representacin bipartidista distorsionado, es un comportamiento esquizofrnico. No tiene sentido votar al PSOE y avalar la consigna, y no lo duden, haba muchos votantes del PSOE en la manifestacin y ninguno de ellos cambiar su intencin de voto.

Este es el dilema que arrastra el 15-M, suma voluntades, moviliza y genera un halo de esperanza, al tiempo que optimismo, lo cual no es poco. Pero insuficiente. Hacer poltica supone amn de ejercer la crtica, disputar espacios existentes y crear otros alternativos. No basta salir a la calle y romper el estado de somnolencia, aquel en el cual se encontraba Espaa antes del despertar alegre del 15-M. Indignarse es un punto de partida no de llegada.

No se trata de explicar este dficit organizativo, poniendo el acento en la heterognea composicin del 15-M, lo difcil de consensuar un programa, que lo tiene, o en los intentos de manipulacin de unos y otros. En principio la heterogeneidad no se ha mostrado como una rmora, tampoco como una virtud. En su interior conviven parados, jvenes, desahuciados, estudiantes, jubilados, amas de casa, intelectuales, profesionales y militantes sindicales y polticos. Pero es su escasa incidencia poltica en las instituciones reales del poder y su rechazo a utilizarlas para revertir la situacin, donde radica su taln de Aquiles. Quien no tiene empleo no puede vivir esperanzado el advenimiento de la revolucin. Tampoco lo hace quien es desalojado de su vivienda con su familia y se queda en la calle. No es posible refugiarse en la indignacin.

El 15-M ha obtenido un gran logro, hacer visible el malestar global y poner en el orden del da el rechazo ciudadano a la prctica corrupta del poder econmico y poltico. Pero no puede dejar de lado las esperanzas depositadas en su capacidad para ser un punto de inflexin en la crisis de la izquierda y la construccin de proyectos alternativos anticapitalistas. Pero tal vez no haya sido ese el objetivo de los indignados y el 15-M. Hoy, sin embargo se convierte en una necesidad si se quiere avanzar. Ser por esta razn, que tras la manifestacin del 15 de octubre, miembros de 15-M convocasen una asamblea en Sol para plantearse y ahora qu? La pregunta sigue en el aire.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/10/29/opinion/026a1mun



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