Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2011

El espritu de la poca

Tariq Ali
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


No merece siquiera la pena echar un vistazo a un mapa del mundo que no incluya a Utopa, escribi Oscar Wilde, ya que deja fuera al nico pas en el que la humanidad est siempre desembarcando. Y cuando la humanidad llega hasta all, mira hacia lo lejos y ve un pas mejor, zarpa en su bsqueda. El progreso en la realizacin de las Utopas.

El espritu de ese siglo XIX socialista est vivo entre la juventud idealista que ha salido a protestar contra el capitalismo global turboalimentado que ha dominado el mundo desde el colapso de la Unin Sovitica.

Los manifestantes del movimiento Ocupa Wall Street, que se han instalado en el corazn del distrito financiero de Nueva York, estn protestando contra un sistema de capital financiero desptico: un vampiro infectado de avaricia que para sobrevivir chupa la sangre de los ms desfavorecidos. Los manifestantes estn mostrando su desprecio hacia los banqueros, los especuladores financieros y sus mercenarios en los medios que siguen insistiendo en que no hay alternativa. Ya que el sistema de Wall Street domina Europa, versiones locales de ese modelo existen tambin all. (Resulta curioso que fueran los ocupantes de Wall Street, ms que los indignados de Espaa o los trabajadores en huelga de Grecia, quienes han tenido impacto en Gran Bretaa, revelando una vez ms que las afinidades reales de este pas son atlantistas ms que europeas). Puede que los jvenes rociados de pimienta por la polica de Nueva York no hayan calculado bien lo que quieren, pero segursimo que saben en contra de lo que estn y ese es ya un importante comienzo.

Cmo hemos llegado aqu? Tras el colapso del comunismo en 1991, la idea de Edmund Burke de que en todas las sociedades que se componen de diferentes clases, ciertas clases deben estar necesariamente por encima y que los apstoles de la igualdad solo cambian y pervierten el orden natural de las cosas, se convirti en la sabidura del sentido comn de la poca. El dinero corrompi a los polticos, el dinero a lo grande les corrompi absolutamente. Por todos los centros del capital vimos surgir a republicanos y demcratas en los Estados Unidos; nuevos laboristas y torys en el estado vasallo de Gran Bretaa; socialistas y conservadores en Francia; coaliciones en Alemania; centro izquierda y centro derecha en Escandinavia, etc. En casi cada caso, un sistema de dos partidos se transform en un gobierno nacional efectivo. Un nuevo extremismo de mercado entr en juego. La entrada del capital en los dominios ms santificados de la previsin social se consider como una reforma necesaria. Las iniciativas financieras privadas que castigaban al sector pblico se convirtieron en la norma, y los pases (como Francia y Alemania) a los que se consideraba que no iban lo suficientemente rpido en la direccin del paraso neo-liberal eran regularmente denunciados en el Economist y el Financial Times.

Cuestionar ese giro, defender el sector pblico, argumentar a favor de la propiedad estatal de los servicios pblicos, desafiar la liquidacin de la vivienda pblica implicaba que a uno le consideraran como una especie de dinosaurio conservador. Todo el mundo era ya cliente en vez de ciudadano: jvenes, con movilidad ascendente, los acadmicos del Nuevo Laborismo se referiran con timidez a quienes se vean obligados a leer sus libros como clientes, como diciendo que todos somos capitalistas ahora. Las elites del poder econmico y social reflejaban las nuevas realidades. El mercado se convirti en el nuevo Dios, preferible al estado.

Pero quienes se tragaron esa lnea nunca se preguntaron: cmo ha sucedido esto? De hecho, el estado era necesario para hacer la transicin. La intervencin estatal para apuntalar el mercado y ayudar a los ricos era algo estupendo. Y dado que ningn partido ofreca alternativa alguna, los ciudadanos de Norteamrica y de Europa confiaron en sus polticos y marcharon como sonmbulos hacia el desastre.

Los polticos del centro, intoxicados por los triunfos del capitalismo, no estaban preparados para la crisis de Wall Street de 2008. Por eso a la mayora de los ciudadanos les embaucaron con inmensas campaas publicitarias que ofrecan crditos fciles y unos medios domesticados y acrticos que les hicieron creer que todo marchaba bien. Sus dirigentes podan no ser carismticos pero saban manejar el sistema. Dejdselo todo a los polticos. Ahora estamos pagando el precio de esa apata institucionalizada. (Para ser justos, los pueblos irlands y francs se olieron el desastre en los argumentos presentados sobre la constitucin de la Unin Europea que consagraban en su corazn el neoliberalismo, y votaron en contra. Les ignoraron.)

Sin embargo, para muchos economistas era obvio que Wall Street plane deliberadamente la burbuja inmobiliaria gastando miles de millones en campaas publicitarias para animar a la gente a aceptar una segunda hipoteca e incrementar las deudas personales para gastar ciegamente en consumo. La burbuja tena que estallar y cuando lo hizo el sistema se tambale hasta que el estado rescat a los bancos del colapso total. Socialismo para los ricos. A medida que la crisis se extenda por Europa, el mercado nico y las normas de la competencia se fueron por el inodoro mientras la UE montaba una operacin de rescate. Las disciplinas del mercado se olvidaban ahora convenientemente. La extrema derecha es pequea. La extrema izquierda apenas existe. Es el extremo centro el que domina la vida social y poltica.

Mientras algunos pases se derrumbaban (Islandia, Irlanda, Grecia) y otros (Portugal, Espaa, Italia) se abocaban al abismo, la UE (en realidad la UB, la Unin de Banqueros) tom cartas en el asunto para imponer austeridad y salvar los sistemas bancarios alemn, francs y britnico. Las tensiones entre el mercado y la responsabilidad democrtica ya no pueden enmascararse. La elite griega se dej chantajear hasta la sumisin total y las medidas de austeridad que se les quera hacer tragar a los ciudadanos han llevado al pas al borde de la revolucin. Grecia es el eslabn ms dbil en la cadena del capitalismo europeo y su democracia lleva largo tiempo sumergida bajo las olas del capitalismo en crisis. Las huelgas generales y las protestas creativas han dificultado en gran medida la tarea de los extremistas de centro. Observando las recientes imgenes que llegan de Atenas, donde la polica utiliz la fuerza para impedir que diez mil ciudadanos entraran en el Parlamento, uno siente que los gobernantes del pas no van a poder seguir ya gobernando del mismo modo que antes.

A principios de ao en Tesalnica, donde me encontraba participando en un festival literario, las principales preocupaciones de la audiencia eran de orden poltico y econmico ms que literario. Haba alternativas? Qu debera hacerse? Rebelin inmediata, contest. Abandonar la zona euro, volver a introducir la dracma, instituir planificacin social y econmica a niveles nacionales, regionales y locales, implicar a la gente en las discusiones sobre cmo estabilizar el pas pero no a costa de los pobres. Hacer que los ricos vomitaran el dinero (mediante impuestos especiales) acumulado por medios fraudulentos durante la ltima dcada. Pero los polticos sin visin en el corazn del sistema estn lejos de albergar ninguna de esas ideas. Muchos estn a nmina del pequeo nmero de gentes que poseen y controlan los recursos econmicos de un pas.

Los endeudados EEUU, bajo Obama (un presidente que a todos los propsitos prcticos ha continuado las polticas de su predecesor), han visto la aparicin de un nuevo movimiento de protesta que se extiende por todas las grandes ciudades. La energa de los jvenes ocupas es admirable. Haca mucho tiempo que la primavera haba huido del corazn de los EEUU polticos. Los helados inviernos de los aos de Reagan y Bush no se fundieron con Clinton ni con Obama: hombres huecos que gobiernan un sistema hueco donde el dinero lo domina todo y el vilipendiado estado se utiliza principalmente para preservar el statu quo financiero y para pagar las guerras del siglo XXI.

La niebla de la confusin ha levantado finalmente y la gente est buscando alternativas pero sin los partidos polticos, ya que prcticamente ninguno de ellos da la talla. Las ocupaciones que estn llevndose a cabo actualmente en Nueva York, Londres, Glasgow y ms lugares, son muy diferentes de las protestas del pasado. Son acciones montadas en tiempos de creciente desempleo y donde el futuro se presenta sombro. Una mayora de los jvenes a pesar de las histricas protestas que pretenden lo contrario- no conseguirn una educacin superior a menos que se saquen de la manga inmensas sumas de dinero, y se vern pronto, sin duda, enfrentados a un sistema sanitario con dos niveles. La democracia capitalista de hoy presupone un acuerdo fundamental entre los principales partidos representados en el Parlamento a fin de que sus peleas, limitadas por su moderacin, se conviertan en algo totalmente insignificante. Es decir, los ciudadanos ya no pueden determinar quin (y cmo) controla la sanidad de un pas, una sanidad que los mismos ciudadanos han creado en gran medida.

Si cuestiones vitales como la asignacin de recursos, las disposiciones del bienestar social, la distribucin de la riqueza ya no son ms tema de debate real dentro de las asambleas representativas, por qu la sorpresa ante la alienacin de los jvenes de la poltica dominante o el inmenso desacuerdo con Obama y sus clones globales? Eso es lo que obliga a la gente a salir a las calles de ms de noventa ciudades. Los polticos se negaron a aceptar que la crisis de 2008 tena que ver con las polticas neoliberales que haban estado persiguiendo desde la dcada de 1980. Asumieron que podan seguir como si nada hubiera sucedido, pero los movimientos desde abajo han desafiado tal asuncin. Las ocupaciones y las protestas de la calle contra el capitalismo son de alguna manera anlogas a las Jacqueries (revueltas) campesinas de siglos anteriores. Condiciones inaceptables producen levantamientos, que son aplastados con frecuencia o decrecen por su propia voluntad. Lo que es importante es que a menudo son precursores de lo que an est por venir si las condiciones siguen siendo las mismas. Ningn movimiento puede sobrevivir a menos que cree una estructura democrtica permanente para mantener la continuidad poltica. Cuanto mayor sea el apoyo popular a esos movimientos mayor ser la necesidad de alguna forma de organizacin.

El modelo de las rebeliones sudamericanas contra el neoliberalismo y sus instituciones globales nos dice mucho en este sentido. Las inmensas y exitosas luchas contra el FMI en Venezuela, contra la privatizacin del agua en Bolivia y contra la privatizacin de la electricidad en Per, crearon la base de una nueva poltica que triunf en las urnas en los dos primeros pases, as como en Ecuador y Paraguay. Una vez elegidos, los nuevos gobiernos empezaron a poner en marcha las reformas sociales y econmicas prometidas con diversos grados de xito. El laborismo rechaz el consejo que el profesor HD Dickinson, en el New Statesman, le hizo al Partido Laborista en Gran Bretaa en 1958, pero que, sin embargo, los dirigentes bolivarianos aceptaron en Venezuela cuarenta aos ms tarde:

Si el estado del bienestar ha de sobrevivir, el estado debe encontrar por s mismo una fuente de ingresos, una fuente sobre la que tenga derechos por encima del receptor de beneficios. La nica fuente que puedo ver es la de propiedad productiva. El estado debe poseer de una manera u otra una parte importante de la tierra y el capital del pas. Esta puede que no sea una poltica popular: pero, a menos que se siga, la poltica de mejorar los servicios sociales, que s es popular, devendr imposible. No puedes socializar mucho tiempo los medios de consumo a menos que primero socialices los medios de produccin.

Los gobernantes del mundo vern en esas palabras poco ms que una expresin de la utopa, pero se equivocan. Porque estas son las reformas estructurales realmente necesarias, no esas que est impulsando el aislado liderazgo del Pasok en Atenas. Si siguen por el camino que van no habr ms que privaciones, ms desempleo y desastre social. Lo que se necesita es un vuelco completo precedido de la admisin pblica de que el sistema de Wall Street no poda funcionar y no ha funcionado, por lo tanto hay que dejarlo atrs. Sus seguidores britnicos, como todos los conversos, fueron ms implacables y despiadados en su aceptacin del mercado como nico rbitro, respaldado por una maquinaria estatal neoliberal. Continuar por ese camino requerir nuevos mecanismos de dominacin que reducirn la democracia a poco ms que un cascarn vaco. Los ocupantes son instintivamente conscientes de esto, por eso es por lo que hoy estn dnde estn. No puede decirse lo mismo sobre los polticos extremistas del centro.

Admiro profundamente a todos los jvenes que ocupan plazas y calles en diferentes partes del planeta. Estn desafiando a nuestros gobernantes con humor, bro y garbo. Pero no es fcil desplazar a los banqueros y polticos caraduras que dominan el mundo. Se necesita una dcada de lucha y organizacin para alcanzar unas pocas victorias. Por qu no unirnos todos los que podamos tras un pliego de reivindicaciones una gran protesta ante el parlamento que representa los intereses de los ricos- y marchar un milln o ms para entregar la protesta en persona el prximo otoo. La ley (impuesta tras la Restauracin de 1666) prohbe las manifestaciones tumultuosas fuera del parlamento, pero nosotros podemos interpretar lo de tumultuosas tan bien como cualquier abogado.

Tariq Ali, es un escritor pakistan, director de cine. Escribe habitualmente para The Guardian , Counterpunch , London Review of Books , Monthly Review , Z Magazine . Ali es, adems, editor y asiduo colaborador de la revista New Left Review y de Sin Permiso, y es asesor del canal de televisin sudamericano Telesur. Su ltimo libro, publicado por Verso, es The Obama Syndrome: Surrender at Home, War Abroad .

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/10/31/the-spirit-of-the-age/




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter