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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2011

El debate sobre la Masacre de Mapiripn y los negacionistas colombianos

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Aquellas veleidades de la memoria eran todava ms crticas cuando se hablaba de la matanza de los trabajadores. Cada vez que Aureliano tocaba el punto, no slo la propietaria, sino algunas personas mayores que ella, repudiaban la patraa de los trabajadores acorralados en la estacin, y del tren de doscientos vagones cargados de muertos, e inclusive se obstinaban en lo que despus de todo haba quedado establecido en expedientes judiciales y en los textos de la escuela primaria: que la compaa bananera no haba existido nunca.

() Aureliano tembl de rabia.
-Ah! -dijo-, entonces usted tampoco cree.
-En qu?
-Que el coronel Aureliano Buenda hizo treinta y dos guerras civiles y las perdi todas -contest Aureliano-. Que el ejrcito acorral y ametrall a tres mil trabajadores, y que se llevaron los cadveres para echarlos al mar en un tren de doscientos vagones.

(Gabriel Garca Mrquez, Cien Aos de Soledad )


En Alemania, ms de medio siglo despus que las abominaciones del nazismo tuvieran lugar, es duramente sancionado por la ley el negar el Holocausto nazi o que sus vctimas hayan sido seis millones. Esta puede considerarse una tendencia exagerada si se toma en consideracin que la verdad histrica debe estar abierta al exmen de los hechos y que de este ejercicio la sociedad debera enriquecerse con nuevos ngulos y una conciencia renovada de lo que ha sido y no debe volver a ser. Sin embargo, es la respuesta natural de una sociedad que ha tomado conciencia de los horrores de su pasado colectivo.

En Colombia, tal conciencia de los horrores del paramilitarismo no existe. Que tal conciencia no exista se debe, en gran parte, a que las abominaciones del paramilitarismo que ha secuestrado, asesinado, torturado, violado, desaparecido, mutilado a cientos de miles de colombianos no es un asunto del pasado sino una realidad plenamente actual. Los sectores econmicos que se beneficiaron de esta campaa de terror siguen controlando la economa colombiana. El Estado que cre este aparato de muerte sigue intacto, con las mismas familias conduciendo los destinos del pas. El Ejrcito, que implement esta maquinaria infernal, sigue no slo intacto, sino que se ha ampliado y ha refinado sus mtodos. Y la maquinaria paramilitar sigue siendo la mano invisible de la Ley y el Orden en la mayor parte del territorio colombiano.

Ac no hubo una vuelta de pgina ni un intento serio de hacer justicia o conocer la verdad histrica. Todo lo contrario: los mecanismos legales creados en los ltimos aos, supuestamente para beneficio de las vctimas, como son la ley de Justicia y Paz y la nueva Ley de Vctimas de Santos, garantizan la impunidad y el mantenimiento del status quo. Ms an, los violentlogos que fungen de expertos en temas de conflicto se han encargado de distorsionar los hechos del conflicto y de diluir la responsabilidad capital del Estado en ste. Y los apologistas del paramilitarismo en los medios, como lo demostr el reciente caso de Ernesto Yamhure, han seguido enquistados cumpliendo su labor de justificar lo injustificable, el autntico Holocausto que ha vivido el campo colombiano en las ltimas dos dcadas: 5 millones de desplazados, ms de seis millones de hectreas robadas a los campesinos pobres y 175.000 vctimas del paramilitarismo reconocidas en Justicia y Paz as lo demuestran.

El debate de la masacre de Mapiripn que se ha desatado de manera bastante sensacionalista por parte de los medios es prueba de lo que digo. Entre el 15 y el 20 de Julio de 1997, unidades de las Autodefensas Unidas de Colombia, banda proto-fascista al servicio del Estado colombiano y del gamonalismo, llegaron el pueblo de Mapiripn en el Meta, apoyados por unidades del Ejrcito y transportados por unidades de la polica anti-narcticos. Hubo complicidad, en temas de inteligencia, de funcionarios del Estado y de asesores estadounidenses. El pueblo fue tomado por cinco das por los paramilitares, con el beneplcito del Estado, que les permiti allanar las casas en busca de sospechosos, los cuales fueron torturados con motosierras, taladros y machetes, para luego ser muchos de ellos asesinados frente a la comunidad en ejecuciones pblicas. La guerrilla de las FARC-EP, con fuerte presencia en la zona, intent acudir al apoyo de la poblacin y enfrentarse a los paramilitares, ante lo cual intervino el Ejrcito, que le bloque el paso con operativos militares, mientras permita a las AUC terminar su limpieza social en la que, segn la versin oficial, corroborada por el comandante paramilitar Carlos Castao, habran muerto 49 personas, an cuando la cifra nunca se estableci del todo pues los cadveres fueron arrojados desmembrados al caudaloso ro Guaviare. Por estos hechos el Estado ha debido compensar a las vctimas y recibi una condena de la CIDH en el 2005.

En Octubre, apareci una mujer, Mariela Contreras, cuyo esposo y dos hijos haban sido ingresados como vctimas de esta masacre, diciendo que uno de sus dos hijos desaparecidos habra aparecido con vida en el 2008, que su esposo si haba sido asesinado por los paramilitares, pero que todo esto no habra ocurrido en Mapiripn. Inmediantemente saltaron los medios a cuestionar al Colectivo de Abogados Jos Alvear Restrepo (CCAJAR), que represent a las vctimas. La oportunidad tambin fue aprovechada de la manera ms cnica por funcionarios de gobierno, que en una autntica procesin, salieron a rasgarse los vestidos ante el supuesto engao de Mapiripn: el fiscal-inquisidor Ordoez sali a pedir la revisin del fallo contra el Estado por parte del CIDH (pese a que el fallo no se fundamenta en el nmero exacto de vctimas) y a comparar al CCAJAR con una banda de delincuentes; el presidente Santos sali a denunciar la estafa de las vctimas y a defender versiones de paramilitares que hablan de 13 vctimas; y en el giro ms orwelliano de todos, el ministro Pinzn sali a decir que el Ministerio de Defensa era una vctima en este caso. Si, el ministerio de defensa, los mismos que orquestaron y facilitaron la masacre, sea de 49 de 26 13 personas, resulta que ellos ahora son las vctimas! Hay que ser, en verdad, muy sinvergenza. Sera como si Hitler se presentara como vctima de calumnias porque, al parecer, el diario de Ana Frank no habra sido escrito por ella.

Hay algo fundamentalmente podrido en la manera en que se ha dado este debate. Por una parte, la principal preocupacin de los medios parece ser la de utilizar la ocasin con un oportunismo morboso para desprestigiar el rol del movimiento por la defensa de los derechos humanos. No puedo dejar de pensar en el plan del DAS para este mismo efecto que fue revelado por la editorial de Juan Gossan de RCN radio del 16 de Abril del 2010, en que una serie de operaciones con nombres como Halloween, Internet, Amazonas, Transmilenio, etc. buscaban, en sus propias palabras, desinformar a la poblacin, neutralizar a las ONG, fabricar vnculos con organizaciones insurgentes, estimular controversia en torno a las ONGS, neutralizar a la CIDH y especficamente lo mencionan, al CCAJAR[1]. Parece que finalmente la mano negra de los servicios de inteligencia colombianos, con el gentil apoyo de los medios ms arrodillados del mundo, estn explotando a cabalidad una oportunidad de oro presentada por la sra. Contreras (cuyas motivaciones para hacer esta denuncia se desconocen) para buscar dar el golpe de gracia a los pocos abogados que se preocupan por los molestos derechos humanos en Colombia, precisamente, en los mismos momentos en que Santos ha dado luz verde para que el Ejrcito profundice la guerra sucia[2].

Pero respecto a los hechos, es sorpredente la manera en que una discusin tcnica, cuantitativa, se toma para relativizar la naturaleza real y atroz de la masacre. Se toma la diferencia sobre el nmero de muertos como una manera de bajar el perfil a lo sucedido en Mapiripn, y por qu no, en cientos de otras masacres como lo insinu Santos cuando dijo que hay ms casos como el de Mapiripn. En este debate, los negacionistas caen como buitres para generar confusin sobre los hechos, apoyndose en subterfugios matemticos e insinuando que en realidad las atrocidades del paramilitarismo o no fueron tan malas o no sencillamente no fueron.

Esto es importante de tenerlo en cuenta cuando hay un sector de la lite que se benefici con los crmenes del paramilitarismo, que cnicamente niega estas abominaciones y los cuales se han regocijado con la cobertura sensacionalista que los medios han dado al caso. Para quienes llevan aos atacando a los derechos humanos como un estorbo para la noble misin del Ejrcito o acusando a los defensores de derechos humanos de sicarios morales, el show montado por los medios colombianos en torno a Mapiripn es como Man del Cielo. Han recargado sus bateras para seguir diciendo idioteces como que todos los militantes de la UP estn de rumba en Suecia o que a los sindicalistas los matan por crmenes pasionales, y para pedir que se libere al general Uscatgui, condenado por la masacre de Mapiripn.

El investigar la verdad histrica es importante. Pero que no es tal la intencin de los medios ni de los oficiales del gobierno, sino que tender un velo de confusin sobre esta verdad, queda claro por el sesgo mediante el cual escudrian en algunos detalles de Mapiripn (nmero de vctimas), dejando de lado otros (la indiscutida complicidad del Estado en la masacre). Ni que decir de otros casos que evidencian este sesgo, como todas las veces que se han atribuido crmenes a los guerrilleros que finalmente han sido hechos por el ejrcito, el paramilitarismo o la delincuencia comn, o cuando se les acusa de muchas ms vctimas que las que realmente han causado (caso Aw o Boyaj[3]). En esos casos, bien poco le importa a los medios la verdad histrica y jams se rectifica, quedando la verdad oficial en abierta contradiccin con la histrica.

Cuando se cometen atrocidades de la escala que las ha cometido el paramilitarismo colombiano, no es posible saber con certeza el nmero de vctimas. Por ejemplo, es muy poco probable que el nmero de vctimas de los nazis hayan sido exactamente seis millones de personas, o que las vctimas del reciente bombardeo de la OTAN sean 100.000 pueden haber sido 99.999 102.348, pero ni la una ni la otra cifra invalidan la escala ni la atrocidad del crmen. Cuando hablamos de que los muertos se cuentan en las decenas de miles como en Colombia, que uno dos, o tres diez personas hayan aparecido posteriormente con vida, no cambia lo fundamental de los hechos ni atena su atrocidad. Esto lo confirma la sentencia de la CIDH sobre Mapiripn que establece (en base al testimonio de paramilitares y una multiplicidad de testigos) la muerte de varias decenas de personas, cifra difcil de establecer con total exactitud debido a la desaparicin de personas y al trauma colectivo representado por el hecho.

Saludamos en principio que se vuelva a investigar el caso de Mapiripn y que se determine el nmero exacto de vctimas, pues creemos que en ltima instancia esto debe ayudar a la memoria; pero que no se ignoren los hechos que llevaron a la masacre, sus responsables directos, intelectuales y sus beneficiarios. Como establece el comunicado del CCAJAR, que la disputa sobre tal o cual muerto, no debe relativizar lo indiscutible, y es que los hechos conocidos como la Masacre de Mapiripn, constituyen una grave violacin a los derechos humanos, por su naturaleza, actores implicados, la sevicia con que se cometi y el terror que gener, no solo en Mapiripn, sino en el pas entero. [4]

Que la bsqueda de la verdad histrica no sea utilizada de manera oportunista y cnica por personajes de motivaciones obscuras, que tienen sangre en sus manos y su conciencia. No permitamos que la amnesia colectiva, como la plaga de Macondo, se le d espacio en la sociedad colombiana porque es en la memoria en la cual reside el poder de la no repeticin. El negacionismo histrico debe ser combatido, con la misma fuerza que seguimos combatiendo las estructuras polticas y econmicas que siguen alimentando el genocidio en Colombia.

Jos Antonio Gutirrez D.
29 de Octubre, 2011

NOTAS DEL AUTOR:

[1] http://www.anarkismo.net/article/16405
[2] http://www.anarkismo.net/article/20768
[3] En el caso Aw, una unidad de las FARC-EP mat a ocho indgenas acusados de colaborar con el paramilitarismo. Los medios y el gobierno dijeron que haban sido 60. Jams corrigieron esta falta a la verdad histrica. En Bojay se acus a un cilindro bomba de las FARC-EP de accidentalmente matar a unas 120 personas. Sin embargo, ms de la mitad haban sido asesinados previamente por la ocupacin paramilitar del pueblo. Ac tampoco ha importado conocer los detalles de este hecho.
[4] http://justiciaypazcolombia.com/Comunicado-publico-CAJA...sobre

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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