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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2011

Tnez, las nuevas reglas de juego

Santiago Alba Rico
Gara/Rebelin


Las elecciones a la Asamblea Consituyente celebradas en Tnez el pasado 23 de octubre han deparado algunas sorpresas menores. En primer lugar, la aplastante superioridad del partido islamista Nahda, cuya previsible victoria se cifr siempre muy por debajo de esos 90 escaos finalmente obtenidos (casi un 42%). Esta superioridad, sin embargo, es coherente con las expectativas sealadas por los propios lderes del partido en los das previos a la votacin y con las estadsticas que cualquier observador imparcial poda elaborar a partir de conversaciones en la calle y visitas a los barrios populares. Nos guste o no, hay algo hasta saludable y racional en esta orientacin de la mayora de los ciudadanos tunecinos: Nahda es un partido islmico en un pas musulmn; es un partido democrtico en un pas que se alz contra la dictadura; es un partido sometido durante aos a persecucin en un pas que rechaza cualquier sombra del antiguo rgimen; es un partido populista en un pas dominado por problemas econmicos y sociales.

La segunda sorpresa relativa es el descalabro de los partidos de oposicin legales bajo Ben Al, a los que hace seis meses se consideraba en situacin privilegiada para abordar la transicin. El Partido Democrtico Progresista de Najib Chebbi, un liberal de centro izquierda que EEUU favoreci durante aos como recambio posible al dictador y al que todos aupaban a la segunda posicin muy cerca de Nahda, slo pudo alcanzar la quinta plaza con un misrrimo 8% (17 escaos) mientras que el Polo Democrtico Modernista, la coalicin apoyada desde fuera por el PSOE y aglutinada en torno al movimiento Tajdid (Renovacin, el ex-PC tunecino), ray apenas el 3%, obteniendo 5 escaos. Ambas fuerzas pagaron su reformismo bajo la dictadura, as como su oportunista participacin en el primer gobierno provisional tras el 14 de enero, derrocado por la Qasba. Su insistencia en polarizar a la sociedad tunecina en torno a la defensa del laicismo, que nadie haba cuestionado, no slo no les ha dado votos sino que muy probablemente ha contribuido tambin a la victoria de Nahda.

La tercera sorpresa menor ha sido el consistente resultado del Congreso por la Repblica y de Ettakatol (Bloque por el Trabajo y las Libertades), segunda y tercera fuerzas con 30 y 21 escaos respectivamente. El CPR, dirigido por el carismtico Moncef Marzouki, un honesto defensor de los DDHH vinculado a la izquierda nacionalista, ya ha declarado su intencin de negociar con Nahda. En cuanto a Ben Jaafer, el lder socialdemcrata de Ettakatol, es muy probable que se convierta en presidente de la repblica en el gobierno provisional que saldr de la Asamblea Constituyente y cuyo primer ministro ser con casi toda seguridad el islamista Hamadi Jebali.

En cuanto a los resultados de la izquierda marxista, han sido muy decepcionantes. Es verdad que la disolucin del Frente 14 de Enero haba disminuido mucho sus posibilidades, pero todava la vspera de las elecciones una alucinacin de entusiasmo -fruto del mucho trabajo invertido en los ltimos meses- llevaba al Partido Comunista Obrero de Tnez a especular con un 10% de los votos. Los 3 escaos alcanzados finalmente recompensan de forma muy cicatera los aos de lucha contra la dictadura y demuestran el desplazamiento histrico hacia el islamismo de los potenciales partisanos del socialismo.

La nica verdadera sorpresa, y muy grande, ha sido la irrupcin en la Asamblea, con 18 escaos, de la lista independiente Peticin Popular. Encabezada por Hechmi Hamdi, millonario propietario de una televisin satelitar con sede en Londres (Mustakila), su candidatura se vincula con el aparato de la dictadura y el peridico Le temps asegura que el propio Ben Ali la apoyara desde su exilio en Arabia Saud. Las muchas irregularidades cometidas durante la jornada electoral han llevado a la Alta Instancia Electoral Independiente a anular sus resultados en seis circunscripciones, incluida la de Sidi Bouzid, la ciudad donde empez el 17 de diciembre la revolucin y donde Peticin Popular, paradjicamente, habra desbancado a Nahda de la primera posicin. Durante dos das, la ciudad del mrtir Bouazizi ha registrado violentos enfrentamientos a causa de esta decisin.

Qu lecciones podemos sacar de estos resultados? Deben alegrarnos o no? Algunos analistas y medios de comunicacin alimentan ya el temor a un gobierno islmico radical, en un regeldo inquietante de la islamofobia que abort la victoria del FIS en Argelia en 1990; otros, ms realistas, desde la derecha o desde la izquierda, insisten al contrario en que poco o nada ha cambiado o va a cambiar tras la revolucin y las elecciones a la Constituyente. Ambas posiciones se equivocan en mi opinin. Nahda, un partido pragmtico (ms que moderado), con buenas relaciones ya con las fuerzas polticas reaccionarias europeas y estadounidenses, incluido el Vaticano, est sometido a demasiadas presiones externas e internas -tambin las de sus propios votantes revolucionarios- como para permitirse ir demasiado lejos en ninguna direccin. Su anuncio de un gobierno de amplia unidad nacional pactado con las fuerzas izquierdistas, con las que forma una abrumadora mayora rupturista, al menos a nivel simblico, deriva no slo del temor a quemarse en solitario durante el perodo constituyente sino tambin, y ms decisivamente, de la conciencia del nuevo marco geoestratgico regional y global y del despertar inesperado del poder popular.

Pero esto no quiere decir que nada haya cambiado o nada vaya a cambiar. Que Nahda sea aceptado y quizs digerido por las potencias occidentales no debe hacer olvidar que el choque -un choque inmenso- ya se ha producido. Baste pensar que la UE y EEUU apoyaron durante aos una dictadura feroz para impedir precisamente que gobernara el partido que hoy ha ganado las elecciones tras una revolucin popular. Veinte aos despus del golpe de Estado contra el FIS en Argelia, es la presin popular que reclama verdadera democracia la que impone a esas mismas potencias un islamismo a su vez renovado, consciente de la autonoma del impulso social. Tnez ha cambiado ya las reglas del juego en el Norte de Africa y en todo el mundo rabe y, a la espera del desenlace de los dolorosos y quizs apocalpticos procesos abiertos en otras partes, no cabe descartar la configuracin en los prximos aos de una especie de nuevo califato, guiado por una Turqua semi-independiente (y no por Arabia Saud), de corte democrtico, moderno y contrahegemnico. La situacin es demasiado incierta para hacer predicciones, pero nada tiene de provocativa la afirmacin de que en esta zona del mundo es el neocalifato el camino ms probable -si lo hay- hacia el soberanismo y el socialismo.

Entre tanto, quedan los que no votaron. La alta participacin, tambin inesperada, no debe hacer olvidar que, en cualquier caso, la abstencin alcanz el 45% del cuerpo electoral. Aparte algunos grupsculos de extrema izquierda, lcidamente equivocados, y la ultraderecha islamista del movimiento Tahrir, la mayor parte de esa abstencin no obedece a una consigna consciente sino a la decepcin, desconfianza o indiferencia de esos mismos jvenes que en enero afrontaron la muerte para cambiar el pas y que diez meses despus siguen padeciendo el mismo paro, la misma represin y la misma miseria vital. Nahda tendr que contar con ellos si quiere mantenerse en el poder.

Fuente:http://www.gara.net/paperezkoa/20111102/300727/es/Tunez-nuevas-reglas-juego



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