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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2011

Solidaridad con el pueblo sirio
"Desde Marruecos a Bahrin la reivindicacin es la misma: un cambio pacfico y radical que instaure una democracia que ampare los derechos sociales y econmicos de la mayora"

Rebelin


Hace meses que amplios sectores de la sociedad siria se unieron a la esperanzadora ola cvica que recorre el Magreb y el Machreq bajo la denominacin de primavera rabe. Sin embargo, la primavera siria se ha tornado en un terrible bao de sangre. Millares de manifestantes pacficos han sido asesinados por las fuerzas de seguridad del rgimen de Bachar Al-Asad, que no ha dudado en recurrir al bombardeo de ciudades y pueblos. Un nmero an ms elevado de personas han sido detenidas y sistemticamente torturadas. Los derechos humanos bsicos, desde el derecho a la vida al de expresin, estn siendo masivamente violados por las autoridades sirias en un pas cerrado a la informacin independiente.

Quienes suscribimos esta declaracin queremos expresar nuestra condena por estos hechos: no hay justificacin posible para esta guerra abierta que el rgimen sirio libra impunemente contra su propio pueblo.

El rgimen sirio miente para justificar la brutal represin de su propia poblacin. Como tantas otras veces, la dictadura de Bachar Al-Asad vuelve a agitar como un espantajo el peligro de la ruptura sectaria o del terrorismo islamista, o la falsa disyuntiva entre la soberana y la dignidad del Estado y los derechos y las libertades de sus ciudadanos. Sin embargo, no hay indicio alguno que permita conjeturar sobre una induccin exterior de las protestas o que permita argumentar que las aspiraciones de los ciudadanos sirios son distintas a las que otros ciudadanos rabes manifiestan en sus pases. Desde Marruecos a Bahrin la reivindicacin es esencialmente la misma: un cambio pacfico y radical que instaure una democracia poltica real y que ampare y promueva los derechos sociales y econmicos de la mayora. El hilo que engarza las cuentas de las nuevas rebeliones rabes de 2011 tambin la de Siria es la esperanza colectiva en que las prximas generaciones puedan crecer en libertad, hombres y mujeres amparados por el principio universal de ciudadana, no como sbditos sometidos al pillaje, al terror, a la humillacin y a las arbitrariedades de sus dirigentes.

Acaso no son stas nuestras propias aspiraciones, las de cualquier sociedad? Sin embargo, sorprendentemente, cuando ms solidaridad demandan los hombres y las mujeres de Siria y cuando parece ms justificado y necesario hacrsela llegar desde Europa y Amrica Latina, sectores de la izquierda internacional, defensores en sus propios pases de proyectos emancipatorios con los que nos identificamos y que apoyamos, abonan argumentos justificativos de la dictadura siria, basndose en teoras conspirativas y estereotipos ideolgicos que han dejado de ser vlidos. No hay dictaduras progresistas, y condenar selectivamente los crmenes de unos gobiernos mientras se silencian los de otros nos lleva a incurrir en el mismo doble rasero que tan justamente denunciamos en nuestros dirigentes.

Ante la inoperancia internacional, la sociedad siria parece abandonada a su suerte. Conocemos muy bien las reglas que rigen el mundo contemporneo, aquellas que permiten al tiempo que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vete la creacin de un Estado Palestino y la condena de la represin del rgimen sirio. Los rabes son vctimas del cinismo mercantilista que rige las relaciones internacionales, que valora en cada caso cundo es conveniente intervenir y cundo no lo es, siempre en funcin de intereses ajenos a los de las poblaciones afectadas. Nuestra condena no encubre la solicitud de ninguna intervencin militar occidental ni la imposicin de un asedio medieval contra la poblacin siria. Rechazamos abiertamente como lo hacen los propios sirios, que luchan por su libertad cualquier forma de presin militar y de tutelaje colonial. Pero nos resistimos a aceptar que nada pueda hacerse frente a lo que est ocurriendo en Siria, que la pasividad y el silencio amparen los crmenes que se estn cometiendo en Siria.

PRIMERAS FIRMAS

Santiago Alba Rico, Carlos Varea, Piedad Crdoba Ruiz (Colombia), Jos Luis Sampedro, Sami Nar, Javier de Lucas, Jos Camilo Lpez Valls (Cuba), Carlos Taibo, Gilberto Lpez y Rivas (Mxico), Javier Sdaba, Gaspar Llamazares, Atilio Born (Argentina), Teresa Aranguren, Jaime Pastor, diputada Liliana Olivero (Argentina), Francisco Fernndez Buey, Jorge Reichmann, Anglica Lagunas (Argentina), Roberto Montoya, Lobna Dahech (Tnez), Carlos Fernndez Liria, Juan Carlos Monedero, Olga Rodrguez, John Brown (Blgica), Miguel Romero, Manuel Garca Fonseca, Juan Luis Ruiz Gimnez, Enrique Santiago, Olga Lucas, Yayo Herrero Lpez, Antonio Cuesta Marn, Miguel Lamas (Bolivia), Carlos Alberto Ruiz Socha (Colombia), Carlos Sanchs, Luis Gonzlez Reyes, Itziar Ruiz Gimnez, Joaqun Sempere Carreras, Igor Sdaba, Isabel Alba, Javier Barreda, Patricia Rivas, Luis Alegre Zahonero, Inmaculada Jimnez Morell, Francisco Puche, Alberto Montero, Antonio Crespo, Esther Vivas, Ignacio Gutirrez de Tern, Alejandro Del guila Meja (Guatemala), ngeles Ramrez, Ral Mallo Garca, Javier Couso Permuy, Salvador Lpez Arnal, Antoni Domnech, Alerce Fernndez Snchez, Ana Ruth Vidal Luengo, Miguel Urbn, Houmad el-Kadiri el-Mahdi, Mara Jess Fuentes Rebollo, Gladys Martnez Lpez, Sara Snchez Moreno, Dolores Nauffal Manzur, Dionisio Vacas Cosmo, Paloma Valverde, Agustn Velloso Santisteban, Susana Merino (Argentina), Ester Sanz Murillo, Juan Antonio Baeza Labat, Julio Rodrguez Bueno, Carlos Varias Garca, Ernest Garcia, Ricardo Garca Zaldvar, Carlos Ballesteros Garca, Francisco Altermir, Hector Grad, Cristina Ruiz-Cortina Sierra, Anne Martin, Fina Alemany Costa, Francisco Ruiz De Pablos, Decio Machado Flores, Mara Rosa de Madariaga lvarez-Prida, Jos Luis Lalueza Sazatornil, Joaquina Ramilo Rouco, Nadia Hindi Mediavilla, Santiago Gonzlez Vallejo, Jaume Saura Estap, Antonio Martnez Castro, Cristina Garca Cecilia, Jess Zann Bayn, Jos Luis Carretero Miramar, Aurora Lago, Luca Molina Martnez, Maria Josefa Sabri Pau, Ana Ruth Vidal Luengo, Husein Khzam, Gorka Larrabeiti (Italia), Jos Daz Snchez de la Blanca, Too Hernndez, Sinfo Fernndez, Luis Martn-Cabrera (EEUU), Cristina Mas, Josep Llus del Alczar, Miquel Blanch, Marga Olalla, Luis Carlos Gmez-Pintado, Muhittin Karkin (Turqua), Franck Gaudichaud (Francia), Soledad Delgado Moracho, Fernando Beltrn Llavador, Evgeny A. Shlevkov, Miguel Brieva Estrada, M Pau Vila Pastor, Javier Mestre Marcotegui, Manuela Valads Feito, Llus Isern Sitj, Alerce Fernndez Snchez, Mara Camacho Castao, Ana Garca Romero, Guillermo Garca del Busto Miralles, Ana Andrea Snchez Lpez, Francisco Garca Prez, Luca Mazarrasa Alvaer, Joan Tenorio Martnez, Lola Bernal Armengol, Ramn Farres Punt, Carmen Safont Edo, Carlos Javier Moreno Garca, Jnatham F. Moriche, Anah Seri, Javier de Vicente, Manuel Zaguirre, Patricio Surez, Nelly Benavides (Ecuador), Mara Aurora lvarez Surez, Diego Lpez lvarez, Diego Garca Bautista (Mxico), Germn Hurtado Aldana (Mxico), Sergio Medina (Mxico), Pascual de Jess Gonzlez (Mxico), Isabel Hernndez (Mxico), Sandra Gmez (Mxico), Magdalena Trejo (Mxico), Andrs Garca Galeana (Mxico), Miguel ngel lvarez (Mxico), Leonardo Uribe Hernndez (Mxico, Enrique Gonzlez Rui, Sirin Adlbi Siba, Teresa Arenillas Parra, Manoli Etxeberri, Mikel Goenaga Aramburu, Mila Larburu Agirre

 



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