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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2011

Sobrepoblacin y antropocentrismo: una amenaza a la biodiversidad

Lizbeth Sagols
aion.mx


El corazn de la Tierra es de oro
F. Nietzsche

La tica ambiental est contra toda dominacin
Karen Warren

La biodiversidad es, desde luego, el rico y hermoso espectro de la vida: un milln setecientas mil formas de vida [1] entre las que se encuentran desde bacterias, microbios, esponjas y miles de plantas, hasta paquidermos; desde hongos y setas hasta peces, secoyas gigantes y perros, leones y otros mamferos como el ser humano. Pero adems, la biodiversidad implica el juego mismo de la vida, es decir, el conjunto de interacciones y dependencias entre los vivientes. Ella alude no slo a una impresionante cantidad, sino a la variabilidad gentica, a la evolucin de la vida, as como a la funcin que cumplen las distintas especies en los ecosistemas y stos en la conformacin de paisajes y regiones [2]. La biodiversidad implica el equilibrio entre las partes de un determinado ambiente y, al mismo tiempo, cada ecosistema es fuente del equilibrio relativo del todo. De tal suerte que cuando una especie se extingue no muere sola, se alteran seriamente algunos ecosistemas y puede ser que tambin la Tierra misma. La biodiversidad es, sin duda, el corazn ureo de la Tierra.

Sobrepoblacin y ecosistemas

El equilibrio entre los ecosistemas depende en gran parte del nmero de ejemplares de las distintas especies. Para que haya biodiversidad es preciso que todos los vivientes tengamos espacio y alimento suficiente. De hecho, las especies autorregulan su nmero de acuerdo a los nutrientes existentes, la abundancia de depredadores y microbios patgenos y de acuerdo al clima y la pluviosidad [3]. Pero la humanidad ha tenido un crecimiento demogrfico desbordado a partir de 1950, al grado que nos hemos convertido en una autntica plaga que consume en exceso los recursos terrestres para subsistir. Actualmente, somos ya casi 7 mil millones!!!! y cada ao aumentamos por 100 millones [4]. El resultado es que estamos provocando la sexta extincin masiva de especies animales. Se calcula que cada da desaparecen 100 de ellas y al ao unas 27 mil o 30 mil [5].

La negacin del problema y sus causas

La especie pensante y con capacidad de ser responsable se est convirtiendo en una amenaza para el planeta entero. No obstante, hay una gran ceguera ante esto, abundan las justificaciones tanto del hombre comn como de algunos eclogos y eticistas ambientales. Se concibe la actual extincin como un fenmeno extrahumano y un cambio necesario. Algunos sostienen que siempre se han extinguido ciertas especies y que el cambio climtico ha ocurrido en varias ocasiones por causas csmicas, no humanas. Kristin Shrader-Frechette, ecologista famosa, con gran cinismo declara:

Obviamente no podemos afirmar sobre bases ecolgicas que est mal que los humanos hagan lo que hace la naturaleza: eliminar especies [6].

Por su parte, la filsofa Teresa Kwiatkowska piensa que si aceptamos la inexistencia de un ser eterno como el que imagin Parmnides y que, en consecuencia, todo es cambiante, no tenemos por qu ver con malos ojos el cambio y la extincin de especies. Por el contrario, conviene asumir que estamos en una poca ecolgica de transicin y que, a fin de cuentas, la vida perdurar en alguna de sus formas, adems de que la inteligencia humana, la ciencia y la tecnologa encontrarn siempre una solucin a la sobrevivencia [7].

Por qu no se puede ver el dao que estamos causando con la sobrepoblacin, por qu se le oculta en el imperio del cambio, del puro fluir que ahora hace vivir a unos y maana a otros? Por un lado, no se toma en serio la diferencia que bilogos y paleontlogos han encontrado entre las extinciones aleatorias y las que son en masa. Las aleatorias han ocurrido desde siempre: responden al xito de una especie, son lentas y provocan una renovacin de la vida. Las extinciones masivas, por su parte, son abruptas, profundas y de graves consecuencias, en vez de un mero cambio -afirma Sthephen Jay Gould- constituyen autnticas rupturas: crean un largo impasse en el fluir de la vida y sta slo se reconstruye despus de periodos milenarios. ste es el tipo de cambio que estamos provocando. Aunque siempre ha habido extinciones, nunca antes se haban dado con la celeridad y la radicalidad con que se dan ahora: 100 especies al da!!!!!!

Pero hay algo ms importante: no se quiere asumir que nuestra especie es responsable de la destruccin de la vida y del planeta como hbitat y que, en consecuencia, tendramos que limitar el actual crecimiento poblacional. Incluso las tendencias ms honestas de la tica ambiental no ven el peligro que representa la sobrepoblacin excesiva (tan slo lo hacen Rolston III y Paul Ehrlich). Los ambientalistas clsicos conciben la crisis de la biodiversidad como consecuencia del exceso de industrializacin, el estilo de vida consumista [8] y nuestra falta de valoracin y de la vida. El problema, nos dicen, est en el antropocentrismo vanidoso, utilitario y dominador de la naturaleza que nos conduce a sentirnos superiores, a no ver ms que nuestros propios intereses sin conceder valor a las otras formas de vida, as como a una pragmatizacin de la existencia, al imperio del capitalismo y la bsqueda de comodidad. De este modo, la tica ambiental ha centrado sus esfuerzos, nada despreciables, en fundamentar el valor intrnseco de la biosfera y en una crtica a la razn pragmtica y al capitalismo.

Pero esta tica no ha llevado a fondo, la crtica al antropocentrismo, slo lo ha hecho en verdad el ecofeminismo. Y es que el antropocentrismo no consiste slo en privilegiar nuestros intereses utilitarios, en sentirnos con derecho a usar todo para nuestro beneficio y, por ende, explotar la naturaleza; implica la negacin de otras formas de vida tan dignas como la humana e implica tambin la afirmacin de una identidad cerrada y autoreferente. Pero identidad de quin? Quin mide la diferencia? En la mayora de las ocasiones, los ambientalistas se refieren al conjunto de la humanidad como eje del antropocentrismo. Lo otro abarca a todos los dems seres vivos, las otras especies, la biosfera, la naturaleza toda. Lynn White [9] denunci muy atinadamente el antropocentrismo de la tradicin judeo-cristiana, presente en el Gnesis [10] que pone a los animales, las aves del cielo, los peces del mar, el ganado y todo lo que repta sobre la Tierra, bajo el podero humano y concede al hombre el lugar de un tirano que ha de hacer temer a todo lo vivo.

Se trata de una fuerte denuncia; no obstante, hay algo que se escapa en esta concepcin del antropocentrismo, pues en ella quien ejerce el poder es la humanidad en un conjunto y no se advierte que, en realidad, el dios judeo-cristiano habla al varn, no a la mujer. El varn es digno y posee valor intrnseco, todo lo otro, lo diferente a l es objeto de su dominio, incluso de su destruccin, carece de dignidad y valor propio. La mujer no es igual al varn, ella nace de una simple costilla masculina. En rigor, la tradicin judeo-cristina impone un androcentrismo patriarcal, autoritario, anti-vida y misgino en el que el varn ejerce su poder dominante tanto respecto de la naturaleza como de la esfera interhumana.

Investigaciones recientes [11] demuestran que la primera subordinacin y exclusin violenta fue la del varn hacia la mujer. Esto ocurri nada menos que con el abandono de las sociedades matriliniales del neoltico, sociedades cuidadoras de la vida y el surgimiento del patriarcado en la vieja Europa, en Anatolia y el Asia central. El patriarcado se impuso cuando el varn consider a la mujer como su posesin y quiso que los hijos llevaran su nombre y no el de la madre -que resultaba evidente. Mientras en las sociedades matriliniales lo importante era ser en unidad con la vida, en el patriarcado la preocupacin es apropiarse, atesorar, dominar a los otros: las mujeres y todo el resto de lo vivo. Se instaur, as, el reino del tener y en consecuencia, del dominio.

Por otro lado, en tanto ms hijos poseyera el varn ms afirmaba su identidad y ms someta a la mujer con la maternidad mltiple, lo cual se hereda de forma literal en religiones patriarcales autoritarias como el judeo-cristianismo, la religin musulmana y todos los derivados de stas. En la religin judeo-cristina queda muy claro, en la consigna divina posterior al diluvio, el imperativo de procrear: Llenad la tierra, procread y multiplicaos sobre ella [12]. Era preciso que los humanos furamos muchsimos y no slo para superar la crisis diluviana sino, sobre todo, porque as convena a la superioridad del varn sobre la mujer. De esta forma, este ltimo afirmaba su identidad. Prueba de ello es que an hoy en da, siglos despus del diluvio, el Papa se opone de forma radical al control de la natalidad y a la liberacin de la mujer, sin tener la menor consideracin de la dignidad de sta, de su derecho a desarrollar otras capacidades ms all de la maternidad, ni tampoco sobre las consecuencias destructivas de la sobrepoblacin humana para las otras formas de vida. El catolicismo -igual que toda religin patriarcal- es, desde este punto de vista, una religin anti-vida.

Dos consecuencias pueden derivarse de todo lo anterior: primero: el respeto a la biodiversidad requiere la superacin del antropo-andro-centrismo: dar lugar a una identidad abierta, capaz de advertir la igualdad de lo otro, una identidad que asuma la igualdad en la diferencia y en la que -como afirma la ecofeminista Karen Warren- la diferencia no sea objeto de dominio [13]. La diferencia no tiene porqu romper la igualdad, por el contrario, la puede y debe confirmarla. Ambos gneros somos vivientes y compartimos la condicin humana, ninguno debe imponerse al otro. Y podemos advertir tambin la igualdad de lo vivo en general, pues la naturaleza tiene en todas sus formas la capacidad de sentir y reaccionar, no se diga en el caso de los primates superiores que se nos parecen tanto. Pero, a la vez, hay diferencias entre las distintas formas de lo vivo que tenemos que apreciar justo por su distincin. El animal posee, en su silencio misterioso, una capacidad de vivir en el presente que es fuente de salud, una inocencia, espontaneidad, concentracin de fuerza y, sobre todo, una integridad en su conducta que a nosotros, por desgracia, nos es ajena y slo podemos barruntar a travs de enormes esfuerzos [14]. Y la biosfera en conjunto posee una riqueza y belleza perfectas, as como una fuerza ajena a los humanos, tanto por su resistencia, como por su intensidad. Ms an, plantas y animales son nuestros compaeros terrestres, despiertan la imaginacin humana e iluminan el espritu y la creatividad, nos dice Elias Canetti [15].

La segunda consecuencia es que la mejor forma de evitar una mayor extincin de especies es combatir la sobrepoblacin, no con algn tipo de exterminio, pero s con educacin reproductiva dirigida a mujeres y hombres, y con polticas pblicas que premien el mximo de 2 hijos o incluso ninguno, ya que hay mujeres a quienes les estorban los hijos y slo los tienen por la falsa identidad entre el ser de mujer y el de procreadora. Si seguimos creciendo de manera desbordada, de muy poco servir salir del exceso de industrializacin, abrirnos a tecnologas compatibles con el ambiente, rechazar el capitalismo y reducir el consumismo. Mientras crezcamos en exceso, seguiremos contaminando la atmsfera, calentando la Tierra y quitando espacio, oportunidades y la vida misma a la diversidad de especies.

El planeta es finito, nosotros ms que demasiados; ojal comprendamos que es hora de que el corazn de mujeres y varones empiece a latir con el valor de la biodiversidad.

[1] Broswimmer, Franz, Ecocidio, Mx., Ocano, 2005, p. 24. [2] www.conabio.gob.mx [3] Eldredge, Niles, La vida en la cuerda floja, Barcelona, Tusquets, 2001, p. 191 [4] www.censusbureau.com [5] Idem. Algunas de las especies animales desparecidas para siempre son: el elefante, el len y el tigre europeos, el pato del labrador, el alca gigante y la cotorra de Carolina del Norte, el mamut y el rinoceronte lanudos euroasiticos, el buey almizclero y el alce irlands gigante de la Edad del hielo. Ya no existen el elefante enano y el hipoptamo pigmeo de Chipre y Creta. Asimismo, slo quedan 300 ballenas francas en el Atlntico Norte y unas 250 en el Pacfico Sur. La ballena jorobada o yubarta se caz hasta su extincin en el atlntico, pero sigue existiendo en el Pacfico Norte.[5] Por otra parte, el cambio climtico propiciado por una industria excesiva que tiene que satisfacer las necesidades de la sobrepoblacin mundial est poniendo en peligro al oso polar, est ocasionando entre otros hechosque cada vez vengan menos mariposas monarcas a Morelia y que la vida marina peligre por la acidificacin del agua debida a la absorcin del exceso de CO2 en la atmsfera. A todo esto hay que sumar la desaparicin de plantas, especies originales de granos, de frutas y vegetales, de tierra cultivable que se convierte en desierto y la desaparicin de las selvas: todos los das perdemos 300 kilmetros de selva, lo que suma 110, 500 km2 al ao.[5] [6] Shrader Frechette, Ecologial theories an ethical imperatives: Can ecology provide a scientific justification for de ethics of environmental protection? in Scientists and Their Responsibility, ed. W.R. Shea and B. Sitter (Canton, MA:,Watson, 1989), pp. 73-104. [7] Cf., Kwiatkowska, Teresa, Controversias de la tica ambiental, UAM/Plaza y Valds, 2009 [8] A esto hay que aadir el estilo de vida consumista de los pases desarrollados y de algunos en desarrollo como China y la India que apenas se insertan en el mercado mundial quieren copiar el consumo de EEUU y Europa. [9] White, L., The historical roots of our ecological crisis, Science, 155, 3767, marzo, 1967. [10] Gnesis, I: 26. [11] Vase a este respecto el magnfico artculo de Jorge Silva Garca, El largo peregrinar hacia la humanizacin, Rev.Consciencia, de la Universidad La Salle, No. 12, marzo, 2010 [12] Gnesis , 8, 17 y 9, 10 [13] Warren K., El poder y la promesa del feminismo ecolgico, en Naturaleza y valor, Margarita Valds, coord.., Mxico, FCE/UNAM, 2004, p. 237 [14] Vid., Nietzsche, Segunda consideracin intempestiva, en Consideraciones intempestivas. Con estas ideas quiero decir que hemos de valorar al animal por su silencio, su inocencia y misterio inaccesibles y no slo por su leguaje, conciencia y conducta cientficamente observable. Hemos de valorarlo por esa otredad que lejos de amenazarnos nos enriquece. [15] Cannetti, E., La agona de las moscas, citado por Broswimmer, F., en op.cit., p. 31. Pero abrirse a la diferencia como parte sustantiva de la mismidad, ver lo otro en tanto tal, requiere una mirada amorosa que como afirma Maryleen Frey es capaz de distinguir los intereses del yo de los del otro, capaz de poner una peculiar atencin a este ltimo, y experimentar un sentimiento desbordante de gratitud porque lo diferente le permite autoconocerse.[15] El amor a la vida es indispensable para valorar la biodiversidad.

Fuente: http://www.aion.mx/filosofia/sobrepoblacion-y-antropocentrismo-amenazas-a-la-biodiversidad-un-asunto-ecofeminista.html



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