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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2011

El relato que hay que hacer

Alfonso Sastre
Gara


(La Sombra parece satisfecha).

Sombra.- Y qu hay, jefe? Est usted contento con la paz?

Sastre.- Y quin te ha dicho que haya paz?

Sombra.- Pues no? Cmo es eso, si todo el mundo lo dice, hasta la gente ms burra y conservadora?

Sastre.- No, no, no todo el mundo lo dice.

Sombra.- Bueno, los pesimistas, que siempre ven las cosas mal.

Sastre.- No, no, mira t: una cosa es que no haya guerra y otra que haya paz, y t tendras que saberlo si te fijaras mejor en tus deberes como sombra ma. Ay! Que t tampoco te enteras. Tan difcil es enterarse? Tan difcil es pensar? Tambin t sigues confundiendo paz y pacificacin?

Sombra.- Ya s que no es lo mismo.

Sastre.- Aqu sigue habiendo una guerra; una guerra que ahora dicen, por cierto, que nunca ha habido. Para impedir que haya paz acuden a la estupidez de decir que nunca ha habido guerra.

Sombra.- Ah, s. Lo que ha habido, dicen los bienpensantes, es una banda de sanguinarios enfrentada a una benemrita Democracia.

Sastre.- Est costando trabajo imponer una verdad obvia, que se haba ido imponiendo y ya era espectacular en la calle: la existencia de un importante conflicto poltico en Euskal Herria.

Sombra.- Ah, pero eso ahora ya lo sabe todo el mundo, no es verdad?

Sastre.- S es verdad, despus de las ltimas jornadas y con la colaboracin feliz de tantas ilustres ayudas internacionales, pero sobre todo con la tarea ingente de la izquierda vasca y de su gran labor poltica y patritica.

Sombra.- Entonces, si no hay paz, por lo menos estamos en este camino. O tampoco?

Sastre.- S, mujer, s.

Sombra.- O sea que podemos estar contentos en definitiva.

Sastre.- No solamente contentos sino muy contentos, vers por qu: porque ahora la paz empieza a ponerse a la vista de nuestros ojos, y, por ello, a nuestro alcance.

Sombra.- Ya veo que estn cambiando mucho las cosas.

Sastre.- Estn cambiando muchas cosas, es verdad, pero otras siguen reiterndose, y una sobre todo me llama mucho la atencin: la inquietud que ha estallado en grandes medios de comunicacin sobre un tema concreto, el del relato. Mira, ahora estamos ante un caso de lo que Eva Forest llamaba el revuelo: de pronto se arma un revuelo en los medios y todo el mundo se pone a hablar, con aire crtico y preocupado, de lo mismo, como siguiendo una consigna: aqu la gran inquietud surge ante el temor de que lo que ha pasado y sigue pasando sea narrado por los enemigos de Espaa, y que entonces ETA aparezca en la Historia no como esa banda de facinerosos asesinos de la democracia espaola sino como unos heroicos muchachos que fueron capaces de asestar duros golpes al franquismo y luego a sus seguidores, y con la virtualidad, en definitiva, de rendir -o de haber rendido- un gran servicio a la soberana -Gora Euskadi Askatuta!- del Pas Vasco. Los medios se estn poniendo verdes de angustia ante esta posibilidad, y vierten sus ideas, en este revuelo, para evitarla. Tenemos que contar la realidad nosotros, nosotros, nosotros. Est muy nerviosa esta buena gente.

Mira, voy a poner unas muestras de lo que estoy diciendo: En la parte espaola del revuelo se hallan naturalmente sus personalidades ms desvergonzadas, como Felipe Gonzlez o Rubalcaba o Juregui entre los polticos; y periodistas tales como Iaki Gabilondo o Jos Mara Calleja. Por la parte del patriotismo vasco (izquierda abertzale), hallamos la presencia de vlidos testimonios como el de Iaki Egaa y sus colaboradores de Euskal Memoria Fundazioa, para quienes el relato del franquismo est por realizar.

En este contexto, ellos estn de acuerdo en que hay que hacer el relato histrico, pero no un nico relato. Ese otro relato est por hacer. Para ellos, la transicin ha sido una chapuza para esconder un proceso general de impunidad. Otro trabajo notable estos das sobre este asunto es el artculo de Mario Zubiaga Marcos de Guerra. Para este profesor, el comportamiento belicista de algunos medios (la historia no la escribirn los verdugos; el banquillo espera a un centenar de dirigentes de la izquierda abertzale) es la peor aportacin que un medio de comunicacin puede hacer en este momento (...) y que ese medio no sea un panfleto marginal de la extrema derecha sino el ms difundido de nuestro pas es, simplemente, demencial.

La inquietud a que nos referimos -esta ventolera- indica por otra parte la fragilidad de las actuales posiciones espaolistas y el gran poder de las posiciones patriticas vascas. Acostumbrados a usar una fuerza incontrolada, los patriotas espaoles no se avienen a recibir algn control y se remueven inquietos. No les llega la camisa al cuerpo ante el temor de que acabe publicndose la verdad de lo que, sin embargo, ha sucedido y est sucediendo, empezando, como digo, por que ha habido una guerra -aunque en ella no se hayan visto soldaditos, como ha argumentado un periodista imbcil para negarlo -y esa guerra ha terminado aunque todava no haya llegado la paz, ciertamente.

Repasemos cosas que nosotros ya sabamos -aunque no hayamos tenido ocasin de decir-, como que la primera mentira que en las guerras se oye es la de esconder el mismo concepto de guerra, que queda oculto cuando se llama guerra al terrorismo del sistema vigente y terrorismo a las guerras de quienes tratan de oponerse y enfrentarse a l; o, dicho de otro modo, se llama guerra y se legitima el terrorismo de los ricos (de los poseedores) y terrorismo a las guerras de los pobres.

As, los grandes medios de comunicacin se ocupan de presentar los grandes actos de terrorismo -con centenares de miles de muertos- como grandiosas batallas (por ejemplo, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki); y modestas batallas caseras, por ejemplo el atentado de ETA al Almirante Carrero Blanco durante el franquismo, como grandes e inhumanos actos de terrorismo. (Es de recordar que en aquella ocasin no hubo ni una sola vctima colateral).

As pues, la verdad que ha empezado a imponerse forma parte de lo obvio -la existencia de un conflicto poltico-, pues hace ya muchos aos que llenaba nuestras calles multitudinariamente (era muy evidente, pues, que no se trataba de una banda), y esperamos que sea as a partir de ahora, y es de esperar tambin que los espaolistas, que aplaudieron la sublevacin contra la Repblica Espaola como una Cruzada no sigan exigiendo que quienes han combatido con las armas a los herederos de aquel horror, dejen de exigir que aquellos combatientes que hoy han dicho, con el beneplcito de todos nosotros, adis a las armas!, se arrastren por los suelos y pidan perdn. Es muy peligroso humillar a los pueblos, y un ejemplo cabal de ello es la humillacin que sufri el pueblo alemn en el tratado de Versalles y que dio nacimiento a Hitler y a la Segunda Guerra Mundial.

Est escribiendo este artculo una persona que es incapaz de matar una mosca pero tambin un modesto escritor que no es un pacifista a ultranza y que, en suma, mira con admiracin una metralleta en las manos de Ernesto Che Guevara. Yo vivo en lo que podramos llamar la Paradoja Bergamn, y voy a terminar contndola que es la mejor forma de explicarlo.

He aqu el relato, dividido en dos partes.

La primera: 1936. Es en el Madrid amenazado por las tropas de Franco. Los obreros consiguen por fin una entrega de fusiles por parte de la Repblica y Bergamn se pone a la cola para coger un arma, pero el ltimo fusil le toca al compaero que est delante suyo. Entonces l inopinadamente emite un suspiro de alivio porque as se vea dispensado de matar. Bergamn me cont que despus se sinti muy avergonzado de su egosmo.

La segunda: pregunt al gran escritor si era cierto que l haba dicho que estara con los comunistas hasta la muerte pero ni un momento ms, y si esa frase inclua la broma de pensar que despus de su muerte, l, Bergamn, ira al cielo y los comunistas al infierno, y entonces l se ri abiertamente de m. No, muy al contrario -me respondi-, porque has de saber que todos los comunistas van al cielo.

Sombra.- (conmovida) Usted lo admiraba mucho, verdad?

Sastre.- S, sombra ma, y siempre lo tengo en la memoria.

Alfonso Sastre es dramaturgo

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20111105/301304/es/El-relato-que-hay-que-hacer



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