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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2011

Wisconsin, Bruselas, Turn, Madrid, Barcelona, o las diferentes formas de atacar la negociacin colectiva

Vidal Aragons
Mientras tanto


El pasado 10 de marzo de 2011 el Senado de Wisconsin proceda a anular la negociacin colectiva de los funcionarios. Seguramente en la opinin pblica causaron ms sorpresa las magnficas movilizaciones de sectores progresistas conjuntamente con el movimiento sindical que una antidemocrtica y antisocial medida sin precedentes en la Historia reciente.

En todo caso el ataque a la negociacin colectiva se ha manifestado durante el ltimo periodo prcticamente en todo el planeta, con una expresin diferenciada segn el sujeto poltico que la plantease (desde Gobiernos de la derecha ms rancia hasta la socialdemocracia) y la respuesta sindical que se realizarse (desde el sindicalismo amarillo al sindicalismo combativo y de clase).

El eje Bruselas-Estrasburgo-Luxemburgo se constituye como centro de la Unin Europea y desde sus Instituciones se ha venido debilitando la negociacin colectiva. El Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas a travs de diferentes fallos judiciales (sentencias Ruffert y Viking Line) ha primado la libertad de establecimiento y empresa al cumplimiento de los acuerdos colectivos, fomentando as el dumping social. En la misma lnea el reciente Pacto de Competitividad plantea abiertamente contencin en las retribuciones de trabajadores y trabajadoras con lo cual no slo se limita el progreso social sino la propia posibilidad de pactar.

Turn histricamente se constituy como bastin de la clase obrera y los enemigos de sta han entendido que no es posible un ataque frontal. En una derrota dulce para el movimiento sindical, el 14 de enero del presente ao la automovilstica FIAT someta a referndum a la plantilla con el discurso tramposo que si no haba resultado afirmativo habra deslocalizacin. El voto positivo del plebiscito significaba entre otras cuestiones: aumentar la jornada a 10 horas diarias, reducir el descanso y eliminar los permisos, reuniones y asambleas sindicales. La empresa plantea esos puntos a consulta directa porque conoce de antemano que respetando el proceso de negociacin colectiva no conseguira sus objetivos.

Si bien puede parecer que en el Estado espaol la negociacin colectiva se mantiene intacta, nada ms lejos de la realidad. En los ltimos aos desde la Comisin Nacional de la Competencia, con sede en Madrid, se viene actuando contra diferentes convenios colectivos en base a que el establecimiento de precios mnimos en contratas, concursos y servicios es contrario a la libre empresa y a la competencia. Todo ello revestido de los mismos argumentos por los cuales se encarcelaba a sindicalistas en el inicio del siglo XX: alterar el mercado y los precios.

Debemos tambin recordar que la reforma laboral del 2010 aumenta los supuestos en los que puede no aplicarse un convenio colectivo. En un paso ms, la reciente contrarreforma de la negociacin colectiva supone tanto la negacin de la misma como una profundizacin en el ataque a los derechos laborales: se posibilita que sea un rbitro quien determine el contenido del convenio colectivo, se limita el tiempo de negociacin e incluso se obliga a la incorporacin en las normas paccionadas de una desregulacin del 5% de la jornada y movilidad funcional, siendo esto ltimo la mejor expresin de la negacin de la negociacin. En todo caso el gran ataque a la negociacin colectiva lo encontramos en la posibilidad real de regular en los convenios colectivos de empresa peores condiciones que las establecidas en las normas paccionadas de sector. Ello generar una dinmica paulatina de pauperizacin sociolaboral sin precedentes a travs de la sustitucin del convenio de sector por convenios de empresa con peores condiciones.

Los Gobiernos de las Comunidades Autnomas no quedaron al margen de este proceso y suspendieron o dejaron sin efecto convenios o pactos colectivos. En los ms derechistas se utiliz como excusa para debilitar o desmantelar los servicios pblicos (con Esperanza Aguirre y Valcrcel a la cabeza). En otras, incluso las antao gobernadas por la socialdemocracia (Tripartit) se impusieron este tipo de polticas y son desarrolladas ahora desde el Palau de la Generalitat en Barcelona como un instrumento que no slo suspende lo ya pactado en la negociacin colectiva sino que es utilizado como instrumento de degradacin de los servicios pblicos de Justicia, Enseanza y Sanidad.

As nos encontramos con la eliminacin, limitacin, subversin, suspensin y debilitamiento de la Negociacin Colectiva, cuya significacin no es slo el ataque a las condiciones de trabajo sino el quebramiento del instrumento a travs del cual el movimiento sindical se puede mostrar como clase.

Todo ello como expresin de ataque no slo a principios democrticos (de participacin sindical), sino de justicia (remocin de la realidad de partes desiguales) y sobre todo de progreso social. La crisis del capitalismo no slo muestra el fracaso de un modelo sino la necesidad de un sistema en constante eliminacin de Derechos.

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-96/notas/wisconsin-bruselas-turin-madrid-barcelona-o-las-diferentes-formas-de-atacar-la-nego

 



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