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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2011

Gadafi cay en su propio cuerpo

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII


Estamos normalmente tan cerca de nuestro cuerpo que cuando, a causa de una enfermedad o una herida, caemos de pronto en l, nuestra fragilidad emite apenas un destello. Bajamos un peldao y nos convertimos en lo que ya ramos; nos cerramos unos grados sobre nuestro propio destino. Nuestros cadveres, digmoslo as, se parecen mucho a nuestros cuerpos. Pero hay algo monstruoso, improbable, inimaginable, en el cuerpo repentino -tambaleante, ensangrentado y luego derribado- de un personaje; es decir, de una imagen pblica, y ms an si se trata de una imagen pblica tan mediticamente trabajada que ha devenido un clich. Objetiva, humana, jurdicamente, el asesinato de Gadafi en Sirte es repugnante; pero es que adems la visin de su cadver es casi ontolgicamente insoportable. Gadafi viva tan lejos de su cuerpo, su presencia pblica estaba tan saturada de poder, el aura de invulnerabilidad, autodeterminacin y voluntad que lo rodeaba era tan grande (y la atencin de los medios tan intensa), que su cada en el cuerpo -en esa secuencia catastrfica del trono al agujero- produce un efecto visual de fragilidad inconmesurable con la de cualquier otro cuerpo. Es sin duda injusto, pero el hecho de que Gadafi fuera un clich, el hecho de que tuviera tanto poder, el hecho, an ms, de que fuera un abominable tirano, inducen en nosotros, a la vista de su cadver, un horror y hasta una ternura que no nos producira ninguna de sus vctimas. Su vulnerabilidad es la de un beb; su indefensin la ms universalmente humana que quepa imaginar. No se puede linchar impunemente a un dictador y luego exhibir su cuerpo sin que sintamos la necesidad de resucitarlo y abrazarlo.

Su ejecucin ha sido un crimen y tambin un error. Por principio haba que proteger su vida y llevarlo ante un tribunal. Era su derecho y el de sus supliciados. Pero tambin haba que hacerlo as para evitar esta injustsima compasin hacia un hombre que no la tuvo con sus vctimas; para desactivar este enorme horror emptico directamente proporcional al enorme horror que acumul sobre sus espaldas. Por una paradoja desasosegante, el rechazo y hasta el dolor que nos produce su muerte es la consecuencia directa de todo el dolor que l caus y de todo el rechazo que nos inspiraban sus crmenes.

Podemos entender, aunque no aplaudir, a sus ejecutores, vengadores del cerco de Misrata. Tambin Mussolini fue linchado. Haba ah una com-pasin invertida, la necesidad de despear esa imagen para ensaarse en la repentina aparicin de su cuerpo. Pero lo que no slo no se puede entender sino que hay que condenar como verdaderamente brbaro, como una patada ofensiva a la civilizacin, es la tranquilidad o incluso complacencia -cuando no carcajadas de felicidad, como en el caso de Hilary Clinton- con la que reaccionaron los mismos que aseguraban intervenir en Libia en nombre del derecho y en favor de la construccin de una democracia. La desaparicin de Gadafi es un gran paso en la lucha llevada adelante desde hace ms de ocho meses por el pueblo libio para liberarse del rgimen dictatorial y violento que le fue impuesto durante ms de 40 aos, declar Sarkozy. Por su parte Obama insisti en que la muerte del lder libio marca el final de un captulo largo y doloroso y abre una oportunidad para el pueblo libio para decidir su propio destino. En el mismo sentido se expresaron la UE, la OTAN y hasta Ban-ki Moon. Ni siquiera el Vaticano conden la ejecucin. Gadafi, que cometi muchos crmenes, tambin cometi este inmenso error: el de poner su destino hace diez aos en manos de otros monstruos, ms fuertes que l, que no podan perdonarle la vida.

Podemos citar a Walter Benjamin para justificar la violencia constituyente o recordar otros umbrales igualmente atroces, pero se me hace personalmente muy difcil aceptar la idea de que el acto fundacional de un Estado de Derecho sea una violacin contra el Derecho. No pierdo la esperanza de que el impulso popular que se puso en marcha en febrero cristalice a partir de ahora en la lucha por en un gobierno ms justo, democrtico y soberano en Libia, pero entre tanto el alivio de la liberacin queda empaado por esta imagen de Gadafi cayendo en su propio cuerpo y convertido, a causa de su cada, en la criatura ms indefensa, ms agraviada y hasta ms tierna del mundo.

http://www.atlanticaxxii.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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