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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2011

Despotismos democrticos

Antoni Jess Aguil
Rebelin


Cuando uso una palabra, insisti Humpty Dumpty con un tono de voz ms bien desdeoso, quiere decir lo que yo quiero que diga... ni ms ni menos.

La cuestin, insisti Alicia, es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

La cuestin, zanj Humpty Dumpty, es saber quin es el que manda..., eso es todo.

Lewis Carroll, Alicia a travs del espejo


Uno de los problemas ms graves de nuestras democracias es la combinacin de democracia poltica formal y despotismo social en un contexto de crisis global y, en consecuencia, marcado por la aceleracin de los procesos de exclusin econmica y social.

La democracia representativa liberal que conocemos, promovida alrededor del mundo por el neoliberalismo global dominante, es capaz de convivir cmodamente con una multiplicidad dispersa de fenmenos econmicos, sociales, institucionales, culturales y psicolgicos de naturaleza desptica que condicionan negativamente los procesos de democratizacin de la sociedad. Se trata de relaciones sociales que, aunque se desarrollan en marcos formalmente democrticos, estn reguladas por diferencias de poder tan extremas en las cuales la parte fuerte de la relacin tiene la capacidad de imponer a la parte dbil sus criterios, dictar sus propias normas y tomar decisiones de manera unilateral.

La palabra dspota proviene etimolgicamente del griego desptes, que significa dueo, seor de algo o alguien sobre el que se ejerce un dominio arbitrario y una autoridad absoluta. El dspota es una figura relevante de la sociedad y la poltica griegas. Es el dueo absoluto de sus bienes, de las personas que dependen de l para sobrevivir (esclavos, mujeres, hijos y familiares) y de los animales que utiliza para mantener sus propiedades. El principal rasgo del dspota es el de ser el autor nico y exclusivo de las reglas y normas que rigen la vida familiar, es decir, el espacio considerado privado. El poder desptico, dice Aristteles, es arbitrario, porque emana exclusivamente de la voluntad y las necesidades del dspota. Otro filsofo, John Locke, afirma que es un poder absoluto y arbitrario ejercido contra la persona o grupo que se desea dominar, hasta el punto de poder privar a los dominados del derecho a la vida. El poder desptico, aade Locke, equivale a la declaracin de un estado de guerra, que el filsofo describe como una situacin de enemistad, de odio y destruccin entre quien domina y quien es dominado. Por el contrario, la figura opuesta al dspota es la del esclavo (douls). Su etimologa procede del verbo griego doulein, que significa estar sometido al poder y servicio de otro, lo que pone de manifiesto la naturaleza sumisa y dependiente del esclavo, as como la relacin absolutamente jerrquica y vertical entre el dspota y el esclavo.

Nuestro sentido comn entiende democracia y despotismo como si fuesen dos trminos contrapuestos, cuando en realidad estos conceptos no son incompatibles ni mutuamente excluyentes, sino que pueden convivir y de hecho conviven juntos tranquilamente. Esto es lo que pasa en el marco de las sociedades consideradas democrticas, donde la democracia formal sirve para camuflar nuevos despotismos y servilismos sociales que crean nuevas y recrean viejas formas de desigualdad social, exclusin y discriminacin. Veamos algunos ejemplos:

1. La usurpacin de competencias legislativas estatales por parte de poderes privados (agencias de calificacin, bancos, empresas transnacionales) que tienen la capacidad de imponer a pases y gobiernos sus criterios y decidir aspectos fundamentales que afectan a la vida de la gente.

2. La ausencia de mecanismos democrticos de control y regulacin de los mercados financieros especulativos, lo que propicia la permisividad con los parasos fiscales, el blanqueo de capitales, la evasin fiscal, la fuga de capitales y la opacidad de las grandes operaciones financieras.

3. La corrupcin poltica, la opacidad en la toma de decisiones y el escaso control ciudadano de las polticas pblicas. En uno de sus libros, el profesor Juan Ramn Capella explica de manera brillante qu significa ser lo que llama un ciudadano siervo, una situacin en la que los ciudadanos son sujetos de derechos pero sin poder efectivo para hacerlos cumplir: Los ciudadanos no deciden ya las polticas que presiden su vida. El valor o prdida de valor de sus ahorros, las condiciones en que sern tratados como ancianos o las que reunir su lecho de muerte, sus ingresos, el alcance de sus pensiones de jubilacin, la viabilidad de las empresas en las que trabajan, la calidad de los servicios de la ciudad que habitan, el funcionamiento del correo, las comunicaciones y los transportes estatales, los impuestos que soportan y su destino. Todo ello es producto de decisiones en las que no cuentan, sobre las que no pesan, adoptadas por poderes inasequibles y a menudo inubicables. Que golpean con la inevitabilidad de una fuerza de la naturaleza.

4. Los montones de millones de dinero pblico destinados al rescate de los bancos, hecho que contrasta de manera vergonzosa con los recortes de los derechos sociales, justificados bajo una retrica anticrisis. Se habla, as, de medidas dolorosas pero necesarias, de reformas ineludibles y de sacrificios colectivos, eufemismos que pueden conllevar y en determinados casos ya han conllevado la reduccin de los servicios prestados por los centros de salud, el despido de trabajadores, la congelacin de las pensiones, la reduccin de frecuencias horarias en los transportes pblicos o la degradacin de servicios pblicos esenciales como la sanidad o las escuelas, etc.

5. La agudizacin de las desigualdades sociales y territoriales derivadas de las transformaciones econmicas y sociales generadas por la globalizacin neoliberal, que han abierto una brecha cada vez mayor entre los pases del Norte y los del Sur. Un dato: slo siete pases del Primer Mundo, con el 21% de la poblacin mundial, consumen ms del 50% de los recursos naturales y energticos de nuestro planeta.

6. Las metamorfosis en el mundo del trabajo (deslocalizaciones productivas, zonas francas para atraer capitales, mano de obra barata sin apenas derechos laborales, etc.) han empujado a miles de personas a trabajar en autnticos infiernos laborales, como es el caso de las maquilas centroamericanas: sometidas, entre otras circunstancias, a interminables jornadas laborales con salarios nfimos y condiciones de trabajo deplorables. Sobre todo en un entorno de crisis econmica como el actual, el trabajo, lejos de ser un factor de inclusin social y generacin de ciudadana, pasa a ser un bien escaso, lo que obliga al trabajador a aceptar cualquier empleo y bajo cualquier condicin.

Fenmenos como estos evidencian la debilidad democrtica de nuestras democracias procedimentales y representativas. No en vano, analistas sociales contemporneos hablan del predominio de los procesos de desdemocratizacin, de la emergencia de un fascismo social o de la presencia de diferentes enclaves autoritarios.

Hoy nos enfrentamos a un dspota de carcter global pero que tambin acta a escala local: el neoliberalismo incrustado en las principales instituciones econmicas, polticas y financieras mundiales, ya sean pblicas o privadas. Con la creencia de que la libertad de mercado y sus leyes traern el mejor resultado para el bienestar humano, el despotismo neoliberal impone condiciones polticas, sociales y econmicas que van en la lnea de abolir libertades, destruir derechos sociales y econmicos, desmantelar el sector pblico, deteriorar el medio ambiente y desmovilizar a la gente. Y todo ello utilizando la democracia electoral formal, desprovista aqu de cualquier dimensin tica y social y orientada por la lgica de la desregulacin, la privatizacin y la mercantilizacin.

Democracia y despotismo no pueden ser dos procesos convergentes, sino radicalmente antitticos. Mientras la democracia se limite nicamente a las instituciones y mecanismos liberal-representativos, seguiremos viviendo en democracias frgiles e incompletas sin poder real para mejorar la vida de la gente.

Tenemos que apostar firmemente por una democracia contrahegemnica (participativa, redistributiva, intercultural y paritaria) que sea capaz, entre otras cosas, de combatir los poderes y las relaciones despticas que nos rodean. Matener el actual estado de cosas supone una perversin del significado original de la palabra democracia. No podemos permitir que en el campo de los conceptos polticos, ni en cualquier otro, se imponga, sin ms, la postura desptica que representa Humpty Dumpty.


Artculo original del 4 de noviembre de 2011.

Fuente: http://www.gadeso.org/sesiones/gadeso/web/opinion/93_ca.pdf

Antoni Jess Aguil es miembro del grupo de investigacin Poltica, Trabajo y Sostenibilidad de la Universidad de las Islas Baleares.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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