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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2011

Sobre algunas crticas incorrectas a la idea del decrecimiento

Too Hernndez
Rebelin


En un reciente artculo de Rebelin, Juan Torres seala algunas inconsistencias del concepto del decrecimiento, que ampliar en un futuro libro. Aunque hace referencia y guios a Naredo, ambos autores esbozan sus crticas desde visiones econmicas bastante diferentes y con escasa coincidencia, cuando no antagonismo total, en el asunto que nos parece central. Partiendo del enorme inters que tiene debatir sobre decrecimiento entre personas y colectivos tan cercanos en muchas cosas, vamos a sealar lo que consideramos inconsistencias o incorrecciones de estas crticas.

Primero conviene aclarar que no parece que exista un corpus nico ni cerrado del decrecimiento, por lo que las opiniones aqu vertidas pueden coincidir o no con las de otras personas que defiendan el decrecimiento. Esto no debe significar un problema ya que el decrecimiento es una idea en construccin, y por otra parte tambin existen diferentes enfoques sobre el socialismo, comunismo, economa ecolgica o keynesianismo, por poner algunos ejemplos.

La crtica ms seria que se hace al decrecimiento es la de que, usando ese trmino, necesariamente se sita en el mismo marco conceptual que dice criticar, es decir el del crecimiento (Naredo y Juan Torres). Dice Juan Torres: es innegable que cuando utilizan ese trmino estn hablando de disminuir los indicadores que miden la dimensin cuantitativa y monetaria de la actividad econmica y ms concretamente el PIB. Estaafirmacinno es cierta. El decrecimiento se distingue por apostar claramente por la reduccin del consumo de materia y energa y no plantea como objetivo la reduccin del PIB para alcanzar ese objetivo.

Desde el decrecimiento se habla de superar el PIB como indicador de prosperidad y adoptar otros indicadores biofsicos y sociales que integren tanto la perspectiva ecolgica como los llamados bienes relacionales, dentro de los cuales los trabajos de cuidados realizados mayoritariamente por las mujeres tendran que tener su relevancia.

Por tanto no se trata disponer de un indicador que proporcione ese 'cmputo final' que nos indique lo que ocurre con 'la economa en conjunto' como insina Juan Torres, sino de disponer de varios indicadores, lo que desde la economa ecolgica se denomina valoracin multicriterio (Joan Martnez Alier). Una de las grandes crticas que hacemos a la economa convencional es precisamente esa obsesin por valorar con un nico indicador -el dinero-, la complejidad de las actividades econmicas y sus interrelaciones.

Ahora bien, si en el marco econmico actual, la reduccin del consumo de energa y materiales implica que disminuya el PIB, eso es algo externo a la propuesta y aspiraciones decrecentistas. Economistas ecolgicos (especialmente scar Carpintero en Espaa) y tambin la Agencia Internacional de la Energa, han sealado que existe una clara correlacin entre el consumo de energa y materiales y el crecimiento del PIB en el capitalismo actual. Y que a pesar de la llamada desmaterializacin, sta es un mito que no ha llegado a producirse en las economas avanzadas. Esto tiene que ver con que en una economa globalizada, las externalidades de la economa se exportan mediante la deslocalizacin, y por lo tanto no se puede analizar por separado los impactos de la produccin en una regin.

Si se comparte que es imprescindible reducir el consumo de recursos, ya que hemos superado la capacidad de carga y de regeneracin del planeta, parece inevitable (y necesario) que en los pases y sectores ms derrochadores disminuya el PIB a menos que se cambie de marco conceptual, que es lo que nos gustara y por lo que apostamos los defensores del decrecimiento.

Por tanto la inconsistencia no se presenta desde el decrecimiento sino desde sus crticos. En este punto creo que la discrepancia con Juan Torres es ms seria: lo que necesita la inmensa mayora de la sociedad que hoy da est insatisfecha... es que crezca la produccin de bienes y servicios a su disposicin, y no al contrario. Aunque eso haya que hacerlo, eso s, con otro modo de producir, de consumir y de pensar, ya que la constatacin de las enormes desigualdades provocadas por el capitalismo neoliberal le lleva a reivindicar el crecimiento como nica manera operativa de resolverlas. sta, seguramente sea la principal diferencia con algunos economistas progresistas: la de que el problema slo es de distribucin y del modo de produccin capitalista.

El reto lo tienen los economistas que defienden esta postura es posible que crezca la produccin de bienes y servicios con un decrecimiento del consumo de energa y materiales? Si es as, ese modo de producir, de consumir y de pensar, es totalmente sinrgico con las propuestas del decrecimiento. Y si no es posible, se puede seguir defendiendo el aumento del consumo de forma global dada la dimensin de la crisis ecolgica?.

Lo que no se puede obviar es que, incluso con las enormes desigualdades existentes, la mayora de la poblacin de los pases ricos tenemos una huella ecolgica que excede con mucho la que corresponde a cada habitante del planeta. No podemos estar hablando de justicia, de igualdad y de solidaridad, sin reconocer que la consecucin efectiva de esos ideales pasa por una disminucin drstica de nuestro consumo de recursos materiales. Lo contrario es una quimera que no se puede sostener sobre ninguna base material ni productiva; simplemente porque el planeta no tiene recursos suficientes ni puede tolerar ms contaminacin sin consecuencias desastrosas especialmente para esas mayoras desheredadas. Lo que no significa que las reducciones tengan que ser iguales ni para todas las personas ni para todos los tipos de consumo.

Es sorprendente escuchar anlisis econmicos, marxistas o no, que ignoran las posibilidades y limitaciones de la base fsica material para hacer sus propuestas; ms nos valdra ir pensando estrategias de lucha econmica, sindical y laboral que incorporen esta realidad material acerca del estado del planeta y de sus lmites y no estar prometiendo parasos imposibles.

Aunque haya defensores del decrecimiento que no hablen de lucha de clases, otros si lo hacemos, y casi todos abogamos por una sociedad sin desigualdades, poniendo mucho nfasis en la redistribucin de los bienes y servicios. Algunos defendemos que eso se puede hacer en el marco del socialismo, del comunismo o del anarquismo y otros no se pronuncian sobre el particular. Y en todo caso somos de la opinin de que defender el decrecimiento es total y absolutamente anticapitalista, ya que ste es un modelo econmico y social que necesita del crecimiento continuo para poder realizar el proceso de acumulacin del capital. Sin crecimiento, no hay capitalismo.

Otra serie de crticas sealan el poco rigor conceptual del decrecimiento ya sea porque ste no puede durar eternamente ni ser un objetivo generalizado y entonces lo que hay que hacer es una reconversin del proceso econmico (Naredo); ya sea porque hay que hacerlo operativo. Si se le dice a la sociedad que la solucin a sus problemas es que decrezcan la produccin y el consumo debe decrsele en qu cuanta concreta deben bajar porque, lgicamente, no puede dar igual que baje un 5 que un 50 o un 500%(Juan Torres).

Tenemos que decir que no entendemos muy bien lo del rigor en una disciplina acadmica que se distingue por tener en su interior una cierta variedad de paradigmas, teoras y propuestas tremendamente contradictorias entre s, que no suele ser muy fina a la hora de acertar en sus predicciones, y que provoca, en el caso del decrecimiento, que sea apoyado y rechazado a la vez por economistas de distintas escuelas e incluso de la misma escuela.

Un primer error de estas crticas deriva, en nuestra opinin, de considerar el decrecimiento como una propuesta o teora esencialmente econmica, que aspirara a competir con otras propuestas alternativas (econmicas o sociales). A da de hoy resulta difcil catalogarle: propuesta, proyecto, idea, palabra-bomba, eslogan, modelo de sociedad, provocacin intelectual... Quiz no seamos capaces de definirle exactamente pero si podemos decir lo que no es. No es una teora econmica y no es un objetivo generalizado. Por qu?

En primer lugar porque el decrecimiento ha inventado muy pocas cosas: simplemente bebe de un montn de ideas y teoras previas, especialmente del mbito de la economa ecolgica, de la ecologa social y poltica y de las prcticas de muchos movimientos sociales diversos. Y creemos que su gran acierto ha sido precisamente ser capaz de aglutinar con un lenguaje comn, adems de poner en dilogo, a propuestas y prcticas que iban cada una por su lado sin buscar las sinergias. Desde esta ptica una definicin o metfora relevante para calificar al decrecimiento sera la de paraguas bajo el que conviven diferentes ideologas y perspectivas transformadoras. Algo similar a lo que est ocurriendo con el movimiento 15-M.

En segundo lugar, no puede ser un objetivo permanente porque eso es tan absurdo (hay un lmite inferior para garantizar la vida) que ni habra que insinuarlo; el decrecimiento propone una reconversin del proceso econmico y del modelo productivo que implique una disminucin de la presin sobre la naturaleza hasta lmites razonables.

Desde esta perspectiva el decrecimiento podra catalogarse como una herramienta temporal para ajustar la economa a los lmites planetarios.Hasta dnde? Incluso en esto la respuesta del decrecimiento puede ser ms precisa que la que suele demostrar la economa convencional: hasta ajustarnos a la capacidad del medio natural, sabiendo que habr que alcanzar un equilibrio dinmico y variable en funcin de la evolucin de las sociedades y la naturaleza.

Y si hay que poner nmeros, podemos adelantar algn dato, dentro de la imprecisin de los conocimientos cientficos y de los datos estadsticos econmicos. Por los estudios de Huella ecolgica (y la Evalucin de los Ecosistemas del Milenio), sabemos que actualmente superamos en un 30% la capacidad del planeta. Este es un primer objetivo de reduccin global. Pero tambin sabemos que nuestro Estado supera en bastante ms (haran falta entre 2,5 y 3 planetas para que todo el mundo viviera como la media espaola) lo que nos correspondera si queremos garantizar a todos los habitantes del planeta lo mismo que para nosotros. Por contra, hay estudios (Rosa Lago e Iaki Brcena) que demuestran que se puede alcanzar un bienestar similar al espaol en los indicadores sociales bsicos, consumiendo la cuarta parte de energa.

Los economistas progresistas deberan estar dedicando ms atencin a cmo hacer la reconversin para ajustarse a esos inequvocos datos fsicos, en vez de seguir proponiendo soluciones que no abordan ese problema de fondo. Y deben hacerlo teniendo en cuenta el otro problema de fondo, la justicia y equidad para todas y todos, porque es posible armonizar los dos asuntos. Es ms, creemos que no se podr solucionar uno sin el otro.

E igualmente, si es muy difcil, por no decir imposible, separar la produccin y el consumo de 'ricos y pobres' (aunque la verdad no entendemos esta dificultad cuando l mismo hace propuestas para gravar en mayor cuanta a las rentas ms altas, o cuando las estadsticas comerciales mundiales son lo suficientemente evidentes), lo razonable sera que los economistas se dediquen a elaborar o perfeccionar instrumentos analticos para ajustar la economa a los recursos y no los recursos a los instrumentos analticos que tenga la economa. Tampoco hay que empezar desde cero porque nos consta que en la economa ecolgica, la economa ambiental o la ecologa industrial, entre otros, hay ya suficientes instrumentos para caminar en ese sentido.

Dice Juan Torres: El error que yo encuentro en el discurso de los partidarios del decrecimiento es que confunden la insostenibilidad que produce un mal modo de producir y una lgica desigual de reparto con un problema de cantidad. Se falla al caracterizar la realidad y entonces se aplica la terapia inadecuada. Desgraciadamente, tambin hay un problema de cantidad absoluta , no slo mala manera de producir o de repartir: el bloqueo de los ecosistemas, el agotamiento de recursos y la superacin de los lmites se produce al alcanzar unas cantidades determinadas y no por la forma en que se hayan alcanzado: los cientficos del cambio climtico advierten de que no conviene alcanzar una cantidad concreta de emisiones de gases de efecto invernadero; sabemos que hay cantidad ms o menos definidas de recursos materiales accesibles; conocemos la cantidad aproximada de biomasa que es capaz de producir la biosfera a travs de la fotosntesis, etc.

El error de Juan Torres es confundir deseos con realidades y endosar al decrecimiento sus propias contradicciones. Porque desgraciadamente ha habido, hay y puede haber modelos con lgicas de distribucin ms igualitarias que tambin provocan insostenibilidad en su modelo de produccin y consumo. No creemos que haga falta dar ejemplos pero podemos mirar en el Informe Planeta Vivo qu pases tienen una huella por encima de las posibilidades de sus territorios para comprender que el problema es ms serio que hablar slo de distribucin equitativa y justa. En cualquier caso, volvemos a sealar que el decrecimiento seala el asunto de la distribucin como una condicin esencial para un modelo de sociedad que tenga alguna posibilidad real de ser sostenible.

Tambin se acusa al decrecimiento de ser un trmino que no convoca y que no puede conseguir adhesiones de mayoras para caminar hacia otro modelo de sociedad. Juan Torres argumenta todas esas crticas de esta manera: Una propuesta desmovilizadora y polticamente inocua, aunque est llena de buenas intenciones. El problema de confundir la naturaleza del capitalismo de nuestros das no solo lleva a proponer una estrategia inadecuada para resolver el problema objetivo de la destruccin ambiental y del mal uso de los recursos. Adems, comporta un discurso que confunde a la poblacin, que le impide entender la naturaleza del mundo en que vive y que, al proponerle medidas que nunca pueden resultar atractivas cuando a la mayora de ella tiene insatisfechas la mayor parte de sus necesidades, no permite concitar apoyo ni generar movilizacin poltica suficientes para cambiar el estado de cosas actual.

Vayamos por partes. Quienes llevamos aos defendiendo el ecologismo social, la necesidad de un cambio de paradigma econmico, la necesidad de cambiar los modos de produccin y consumo, divulgando la economa ecolgica, apostando por la justicia social a travs de una redistribucin de los recursos, promoviendo resistencias y luchas contra este modelo despilfarrador y desigual, hemos podido comprobar que, desde la irrupcin del trmino decrecimiento, el inters por nuestras propuestas ha crecido de manera muy significativa; vemos que gracias a esta idea colectivos alejados de esas preocupaciones han empezado a planterselas y a interaccionar con nosotros; que muchos jvenes que no ven futuro en este modelo de crecimiento se organizan y movilizan por otros valores y con otras perspectivas que si les ofrece salidas tanto personales como colectivas. Son paradigmticos los aforos llenos o los colectivos que han surgido alrededor del trmino en diferentes ciudades del Estado.

Resulta triste que se acuse al decrecimiento de desmovilizador desde unas medidas y prcticas que en los ltimos decenios no han sido capaces de movilizar casi nada contestatario, que apenas tienen capacidad de hacer propuestas alentadoras que -ellas s-, se han mostrado inocuas y sin capacidad de salirse del marco econmico institucional. Y decimos esto, compartiendo muchas de las propuestas que se hacen, y habiendo estado y estando intentando movilizar tambin desde esos espacios.

Cuando lleg el decrecimiento a nuestro pas, las cotas de desmovilizacin y resignacin eran inmensas, por lo que acusarle de desmovilizador es cuando menos temerario aparte de querer endosarle de nuevo las incapacidades de otros. No vamos a decir que el decrecimiento lleve en su seno una gran capacidad de movilizacin porque eso sera muy pretencioso y habr que verlo, pero s podemos afirmar que una parte importante de los jvenes que participan en el 15-M y en otros movimientos sociales ven con mucha simpata este tipo de propuestas; no hay ms que ver la cantidad de asambleas que estn montando charlas sobre el tema.

Si el asunto se reduce a hacer propuestas atractivas a la mayora, la cosa evidentemente se complica. Es muy fcil prometer el oro y el moro y luego incumplirlo. Eso es lo que hacen el PP, el PSOE y dems partidos del sistema en cada campaa electoral. Tampoco parece que las propuestas de la izquierda transformadora resulten lo suficientemente atractivas para la poblacin.

Si se parte de la idea de que la gente tiene muchas necesidades insatisfechas entramos en un terreno -las necesidades-, que la propia economa ha desterrado de su discusin, ya que uno de los grandes logros del capitalismo ha sido hacerlas infinitas, insaciables e incuestionables: la economa ha situado su objetivo en satisfacerlas sean cuales sean; desde el decrecimiento se considera imprescindible abrir ese debate y situarlo en el centro y origen de la discusin econmica. Si desligamos las necesidades de las posibilidades materiales reales de satisfacerlas, estamos desviando el problema y engaando y confundiendo al auditorio.

Un gran revolucionario del siglo pasado deca la verdad siempre es revolucionaria. Porque suponemos que la gente ser incapaz de entender que si los recursos son escasos, habremos de adaptarnos a esa escasez? Cuando las cosas se explican bien, la gente lo entiende y adems, en nuestra experiencia, nos parece que justamente hablar de los lmites y la imposibilidad de un modelo de crecimiento continuo, demuestra de manera mucho ms clara y evidente la inviabilidad del capitalismo y la necesidad de luchar por un reparto ms justo y equitativo si no queremos matarnos unos a otros.

Si la economa se define como gestionar los recursos de la casa segn los griegos, o como gestionar de manera ptima los recursos escasos segn la economa actual, cmo es posible que los economistas ignoren la finitud y escasez de los recursos fsicos para hacer proyecciones de produccin y distribucin disparatadas? Esas s son estrategias inadecuadas y confundir la realidad del planeta (la casa) en que vivimos y la que se nos viene encima.

A fin de cuentas, lo que Juan Torres propone es la necesidad de seguir creciendo, ms o menos con los mismos fundamentos que posibilitaron el Estado de bienestar en un nmero reducido de pases pases. Se trata del viejo mito de hacer crecer la tarta para que haya ms que repartir. Sin entrar a valorar cmo fue posible que unos pocos pases adquirieran tales cotas diferenciales de desarrollo, lo que parece fuera de duda es que ha sido ese modelo el que ha adormecido, domesticado y desmovilizado a la mayor parte de la clase trabajadora a cambio de participar del festn consumista y despilfarrador. Ese modelo no puede ser una opcin transformadora, al margen de que sea necesario y posible mantener y defender algunos aspectos del mismo (educacin, sanidad, jubilacin...)

Resumiendo, nos parece que el verdadero asunto no es que el decrecimiento no tenga en cuenta la variable social y poltica del sistema econmico capitalista, sino que algunos economistas progresistas se niegan a introducir la base fsica material en sus ecuaciones y propuestas econmicas. Y eso es algo suicida con el estado actual del planeta.

Too Hernndez pertenece a Ecologistas en Accin

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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