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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2011

Dnde est la izquierda en esta tormenta econmica?

Serge Halimi
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


Mientras el capitalismo vive su crisis ms grave desde los aos 30, los principales partidos de izquierda parecen mudos y confusos. Como mucho prometen remendar el sistema. Ms a menudo intentan demostrar su sentido de la responsabilidad y recomiendan, ellos tambin, una purga liberal. Cunto tiempo puede durar este juego poltico cerrado mientras se inflama la clera social?

Los estadounidenses que se manifiestan contra Wall Steet tambin protestan contra sus representantes del Partido Demcrata y de la Casa Blanca. Sin duda ignoran que los socialistas franceses siguen invocando el ejemplo de Barack Obama. Al contrario que Nicols Sarkozy, el presidente de Estados Unidos ha sabido, segn ellos, actuar contra los bancos. Quien no quiere (o no puede) atacar a los pilares del orden liberal (financiarizacin, globalizacin de los flujos de capitales y mercados) intenta personalizar la catstrofe, imputar la crisis del capitalismo a los errores de concepcin o gestin de su adversario interior. As, en Francia echarn la culpa a Sarkozy, en Italia a Berlusconi y en Alemania a Merkel. Muy bien, y en otros sitios?

En otros sitios, y no solo en Estados Unidos, los dirigentes polticos presentes durante mucho tiempo como referencias de la izquierda moderada tambin se enfrentan a las manifestaciones de indignados. En Grecia Georges Papandreu, presidente de la Internacional Socialista, lleva a cabo una poltica de austeridad draconiana que combina privatizaciones masivas, supresin de empleos en la funcin pblica y entrega de la soberana de su pas en materia econmica y social a una troika ultraliberal (1). De la misma forma los gobiernos de Espaa, Portugal o Eslovenia tambin nos recuerdan que el trmino izquierda se ha depreciado hasta el punto de que no se asocia a un contenido poltico en particular.

Uno de los grandes fiscales del atolladero de la socialdemocracia europea es el portavoz del Partido Socialista (PS) francs. Dentro de la Unin europea, revela Benit Hamon en su ltimo libro, el Partido Socialista Europeo (PSE) est asociado histricamente al compromiso que le une a la Democracia Cristiana en la estrategia de la liberalizacin del mercado interior y sus consecuencias sobre los derechos sociales y los servicios pblicos. Son los gobiernos socialistas los que han negociado los planes de austeridad que gustan a la Unin Europea y al Fondo Monetario Internacional (FMI). En Espaa, Portugal y Grecia, por supuesto, la protesta contra los planes de austeridad se dirige contra el FMI y la Comisin Europea, pero tambin contra los gobiernos socialistas nacionales (). Una parte de la izquierda europea solo critica los fallos, igual que la derecha europea, sacrificar el Estado del bienestar para restablecer el equilibrio presupuestario y halagar a los mercados (). En algunos lugares del mundo fuimos un obstculo para el avance del progreso. Yo no me resigno (2).

En cambio otros consideran que esa transformacin es irreversible porque tendra su origen en el aburguesamiento de los socialistas europeos y su alejamiento del mundo de los trabajadores.

Aunque tambin bastante moderado, el Partido de los Trabajadores (PT) brasileo considera que la izquierda latinoamericana debe tomar el relevo de la izquierda del Viejo Continente, demasiado capitalista, demasiado atlantista y cada vez menos legtima cuando pretende defender los intereses populares: En la actualidad existe un desplazamiento geogrfico de la direccin ideolgica de la izquierda en el mundo, sealaba el pasado mes de septiembre un documento preparatorio del congreso del PT. En este contexto, Sudamrica se diferencia (). La izquierda de los pases europeos, que tanto ha influenciado a la izquierda de todo el mundo desde el siglo XIX, no ha logrado aportar las respuestas adecuadas a la crisis y parece capitular frente a la dominacin del neoliberalismo (3). El declive de Europa probablemente es tambin el declive de la influencia ideolgica del continente que vio nacer el sindicalismo, el socialismo y el comunismo y que parece resignarse ms voluntariamente que otros a su desaparicin-.

Entonces, hemos perdido la partida? Los electores y militantes de izquierda que se aferran a los contenidos ms que a las falsas etiquetas, pueden esperar, incluso en los pases occidentales, combatir a la derecha con los compaeros conquistados por el liberalismo aunque sigan disfrutando de una hegemona electoral? El baile, en efecto, se ha convertido en un ritual: la izquierda reformista se diferencia de los conservadores durante la campaa por un efecto ptico. Despus, cuando llega el momento, dicha izquierda se dedica a gobernar igual que sus adversarios, sin alterar el orden econmico y protegiendo el dinero de las personas del entorno del poder.

La necesidad, e incluso la urgencia de transformacin social que proclaman la mayora de los candidatos de izquierda en el ejercicio de las responsabilidades gubernamentales exigen, obviamente, que vayan ms all de una retrica electoral. Pero tambin que accedan al poder. Y es en ese punto concreto donde la izquierda moderada imparte la leccin a los radicales y a los dems indignados. La izquierda moderada no espera la grand soir [ruptura revolucionaria donde todo es posible, n. de t.] ( Il y a un sicle aux Etats-Unis, un dbat fondateur ); no suea con acurrucarse en una contra-sociedad aislada de las impurezas del mundo y poblada de seres excepcionales ( Des gens formidables ). Para retomar los trminos empleados hace cinco aos por Franoise Hollande, no quiere obstaculizar en vez de hacer. Frenar en vez de avanzar. Resistir en vez de conquistar. Y considera que no combatir a la derecha es protegerla, y por lo tanto elegirla (4). En cambio la izquierda radical, segn l, prefiere montar en clera por todo en vez de optar por el realismo (5).

La izquierda que gobierna, esa es su jugada maestra, dispone aqu y ahora de tropas electorales y ejecutivos impacientes que le permiten asegurar el relevo. Vencer a la derecha, sin embargo, no es un programa o una perspectiva. Una vez celebradas las elecciones, las estructuras establecidas nacionales, europeas o internacionales- amenazan con impedir la voluntad de cambio expresada en la campaa. As, en Estados unidos, Obama puede pretender que los lobbies industriales y la obstruccin parlamentaria de los republicanos han socavado su voluntad y su optimismo (Yes, we can) aunque estaba respaldado por una amplia mayora popular.

Por otra parte, los gobernantes de izquierda se excusan por su prudencia o su cobarda invocando las obligaciones, una herencia (falta de competitividad internacional del sector productivo, los niveles de la deuda, etc.) que seran obstculos para su margen de maniobra. Nuestra vida pblica est dominada por una extraa dicotoma, analizaba Lionel Jospin ya en 1992. Por un lado, se reprocha al poder (socialista) el desempleo, los problemas de los suburbios, las frustraciones sociales, el extremismo de la derecha y la desesperanza de la izquierda. Por otra parte se aade el hecho de no disponer de una poltica econmica y financiera, lo que vuelve ms difcil el tratamiento de lo que se denuncia (6). Veinte aos despus, la formulacin de esta contradiccin no ha envejecido nada.

Los socialistas sealan que la derrota electoral de la izquierda generalmente desencadena la puesta en marcha por parte de la derecha de un arsenal de reformas liberales privatizaciones, reduccin de los derechos sindicales, recorte de los gastos pblicos- que destruiran las herramientas potenciales para hacer otra poltica. De ah el voto til en su beneficio. Pero su derrota tambin puede conllevar virtudes pedaggicas. Por ejemplo Hamon concede que en Alemania las elecciones legislativas (de septiembre de 2009) que dieron al SPD su peor resultado (23% de los votos) desde haca un siglo, convenci a los dirigentes del partido de la necesidad de un cambio de orientacin (7).


Los socialistas griegos se vanaglorian de actuar ms rpido que Margaret Thatcher

Un restablecimiento doctrinal , aunque de una amplitud modesta, se dio en Francia tras la derrota legislativa de los socialistas en 1993 y en el Reino Unido tras la victoria del partido conservador en 2010. Y sin duda bien pronto aparecern escenarios similares en Espaa y Grecia, ya que no parece probable que los gobernantes socialistas de esos pases puedan imputar sus prximas derrotas a una poltica excesivamente revolucionaria Para defender la causa de Papandreu, la diputada socialista griega Elena Panaritis se ha atrevido incluso a recurrir a una referencia asombrosa: Margaret Thatcher necesit once aos para llevar a cabo sus reformas en un pas que tena problemas estructurales menos importantes. Nuestro programa slo lleva en marcha catorce meses! (8). En resumen, Papandreu mejor que Thatcher!.

Para salir de esta trampa es necesario establecer la lista de las condiciones previas para meter en vereda la globalizacin financiera. Sin embargo inmediatamente surge un problema: teniendo en cuenta la abundancia y sofisticacin de los dispositivos que se han incrustado desde hace treinta aos en el desarrollo econmico de los Estados y la especulacin capitalista, incluso un programa de reformas relativamente fcil (menos desigualdad fiscal, progresin moderada del poder adquisitivo de los salarios, mantenimiento de los gastos de educacin, etc.) ahora implica un nmero significativo de rupturas. Rupturas con el actual orden europeo y tambin con las polticas a las que los socialistas estn alineados (9).

Son necesarios, por ejemplo, un cuestionamiento de la independencia del BCE (los tratados europeos garantizan que su poltica monetarista escape de cualquier control democrtico), una flexibilizacin del pacto de estabilidad y crecimiento (que en perodos de crisis asfixia la estrategia voluntarista de lucha contra el desempleo), denuncia de la alianza entre liberales y socialdemcratas en el Parlamento Europeo (que ha llevado a estos ltimos a apoyar la candidatura de Mario Draghi, exbanquero de Goldman Sachs, como director del Banco Central Europeo), sin hablar del libre comercio (la doctrina de la Comisin Europea), de una auditora de la deuda pblica (con el fin de no reembolsar a los especuladores que han apostado contra los pases ms dbiles de la Eurozona); sin todo eso, la partida empezar mal de entrada.

E incluso estar perdida de antemano. En efecto, nada permite creer que Hollande en Francia, Sigmar Gabriel en Alemania o Edward Miliband en el Reino Unido triunfarn donde Obama, Zapatero y Papandreu ya han fracasado. Imaginar que una alianza que hace de la unin poltica de Europa el centro de su proyecto garantiza, como espera Massimo DAlema en Italia, el renacimiento del progresismo (10) se parece (en el mejor de los casos) a soar despierto. En el actual estado de las fuerzas polticas y sociales, una Europa federal solo puede cerrar ms los mecanismos liberales ya asfixiantes y despojar un poco ms a los pueblos de su soberana al confiar el poder a oscuras instancias tecncratas. Por otra parte, la moneda y comercio no son mbitos ya federalizados?

Sin embargo, en tanto que los partidos de izquierda moderados continen representando a la mayora del electorado progresista sea por adhesin a su proyecto o por el sentimiento de que esa constituye la nica perspectiva de una alternancia aproximada- las formaciones polticas ms radicales (o los ecologistas) se encontrarn condenados al papel de figurantes, de fuerzas de apoyo o para hacer ruido. Incluso con el 15% de los sufragios, cuarenta y cuatro diputados, cuatro ministros y una organizacin que agrupa a cientos de miles de adeptos, el Partido Comunista Francs (PCF), entre 1981 y 1984, nunca influy en la programacin de las polticas econmicas y financieras de Franois Mitterrand. El naufragio de Refundacin Comunista en Italia, presa de su alianza con los partidos de centro izquierda, no constituye un precedente ms emocionante. Entonces se trataba de recordar, prevenir a cualquier precio la vuelta al poder de Silvio Berlusconi. Lo cual pas de todas formas, pero despus.

El Frente de Izquierda francs (perteneciente al PCF) quiere contradecir esos augurios. Presionando al Partido Socialista espera que este se libere de sus atavismos. A priori la apuesta parece ilusoria, incluso desesperada. Sin embargo, si integra otros factores aparte de la relacin de fuerzas electorales y las obligaciones institucionales, puede prevalerse de precedentes histricos. As, ninguna de las grandes conquistas sociales del Front populaire (vacaciones pagadas, semana de 40 horas, etc.) estaba inscrita en el programa (muy moderado) de la coalicin victoriosa de abril-mayo de 1936; fue el movimiento de huelgas de junio el que se las impuso a la patronal francesa.

La historia de ese perodo no se resume sin embargo en la presin irresistible de un movimiento social sobre los partidos de izquierda tmidos o asustados. Fue la victoria del Front populaire la que liber un movimiento de revolucin social y dio a los trabajadores el sentimiento de que no se enfrentaran al muro de la represin policial y patronal. Envalentonados, tambin saban que los partidos a los que acababan de votar no les daran nada si no les retorcan la mano. De ah esa dialctica victoriosa pero tan rara- entre eleccin y movilizacin, urnas y fbricas. Un gobierno de izquierda que no afrontase una presin semejante se encerrara rpidamente en una cmara cerrada con una tecnocracia que desde hace mucho tiempo ha perdido la costumbre de hacer cualquier cosa que no sea liberalismo. Tendra como nica obsesin seducir a las agencias de calificacin, de las que nadie ignora que rebajan inmediatamente a cualquier pas que se compromete a una verdadera poltica de izquierda.


Como una estrella muerta, la Repblica Central lanza sus ltimos rayos

Entonces, audacia o estancamiento? Desde el amanecer hasta el crepsculo nos machacan con los riesgos de la audacia aislamiento, inflacin, degradacin-. S, pero y los riesgos del estancamiento? Al analizar la situacin de la Europa de los aos 30, el historiador Karl Polanyi recordaba que: el callejn en el que se ha metido el capitalismo liberal, en varios pases desemboc entonces en una reforma de la economa de mercado realizada al precio de la extirpacin de todas las instituciones democrticas (11). Pero de qu soberana popular pueden todava valerse las decisiones europeas tomadas a remolque de los mercados? Incluso un socialista tan moderado como Michel Rocard se alarma: todo nuevo endurecimiento de las condiciones impuestas a los griegos podra provocar la suspensin de la democracia en ese pas. Dada la situacin colrica en la que se va a encontrar ese pueblo, escriba el mes pasado, se puede dudar de que algn gobierno pueda mantenerse sin el apoyo del ejrcito. Esta lamentable reflexin sirve, por supuesto, para Portugal, Irlanda y otros ms grandes. Hasta dnde? (12).

A pesar de estar apuntalada por toda una quincallera institucional y meditica, la Repblica Central se tambalea. Se est poniendo en marcha una carrera de velocidad entre el endurecimiento del autoritarismo liberal y el desencadenamiento de una ruptura con el capitalismo. Todava parece lejana. Pero cuando los pueblos dejan de creer en un juego poltico mentiroso, cuando observan que se despoja a los gobiernos de su soberana, cuando se obstinan en reclamar que se meta en vereda a los bancos, cuando se movilizan sin saber adnde les conducir su ira, eso significa, a pesar de todo, que la izquierda todava sigue viva.

Notas:

(1) Compuesta por la Comisin Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

(2) Benot Hamon, Tourner la page. Reprenons la marche du progrs social, Flammarion, Paris, 2011, pginas 14-19.

(3) Agence France-Presse, 4 de septiembre de 2011.

(4) Franois Hollande, Devoirs de vrit, Stock, Pars, 2006, pginas, 91 y 206

(5) Ibid., pginas 51 y 43.

(6) Lionel Jospin, Reconstruire la gauche , Le Monde, 11de abril de1992.

(7) Benot Hamon, op. cit., pgina 180.

(8) Citado por Alain Salles, Lodysse de Papandrou , Le Monde, 16 de septiembre de 2011.

(9) Cuando la izquierda renuncia en nombre de Europa , Le Monde diplomatique, junio de 2005.

(10) Massimo DAlema, Le succs de la gauche au Danemark annonce un renouveau europen, Le Monde, 21de septiembre de 2011.

(11) Karl Polanyi, La Grande Transformation, Gallimard, Pars, 1983, p. 305.

(13) Michel Rocard, Un systme bancaire repenser, Le Monde, 4 de octubre de 2011.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2011/11/HALIMI/46895




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