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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2011

Sostener la mirada

Mikel Soto Editor
Gara


Este nuevo ciclo nos va a permitir entender, compartir y sanar muchos de estos dolores. Pero no sin que todos hagamos reconocimiento del dolor ajeno

He seguido con sumo inters el juicio por la muerte del concejal de UPN en Leitza Jos Javier Mgica Astibia. No en vano pas dos aos encarcelado acusado de haber sido uno de los autores de ese atentado. Aunque no me resisto a comentar la extraeza que me produce el que una histrinica maleducada como la jueza ngela Murillo siga teniendo uno de los cargos ms poderosos en Espaa, no ha sido su pantomima la que ms me ha conmovido. Personalmente, ms all del show meditico que inici dicha jueza, me han llamado la atencin y me han dolido otros aspectos del juicio. La peticin de agravante por odio poltico solicitada por los abogados de la familia, por ejemplo, me ha causado gran tristeza. Me ha parecido una vieja receta para una nueva poca. Pero, adems, el razonamiento de los abogados para argumentar dicha peticin ha sido particularmente doloroso. El nfasis puesto en que Juan Carlos Besance realiz su declaracin de forma voluntaria, la afirmacin de que el detenido recibi las preceptivas visitas del forense, la reivindicacin de la minuciosidad de su declaracin y, en definitiva, la radical negacin de la tortura, han sido sal para mis heridas. Tambin Ainara Gorostiaga, entre visitas mdicas y abogados de oficio, record, ayudada por los guardias civiles que la interrogaron, todos los detalles acerca de cmo Aurken Sola, Jorge Txokarro y yo mismo matamos al concejal, para alborozo de los medios y la prctica totalidad de fuerzas polticas. Y, sin embargo, dos aos despus, fuimos excarcelados y exculpados de dichos hechos. Gran parte de la sociedad se pregunt entonces qu nos haba llevado a autoinculparnos en un atentado que no habamos cometido. No hubo entonces ni hay ahora otra respuesta: la tortura. El palo de escoba deslizndose por las nalgas de Ainara, los testculos quemados por los electrodos de Jorge, los golpes en los pies de Aurken, mi cuerpo perdiendo el conocimiento por la asfixia y el resto de terrorficas prcticas que nos fueron realizadas en las cloacas del Estado son las dolorosas respuestas a esa pregunta.

Todos recibimos las preceptivas visitas del forense a las que alude el abogado de la familia Mgica-Astibia. Desgraciadamente, yo fui el nico que fue hospitalizado a consecuencia del derrame producido en un ojo, el labio partido, las heridas de abrasin en las piernas, los diversos moratones por todo mi cuerpo y el lamentable estado mental en el que me encontraba. Desgraciadamente tambin, mi denuncia es la nica que sigue en pie, despus de que el Tribunal Supremo la reabriera en 2006 y, aun as, nueve aos despus, no se ha realizado una sola prueba. Ni siquiera se han incorporado todos los partes mdicos que se me realizaron durante los nueve das que estuve incomunicado (nueve, el mximo legal permitido en Turqua). Y, para desgracia de desgracias, desde entonces no han cesado de archivarse por falta de pruebas las denuncias de tortura realizadas por centenares de detenidos, pese a la incesante denuncia por parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos de que la tortura persiste en Espaa.

No he odo una sola palabra al respecto. Ni a la clase poltica, ni a los medios, ni a la familia Mgica-Astibia. Entiendo -cmo no!- el dolor de la familia. De la misma manera que creo que es sincero el reconocimiento del mismo efectuado por Andoni Otegi durante el juicio. Creo que este nuevo ciclo que se abre ante nosotros nos va a permitir entender, compartir y sanar muchos de estos dolores. Pero no sin que todos hagamos reconocimiento del dolor ajeno. No sin que toda la sociedad, incluidas las familias de las vctimas de ETA, ETA p-m, CCAA o cualquier otra organizacin armada, reconozca el dolor causado en nombre de la democracia espaola y en el suyo propio. Es la nica manera de que todos nos miremos directamente a los ojos sin rencor, con valenta y con esperanza.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20111108/301967/es/Sostener-mirada



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