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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2011

De Dallas a lava, el espejismo energtico

Aitor Urresti


La mtica serie Dallas ya tiene secuela! El episodio piloto estrena nueva localizacin, lava, un nuevo oro negro, el gas natural, y un nuevo horizonte tecnolgico, la fracturacin hidrulica. Su presentacin realizada el 14 de octubre pasado por el nuevo productor, el Lehendakari Patxi Lpez, fue de lo ms adecuada: desde Dallas, en uno de los pozos que est explotando una de las compaas experta en la materia. Tampoco poda faltar un reclamo proftico para enganchar al pblico del siglo XXI asustado por los malos augurios ecolgicos: en el subsuelo de lava habra 184 mil millones de metros cbicos de gas, lo suficiente para abastecer Euskadi durante 60 aos. Adis escasez y dependencia energticas (al menos para nuestra generacin)!

Sin embargo, como en la serie original, la bsqueda de gas en suelo alavs no est exenta de graves conflictos, en este caso ambientales y de salud pblica, que el anuncio triunfalista en Texas no puede esconder. Veamos pues la letra pequea del guin, que busca en estos momentos tambin salida en Bizkaia, Cantabria, Burgos, La Rioja o Navarra.

Se quiere extraer gas no convencional (Shale gas, o gas de pizarra) que est atrapado en las pequeas fracturas y poros de las pizarras en el subsuelo, a gran profundidad. La baja porosidad de estas rocas unidas a la estrechez de las fisuras hace que el gas fluya a bajas velocidades durante su extraccin. Para mejorar la baja produccin que tienen estos pozos, se usan los mtodos de estimulacin, como la fracturacin hidrulica (o fracking). Se generan fracturas en la formacin que contiene el gas mediante la inyeccin de agua a alta presin, junto a una cierta cantidad de productos qumicos, muchos de ellos de gran toxicidad y cuya formulacin exacta es un secreto empresarial. Con este proceso se consigue generar grietas en la zona en la que est atrapado el gas y extraerlo.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que las pizarras son rocas de gran fragilidad y que no existe ninguna manera de controlar la extensin de las fracturas producidas por el fracking. tanto, inducir una facturacin masiva e incontrolada puede provocar una dispersin de los lquidos peligrosos empleados hacia otras formaciones, como por ejemplo a los acuferos subterrneos de Subijana o de la Grate. Supone un alto riesgo para los ecosistemas y para la salud humana, y una irresponsabilidad de cara al futuro cercano tratndose de acuferos estratgicos para paliar las sequas que se harn ms frecuentes con el cambio climtico. Por su lado, el Parlamento europeo critica los impactos graves de esta tecnologa como la salinizacin de aguas potables y las emisiones no deseadas de metano que refuerzan el efecto invernadero. Por ejemplo, segn un estudio de la Universidad de Cornwell de 2011, en un horizonte temporal de 20 aos, el impacto de las emisiones del gas de fraccionamiento desde que se extrae hasta que se quema es superior a las del fuel o el gas convencional, e incluso superior a las del carbn. Por estas razones, el sistema de fracturacin hidrulica se encuentra en estos momentos bajo alta sospecha: fuertemente criticado en los propios Estados Unidos con una moratoria en Nueva York y Nueva Jersey, y hasta prohibido por ley en Francia, donde se ha sealado que en esta tcnica se inyectan productos extremadamente agresivos y el resultado son paisajes destruidos, agua contaminada y una seguridad dudosa.

Ante todo esto, merecen la pena los riesgos que se van a correr con el uso de esta tcnica ante la multitud de dudas y problemas que genera? estn justificados estos riesgos mientras que la estrategia energtica mundial se est dirigiendo hacia un sistema basado en las energas renovables y cada vez menos dependiente de los combustibles fsiles? Es sostenible el modelo energtico vasco donde el gas natural que supone ya en la actualidad ms del 40% del consumo energtico de Euskadi es la apuesta de futuro?

Si bien el gas puede representar una energa de transicin til, esta apuesta no deja de estar demasiado basada en los combustibles fsiles y el espejismo tecnolgico. Sobre todo, no se centra en el reto de nuestras sociedades energvoras y contaminantes: la construccin de un nuevo modelo energtico capaz de afrontar a la vez el cambio climtico y el techo del petrleo. En este camino, necesitamos objetivos claros: una reduccin en 2020 del 40% las emisiones de CO2, la disminucin de la demanda total de energa en un 30% para 2020 respecto a 2007 y el 100% de produccin energtica a travs de fuentes renovables en 2040. Estas metas se pueden alcanzar gracias a una serie de alternativas eficaces y seguras: la promocin de una Ley del ahorro, energas renovables y eficiencia energtica que d estabilidad y visin de futuro al sector, la gestin de la demanda, la descentralizacin de la produccin, el incentivo del autoconsumo, el premio a los pequeos parques de energa renovable, la disminucin de la competencia que ejerce el ciclo combinado, la eliminacin de las subvenciones, directas e indirectas, a los combustibles fsiles. Este modelo, viable sin energa nuclear, es adems un vector central de otras polticas, como el transporte, la agricultura o el urbanismo, que puede generar a su vez millones de empleos verdes.

No necesitamos secuelas vasca, espaola o europea de Dallas: preferimos guiones energticos originales y realistas, a la altura de la crisis ecolgica y con un final feliz y sostenible.


Por Aitor Urresti, coportavoz de Equo Bizkaia e ingeniero industrial, y Florent Marcellesi , miembro de la Comisin Gestora de Equo
Artculo de opinin publicado en El Correo y El Diario Vasco


http://florentmarcellesi.wordpress.com/2011/11/07/de-dallas-a-alava-el-espejismo-energetico/



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