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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2011

Lo llaman democracia y no lo es

Juan Manuel Arags Estragus
Rebelin


Los funcionarios de la poltica de toda Europa se han retratado de manera ejemplar en estos ltimos das. Empezar explicando que, siendo como soy funcionario, utilizo peyorativamente esta palabra referida a la casta que nos dirige porque entiendo que si algo no se puede funcionarizar, ni siquiera convertir en profesin, es la poltica. Y, sin embargo, estamos rodeados de gente que entra en la funcin poltica como quien entra en una empresa, dispuesto a permanecer en ella como si de su modo de vida se tratara. A m, personalmente, me producen repulsin esos polticos < de toda la vida> que valen para alcaldes, ministros, diputados o lo que se tercie. Nuestro monarca, funcionario por excelencia de la cosa pblica, no tiene, al menos, que cambiar su, vaca, funcin.

Deca que nuestros dirigentes se han retratado a fondo y, si no fuera por lo delicado de la situacin, hubiera sido para partirse de la risa. Nuestros prceres, demcratas ejemplares, casi sufren un sncope cuando a su colega griego se le ocurre anunciar que va a preguntar a su pueblo qu le parecen las medidas que va a adoptar. Haba que ver el gesto de Sarkozy y Merkel cuando les nombraban la palabra referndum, haba que escuchar las declaraciones de todos los paniaguados del sistema, escandalizados ante una iniciativa que, como argument el inefable Diego Lpez Garrido, solo debe usarse para reformas constitucionales! Pero si aqu el PPSOE nos acaba de hacer una reforma constitucional, seor Lpez Garrido, y se ridiculiz a quienes abogamos por someterla a referndum! En fin, volviendo al tema, que la posibilidad de preguntar al pueblo sobre su futuro no parece ser lo que ms entusiasme a nuestros demcratas. Qu iban a pensar los Mercados!

Hace unos meses, otro ser eterno de nuestra poltica n acional, Ramn Juregui -alguien sabe la profesin de este hombre?-, deca, respondiendo a quienes pedamos democracia real, que la democracia carece de apellidos, es democracia, y punto. Se nos antoja que es sta una cuestin ampliamente matizable, pues a nuestra democracia, que no lo es, se le pueden aplicar mltiples adjetivos.

Nuestra democracia, que no lo es, es una democracia cnica, que quiere exportarse por el planeta, denunciar a quienes no la aplican, pero que, como vemos con el caso griego, cuando la ciudadana europea reclama participar, lo considera intolerable. No me argumenten que estamos en una situacin especial, que lo que decidan los griegos nos afecta a todos; eso es cierto, pero es que quiz debieran preguntarnos a todos qu pensamos de que le regalen el dinero pblico a los bancos y mercados, que son quienes nos han colocado donde estamos. Y no nos engaemos, cuntas veces se han solicitado referendos para cuestiones importantsimas, cuyos efectos percibimos ahora Maastricht, Tratado de Lisboa, etc.- y se nos ha negado ese derecho? Y cuando se ha planteado algn referndum peliagudo, o bien se ha manipulado a travs de una pregunta capciosa y de una campaa marrullera, como en el caso del referndum de la OTAN en nuestro pas, o bien, si no ha salido lo que se quera, se ha vuelto a repetir, hasta conseguir el resultado adecuado, caso de Dinamarca con Maastricht.

Nuestra democracia, que no lo es, es una democracia violenta, brutal, que est sembrando el mundo de conflictos bajo la nada creble excusa de los derechos humanos. Con su brazo armado, la OTAN, que est batiendo records en la vulneracin de la legalidad internacional -el ltimo caso, Libia, donde se le haba encomendado garantizar la zona de exclusin area y ha participado en bombardeos a civiles-, interviene en medio mundo con una evidente estrategia de dominio de materias primas . Con su actitud, Occidente no consigue sino alimentar el odio a lo que supuestamente representa .

Nuestra democracia, que no lo es, en este caso la espaola, es una falsa democracia, en la que no todos los votos son iguales y en la que la representacin poltica est profundamente adulterada para garantizar que las polticas sistmicas, las del PPSOE, siempre encont rarn las alianzas oportunas en la derecha nacionalista.

Nuestra democracia, que no lo es, es una democracia adulterada, convertida en un bipartidismo, con la imprescindible ayuda de lo s medios de comunicacin, en la que las campaas electorales se convierten en un soliloquio sin verdaderas propuestas alternativas, en la que se consagran debates entre candidatos que no representan las pluralidad real y que, llegados al poder, aplicarn las mismas polticas, a pesar de que apliquen al juego de un enconado enfrentamiento. Como buenos comerciales de la poltica, saben que, con el mismo producto entre las manos, solo la agresividad les permitir hacerse con el mercado electoral.

Nuestra democracia, que no lo es, es una democracia tutelada por la herencia de la dictadura, en la que los poderes fcticos del pasado, no purgados convenientemente, siguen ejerciendo su control en amplias esferas del Estado. Mientras pases como Argentina hacen rendir cuentas a su pasado, en nuestro pas es todava el pasado el que se permite tutelar el presente y dejar claro quien sigue mandando.

En resumidas cuentas, que como se cantaba en nuestras plazas y calles, y se volver a cantar, lo llaman democracia y no lo es. Si algo produce terror a nuestros dirigentes es la democracia, la participacin, que la ciudadana tome sus propias decisiones. No vaya a ser que esas decisiones contradigan la voluntad de los verdaderos seores, de aquellos que mueven, desde las sombras, desde sus despachos no contaminados, presuntamente, por el juego poltico, los hilos de la realidad. Pues nuestra clase poltica sistmica, los Rajoy, Rubalcaba, Durn i Lleida, no son sino los lacayos de la mano que mece la cuna.

* El autor es profesor de Filosofa en la Universidad de Zaragoza

** Este artculo sali publicado originalmente en El peridico de Aragn: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/lo-llaman-democracia-y-no-lo-es_714147.html


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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