Portada :: frica :: Gdaim Izik, asalto al campamento de la dignidad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2011

Gdeim Izik, un ao despus

Emboirik Ahmed
Rebelin


El rey de Marruecos Mohamed VI, en su ya tradicional discurso anual en el que celebra la agresin y la ocupacin del Sahara Occidental, volvi a utilizar los viejos argumentos descalificativos dirigidos al Frente Polisario, que no aportan absolutamente nada al debate poltico actual ni a la necesaria predisposicin a colaborar y contribuir sinceramente en facilitar una solucin, respetando los parmetros y las exigencias de la legalidad.

El viejo discurso cansino sobre el Polisario como enemigo de la unidad nacional marroqu, represor del pueblo saharaui, a sueldo de Argelia, que mantienen secuestrados a los compatriotas en el inhspito desierto de Tinduf y en un vaco jurdico, volvi a ser el eje central de la argumentacin con el objetivo de plantear lo que considera la nica solucin que el gobierno marroqu aceptar para concluir con el problema de descolonizacin del Sahara Occidental, a saber: la regionalizacin y la autonoma del territorio.

La persistencia en el bloqueo de la negociaciones, la actitud desleal ante los ltimos acontecimientos regionales, el irracional y furibundo intento de manchar la imagen del Polisario, unido a su negativa a dar una oportunidad a los esfuerzos de Naciones Unidas, muestra con claridad la inexistencia de una voluntad de compromiso y convierte los esfuerzos de la comunidad internacional y las concesiones del Polisario en un brindis al sol.

En este contexto se cumple el primer aniversario del brutal desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik por parte de la fuerzas de represin marroques, despus de que ms de veinte mil ciudadanos saharauis se autoexiliaran en su propio pas, en protesta por las insoportables condiciones de vida, impuestas por las autoridades marroques, desde el inicio de la ocupacin de nuestra patria en octubre de 1975.

Esta gesta tiene un significado imperecedero en la historia del pueblo saharaui, no slo por lo que representa de desafo e imagen de resistencia, sino tambin por la capacidad que demostraron, sin experiencia previa, en la organizacin y gestin de la vida cotidiana del campamento, de forma absolutamente democrtica, participativa y eficiente.

Bajo el estandarte de la unidad nacional, fueron capaces de crear un liderazgo que condujo de forma magistral las negociaciones con las autoridades de ocupacin.

A ningn observador se le escap que esta protesta, ms all de las reivindicaciones econmicas y sociales, se sustentaba sobre unas bases polticas que desmenta, cuestionaba, desenmascaraba y destrua toda la estrategia elaborada y planificada por la administracin marroqu para crear una imagen irreal de su poltica en las zonas ocupadas.

Con el campamento de Gdeim Izik, culminaba una etapa iniciada cinco aos antes por la Intifada pacfica. La resistencia de los hombres y mujeres saharauis durante el brutal desmantelamiento del campamento y los posteriores acontecimientos en la ciudad de El Aain, nos llenaron de orgullo, y constituyeron, en palabras de Noam Chomsky, el inicio de la primavera rabe.

El asalto llevado a cabo por centenares de policas y soldados contra unos civiles indefensos que aun dorman en la madrugada del da 8 de noviembre, demostr fehacientemente que Marruecos aunque ocupe una parte del territorio no ha logrado implantar sus races en el mismo.

La aceptacin por parte del Polisario de asistir a las negociaciones en ese contexto, ocasion un manifiesto descontento en las zonas ocupadas, los campos de refugiados y en la dispora, causando cierta frustracin y desesperanza debido a la cual hemos pagado un coste poltico desproporcionado. En declaraciones a Tele Sur expres con claridad que, en mi opinin, no era el momento propicio para negociar.

El centro de gravedad, el denominador comn y el punto de apoyo esencial de toda la gesta de liberacin nacional lo constituyen las ciudadanas y los ciudadanos saharauis, su nivel de conciencia, la claridad de los objetivos y su predisposicin a asumir todo tipo de sacrificios para conseguir la independencia. Afirmar que las decisiones estratgicas no las determina la calle, solo puede ser considerada como una filigrana verbal, pero como ideario poltico y experiencia propia posee muy poco recorrido y profundidad poltica y atenta contra la necesaria claridad del mensaje, la realidad de la lucha y el discurso necesario, adems de significar una ruptura y una brecha peligrosa entre la accin y el efecto en esa praxis cuasi perfecta que representa la lucha del pueblo saharaui.

Difcilmente se puede encontrar una sola familia saharaui que de alguna forma no haya participado y sufrido los efectos de este mortfero huracn que es la invasin de nuestro pas. Todos somos actores activos y consientes en esta histrica gestacin de la Nacin Saharaui, en un mbito de la temporalidad simultnea, donde el pasado, el presente, y el futuro tratan de ubicarse, muchas veces de forma turbulenta y traumtica. La sabia capacidad de combinar la memoria, la visin presente y la espera, muchas veces slo apoyada en la intuicin, imprime un marco referencial de originalidad al proceso, pero no lo protege necesariamente de la improvisacin y el error.

En estas casi cuatro dcadas enfrentados a la invasin de nuestra patria y a una injusta y continua agresin a nuestro pas, hemos conseguido, a base de sacrificio, privaciones, sufrimientos e inestabilidad, grandes logros histricamente irreversibles y polticamente incongelables. Los miles de muertos, centenares de desaparecidos y encarcelados es el duro precio impuesto a este pueblo pacfico por preservar su orgullo y su dignidad y por haber hecho posible su ms importante victoria plasmada en la creacin de la Repblica Saharaui.

Nadie, absolutamente nadie, debe tener la potestad individual de tomar decisiones estratgicas que tengan que ver con la soberana, sin contar con el beneplcito del pueblo saharaui a travs de un debate nacional y una consulta general y democrtica.

Hace veinte aos, despus de diecisis aos de guerra, el gobierno marroqu, ante la imposibilidad de destruir militarmente al Frente Polisario, se vio en la obligacin de sentarse a la mesa de negociaciones. Est de ms mencionar que en un conflicto de las caractersticas del que enfrenta al pueblo saharaui y el rgimen marroqu, quien est en una situacin de fuerza ni se sienta a conversar ni hace concesiones.

La historia de los ltimos veinte aos es la crnica de los continuos incumplimientos por parte de Marruecos de su compromiso firmado con el Polisario en el marco y con el aval de Naciones Unidas.

Marruecos acta, ayudado por pases como Francia, con total impunidad y arrogancia poltica, demostrando con demasiada frecuencia que no est dispuesto a respetar ningn acuerdo. Veinte aos de negociaciones infructuosas lo acreditan.

La deriva de la diplomacia marroqu desde el ao 2003 no deja lugar a duda de cules son sus intenciones y sus objetivos.

La diplomacia del Frente Polisario ha sido siempre respetuosa con sus compromisos y defensora a ultranza de utilizar las negociaciones como el mtodo ptimo para lograr una solucin definitiva, pese a que las abundantes sombras roban espacio a las escasas luces en este proceso, desdibujando los mrgenes de entendimiento.

Todas estas dificultades, incumplimientos y desencuentros hacen necesario un replanteamiento de la cuestin con el objeto de crear un nuevo escenario donde las negociaciones no se sigan planteando en un paradigma de desequilibrio de fuerzas. Para ello, es prioritario comenzar a elaborar toda una serie de mecanismos y actuaciones que posibiliten un nuevo balance de poder.

Esa situacin no ser posible sino con el replanteamiento de toda una serie de aspectos de la poltica interna y la bsqueda de un reequilibrio de nuestras relaciones internacionales teniendo como prioridad, no slo la defensa de las negociaciones, sino haciendo un especial nfasis en el discurso de la independencia y el fortalecimiento y reconocimiento de nuestra Repblica Saharaui, asumiendo el Frente Polisario el papel de vanguardia.

En estos tiempos de incertidumbre poltica y cierta desubicacin ideolgica puede proyectarse una imagen de incorreccin, insensibilidad y hasta falta de tacto diplomtico, pero debemos tener siempre presente que el gobierno y las instituciones marroques no son la contraparte asptica y neutral en unas negociaciones horizontales en el marco de Naciones Unidas, sino el enemigo histrico y brutal que viola los derechos humanos de nuestros compatriotas y pretende ensombrecer nuestro futuro. Como deca Ortega y Gasset: La historia no se ha tomado el trabajo de pasar para que no la tengamos en consideracin.

Emboirik Ahmed, embajador saharaui en Venezuela-Ecuador y Bolivia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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