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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2011

En el da de reflexin

Julio Anguita, Miguel Candel, Salvador Lpez Arnal et al.
Rebelin


Tanto las sociedades como las personas evolucionan, mezclando continuidad, cambio y ruptura. Hay momentos y momentos. Hoy toca la ruptura. SI bien puede parecer que las personas no hacen la historia y que la dirigen quienes tienen el poder, esto es una verdad a medias. Cuando los trabajadores, los pueblos, las mujeres y los hombres comunes y corrientes se organizan, se dotan de un proyecto y se movilizan, ellos y ellas marcan la historia. En este contexto, eso es ms necesario que nunca pues vivimos una etapa sustancialmente nueva y, sobre todo, peor. Si no tomamos nota de esto, no tendremos fuerza para resistir y mucho menos para pasar a la ofensiva.

Desde hace tres aos, vivimos un estado de excepcin decretado por el capital financiero internacional y que tiene a la Unin Europea como instrumento dedicado a desposeer a la ciudadana de sus derechos polticos, sociales y sindicales, y como herramienta para forzar la renuncia a la soberana popular en cada uno de los Estados. Es el llamado Consenso de Viena, la versin europea del Consenso de Washington, aplicado en el territorio europeo y en sus Tratados de Libre Comercio con terceros pases.

Este estado de excepcin tiene dos caractersticas: el predominio de los poderes reales, de hecho, y la suspensin del Derecho.

En nuestro pas, este Estado de Excepcin est significando el desmontaje sistemtico de los nodos democrtico-sociales de la Constitucin de 1978 y el trnsito hacia un nuevo rgimen que podemos muy bien denominar demediada democracia oligrquica. Es decir, un sistema dirigido y organizado por el capital y puesto a su servicio. Es eso que en las calles se dice: la dictadura de los mercados, del 1%.

Creemos que estas elecciones, lo decimos en el da de reflexin, sern fundacionales. Gane el PP (lo ms probable) o gane el PSOE, lo que sera un milagro, la clase poltica reinante en nuestro pas va a transitar hacia un nuevo rgimen poltico. Estas elecciones legitimarn esa operacin. Nadie se ha atrevido a decir esto, pero es lo que realmente est en juego en estas elecciones. Por eso es absurdo, a nuestro entender, hacer discursos y realizar propuestas como si nuestro pas viviese una situacin normal y como si el orden constitucional fuese el mismo de la etapa anterior.

Estamos ante una reforma constitucional al margen de la voluntad popular y de unas formas mnimamente democrticas, dirigida por el capital financiera, por la Banca, de ah que hablemos de una democracia oligrquica. El primer paso fue el desmantelamiento de los derechos laborales en junio 2010, en pleno mundial de ftbol; el segundo se concret en La Moncloa, en la reunin de los 35 empresarios ms poderosos con Zapatero. Lo siguiente fue declarar el estado de excepcin para tomar el control de AENA, operacin sustentada en demonizar a sus trabajadores para encubrir la privatizacin de la empresa a un precio ms barato: ninguna empresa asumira los altos costos laborales de los trabajadores de AENA.

Zapatero sigui con sus medidas neoliberales por orden de Merkel y Sarkozy, mientras Goldman Sachs, que realiz las auditoras de las cuentas griegas (y que entonces s cumplan con los requisitos para entrar en el euro), ahora controla el Banco Central Europeo.

Ha cado Grecia, est cayendo Italia y Dolores de Cospedal reconoce a pocos das de las elecciones que Rajoy no ha dicho lo que de verdad va a hacer: seguir apretndonos el cinturn porque ellos llevan tirantes. El PP empieza como acab en 2004: mintiendo.

Lo que viene, ya lo sabemos: lo que en Amrica Latina se denomin un ajuste estructural permanente o la larga y triste noche neoliberal: usar el chantaje de la deuda soberana para subordinar los Estados y a sus ciudadanos a los intereses del capital financiero; limitar sustancialmente los derechos sociales y sindicales y liquidar lo que queda de movimiento obrero organizado. Como ensea Esperanza Aguirre en Madrid, el neoliberalismo tiene voluntad contrarrevolucionaria. Esto implica crear un tipo de sociedad y de Estado que haga irreversible el capitalismo realmente existente y la estructura de poder que lo mantiene.

Por eso, creemos que hoy tenemos que reflexionar para pasar a la accin y nada ser igual como antes: ni el discurso, ni los mensajes, ni los smbolos. Nuestra propuesta no es nueva, sino forma parte de un sentido comn que empieza a ser en nuestro pas una aspiracin de muchos y que solo las viejas inercias y prcticas, viejos hbitos, no dejan alumbrar lo nuevo. No dan cabida a la creatividad que viene de abajo.

Lo que proponemos es el M3R: organizar una amplia convergencia poltica y social para construir el Movimiento para la Tercera Repblica (M3R).

En l, nadie tiene que renunciar a su propia identidad ni a anteriores pertenencias. Se trata de confluir en la accin y en el proyecto para generar una nueva identidad plural en torno a la ruptura democrtica-republicana; es decir, aspiramos abiertamente a conseguir la Tercera Repblica en el Estado espaol, para unir pueblos e identidades que recojan los intereses y las aspiraciones de las mayoras sociales, sin nostalgias de la primera o de la segunda. Soberana popular y poder constituyente para dar vida un nuevo Rgimen republicano-federal fundado en la democracia econmica, social y cultural, con el objetivo constitucional de construir una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales emancipada del mal social de la explotacin ,la discriminacin y el dominio. En resumen, forjar entre todas y todos un nuevo consenso mayoritario para lograr la ruptura con un perodo histrico caduco, que no termina de morir y que nos bloquea el presente y amenaza nuestro futuro.

Firman este artculo Julio Anguita, Miguel Candel, Salvador Lpez Arnal, Manuel Monereo, Ramn Prez Almodvar, Miguel Riera, Antonio Santamara, Jorge Verstrynge.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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