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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2011

El derecho a ser lanzado contra la pared

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Hace dos meses una televisin italiana entrevist a Terri de Niccol, una mujer ms o menos bella que haba participado, a cambio de dinero, en las famosas fiestas del ex primer ministro Silvio Berlusconi como aderezo y estmulo sexual para la firma de acuerdos polticos o empresariales. Sus declaraciones, que no hacen ninguna concesin a la correccin poltica, revelan el horizonte mental de una poca, o de una parte de ella, y de una cultura dominante. Terri no pide disculpas, no se justifica; se siente orgullosa de haber sido llamada por il Cavaliere y de haber participado, en la periferia de su aura, de un poder reservado a unos pocos. Es preferible vivir un da como un len que cien aos como un cordero, dice, para resumir a continuacin las leyes simples que deben decidir las inevitables jerarquas de este mundo: si eres una mujer guapa y te quieres vender, debes poder hacerlo; si eres fea y das asco, te debes quedar en casa. En cuanto a la honestidad de los empresarios que utilizan el sexo para lubricar sus negocios y medrar econmicamente, Terri no ve nada reprobable en ello. Si eres honesto, dice, nunca llegars muy lejos; si quieres aumentar tus beneficios tienes que arriesgar el culo. Es la ley del mercado. Vale la pena citar por extenso su razonamiento: Cuanto ms alto quieras llegar ms cadveres tendrs que dejar en la cuneta. Y es justo que sea as. La ley es la de los que son leones. Si eres un cordero qudate en casa con unos pocos euros al mes. Si quieres ganar 20.000 euros debes bajar al campo de batalla y vender a tu madre. Terri arremete a continuacin contra las feministas y la izquierda en general, puritanos moralistas que reprimen el derecho de las mujeres guapas a venderse como instrumentos sexuales de la alta poltica del capitalismo.

Terri de Niccol dice que esta ley es muy antigua y se remonta a la primera repblica. Terri no es una mujer culta y no sabe que esta ley es, en realidad, mucho ms antigua y que hace 2.400 aos la expona en trminos muy parecidos Calicles, un aristcrata griego enfurecido con el filsofo Scrates, quien pretenda defender un concepto universal de justicia. Calicles sostena con desprecio que el derecho era una tentativa por parte de los dbiles y la multitud de imponer lmites a los poderosos cuando en realidad la nica ley fundamentada -y citaba precisamente el ejemplo del len, como la prostituta Terri de Niccol- era la ley de la naturaleza: los fuertes mandan, merecen riqueza y respeto y deciden a discrecin la suerte, ms o menos severa, de los dbiles. La naturaleza misma, remata Calicles, demuestra que es justo que el fuerte tenga ms que el dbil y el poderoso ms que el que no lo es. Y que es as en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, lo demuestra el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al dbil y posea ms.

Terri la llama la ley del mercado y Calicles la ley de la naturaleza. La ley del mercado es, en efecto, la ley de la naturaleza. Y esta ley es precisamente lo contrario de una ley, pues una ley es un lmite y los leones no aceptan ninguno. A lo largo de la historia ciertas castas, clases o grupos se han rebelado sin cesar contra los lmites humanos, apartando de su camino cualquier obstculo que pudiera frenar su poder e impedirles apropiarse de los cuerpos, las riquezas o el trabajo de los dems. Sin embargo los seres humanos, criaturas siamesas, tienen un pie en el barro, al que estn irremediablemente encadenados, pero otro en las estrellas, desde donde pueden contemplar la inhumanidad de su situacin y excogitar soluciones colectivas para cambiarla. Contra los inhumanos rebeldes que se rebelan contra los lmites en nombre de la naturaleza, imponiendo a su alrededor la miseria y la muerte, millones de personas vienen rebelndose desde hace siglos para imponer lmites a la naturaleza en nombre de la humanidad. Es esa rebelin a favor de los lmites la que ha generado todo lo que define la dignidad antropolgica de nuestra estancia en el mundo: la belleza, la poesa, la razn, la compasin, el derecho. De Espartaco a la revolucin cubana, son los dbiles y la multitud, s, los que hacen las verdaderas leyes; son los dbiles armados los que han acumulado para todos un impresionante legado histrico de derechos -laborales, culturales y polticos- que los poderosos, mientras no sean definitivamente derrotados, tratarn siempre de violar, rodear o utilizar en su favor. Lo harn mientras puedan; lo harn mientras los dejemos. Entre tanto, recordemos que los Derechos Humanos y el Derecho Internacional, impuestos por los pueblos, aceptados a regaadientes por los poderosos, ni tienen fuerza material para imponerse por s solos ni estn hechos para persuadir a los que los violan; estn hechos para que los rebeldes que se rebelan a favor de los lmites -la belleza, la justicia, la razn- no olviden nunca por qu estn luchando ni de qu lado estn el verdadero derecho y la verdadera ley.

No hay ningn orden econmico ms natural que el capitalismo; ninguno ms libre de lmites que el Mercado. Pero la historia de la humanidad, no consiste precisamente en luchar contra la naturaleza? Tendremos que dejar de inventar vacunas porque las enfermedades son naturales? Tendremos que renunciar a volar porque el cuerpo humano est condenado naturalmente a arrastrarse? Tendremos que dejar de inventar caricias porque es ms antigua y natural la violacin? La medicina, el avin, la escritura, el amor, no son conquistas humanas contra la naturaleza y por eso mismo derechos ya de los que la humanidad debe disfrutar imperativamente?

El orden natural del mercado pervierte entre otras cosas el concepto mismo de derecho en la medida en que establece como criterio superior, al que estaran subordinados todos los dems, el derecho de vender y comprar y, por lo tanto, el de venderme y comprarte. As se explica la naturalidad con que se acepta que el dolor o la ruina de la mayora sea una fuente de regocijo para otros, como lo demuestran las recientes declaraciones a la BBC de Alessio Rastani, broker de la City londinense: Soy un operador financiero, a m no me preocupa la crisis. Si veo una oportunidad para ganar dinero, voy a por ella. Nosotros, los brokers, no nos preocupamos de cmo arreglar la economa o de cmo arreglar esta situacin. Nuestro trabajo es ganar dinero con esto. Personalmente, he estado soando con este momento desde hace tres aos. Tengo que confesarlo, yo me voy a la cama cada noche soando con una recesin, soando con un momento como ste. Se puede ser ms claro? Un poco ms y de la manera ms disparatada. Hace unos das le en un diario espaol una noticia cuyo titular era el siguiente: Proponen restaurar en Florida el derecho a lanzar enanos contra una pared. Y enseguida aclaraba su contenido: Un congresista estatal quiere recuperar el derecho al lanzamiento de los enanos, como espectculo y deporte, para combatir el desempleo de la regin. Lo singular y lo terrible es que la propuesta del poltico estadounidense no reivindicaba slo el derecho de los empresarios y sus clientes a lanzar enanos contra la pared, con la humillacin y lesiones consecuentes, sino sobre todo el derecho de los enanos a ser lanzados, humillados y quebrados. El derecho de los enanos a hacerse pedazos contra un muro!

Mientras millones de personas luchan desde hace siglos para mantener y profundizar el camino de la humanidad, el mercado capitalista retrocede a sustratos cada vez ms naturales, llevando a su expresin ms radical la ley de la naturaleza defendida por Calicles hace 2.400 aos: el derecho de los leones a devorar a los corderos y el derecho ahora de los corderos a ser devorados por los leones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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