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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2011

Karadima, crimen sin castigo

Alvaro Ramis
Punto Final


Algo ms que sonrisas logr arrancar la ex directora de la JUNJI, Ximena -Reguleque- Ossandn, cuando afirm que Fernando Karadima era un prcer de la Iglesia y que el culpable de sus abusos era el mismsimo demonio. Igualmente bochornosas resultan hoy las declaraciones del abogado Juan Pablo Bulnes: Soy capaz de poner mis manos al fuego por el padre Karadima; he seguido su actividad junto a mi familia y mis hijos. No ha cometido abusos contra menores ni contra mayores.

Luego de dcadas de secretismo, mentiras y evasin, la verdad se ha impuesto y sin apelacin. La ministra en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago, Jessica Gonzlez, ha logrado probar judicialmente la existencia de reiterados delitos de abuso sexual cometidos por el prroco Fernando Karadima. Sobre las denuncias de James Hamilton, la ministra resolvi: Que, los antecedentes, en el contexto procesal que se revisan, son a juicio de esta sentenciadora suficientes para concluir que se encuentra justificado en autos que James Hamilton a la edad de 17 aos, desde mediados del ao 1983 y hasta octubre del mismo ao, primero en pblico y luego en privado, fue objeto de tocaciones en los genitales y de besos en la boca por parte de su confesor y director espiritual, quien para ejecutar las conductas descritas se vali de su condicin de sacerdote y del vnculo de superioridad y dependencia creado en relacin a la vctima, lo que no fue consentido o aceptado libremente por sta.

Respecto de las acusaciones de Juan Carlos Cruz, constat: La fuerza de los indicios reunidos en esta investigacin consistentes en la reiteracin de un patrn de conducta, la forma en que el sacerdote se relacionaba con sus dirigidos, la eleccin de vctimas vulnerables, el ambiente de abuso y poder instaurado por ste al interior de la parroquia, la autoridad ejercida en lo espiritual y personal y los medios empleados para mantener el control del grupo, se estrellan con la versin del agresor, restndole crdito. Fluye, en consecuencia, de los antecedentes reunidos que el sacerdote se habra valido del vnculo de superioridad y de dependencia sicolgica creado con la vctima mediante lo cual habra suprimido su voluntad, permitindole, a travs del ejercicio abusivo de su ministerio, ejecutar acciones de carcter libidinoso relevantes, no consentidas y trasgresoras de la libertad del ofendido.

Sobre las imputaciones de Fernando Batlle, afirma: Que los antecedentes anunciados resultan suficientes para tener por justificado en autos que entre los aos 1991 a enero de 1995, un sacerdote, amigo, padrino de confirmacin, confesor y director espiritual de la vctima, en forma reiterada procedi a efectuar tocaciones en su zona genital, por sobre la ropa, con palmoteos al pasar, delante de otros jvenes y luego en privado en el confesionario, comedor y pasillos de la parroquia El Bosque de Providencia que el feligrs frecuentaba, aumentando la intensidad del acto para llegar a frotar su pene, besndolo cerca de su boca o tocndola con sus labios, sin consentimiento del ofendido. El sujeto se habra aprovechado de su investidura, de la confianza y amistad que mantena con sus progenitores y de su fama como autoridad religiosa frente a la vctima y a la comunidad en general.

Finalmente, respecto a Andrs Murillo, si bien se desestima la existencia de delito, la sentencia deja claramente establecido: Que los elementos de conviccin reunidos en esta causa, en relacin al denunciante Sr. Murillo, permiten, en el contexto procesal en que se analizan los hechos, tener por justificado en autos que en fechas indeterminadas entre los aos 1993 y marzo de 1997 el sacerdote Karadima procedi, en varias ocasiones, a abrazarlo y a besarlo, luego toc con sus manos la zona genital del ofendido; en otra ocasin, encontrndose a solas con la vctima en su habitacin, mientras conversaban de las inquietudes vocacionales de ste, el sacerdote baj el cierre del pantaln del ofendido, tom su pene y comenz a masturbarlo, lo que ste reprimi con carcter y decisin.

De acuerdo a lo anterior el fallo llega a una conclusin: En esta etapa procesal, los hechos as descritos, a la fecha de comisin, eran constitutivos del delito de abusos deshonestos reiterados, previsto y sancionado en el artculo 366 del Cdigo Penal, segn modificacin del ao 1993. Sin embargo, luego viene el balde de agua fra: considerando que los delitos investigados y justificados en autos se habran cometido entre los aos 1980 y 1995 y que la presente investigacin se inici en el mes de abril de 2010, la responsabilidad penal de Fernando Karadima Faria, derivada de los delitos de abusos deshonestos reiterados en la persona de Juan Carlos Cruz, James Hamilton Snchez y Fernando Batlle Lathop, se encuentra extinguida por la motivacin contemplada en el numeral 6 del artculo 93 del Cdigo Penal, esto es, por la prescripcin de la accin penal.

En otras palabras, Karadima, aunque judicialmente culpable, podr seguir paseando el resto de su vida acompaado de su squito. Como lo expres Juan Carlos Cruz: No puedo comprobar que lo han visto en las Termas del Corazn o en Via del Mar. Pero s, que Karadima tiene contacto con ex feligreses y con ex sacerdotes de la parroquia.

Qu debera aprender el pas luego de este caso? En primer lugar, que es necesario aprobar urgentemente el proyecto de ley que declara imprescriptibles los casos de abuso sexual infantil. Andrs Murillo ha argumentado claramente la necesidad de esta reforma, ya que en estas situaciones se produce un secuestro de conciencia que dura muchos aos, y slo se puede superar cuando las personas entran a la adultez y se pueden enfrentar a su sexualidad daada. Creo que en este aspecto el Parlamento debera actuar con celeridad y criterio coincidente. Tal como sostiene Amnista Internacional, la violacin a menores debe catalogarse como un crimen de lesa humanidad, y debe procesarse de esa forma, impidiendo que vuelva a producirse la paradoja que la verdad judicial se ve acompaada de la impunidad penal.

En segundo lugar, la sociedad civil debe identificar, evaluar y calificar a las instituciones y personas que han facilitado o encubierto estos crmenes. En primer lugar, cabe atribuir responsabilidad a los ltimos tres arzobispos de Santiago: Juan Francisco Fresno Larran, Carlos Oviedo Cavada y Francisco Javier Errzuriz Ossa. Los tres recibieron denuncias en contra de Karadima, que desestimaron de forma inexcusable. Pero evidentemente, Errzuriz es quien tiene mayor culpa, ya que durante su episcopado se produjeron las denuncias que ahora se han logrado probar judicialmente y que l eludi investigar cannicamente. Adems, slo Errzuriz est vivo, y por lo tanto debera asumir los atropellos de Karadima, impunes producto de su indolencia.

Tambin tiene responsabilidad el crculo de empresarios y polticos que han financiado generosamente y durante aos a Karadima y todo su clan. Radio Bo Bo ha denunciado que Eliodoro Matte gast, slo en la defensa judicial de Karadima, 300 millones de pesos. El monto de dinero que ha permitido la expansin del grupo intra-eclesial de El Bosque es enorme. Se trata de lazos de complicidad que van ms all de lo religioso. Karadima, hasta el momento de su cada, haba logrado tejer una amplia red de influencias con el fin de capturar la arquidicesis de Santiago y varias dicesis en regiones. Un crculo de poder que se retroalimentaba de favores a sus mecenas, y que es probable que perdure, ya que Horacio Valenzuela, obispo de Talca, Tomislav Koljatic de Linares, Felipe Bacarreza de Los Angeles, Andrs Arteaga, auxiliar de Santiago, y Juan Barros, obispo castrense, siguen en sus cargos como si nada hubiera pasado, y siguen reunindose y actuando como coordinadores de esta secta-mafia-banda-camarilla (elija usted la palabra) implantada al interior de la Iglesia Catlica chilena.

Por ese motivo le cabe responder a la Iglesia Catlica de forma institucional, y desde su ms alta jerarqua. Tal como ha ocurrido en otros escndalos similares, como el de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo, o los masivos abusos sexuales en Irlanda, Blgica, Canad y Estados Unidos, lo que se puede detectar es un patrn de conducta basado en el encubrimiento, en ocultar pruebas y evadir responsabilidades. Si se analiza el Cdigo de Derecho Cannico, las normas internas de la Iglesia, notaremos que parecen diseadas para proteger a la jerarqua episcopal ante un gran peligro: los laicos catlicos, y en menor medida, el clero ubicado en posiciones subalternas. Se trata de una institucin que conserva una estructura medieval en pleno siglo XXI. Con un monarca absoluto que reina desde Roma y una multitud de obispos-seores feudales, que literalmente gobiernan sin contrapesos en su dicesis. Sin un cambio a ese nivel, todas las circulares internas, las declaraciones de buenas intenciones, o actos de mea culpa sern en vano. Lo nico que la ciudadana debe pedir a la Iglesia Catlica es responder a los mismos criterios de responsabilidad institucional que se deben exigir a cualquier empresa o institucin pblica de nuestro tiempo. Si es necesario priorizar, bastara con hacer coherente la legislacin cannica con los principios del Concilio Vaticano II, que pedan una Iglesia de comunin y participacin sin exclusiones. Pero tal como estn las cosas eclesiales, ese programa mnimo parece una utopa.

Lo que se percibe es que Roma ha hecho suya la ideologa del piensa positivo, aquella que sostiene que cada crisis supone una oportunidad. Y por eso apuesta a usar estos escndalos para legitimar un discurso homofbico que necesita urgentemente nuevos argumentos. Recordemos que el cardenal Tarcisio Bertone, en su visita a Chile en abril de 2010, seal: Muchos siclogos y muchos siquiatras han demostrado que no hay relacin entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado, me han dicho recientemente, que hay relacin entre homosexualidad y pedofilia. Llevndose el agua a su molino, no sera extrao que en vez de revisar sus responsabilidades institucionales, la Iglesia termine desatando una caza de brujos, tratando de purgar de homosexuales su propio clero. Y despus, sabemos lo que sigue: sera el turno de los homosexuales en las escuelas, en la atencin sanitaria, en el ejrcito, en la poltica...

Publicado en Punto Final, edicin N 747, 25 de noviembre, 2011

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