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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2011

Vamos al infierno?
La violencia entra en la universidad

Vijay Prashad
Sin Permiso

Traduccin para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga


Antes de ser abatido por la bala asesina, el Reverendo Martin Luther King Jr. haba estado preparando su sermn para la iglesia baptista de Atlanta Ebeneezer. El sermn se titulaba Por qu Amrica puede descender al infierno. El tema del sermn era sencillo, que el fracaso en afrontar la aguda crisis social del pas estaba conduciendo a una violencia peligrosa. Una protesta en el centro de Memphis, Tennessee, en apoyo de los trabajadores de la sanidad en huelga acab en caos. King escap de lo que l pensaba que iba a ser una manifestacin no violenta y seal, Vivimos en una nacin enferma. Quizs debamos simplemente admitir que la violencia ya est aqu y quizs debamos simplemente abandonar y dejar que la violencia siga su curso.

Esta declaracin es inusual en el repertorio de King, que es principalmente positivo y esperanzado. En 1968 la contra-revolucin, cuidadosamente planeada contra los movimientos de liberacin no tardara en hacer su aparicin. Los momentos ms dramticos fueron los asesinatos de los portaestandartes de los movimientos liberales (King en Abril, Robert F. Kennedy en Junio). Un poco menos dramticos fueron los disparos a los estudiantes que luchaban contra los restos de la segregacin y que se negaban a disparar contra los vietnamitas. Actualmente ya casi no se recuerda el asesinato de unos estudiantes, el 8 de febrero de 1968, cuando los agentes de seguridad de la autopista de Carolina del Sur dispararon y mataron a Delano Middleton, Henry Smith y Samuel Hammond porque trataban de protestar por una bolera segregada en Orangeburg. La violencia ya no vena de abajo. Era ms probable que viniera de arriba, que fuera la violencia de la contra-revolucin.

La militancia universitaria lleg a su punto ms alto quizs en la primavera de 1969, cuando alrededor de un tercio de estudiantes particip de una manera u otra en las manifestaciones. Fue en este contexto que el Gobernador de California Ronald Reagan dijo de los estudiantes: Si hace falta un bao de sangre, acabemos ya. Basta de apaciguamiento. El 4 de mayo de 1970, cuatro estudiantes yacan muertos en Ohio (Jeffery Miller, Allison Krause, William Schroeder y Sandra Scheuer, de 19 aos y 6 meses de edad media). Reagan consigui su bao de sangre.

Ninguna otra universidad tom el tipo de medidas empleadas por la Universidad de Ohio despus del primer tiroteo registrado en una universidad de los Estados Unidos. El 31 de octubre de 1893, un vigilante nocturno dispar a un grupo de estudiantes, hiriendo a uno de ellos. El consejo Rector deliber y dio su veredicto: Que, aunque no aprobamos que los estudiantes ofrezcan resistencia a un oficial y creemos que el vigilante quiso cumplir con su deber, lo que ocurri la ltima noche demostr que carece de la serenidad necesaria para este tipo de trabajo y, por lo tanto, recomendamos que quede libre de sus obligaciones y que la conducta de los estudiantes sea juzgada en la facultad a la que pertenecen. El vigilante nocturno fue despedido. Los guardias nacionales del Estado de Kent tuvieron que presentarse ante un juez, que rechaz los cargos contra ellos en 1974.

En los aos 50, las universidades reemplazaron el vigilante nocturno amateur por el agente de seguridad profesional. Algunas universidades (como la Universidad de Oregn y el Instituto de Tecnologa de California) dieron instrucciones explcitas a sus agentes de no intervenir en las protestas universitarias (en 1970 un asistente del Presidente de la Universidad de Oregn escribi que la polica de seguridad del campus no intervendr de ninguna forma en los desrdenes del mismo) . Pero eran minora y pronto cambiaran sus polticas. La mayora de centros fueron menos circunspectos. A mediados de los 70, los departamentos de seguridad de las universidades empleaban normalmente a policas retirados y muchas universidades les instruan en las llamadas tcnicas de disturbios de masa. En 1972, un estudio de referencia del Departamento de Justicia sugera que los agentes de seguridad de los campus tuvieran plenos poderes de detencin y que fueran formados y equipados para enfrentarse de forma efectiva a los disturbios universitarios y el control de multitudes.

En nuestras protestas contra el apartheid y contra las guerras sucias en Amrica Central nos enfrentamos con policas profesionales que nos mantuvieron a raya con su insistencia en los permisos y en la provisin de lugares de protesta. Cuando stos se violaban nos trataban como a aquellos estudiantes de Harvard que en 1766 protagonizaron la primera protesta estudiantil registrada, por la mala calidad de la mantequilla que se serva en los comedores universitarios. Durante el ao de las ciudades miseria (1985-86), en la mayora de las universidades se levantaron tiendas de campaa en protesta por las inversiones de EEUU en Sudfrica. Se nos toler. La mayora de las universidades eventualmente desinvertieron su dinero (en Darmouth, las tiendas fueron quemadas por el Committee To Beautify the Green ). Las detenciones eran una comedia. Mi primer contacto con el spray de pimienta Roach Killer fue una cortesa de la LAPD (Los Angeles Police Department) en una manifestacin a favor de los refugiados de El Salvador en 1987. La polica del campus nunca se hubiera atrevido.

Cuando las universidades se vieron a s mismas como una isla de prosperidad en un mar de turbulencias econmicas, los policas del campus se vieron obligados a ejercer otro papel. Tenan que proteger a los estudiantes de la posible violencia de los pobres del vecindario (no se trataba de la rutinaria violencia sexual, casi siempre entre estudiantes). El debate sobre la posibilidad de armar a los policas no giraba en torno a dirigir sus armas contra los estudiantes-consumidores, sino contra la amenaza de la poblacin local. Es lo que el antroplogo Michael Taussig llam el terrorismo habitual de la clase media, justificado por las referencias a la educacin superior, a la proteccin de la misma civilizacin, que se jugaba all mismo en los muy puntiagudos bloques, llenos de miedo, las rojas imgenes de los edificios ardiendo, y los tranquilos focos de la polica con sus perros vigilantes. Para Taussig, este es el significado de la expresin de Walter Benjamin no hay ninguna traza de civilizacin que no lleve al mismo tiempo una traza de barbarismo. Taussig pensaba en la Universidad de Chicago, donde por aquel entonces yo estudiaba y donde la fuerza policial es la segunda ms grande en Illinois (por detrs del rea metropolitana de Chicago). Cuando King fue asesinado, la Guardia Nacional llev su maquinaria pesada al Midway para proteger a la Universidad de Chicago del Southside. Actualmente la polica universitaria est capacitada para la labor.

El aviso proftico de King qued en suspensin. En los aos 90 las prioridades nacionales eran tales que los fondos pblicos disponibles se dedicaban ms bien a la constitucin de fuerzas de polica y prisiones que a las instituciones educativas. La lgica neo-liberal dicta que el gasto pblico para la represin es aceptable, pero el gasto pblico para el bien social es traicin. El presupuesto de California dedica el once por ciento a prisiones, pero solamente el siete y medio por ciento a la educacin superior. En el presupuesto actual el estado gasta 10.000 millones de dlares en prisiones, el doble de lo que gasta en la Universidad de California y el sistema universitario del Estado de California. A mediados de los aos 90, las prioridades estatales eran exactamente las contrarias. Tambin se dedic cada vez ms dinero a las fuerzas de represin dentro del propio sistema universitario: sus policas estn bien equipados y bien entrenados y son una fuerza creciente.

A medida que el movimiento Ocupa llega a los campus, se ve la verdadera naturaleza de esta fuerza de polica. Recomiendo el video de la accin de la polica de la UC Berkeley del 10 de noviembre. El agente de seguridad del campus ya no llam para abrir las puertas de las habitaciones; son policas anti-disturbios, completamente preparados para romper unas cuantas cabezas. O, como en el caso de la profesora Celeste Langan, para agarrarte por los cabellos cuando te ofreces sin violencia para ser arrestado y te arrastra por la hierba. Tambin recomiendo el vdeo del 18 de noviembre de un agente de la UC Davis yendo delante de una lnea de manifestantes no violentos (todos sentados en el suelo) levantando victoriosamente un bote de spray de pimienta y lanzando el nocivo gas naranja a las caras de los estudiantes sin dudarlo un momento. Si esto hubiera ocurrido en la Universidad de Tehern o en la Universidad de Beijing, el Departamento de Estado habra emitido una nota de protesta moralista sobre la violacin de los derechos humanos y el derecho a disentir.

El profesor adjunto Nathan Brown del Departamento de Ingls de Davis escribi una lcida y valiente carta al rector pidiendo la dimisin. No solamente sealaba la conducta de los policas del campus en Berkeley y en Davis, sino tambin la responsabilidad de la direccin de la universidad que envi a la polica a actuar de esta manera contra manifestantes que, para empezar, no eran violentos. El hecho es, escriba Brown, que la Administracin de las universidades estadounidenses utiliza sistemticamente la brutalidad policial para aterrorizar a los estudiantes y a la facultad, para aplastar la disidencia poltica en nuestras universidades y para eliminar la libre expresin y el derecho de reunin. Mucha gente lo sabe. Mucha ms lo est aprendiendo rpidamente.

La Rectora de la UC Davis est triste por los acontecimientos y se est llevando a cabo una investigacin. Esta no revelar nada. Se suspender a uno o dos agentes de polica. El deslizamiento de la universidad en la cinaga de la deuda del estudiante y el estado policial continuar inclume.

Las prioridades del campus estn claras. Un profesor adjunto gana un salario anual de algo ms de 60.000 $; un teniente en el departamento de seguridad del campus (el hombre que arroj el gas pimienta, por ejemplo) se lleva a casa 110.000 $. No hay que envidiar el salario de ningn trabajador pblico (ninguno de ellos est en la franja del 1%). Lo que maravilla es la desproporcin, y el sistema que garantiza este abismo.

Vivimos en una nacin enferma.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4592



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