Portada :: frica :: Congo, una guerra por el derecho a la explotacin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2011

La democracia lleg a la selva del Congo?

Sebastin Ruiz
Rebelin


Podra ser, mapa en mano, el epicentro del frica negra, pero la Repblica Democrtica del Congo (RDC) contina en los mrgenes mudos. A todos les conviene adormecer el grito de una nacin con 65 millones de personas que ha sido tejida con una argamasa multitnica, sobre lienzos tradicionales e invisibilizada ante estructuras estatales carroeras. As, el negocio rentabilsimo que emprendiera el rey Leopoldo II de Blgica a principios del siglo pasado sigue hoy bajo patrones externos y aadiendo ceros a cuentas privadas. Cul es, entonces, la cacareada independencia de 1960? Ninguna? Las ataduras sutiles traducidas a dlares en el mercado internacional a cambio de los preciados recursos naturales mantienen el desarrollo del Congo en carne viva. Y la pregunta es inevitable: Son las elecciones multipartidistas del pasado lunes 28 la solucin a los problemas del pas? La selva habla.

Los pocos viejos que quedan (la mitad de la poblacin tiene entre 14 y 15 aos, fenmeno provocado por las dos grandes guerras desde la independencia) hablan de los antepasados que vivan en sus tierras y cada da le dan gracias. Algunos pigmeos en el norte del pas continan cantando al alba para despertar a la madre naturaleza. Las redes establecidas por lazos de parentesco desafan cualquier crisis europea porque fortalecen un comercio local que el Estado no alcanza ni a ver, ni a fiscalizar. Las autoridades tradicionales pugnan contran las lgicas individualistas occidentales y defienden la colectividad Salvando las distancias, este panorama dinmico de los congoleses, y que camina, podra ser un reflejo de lo que ocurre en frica al sur del Sahara.

Ahora bien. Por ejemplo, a la hora de representar el Congo en un mapa podra ayudarnos una comparacin sencilla: la RDC prcticamente comparte la misma extensin que Europa occidental con una densidad de poblacin de 26 habitantes por kilmetro cuadrado (en Madrid es de 5.400). Mucho vaco. Mucha selva. Precisamente, con la deficiencia en infraestructuras, uno de los temores del pasado lunes era que las papeletas no llegaran a los colegios electorales. Hasta el 6 de diciembre no se obtendrn los resultados definitivos, pero lanzo ya la daga -y sigo con el smil europeo- para los promotores, beatos y defensores confiados en el sistema electoralista de urnas: Cmo se las ingenia un funcionario para llevar los ingredientes democrticos de Algeciras a Berln con guerrillas de por medio y prcticamente la inesistencia de vas de comunicacin?

Podra hablar, como ha decidido el resto de los medios de comunicacin, de los programas electorales de los tres principales candidatos: Kabila -actual presidente y favorito a la reeleccin-, Tshisekedi y Kamerhe. O de los los 417 partidos que se han inscrito, los 18.500 candidatos que se han presentado y los 500 escaos en juego (por cada asiento hay 37 aspirantes). O tal vez del clima de inseguridad motivado por las elecciones y que podra desembocar en.. Qu? Otra guerra?

Me inclino ms bien por subrayar que la patata ardiendo no la tiene el futuro presidente, al menos en exlusiva, sino la comunidad internacional al completo. Parece que ni el partido en el poder, Partido del Pueblo para la Reconstruccin y la Democracia (PPRD), ni los partidos de la oposicin han diseado programas efectivos ms all de promesas que pretendan araar algn voto. Se vuelve a repetir. El discurso salvador de la democracia se articula en un pas donde la formacin es escasa y el nivel de analfabetismo sigue la estela de los nmeros rojos que indican alerta. Y mientras, los tejedores de estas fronteras impuestas hacen mutis por el foro; es el caso de las multinacionales mineras que operan en la RDC acusadas de financiar a los movimientos independentistas del Este del Congo, de prender la mecha de las guerras y de violar constantemente los derechos humanos y medioambientales.

Entre sondeos y valoraciones mediticas, se sigue invisibilizando a los cerca de dos millones de desplazados y refugiados en el interior del pas, despojados de sus familiares, bienes, terrenos y, en resumidas cuentas, de sus medios de vida. Una poblacin que superara a los habitantes de Barcelona permanece desnuda al haber perdido la referencia de los bosques de sus antepasados -sus protectores- y quedando desamparados en una selva que no entiende de papeletas. Y s de hambre. Y s de enfermedades. Y s de la posibilidad de beneficiarse de la riqueza de sus materias primas que otros se apropian y que los mantiene a raya en la pobreza.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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