Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2011

El asesinato poltico en la Amrica Latina del siglo XX

Percy Francisco Alvarado Godoy
Descubriendo verdades


  La guerra sucia contra los pueblos.

Una parte considerable de nuestras naciones latinoamericanas padecieron durante los ltimos tiempos un permanente desangramiento sin parangn en su historia, motivado por la profundizacin de la violencia y los conflictos internos. Las causas, en muchos casos an latentes, fueron las graves condiciones de desigualdad y un incremento de la injusticia social. Las endebles democracias de Amrica Latina, impuestas mediante elecciones plagadas de corruptelas, o bajo la anuencia y presiones de la Casa Blanca, resultaron ineficaces para controlar sus respectivos pases. Washington encontr en las cpulas castrenses la aparente solucin: la dictadura militar. De esta forma, el poder castrense fue entronizndose en las naciones del continente: primero en Paraguay (1954); luego en Brasil (1964); y, posteriormente, en otras naciones del Cono Sur como Per (1968), Uruguay (1972), Chile (1973), Argentina (1976) y Bolivia.

La macabra poca de los generalatos, torturas y desapariciones, protagonizadas por hombres sin escrpulos como Alfredo Stroessner, Rafael Videla, Augusto Pinochet, Hugo Banzer y el no menos cruel, aunque civil, Jos Mara Bordaberry, golpe a los mejores hijos de Latinoamrica. Era tal la dependencia y la sumisin a Washington, que varios gobiernos, en apariencia democrticos, optaron por recurrir al patrocinio militar para enfrentar los justos reclamos populares. As sucedi en Uruguay, Guatemala, El Salvador y Honduras.

La ideologa de los generales, influida notablemente por el fascismo y las doctrinas de la ultraderecha conservadora norteamericana, tena el doble propsito de detener, por un lado, a la legtima lucha de los pueblos y, por otro, incrementar los niveles de dependencia al capital extranjero. Toda esta amalgama ideolgica, sustentada por la doctrina de la Seguridad Nacional, descans en la defensa a ultranza del desarrollo de un capitalismo dependiente al capital forneo y de las estrategias de desarrollo diseadas por tericos norteamericanos, as como en la represin y estigmatizacin de quienes propusieran otras alternativas de progreso. El ejemplo cubano fue excomulgado, censurado y perseguido, as como aquellos que le defendan como alternativa ms viable para sus pases.

Fue una poca oscura que solo vale ser recordada para el reclamo de justicia y para evitar que se repita. Las dictaduras castrenses se extendieron por largos aos en varias naciones del continente, a pesar de la condena internacional a las mismas. La dictadura de Stroessner en Paraguay dur desde 1954 hasta 1991; el rgimen de Pinochet en Chile se alarg desde 1973 hasta 1990; la Argentina padeci a Videla, Viola y Galtieri desde 1976 hasta 1982; mientras en Uruguay los gobiernos represores de Jorge Pacheco Areco y Jos Mara Bordaberry se extendieron desde 1966 hasta 1985. Este mismo panorama aterrador lo sufrieron otras naciones del continente como Bolivia, Guatemala y otras.

El mal impuesto a nuestras naciones, aunque no fue eterno, fue desastroso. La humanidad entera se conmocion ante tanto crimen y tamaa injusticia. Fueron largos aos de reclamo, de denuncia, de combate y oposicin, los que dieron al traste con esta pgina negra de nuestra historia. Muchas fueron las causas de su desaparicin, pero la ms vlida fueron la resistencia denodada de los mejores hijos de nuestros pueblos y la creciente solidaridad del mundo hacia su lucha heroica. Influyeron tambin el desprestigio de estos regmenes a causa de la corrupcin y su criminalidad, las contradicciones internas dentro de los mismos y la lucha de poder, el fracaso de los modelos econmicos defendidos por ellos mediante el terror y, sobre todo, la prdida del miedo por parte de los pueblos.

Mucho se trat de hacer por ocultar tanto crimen. Los culpables de las torturas, asesinatos y desapariciones, recurrieron a diversas artimaas para escapar del justo reclamo de justicia por parte de sus vctimas y familiares. Sin embargo, ni el olvido, ni la complacencia, pueden resguardar y perdonar al crimen y a la impunidad.

Qu qued, sin embargo, como huella amarga de esta nefasta experiencia?

Miles de los mejores hijos de Latinoamrica fueron asesinados salvajemente, arrancados de sus hogares en las sombras de la noche y sus cuerpos desaparecidos para siempre. El dolor late, permanece y no quiere perdonarse.

La Argentina.

 
An hoy, en  Argentina, por ejemplo, se recuerda con dolor tanta injusticia. Las Fuerzas Armadas fueron las responsables directas de la violacin de los derechos humanos de millares de ciudadanos los que, mediante el empleo de tcnicas sofisticadas de tortura, tomadas de la experiencia nazi y de los manuales de contrainsurgencia de la CIA y de las fuerzas armadas norteamericanas, fueron ejecutados, mutilados, torturados y, finalmente, desaparecidos.

30,000 fue el escalofriante nmero de personas desaparecidas y asesinadas por la represin castrense en esta guerra sucia. Puede decirse, sin temor al equvoco, que casi toda una generacin de argentinos fue vctima de esta atrocidad, El hecho de que el 80 % de los asesinados y desaparecidos tuviera entre 21 y 35 anos de edad, as lo confirma.

Hoy, se descubren los embrollos de esa trama bestial y reprobable. Los militares argentinos llegaron a contar con 340 centros clandestinos de tortura y detencin, cuyos operadores eran represores castrenses.

El terrible aparato represivo de los militares argentinos cont con el apoyo y la complicidad de civiles miembros de instituciones religiosas, legales y de otro tipo. Baste ejemplificar esto con la denuncia de la CONADEP, la cual public una extensa lista de 1351 torturadores, entre ellos diversos mdicos, jueces, periodistas, obispos y sacerdotes catlicos, protagonistas de esa guerra sucia. Podra imaginarse, me pregunto, que miembros de la iglesia catlica como el obispo Po Laghi, Nuncio Apostlico del Estado Vaticano en Argentina; el ex obispo de La Plata, Antonio Plaza; el Monseor Emilio Graselli; el sacerdote Christian Von Wernich; el capelln Pelanda Lpez y el Monseor Adolfo Trtolo, Vicario de las Fuerzas Armadas, fueron cmplices directos de las torturas, asesinatos y desapariciones de argentinos?

Los escuadrones de la muerte, integrados por miembros del ejrcito, la polica y la armada, civiles anticomunistas y una amplia gama de pandilleros y delincuentes, agruparon en torno a la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y el comando Libertadores de Amrica a la fuerza debidamente entrenada por la CIA y el FBI norteamericanos para ejercer la represin contra las fuerzas progresistas. El propio general Videla declar en 1975, sin remordimiento o preocupacin alguna, que: morirn tantos argentinos como sea necesario a fin de preservar el orden".

La Operacin Cndor fue la consumacin de los planes norteamericanos para garantizarse un traspatio seguro en la regin y represent la internacionalizacin del terror por parte de los militares latinoamericanos. Sin lugar a dudas, luego de haberse establecido en un encuentro realizado a fines de noviembre de 1975, durante una reunin en Santiago de Chile y bajo la anuencia directa de Pinochet, en la que participaron represores de Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, se crearon las condiciones organizativas, tcnicas y financieras para llevar a cabo operaciones a gran escala, internacionalmente coordinadas, y encaminadas a reprimir de conjunto a las fuerzas progresistas de la regin. Los argentinos, al igual que sus socios chilenos, paraguayos y uruguayos, desempearon un rol relevante en estos planes.

Los frutos de la nueva estrategia de terror diseada en la Operacin Cndor no se hicieron esperar: militares argentinos y chilenos ejecutaron el asesinato en Buenos Aires del general Carlos Prats y de su esposa. Luego vendra el atentado a Bernardo Leighton, en Roma. Estos hechos evidenciaron que la Operacin Cndor, bendecida por la CIA e integrada tambin por represores y terroristas de origen cubano, pas a ser una alianza castrense de tipo internacional, integrada al menos por represores de ms de seis pases.

1976 represent un ao de incremento de las acciones represivas a nivel internacional. Decenas de luchadores progresistas fueron asesinados luego de ser capturados en complejos operativos. En la lista de estos crmenes sobresalen los lderes miristas chilenos Edgardo Enrquez, Patricio Biedma y Jorge Fuentes; dos jvenes oficiales de seguridad de la embajada cubana en Argentina: Jess Cejas Arias, de 22 aos, y Crescencio Galaega, de 26, quienes haban sido capturados el 9 de agosto de 1976 en el barrio de Belgrano; el ex Presidente de Bolivia, general Juan Jos Torres; el dirigente del ERP argentino, Mario Roberto Santucho; as como el tupamaro William Whitelaw.

Cndor tambin provoc el asesinato de los destacados polticos uruguayos Zelmar Michelini y Hctor Gutirrez Ruiz, as como en atentado que cost la vida al ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria, perpetrado en territorio norteamericano por terroristas chilenos y cubanos estrechamente vinculados a la CIA.

Ya no es un secreto que 100 militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, exilados en Argentina, fueron brutalmente asesinados entre 1974 y 1975, en lo que se llam Operacin Colombo y cuyo artfice fue Pinochet.

Hoy tampoco resulta un secreto que una gran parte de los secuestrado y ulteriormente asesinados dentro de la Operacin Cndor, pasaron por una disimulada prisin ubicada en el barrio bonaerense de Floresta, conocida como Automotores Orletti, en la que fueron salvajemente torturados.

De aquella poca de dolor y muerte queda an el reclamo insatisfecho de justicia, el bregar heroico de los argentinos, representados legtimamente por las Madres de la Plaza de Mayo, por alcanzarla un da y, sobre todo, el optimismo de una Argentina mejor.


Chile


A partir del golpe militar contra el gobierno de la Unidad Popular, en septiembre de 1973, Chile conoci una poca horrenda que arrebat la vida a sus mejores hijos e hizo trizas a las libertades democrticas. Las detenciones, las desapariciones y los asesinatos pasaron a convertirse en la venganza castrense contra todos aquellos que un da pretendieron hacer de Chile una patria igual para todos.

Al bao de sangre que continu al 11 de septiembre de 1973, le sustituy una frrea represin ejecutada inicialmente por distintos cuerpos de seguridad y, a partir de 1974, por la recin creada Direccin de Inteligencia Nacional (DINA). Todo ese despliegue de terror estuvo encaminado a consumar los planes represivos elaborados desde meses antes por los altos mandos militares chilenos, con el apoyo del gobierno norteamericano, y que estaban dirigidos a hacer desaparecer a ms de tres mil altos dirigentes de izquierda y 20 mil cuadros de las organizaciones populares luego de la asonada militar. La represalia preelaborada por los golpistas apunt tambin contra miembros de las fuerzas armadas opuestos a la sedicin castrense.

Hoy se conoce igualmente que la propia Central de Inteligencia de los Estados Unidos colabor con los militares chilenos en la confeccin de estos listados y que, con posterioridad al golpe, continu facilitando informacin a los golpistas sobre exilados chilenos residentes en otros pases, informacin que sirvi de base para las operaciones de secuestro y asesinato perpetradas durante la Operacin Cndor. Estados Unidos y sus agencias gubernamentales, apoyndose en un grupo de terroristas cubanos, apuntal las decenas de operativos realizados por la DINA en otros pases latinoamericanos y en varias naciones europeas. Por tanto, no resulta absurdo presuponer que la CIA supervis todo el proceso de montaje de la asonada golpista en Chile, colaborando con los militares chilenos en el diseo de la ulterior respuesta represiva contra las fuerza de izquierda, lo que incluy, desde luego, la desaparicin fsica de Salvador Allende.

En los aos siguientes, la colaboracin entre los Estados Unidos y Pinochet se fortaleci a niveles sorprendentes. El propio Henry Kissinger santific los asesinatos y la salvaje represin contra los chilenos, cuando le expres a Augusto Pinochet durante un encuentro que ambos sostuvieron en junio de 1976: " en Estados Unidos simpatizamos con lo que usted est tratando de hacer aqu".

Los cuantiosos recursos aportados por Estados Unidos para llevar a cabo el montaje de la Operacin Cndor incluyeron no slo altas sumas de dinero, sino tambin un voluminoso intercambio de informacin, asesoramiento en tcnicas de tortura y equipamiento provistos por la Divisin de Servicios Tcnicos de la CIA.

Como se ha destacado en otra parte del artculo, los militares chilenos desempearon un papel descollante en la internacionalizacin del terror contra los movimientos progresistas y sus lderes en Amrica Latina. Fueron operativos de la DINA, una organizacin de inteligencia subordinada directamente a Pinochet, los que persiguieron, secuestraron y ultimaron a destacadas personalidades democrticas chilenas en el exterior, entre las que sobresalieron el general Carlos Prats y Orlando Letelier.

Durante la investigacin llevada a cabo por el FBI sobre el asesinato de Orlando Letelier del Solar, un agente de esta organizacin federal, Robert Scherrer, quien funga como agregado legal de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires desde el ao 1972, inform a sus jefes en un cable fechado el 28 de septiembre de 1976: "Operacin Cndor es el nombre en cdigo de la recopilacin, intercambio y almacenamiento de datos de inteligencia [militar] sobre personas [calificadas de adversarios polticos], recientemente establecida entre los servicios que a ella cooperan con el fin de eliminar a [sus adversarios polticos] en estos pases. Adems, la Operacin Cndor lleva a cabo operaciones conjuntas contra sus blancos en los pases miembros (...) Chile es el centro de la Operacin Cndor, e incluye tambin a Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Brasil tambin ha aceptado en principio aportar informacin a la Operacin Cndor.

Este sistema de terror provoc la desaparicin de ms de 30 000 personas, mientras que otras fuentes como la OEA, la ONU y el Consejo Mundial de Iglesias y el Parlamento Europeo, sealan como 45 mil los chilenos asesinados entre 1973 al 1990. Estas cuantiosas muertes por razones polticas, se consumaron en la aciaga Caravana de la Muerte, mediante las nefastas operaciones Albania y Colombo, as como los deplorables hechos sucedidos en la Colonia Dignidad, el Buque Escuela Esmeralda y otros. Repudiables fueron tambin los asesinatos de Barchelet, Vctor Jara, Hoteiza, Pablo Neruda, Jos Toha, Bonilla, Lumi Videla, Marta Ugarte, Miguel Enriquez y Salvador Allende. Otros terribles hechos de sangre que conmovieron a Chile entero fueron los asesinatos cometidos durante las protestas de pobladores de las colonias Jos Mara Caro, la Victoria, la Villa Francia; al igual que las muertes ocurridas en los estadios Chile y Nacional; los crmenes cometidos en Chacabuco, Tejas Verdes y los Buques de Valparaiso y Talcahuano; en Ritoque, Tres y Cuatro Alamos; en la Villa Grimaldi; en Discotex; en el regimiento Tacna, el Buin, el Tarapaca, en el AGA; asesinatos como los de la Academia de guerra de la Fuerza Area y de la Armada; los del local del ex diario Clarin y en el stano del viejo Congreso Nacional, entre otros detestables hechos de sangre cometidos por los militares chilenos.

El Salvador  

En esta nacin centroamericana se cometieron crmenes atroces contra el pueblo y las fuerzas progresistas empeadas en cambiar el deprimente status quo all imperante. El asesinato extrajudicial, la desaparicin fsica y la tortura pasaron a convertirse en prctica rutinaria desde 1932, cuando el rgimen de Maximiliano Hernndez Martnez hizo desaparecer los cadveres de las vctimas de sus frecuentes masacres.

Con el apoyo permanente de los Estados Unidos se llev a cabo a partir de la dcada de los sesenta una de las ms abominables represiones sufridas por pueblo alguno. Prueba del apoyo norteamericano lo represent la enorme ayuda militar recibida por los gobernantes salvadoreos, encaminada a reprimir y enfrentar la legtima lucha de este pueblo por su liberacin. Algunos datos prueban que, recin ser elegido Reagan como presidente, entreg al gobierno salvadoreo la asombrosa cifra de $55 millones en ayuda militar de emergencia.

Hoy se conoce la confabulacin de otros gobiernos latinoamericanos para apoyar a los criminales gobernantes de ese pas centroamericano. Por ejemplo, la CIA consigui que el gobierno venezolano de Herrera Campins, perteneciente al COPEI, entregara armas y otros abastecimientos a Napolen Duarte, probado ttere de Estados Unidos y de la CIA.

Para ocultar vanamente la participacin del gobierno y de sus fuerzas armadas en los frecuentes asesinatos de tipo poltico, en El Salvador fue creado en 1967 un grupo paramilitar conocido como Organizacin Democrtica Nacional (ORDEN), coincidiendo con la aparicin de estos escuadrones de la muerte en la vecina Guatemala. Otros grupos paramilitares, dependientes del ejrcito como la autodenominada Brigada Anti-Comunista Maximiliano Hernndez Martnez y el Ejrcito Secreto Anticomunista (ESA), cometieron tambin abominables crmenes.

El empleo directo de ORDEN por el ejrcito en 1970 caus tal repudio que, en 1979, fue disuelto en apariencia, aunque continu realizado macabros crmenes por todo el pas con 150.000 civiles armados dentro de su estructura.

ORDEN se mantuvo ejerciendo su represin a pesar de su formal desaparicin. Colabor con el ejrcito en cuanto a bsqueda de informacin y aniquilacin de potenciales enemigos. Ya para 1985 haba participado en la ejecucin de ms de siete mil salvadoreos. En este contexto se ubicaron los asesinatos de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos acompaantes en 1989, ocurridos en el Centro Pastoral de la Universidad Centroamericana. Este hecho, ocurrido el 16 de noviembre de 1989, tuvo lugar cuando efectivos militares asesinaron a mansalva a los padres jesuitas de la UCA: Ignacio Ellacura (Rector de la Universidad), Segundo Montes, Ignacio Martn-Bar, Armando Lpez, Juan Ramn Moreno y Joaqun Lpez, al igual que a la trabajadora domstica Elba Ramos y a su hija de 15 aos, Celina Ramos.

Otros terribles crmenes polticos fueron el asesinato de los dirigentes del Frente Democrtico Revolucionario (FDR) Victor Manuel Quintanilla, Santiago Hernndez Jimnez (Secretario General del FUSS y desaparecido desde el 25 de septiembre), Jos Antonio Garca Vsquez y la Dra. Dora Muoz Castillo, ocurrido el 7 de octubre de 1983, y cuyos autores fueron miembros de la Brigada Anti-Comunista Maximiliano Hernndez Martnez. Un tiempo antes, entre el 12 y 15 de agosto de 1980, fueron asesinados 129 simpatizantes de esta organizacin al ser reprimido un paro convocado por el FDR. Otros 7 dirigentes del FDR, entre los que se encontraba Alvarez Crdoba, fueron torturados y asesinados.

Tambin fueron asesinadas religiosas norteamericanas y periodistas holandeses.

Gran conmocin causaron las agresiones contra miembros de organismos de derechos humanos como el FENASTAS y COMADRES, as como contra sindicatos de trabajadores. Solo entre enero y junio de 1981 fueron asesinados 136 profesores agrupados en la Asociacin Nacional de Educadores Salvadoreos (ANDES). Por su parte, el da 4 de diciembre de 1981 fue secuestrado y posteriormente asesinado el director de la Comisin de Derechos Humanos de El Salvador (CDHES-NG), Carlos Eduardo Vides; en agosto de 1982 ocurri lo mismo con Amrica Perdomo, Directora de Relaciones Pblicas de esa entidad; y, posteriormente, el 16 de marzo de 1983, fue asesinada Marianela Garca Villas, Presidente del CDHES- NG, por una patrulla militar.

Las masacres de campesinos por miembros del ejrcito, como ocurri en las aldeas del Mozote, Ro Sumpul y El Calabozo, fueron otras de las modalidades del terrorismo de estado en El Salvador. Un grupo de ms de doscientos campesinos fue asesinado o desaparecido el 17 de marzo de 1981, cuando un millar de stos intentaba cruzar el ro Lempa, rumbo Honduras. Meses despus, en octubre de ese ao y en el mismo lugar, fueron asesinados 147 campesinos, entre ellos 44 menores de edad. En noviembre de ese mismo ao, una patrulla militar asesin entre 50 y 100 campesinos en el departamento de Cabaas.

Fueron tambin miembros del ejrcito quienes cometieron uno de los ms repugnantes y condenados crmenes cometidos en El Salvador: el de Monseor scar Arnulfo Romero, quien se haba dirigido al presidente norteamericano Jimmy Carter, en 1980, recabando que los Estados Unidos cesara su apoyo al gobierno de su pas. El crimen tuvo lugar el 24 de marzo de ese mismo ao, mientras oficiaba misa Monseor Romero en la capilla del hospital La Divina Providencia. El ejecutor directo del crimen fue un francotirador, pero los autores intelectuales fueron varios y haba que localizarlos en las altas esferas de gobierno y en Washington. El da anterior, Romero haba declarado en su homila dominical: "En nombre de Dios, en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada da ms tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, que cese la represin."

El acto de horror cometido contra Romero se complet en sus funerales, cuando grupos paramilitares hicieron estallar una bomba entre la multitud que acudi al sepelio, frente a la Catedral de San Salvador. A la detonacin, sigui el ametrallamiento de los asistentes. El costo de esta criminal accin fue el de 27 a 40 muertos y ms de 200 heridos.

Convertidas El Salvador y toda Centroamrica en campo de pruebas de la guerra antisubversiva de los Estados Unidos, recibieron el apoyo logstico del Pentgono y de la CIA, as como la participacin de asesores y expertos en contrainsurgencia, entre los que se destacaron contrarrevolucionarios cubanos como Flix Rodrguez y Luis Posada Carriles. Esta ingerencia provoc la muerte de ms de 250 mil centroamericanos.

Hoy se manejan con horror las cifras de asesinados El Salvador. Solo entre los aos 1980 y 1982, stos fueron varios miles, tal como se puede apreciar en la siguiente tabla:

AO TOTAL DE VICTIMAS

1980 11,903 1981 16,266 1982 5,962

Por su parte, la organizacin Socorro Jurdico Cristiano denunci que solo entre enero y agosto de 1982, se cometieron 3,059 asesinatos polticos en esa nacin. El Informe del Enviado Especial a la Comisin de DDHH, en su pgina 21, expresa que solo en el ao 1982 fueron asesinados 5,962 salvadoreos. El ritmo de asesinatos cometidos fue de 300 por mes. Tal fue la magnitud de este genocidio, cuyo cmplice principal fue el gobierno de los Estados Unidos.

Brasil

Luego de que la CIA desat una feroz campaa propagandstica en contra del gobierno de Joo Goulart en 1964, cuya culminacin fue un golpe de Estado, Brasil sufrira por ms de dos dcadas la presencia de dictaduras militares. Este triste perodo fue i niciado con el mandato del general Humberto de Alencar Castello Branco y cuando el pas conocera un rgimen de persecuciones, torturas y asesinatos polticos sin parangn. Luego del breve perodo presidencial de Artur da Costa e Silva, una Junta Militar detent el poder, con el general Emilio Garrastaz Mdici a la cabeza. Esta junta castrense llev la represin a niveles nunca antes conocidos en el pas. Luego se sucedera el mandato del general Ernesto Beckmann Geisel y, finalmente, el del general Joao Baptista de Oliveira Figueiredo. Con la creacin del Servicio Nacional de Informacin (SNI), por parte de Castello Blanco, las dictaduras castrenses subsiguientes contaron con un eficiente instrumento para llevar a cabo su terrorismo de estado entre 1964 y 1979. Este macabro organismo tena como funciones las de recoger y clasificar la informacin sobre supuestos enemigos del gobierno. El SIN coordinaba y maniobraba con las secciones de inteligencia de los diferentes cuerpos de seguridad, as como con las Divisiones Regionales de Operaciones de Inteligencia y Coordinaciones de la Defensa Interna.

De acuerdo con el Informe Brasil: Nunca Ms, emitido en 1985, se registraron en Brasil 144 asesinatos polticos, 1843 casos de tortura y 125 casos de desaparicin de personas, tambin por los mismos motivos.

Por las investigaciones realizadas para conocer las violaciones a los derechos humanos en ese perodo, se pudo determinar que los Estados Unidos apoyaron sistemticamente a las dictaduras militares, facilitando fondos, entrenamiento y asesora para llevar a cabo sus actividades represivas. El propio oficial CIA Dan Mitrione entren a una enorme cantidad de militares y policas brasileos con sus "Mtodos cientficos para arrancar confesiones y obtener la verdad". Las vctimas con las que se experimentaban estos mtodos de tortura fueron nios de la calle y mendigos de la ciudad de Bello Horizonte.

Una prctica muy comn en este perodo fue la desaparicin de ciudadanos, muy difundida ya en otras naciones latinoamericanas. Se conoce hoy que entre 1964 a 1979 ocurrieron 125 casos de personas desaparecidas por razones polticas, las que fueron enterradas bajo otras identidades.

En Brasil, fue donde se estren, mediante el primer golpe de estado, la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aprobada por J. F. Kennedy en 1962, y que posteriormente propiciara la difusin de juntas fascistas en gran parte de Amrica Latina.

Uno de los movimientos sociales que ms ha padecido el asesinato poltico ha sido el Movimientos de los Sin Tierra, sobre todos en los estados norteos brasileos y en Par. Las amenazas de muerte, ejecuciones sumarias y masacres han sido, entre 1985 y 1997, muy frecuentes, al extremo que 1003 campesinos sin tierra fueron asesinados en Brasil. La impunidad de los asesinos es total, ya que solo 56 casos fueron investigados y una pequea parte del total fueron juzgados.

Los periodistas tambin han padecido la feroz persecucin y el asesinato. En el 2004 fueron asesinados en ese pas Jorge Loureno dos Santos (propietario de la radio Criativa FM, Santana do Ipanema, en Alagaos) y Jos Carlos Arajo (periodista de la Radio Timbaba FM, Timbaba, en Pernambuco).

El hecho ms notorio del terrorismo de Estado en Brasil fue la masacre de la Guerrilla de Araguaia, sobre cuyos miembros se ejerci una brutal violencia. De los 69 guerrilleros que la integraban, 59 fueron asesinados y sus cadveres desaparecidos. Esa valiosa cantera de luchadores del Partido Comunista de Brasil, integrada en lo fundamental por mdicos, enfermeras, maestras y otros intelectuales, fue hecha desaparecer con saa y perversin. Es cierto que la represin en Brasil fue ms encubierta que en otros pases del continente, pero no por ello menos violenta y condenable.


Bolivia


Fueron 18 aos de dictaduras militares las que sufri el pueblo boliviano entre 1965 y 1982. Solo con el golpe militar de Hugo Banzer Surez, en agosto de 1971, y de acuerdo al Comit Impulsor del Juicio contra Garca Meza, se produjeron ms de 14,000 detenciones ilegales de personas las que fueron, en la mayora de los casos, sometidas a crueles torturas y asesinato. La represin en esos momentos provoc el exilio de 6,000 bolivianos. Con Banzer fueron desaparecidas ms de 70 personas, segn cifras bastante conservadoras.

Luego del perodo de Banzer, sobrevino la dictadura de 16 das del coronel Alberto Natusch Busch, breve perodo en que fueron asesinadas 76 personas en La Paz y desaparecieron 140 bolivianos.

La dictadura de Garca Meza fue responsable de la desaparicin de 22 personas y del asesinato de otras 52, entre ellas el diputado Marcelo Quiroga Santa Cruz. Un cuadro de la aterradora represin la ofreci la Asociacin de Familiares de Desaparecidos cuando denunci, en mayo de 1990, la desaparicin de 156 personas. Como ya sealamos, 76 correspondieron a la etapa banzeriana, 34 al perodo del general Alfredo Ovando, 28 al de Garca Meza, 14 al de Alberto Natusch y 4 en el perodo de Ren Barrientos.

An los bolivianos recuerdan conmocionados el asesinato del Guerrillero Heroico en octubre de 1967 por indicaciones expresas de la CIA norteamericana. ste fue uno de los crmenes ms atroces de los cometidos por los militares bolivianos.

Otros asesinatos polticos que levantaron la repulsa popular y la condena internacional fueron el ya sealado del diputado Marcelo Quiroga Santa Cruz, el de los ocho dirigentes del MOR y el del sacerdote Luis Espinal. La organizacin de los escuadrones de la muerte fue directamente ordenada y ejecutada por que altos miembros del mismo ejrcito boliviano, emplendolos para asesinar lderes polticos, cometer atentados terroristas, lanzar bombas contra manifestantes, atacar sedes de organismos polticos, religiosos y culturales, etc. Las macabra conspiracin terrorista de los militares bolivianos plane el asesinato de otras personalidades, incluidas en una lista negra, y en la que se encontraban el sacerdote Luis Espinal Camps, el diputado socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, el ex Presidente Walter Guevara Arce, el lder sindical Juan Lechn Oquendo, y el ex ministro Eduardo Prez Iribarne, entre otros.


Paraguay

  El 4 de mayo de 1954 los militares paraguayos derrocaron al presidente Federico Chvez, de la Asociacin Nacional Republicana, mediante un golpe de estado. Este hecho incruento llev al poder al general Alfredo Stroessner, quien lo detentara por 35 largos aos. poca macabra en la que el terror rein a sus anchas, provocando la muerte indiscriminada de miles de personas, tanto paraguayos como de otras naciones del Cono Sur.

La anuencia de Estados Unidos hacia los crmenes de la dictadura paraguaya, se puso de manifiesto cuando el propio presidente norteamericano Richard Nixon le manifest a Stroessner durante una visita a ese pas, realizada el 4 de mayo de 1968: "En el campo de los asuntos internacionales, no conozco otra nacin que se haya levantado ms fuerte que la suya en contra de la amenaza del comunismo".

Operacin Cndor tuvo en Asuncin la sede de los archivos del terror. Los militares paraguayos fueron artfices de desapariciones de ciudadanos argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos y de otras nacionalidades, los que eran secuestrados y enviados hacia sus respectivos pases para ser inmediatamente torturados y asesinados. En pago por estos favores, los militares argentinos, por ejemplo, asesinaron a 54 paraguayos exilados en ese pas. Investigaciones posteriores han indicado que los militares paraguayos se incorporaron a las actividades de Cndor a partir de julio de 1976, a travs del Coronel Benito Guanes Serrano, jefe de los Servicios de Inteligencia del Ejrcito.

Tal fue el nivel de represin desatada por Stroessner, que 360 mil personas, de un total de tres millones de habitantes, pasaron por las prisiones, siendo salvajemente vejadas y torturadas. Por otra parte, casi el 50 % de los paraguayos tuvieron que exilarse para escapar de la represin.

El descubrimiento de los llamados Archivos del terror, aparecidos casualmente en la estacin de polica de Lambar, un barrio de Asuncin, ofreci en 1993 la documentacin suficiente para demostrar cmo funcion el aparato de pavor implementado por los militares paraguayos en complicidad con sus iguales en otros pases del Cono Sur. Las desapariciones forzadas aparecieron en su real magnitud y se pudo descubrir el fatal destino de miles de personas de diversos pases, esbozando el mtodo principal de control poltico y social en Paraguay, basado en la impunidad y la violacin descarada de los derechos humanos. Los Archivos del terror contienen registros documentales sobre de unas 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados. Lo pavoroso es que 3000 nios fueron desaparecidos y asesinados durante la Operacin Cndor.

Casos como el Gustavo Edison Inzaurralde, quien en 1973 huy a Paraguay tras ser detenido y torturado por sus actividades revolucionarias en Uruguay, arrestado el 28 de marzo de 1977 y posteriormente asesinado por militares argentinos, ilustran la criminal madeja desenterrada por Martn Almada al descubrir los Archivos del terror. Junto con Inzaurralde, fueron entregados a los torturados argentinos el uruguayo Nelson Rodolfo Santana y otros tres ciudadanos argentinos.

Otro sonado caso de colaboracin de los militares paraguayos con sus homlogos del Cono Sur fue el Jorge Isaac Fuentes Alarcn, militante del Ejrcito Revolucionario del Pueblo, arrestado por la polica paraguaya al cruzar la frontera desde Argentina. Entregado a los agentes de la DINA, fue enviado a Santiago de Chile, donde desapareci en Villa Grimaldi. A Fuentes Alarcn lo interrogaron torturadores de varios pases, incluso norteamericanos adscritos a la embajada yanqui en Argentina.

Los sicarios paraguayos asesinaron a los hermanos Benjamn y Rodolfo Ramrez, acusados de pertenecer a un grupo guerrillero conocido como Organizacin Poltica Militar. El propio el jefe de investigaciones de la polica paraguaya, Pastor Coronel, particip en estos asesinatos y en el del doctor Agustn Goybur, dirigente del Movimiento Popular Colorado de Paraguay.

Otras cinco personas arrestadas en Paraguay fueron entregadas a funcionarios de las inteligencias de Argentina y Uruguay. Ellos fueron los uruguayos Gustavo Edison Insaurralde y Nelson Rodolfo Santana Scotto, y los argentinos Alejandro Logoluso Dio Martino, Jos Boll y Dora Landi Gill, quienes luego desaparecieron, y cuyo caso ya mencionamos con anterioridad. El pueblo paraguayo an reclama justicia por estos crmenes.


Uruguay


La dictadura cvico-militar que desgobern al Uruguay entre 1973 y 1984, desat tambin una represin a gran escala, pero con una modalidad muy sui gneris: fue una represin sofisticada y selectiva.

Los militares y el gobierno clasificaron a los ciudadanos del pas en tres categoras (A, B y C), en correspondencia con el grado de peligrosidad que les supona. Mediante un "Certificado de Fe Democrtica" se regulaba el destino de cada uruguayo y su propia suerte.

La ideologa dominante en los crculos de poder uruguayos, la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), abarc tanto la estructura orgnica del pas como su dependencia al control de los militares. Convertida en filosofa reinante, esta doctrina domin la vida pblica del pas.

La actividad solapada y selectiva de los torturadores uruguayos, provoc sin embargo crmenes condenables como el de los 8 militantes del Partido Comunista, perpetrado en abril de 1972. Otro hecho siniestro fue el secuestro en Buenos Aires de cinco ciudadanos uruguayos y su ulterior asesinato en 1975, ya en Uruguay.

Gran repudio causaron los asesinatos de dos legisladores uruguayos en 1976: Zelmar Michelini y Hctor Gutirrez Ruiz, en unin de William Whithelaw Blanco y Rosario Barredo. Otro hecho repudiable fue el envenenamiento de Celia Fontana de Heber, esposa de un dirigente poltico uruguayo.

La dictadura cvico-militar ocult estos hechos y su complicidad en ellos. Hubo, sin embargo, un hecho en que se vieron desnudados como fue el caso de la maestra Elena Quinteros, secuestrada en junio de 1976 en el propio predio de la embajada de Venezuela en Uruguay. El asesinato del maestro y pedagogo Julio Castro, secuestrado en plena va pblica y luego asesinado, tambin caus gran conmocin en todo el pas.

Ese trgico ao de 1976 vio con impotencia cmo, dentro del marco de la Operacin Cndor, fueron secuestrados en la Argentina 62 uruguayos y conducidos posteriormente a su pas, donde fueron salvajemente torturados y la mayora de ellos desaparecidos.

El caso ms sorprendente de la represin en Uruguay lo fue la desaparicin del nio Simn Antonio Riquelo, quien fue arrebatado de los brazos de su madre cuando slo tena 20 das de nacido.

Entre 1977 y 1979 continuaron los secuestros y desapariciones de uruguayos en Argentina. En Paraguay capturaron y desaparecieron a dos ciudadanos uruguayos, los que fueron trasladados a Argentina y posteriormente ultimados.

En Uruguay, la CIA fue la responsable y tutora directa de los escuadrones de la muerte. La estacin de la CIA en Montevideo elabor listados y ejerci permanente control sobre los ms destacados activistas y opositores al gobierno de turno. Fue la CIA la que facilit las coordinaciones entre los militares uruguayos y sus similares de Chile y Argentina, dando lugar a las ya analizadas operaciones conjugadas entre ellos que estaban previstas en la Operacin Cndor. Como ejemplo, puede destacarse que un numeroso grupo de 32 uruguayos y argentinos, detenidos en la crcel secreta de "Automotoras Orletti", fue enviado al Uruguay en octubre de 1976 y all posteriormente ultimados. Tal fue la confabulacin de los militares y grupos civiles de poder, asociados con militares del Cono Sur y contando con la venia y apoyo de los Estados Unidos. Prueba de ello fue que, en 1969, la agencia envi a Uruguay al conocido torturador Dan Mitrione.


Guatemala


A partir de 1962 se fortaleci an ms el proceso de militarizacin del Estado y, en consecuencia, un incremento de la violacin de los derechos humanos. Ya haban ocurrido las Jornadas de marzo-abril de 1962 cuando el estudiantado y otros sectores de la poblacin protestaron por la represin que provoc la muerte a tres estudiantes de Derecho. Como resultado de la represin fueron muertas 50 personas, 500 fueron heridas y ms de mil detenidas. La imposibilidad de Miguel Ydgoras Fuentes de controlar el descontento popular, provoc que el ejrcito se hiciera cargo de la situacin, preparndose de facto las condiciones para el golpe militar de 1963.

Ese era la forma en que los militares guatemaltecos y los grupos de poder interpretaron la Doctrina de Seguridad Nacional, concebida por Estados Unidos para su traspatio latinoamericano.

Con el golpe de Estado producido el 30 de marzo 1963, los militares guatemaltecos haca suya esta doctrina, la que lograra an ms plenitud durante el perodo gubernamental de Julio Csar Mndez Montenegro, ejercido entre 1966 y 1970. Al estilo de sus homlogos uruguayos, un pacto entre militares y civiles beatificara este nuevo modelo de contrainsurgencia. El golpe, que coloc a la cabeza del rgimen a Enrique Peralta Azurdia, hasta ese momento ministro de la Defensa, durante mil das de terror y represin contra las fuerzas progresistas del pas.

Apoyados por Estados Unidos, los militares incorporaron el despliegue de un terror a gran escala como modalidad de su estrategia contrainsurgente. La CIA y el Pentgono ayudaron a perfeccionar los rganos represivos guatemaltecos y a preparar a sus miembros con las ltimas tcnicas de tortura y represin. A la acelerada modernizacin del ejrcito, la difusin de las Doctrina de Seguridad Nacional, el perfeccionamiento de los servicios de inteligencia militar y el incremento de la ayuda militar norteamericana, dio paso un modelo contrainsurgente basado en el terror. Todo ese tinglado de abusos y violacin de la democracia, se beatific con leyes como la llamada Ley de Defensa de las Instituciones Democrticas, el decreto 9, de abierto carcter antidemocrtico.

En marzo de 1966, se decidi el traspaso del gobierno al abogado Julio Csar Mndez Montenegro. Para evidenciar que este cambio era solo de forma y que la represin continuara, fueron capturados y desaparecidos 28 dirigentes polticos y populares. Luego se esclareci que haban sido capturados por rdenes del entonces ministro de la defensa, el coronel Rafael Arriaga Bosque. Sus cuerpos jams aparecieron, pues fueron salvajemente torturados y arrojados al mar desde aviones de la Fuerza Area. Con la desaparicin de los 28 se daba paso a una prctica que se hara comn en Latinoamrica.

La complicidad norteamericana qued esclarecida cuando se comprob que asesores yanquis participaron en los interrogatorios.

En ese mismo ao aparecieron los "escuadrones de la muerte", alcanzando la alarmante cifra de 15 grupos de este tipo creados en un solo ao. Luego apareceran otras 20 organizaciones paramilitares para ejecutar los crmenes contra los opositores al gobierno. Los crmenes cometidos entre 1966 y 1970 provocaron ms de 3 000 vctimas.

El modelo represivo ensayado en Guatemala, apoyado en la asociacin entre polticos, empresarios y militares, se extendi a la dcada de los setenta. El dominio del ejrcito sobre la vida pblica, manejando todos los hilos del poder, limit al mnimo la participacin de los partidos de derecha.

Los gobiernos militares que sucedieron Mndez Montenegro, el del coronel Carlos Manuel Arana Osorio (1970-1974) y del general Kjell Eugenio Laugerud Garca (1974-1978), mantuvieron una brutal represin: El abogado Julio Camey Herrera fue ametrallado el 26 de noviembre de 1970. Dos meses despus fue ultimado el diputado Adolfo Mijangos Lpez. La persecucin de los comunistas provoc la captura y muerte, el 26 de septiembre de 1972, de seis miembros del Bur Poltico del PGT y la de una trabajadora domstica que se encontraba en el lugar. Luego, en 1974, result vilmente asesinado el secretario general del PGT, Huberto Alvarado, y, posteriormente, en 1976, otro destacado lder comunista: Bernardo Alvarado Monzn.

La represin selectiva recurri al aumento del nmero de escuadrones de la muerte, a los que se incorporan el Ojo por Ojo y la Organizacin CERO. Fue precisamente Ojo por Ojo la ejecutora del ex diputado del PGT Csar Montenegro Paniagua, en abril de 1970.

Otro caso de asesinato selectivo fue el perpetrado el 8 de junio de 1977 contra el abogado laborista Mario Lpez Larrave, ex decano de la Facultad de Derecho y miembro del Consejo Superior Universitario de la Universidad de San Carlos (USAC). Por esa misma razn, el 30 de junio de 1978, da en que finalizaba del gobierno de Kjell Eugenio Laugerud, resulto muerto el sacerdote Hermgenes Lpez Coarchita, prroco de San Jos Pinula.

Los campesinos tambin sufrieron una feroz represin en la dcada de los setenta. Prueba de ello lo fue el ataque contra una manifestacin campesina en Panzs, Alta Verapaz, en mayo de 1978, siendo asesinados 53 campesinos de la etnia ketch y ms de 40 resultaron heridos. Otro golpe contra el campesinado result el asesinato de Tereso de Jess Oliva, secretario general del Movimiento Campesino Independiente, el 20 de enero de 1971. En el departamento de El Quich fueron asesinados, entre febrero de 1976 y noviembre de 1977, 68 lderes de cooperativas del Ixcn, cerca de 40 en Chajul; 28 ms en Cotzal y 32 en Nebaj.

Los trabajadores de la ciudad tambin sufrieron en carne propia el asesinato de sus dirigentes. As sucedi con Vicente Mrida Mendoza y Csar Enrique Morataya, lderes de los trabajadores en la Empresa Autobuses Alianza Capitalina y Compaa Industrial del Atlntico S.A. (CIDASA), respectivamente, en 1972.

La represin selectiva tambin cobr la vida de Mario Muja Crdoba, principal asesor de los mineros de Ixtahuacn, el 20 de julio de 1978.

En los ltimos aos de la dcada de los setenta fueron ultimados sin piedad doce dirigentes sindicales y trabajadores, entre los que se hallaban tres secretarios generales: Pedro Quevedo y Quevedo, Manuel Francisco Lpez Balam y Marlon Rodolfo Mendizbal.

Los Gobiernos de los generales Romeo Lucas Garca y Efran Ros Montt representaron un aumento en la escalada terrorista contra el pueblo guatemalteco. Su estrategia contrainsurgente se encamin a destruir al movimiento social, tanto en las ciudades como en el campo, implementando una estrategia de tierra arrasada. Cientos de aldeas fueron quemadas y sus moradores asesinatos y perseguidos, provocando el desplazamiento masivo de la poblacin. Fue la poca de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), empleadas como soporte de los militares para controlar an ms a la poblacin y evitar su apoyo a la insurgencia.

El gobierno del general Humberto Meja Vctores (1983-85) dio continuidad a tal modelo represivo.

En los aos ochenta fueron asesinados centenares de jueces y abogados, supeditando al poder judicial mediante el terror.

Las protestas de octubre de 1978, por el aumento del pasaje del transporte pblico, fueron reprimidos salvajemente los ciudadanos de la Capital, provocndose la muerte de 40 personas, 300 heridos y ms de 1500 detenidos.

Uno de los destacados lderes estudiantiles, Oliverio Castaeda de Len, Secretario General de la Asociacin de Estudiantes Universitarios, fue asesinado ese mismo mes. No sera el nico: partir de 1977, ms de cien estudiantes y profesores de la USAC fueron asesinados por militares y escuadrones de la muerte.

El Frente Unido de la Revolucin (FUR), padeci la muerte de su lder, Manuel Colom Argueta y, entre 1978 y 1981, otros 19 dirigentes de esa organizacin fueron ultimados por escuadrones de la muerte.

Tal vez el hecho que caus mayor repercusin internacional lo fue la masacre de la Embajada de Espaa, ocurrida el 31 de enero de 1980, cuando fue incendiada la misma por fuerzas militares, muriendo 37 de sus ocupantes. El nico sobreviviente de los campesinos, fue asesinado luego de ser secuestrado del hospital en que encontraba convaleciente. El Primero de mayo de 1980 fueron secuestrados 32 participantes de las protestas de ese da y luego aparecieron los cadveres de 28 de ellos.

La sucesin de gobiernos como el de Vinicio Cerezo Arvalo, de Serrano Elas (1991-1993, Ramiro De Len Carpio (1993-95) y de lvaro Arz Irigoyen, no terminaron con la represin. Guatemala ha sufrido, por tanto, dolorosas pginas de horror, implementadas por los militares y sus cmplices en Washington. Este cuadro de terror provoc la muerte de 45 000 guatemaltecos y la desaparicin de cerca de 150 000.


Otros crmenes polticos.


La historia de nuestro continente ha sido dolorosa y la principal causa de este cuadro de horror, basado en la desaparicin fsica, las masacres, la tortura y el asesinato selectivo, han sido las apetencias geopolticas de Estados Unidos para la regin. Muchos lderes polticos han sido salvajemente asesinados y otros han muertos en oscuras circunstancias, tal como ocurri con Maurice Bishop, Jacobo Arbenz, Luis Augusto Turcios Lima y algunos ms. A otros, como Fidel Castro y Hugo Chvez Fras, todava se les pretende asesinar da tras da, por rdenes expresas cursadas desde Washington.

Resultara extenso realizar un detallado anlisis de todos los casos de asesinato poltico o de aquellas muertes sospechosas ocurridas a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, existieron asesinatos y muertes sospechosas que vale la pena examinarse. Tales son los casos del asesinato de Csar Augusto Sandino, en Nicaragua; de Jorge Elicer Gaitn, en Colombia; de Jaime Rolds, en Ecuador; y de Omar Torrijos, en Panam.

La muerte de Sandino . El deseo de Sandino de conseguir una paz duradera y una Nicaragua independiente, lo condujo a aceptar una entrevista con Somoza el 21 de febrero de 1934. Una vez que sali de la Casa Presidencial en compaa de Gregorio Sandino, el ministro Sofonas Salvatierra, as como los generales Estrada y Umanzor, fueron detenidos por un destacamento de guardias nacionales que les conmin a bajarse del vehculo. Luego, fueron desarmados irrespetuosamente. Separado Sandino de sus acompaantes, se le asesin cobardemente. "Estn matando a Augusto", atin a decir el anciano don Gregorio con total impotencia. Los autores intelectuales del crimen fueron Anastasio Somoza y los intereses norteamericanos en Nicaragua.

La muerte de Gaitn . Jorge Elicer Gaitn, nacido en Bogot, el 23 de enero de 1903 y asesinado el 9 de abril de 1948, fue un poltico y abogado colombiano, alcalde y popular candidato del Partido Liberal a la Presidencia de la Repblica.

Quin orden el asesinato de Jorge Elicer Gaitn? Aunque la autora de su muerte ronda en el ms absoluto misterio, se sabe que detrs de la mano asesina de Juan Roa Sierra estuvo tambin la mano de la CIA y la de los intereses de la Federacin Nacional de Cafeteros y los nacientes industriales.

Las sospechas recayeron igualmente en el presidente Mariano Ospina Prez, de quien se dice se comunic en secreto con el autor material del crimen antes de que el crimen sucediera. El hecho de que Juan Roa fuera asesinado momentos despus que cometi el magnicidio, al igual que ocurri despus con el supuesto asesino de John F. Kennedy, Lee Harvey Oswald, refuerzan hoy la sospecha de la participacin de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana en el crimen. Sera, sin lugar a dudas, uno de sus primeros asesinatos promovidos en Amrica Latina por la CIA, luego de que sta fuera creada por Harry Truman, el 26 de julio de 1947. La CIA empez a funcionar el 20 de septiembre de ese mismo ao y ha sido la punta de lanza de los Estados Unidos para desestabilizar gobiernos y asesinar dirigentes en todo el mundo.

Jorge Elicer Gaitn se haba hecho popular con un programa a favor de la restauracin moral de la repblica, crtica a la violencia y la vindicacin de los pobres en el pas. Se tiene conocimiento que, el autor material del magnicidio, se haba entrevistado poco tiempo antes del acontecimiento con el presidente Ospina Prez, por lo cual muchos liberales acusaron al gobierno y exigan la renuncia de ste, como ya comentamos.

La muerte de Jaime Rolds : El de mayo 24 de 1981 ocurri el sospechoso accidente areo que cost la vida al presidente ecuatoriano Jaime Rolds, a su esposa y a los miembros de su comitiva. De inmediato, voces acusadoras sealaron hacia la CIA por cuanto Estados Unidos tena motivos suficientes para desear su desaparicin fsica. Su enfrentamiento a las compaas petroleras norteamericanas, su suspensin a las actividades del Instituto Lingstico de Verano, fachada de oscuros intereses, lo colocaron en la mira de Estados Unidos.

Su fuerte posicin nacionalista y su defensa a la Ley Poltica de Hidrocarburos, en la que expresa el inters de que los beneficios del petrleo fueran disfrutados por la mayora de los ecuatorianos, lo llev a la muerte. Antes de su defuncin, haba proclamado: nosotros debemos tomar medidas efectivas para defender los recursos energticos de la nacin. El Estado debe mantener la diversificacin de sus exportaciones y no perder su independencia econmica. (...) Nuestra decisin ser inspirada solamente por los intereses nacionales y la irrestricta defensa de nuestra soberana nacional.

La respuesta de las transnacionales petroleras no se hizo esperar. Una fuerte campaa ideolgica contra Rolds se desat e invirtieron altas sumas de dinero para comprar voluntades, sobornar funcionarios y obstaculizar el desempeo de su gobierno. De hecho, ese dinero pag la mano de sus asesinos.

La muerte de Omar Torrijos . El 31 de julio de 1981 ocurri el fatal y sospechoso accidente areo que cost la vida al general Torrijos, en las inmediaciones de Cerro Marta, en Panam. Varias destacadas personalidades han acusado a la CIA de haber interferido desde tierra los instrumentos de la nave donde viajaba Torrijos.

Su fuerte posicin nacionalista con respecto a renegociar el tratado canalero con Estados Unidos, as como la decisin de expulsar de Panam, al igual que lo hizo Rolds, al Instituto Lingstico de Verano, lo colocaron tambin en la mira de los asesinos pagados por Washington.

Conclusiones

Los asesinatos polticos cometidos en Amrica Latina, estimulados y financiados por el gobierno norteamericano y sus agencias, fruto de sus apetencias geopolticas, han constituido un fenmeno sistemtico en nuestro continente. Tales actos constituyen violaciones de normas jurdicas internacionales tales como la Declaracin Universal de los Derechos Humanos de la Organizacin de las Naciones Unidas. Ella establece que la desaparicin forzada de personas y los asesinatos polticos constituyen delitos permanentes que violan todo un grupo de normas que protegen a los derechos humanos.

De hecho, tales abominables prcticas ejecutadas por los gobiernos terroristas en Amrica Latina, dentro del marco de la Operacin Cndor y de la lucha contra las fuerzas progresistas, violaron impunemente los artculos 3, 5, 8, 9 y 10 de la referida Declaracin Universal, en los que se consagran los derechos a la vida, la libertad y la seguridad personales. De la misma manera, los regmenes militares que detentaron el poder en Latinoamrica y sus cmplices de la Casa Blanca, violaron los artculos Primero, Segundo, Doceavo, Treceavo y Catorceavo, de la Convencin Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos y Degradantes. Asimismo, fueron violados por ellos los artculos Noveno y Dcimo. del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos. Estos hechos ocurridos ampliamente en nuestros pases latinoamericanos, fueron violatorios tambin del Cdigo de Conducta Para los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, previsto en una declaracin de la Asamblea de la Organizacin de Naciones Unidas, en las normas 5a. y 6a.

Estos gobiernos represores violaron tambin la Convencin Americana sobre Derechos Humanos, la cual fue firmada y ratificada en 1969 por la mayora de los miembros de la OEA. De qu sirven las palabras del Artculo 4 de la misma, en las se dice que: Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estar protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepcin. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.", cuando los propios gobiernos firmantes han sido los comisores de los delitos de asesinato extrajudicial, desapariciones fsicas y torturas degradantes!?

Mucho ha faltado por decirse sobre el crimen cometido contra nuestros pueblos y sobre el asesinato de sus mejores hijos, pero razones de espacio y la tanta vergenza y rabia que se experimentan, conspiran contra el autor.

Tal vez el hecho ms relevante de esta poca trgica de nuestra historia, actualizada recientemente con el asesinato del luchador independentista puertorriqueo Filiberto Ojeda por sicarios del FBI norteamericano, lo ha sido que tanto crimen y tamaa matanza solo ha servido para reforzar la lucha de los pueblos por su definitiva liberacin, quienes ven en sus hijos desaparecidos nuevas banderas de lucha y acicates para continuar batallando por el porvenir.

Fuente:http://percy-francisco.blogspot.com/2011/12/el-asesinato-politico-en-la-america.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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