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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2011

La CELAC, por el camino de las rebeliones indgenas y las luchas independentistas

Hugo Moldiz Mercado
Rebelin


Un vigoroso resurgimiento del latinoamericanismo -que recupera las rebeliones indgenas, las luchas por la independencia y el heroico ejemplo del triunfo y la resistencia cubana, adems de que da cuenta de renovados liderazgos en Bolivia, Venezuela, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Brasil- da paso a la fundacin de la CELAC y a los sueos de alcanzar la plena emancipacin. El nacimiento de la CELAC ha sido un parto histrico, su proyeccin en medio del imperialismo ms grande que haya padecido la humanidad- ser una hazaa histrica.

Nuestra Amrica hace historia, pero no como tragedia ni comedia, sino como esperanza y horizonte emancipador. Retomando el camino de las resistencias indgenas a la invasin europea y las luchas independentistas de los siglos XVIII y XIX, los jefes de Estado y de gobiernos de 33 pases acaban de protagonizar un hecho histrico: la fundacin de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos (CELAC).

Este acontecimiento, el ms importante de los ltimos 200 aos, segn ha afirmado el presidente de Cuba, Ral Castro, abre laposibilidad de seguir avanzando, desde una perspectiva latinoamericanista y en medio de una coyuntura mundial extremadamente compleja, hacia la emancipacin plena de todas las formas de enajenacin de las que son objeto los seres humanos y la naturaleza.

Lo que ha ocurrido en Caracas estos 2 y 3 de diciembre ho habra sido posible, sin embargo, sin la confluencia de varios factores objetivos y subjetivos, cuya forma de articulacin poltica es el resultado del reconocimiento de pensar-vivir-sentir Nuestra Amrica a partir del origen comn que lo acompaa, de los problemas comunes que lo sacuden, de las amenazas comunes que lo acechan y de la pluralidad inter-gubernativa que expresa cada uno de los pases de esta parte del continente.

Un primer factor es el resurgimiento de un vigoroso latinoamericanismo que, hostigado y presionado por el imperialismo espaol primero- y estadounidense despus-, recoge el aporte de las grandes rebeliones indgenas de los siglos XVI y XVIII que se desarrollaron en todo el Abya Yala, que es el nombre originario de nuestro continente que una al guila del Norte y el Cndor del Sur.

Pero tambin es la recuperacin de la gran revolucin negra de principios del siglo XIX en Hait y que, junto a las ideas de la ilustracin, influy en las grandes gestas independentistas entre 1809 y 1826, cuando Nuestra Amrica conquist, an sea solo en el mbito de lo poltico, una independencia formal que luego sera asfixiada por el imperialismo estadounidense, cuya intervencin temprana bloque la aspiracin de Cuba y Puerto Rico para constituirse como repblicas. La primera se independiz del dominio de todo tipo de imperialismo en 1959 con la conduccin de Fidel Castro, quien nunca dej de levantar el alto su convocatoria al latinoamericanismo, y la segunda contina sometida a Estados Unidos como estado asociado.

Un segundo factor, es el irrenunciable sueo de muchos lderes polticos y jefes militares del siglo XIX, pero tambin del siglo XX, de construir un escenario de encuentro de los gobiernos y los pueblos latinoamericanos, independientemente de su signo ideolgico, interesados en lograr una posicin de soberana frente a los Estados Unidos, cuya actitud imperial fue anticipada por personajes como Simn Bolvar y Jos Mart.

Los sueos de unidad latinoamericana enfrentaron en el siglo XIX las reacciones de Estados Unidos, Francia e Inglaterra y no prosperaron por la actitud cmplice de las lites gobernantes que teman ms al caminar de los pueblos que a la dominacin imperial. As fracas el Congreso Anfictinico organizado por Bolvar en 1826 en Panam; en 1830 fue derrotada la idea de la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada y Ecuador); la Confederacin Per-Boliviana de 1839 no prosper, entre 1839-1848; Francisco Morazn no pudo impedir la disolucin de las Provincias Unidas en cinco pases (Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica); y otros intentos similares sencillamente fueron ahogados a tiempo por el imperio con la complicidad de las elites locales.

Pero el fuerte dominio imperial no termin con las aspiraciones latinoamericanistas, motivadas en el siglo XX por el nefasto papel de la Organizacin de Estados Americanos (OEA) considerado un Ministerio de Colonias de los Estados Unidos-, cuya actuacin legitimaba como lo hace hasta ahora- las intervenciones militares abiertas y los golpes de Estado que eran planificados en el Departamento de Estado y ejecutados por el Departamento de Defensa de EE.UU.

Y precisamente, en 1983, se activ el Grupo Contadora con el objetivo de buscar una salida poltica al conflicto armado que azotaba Centroamrica y particularmente para evitar un mayor desangramiento del que era vctima el pueblo nicaragense por parte de las bandas contrarrevolucionarias que financiadas por Estados Unidos no cejaban en su intento de derrotar a la revolucin sandinista que se alz victoriosa en 1979. El nacimiento de este grupo (conformado por Colombia, Mxico, Panam y Venezuela) y luego del Grupo de Apoyo a Contadora (Argentina, Brasil, Per y Uruguay) dara lugar en 1990 al Grupo de Ro, como mecanismo de Consulta y Concertacin Poltica de los gobiernos de Amrica Latina y el Caribe.

Del carcter defensivo de estas iniciativas en el siglo XX, un inesperado cambio de correlacin de fuerzas en el continente y una apuesta por retomar el camino de la integracin y la unidad latinoamericana se tradujo en diciembre de 2004 en la constitucin de la Alternativa Bolivariana de las Amricas (ALBA) entre Cuba y Venezuela y cuatro aos despus en la conformacin de la Unin de Naciones del Sur (UNASUR) en la que Brasil ha desempeado un papel central. El ALBA cuenta con 8 pases miembros y varios observadores, y la UNASUR juega un rol valioso en Sudamrica.

Como parte de esta ofensiva, en medio de una crisis del capitalismo central y la prdida de hegemona de los Estados Unidos en Amrica Latina, en diciembre de 2008 una triple cumbre celebrada en Brasil (Unasur, MERCOSUR y la I Cumbre de Amrica Latina y el Caribe (CALC) aprob organizar en febrero de 2010 una Cumbre de Unidad en Mxico, donde finalmente se sentaron las bases de la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos que se llev a cabo estos 2 y 3 de diciembre en Caracas.

Un tercer factor es la crisis de hegemona de los Estados Unidos y el agotamiento del Sistema Interamericano de la Organizacin de Estados Americanos (OEA). Desde su fundacin en 1948, bajo el influjo de la Doctrina Monroe (Amrica para los americanos), la OEA nunca ha dejado de ser el instrumento por el cual Estados Unidos ha pretendido camuflar sus poderosos intereses en la regin. En la dcada de los 60 lo quiso hacer a travs de la Alianza para el Progreso y tras la expulsin de Cuba por razones ideolgicas, en los 80 con el consenso de Washington y en los 90 con el Acuerdo de Libre Comercio para las Amricas (ALCA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC).

El mecanismo creado para dar oxgeno a la deteriorada hegemona de los Estados Unidos en la regin ha sido La Cumbre de las Amricas. Impulsada por Clinton en 1994 en Miami, esta primera cita, a la que Cuba no fue convocada, aprob e instal la agenda de Estados Unidos: guerra internacional contra el narcotrfico, defensa de la democracia representativa y el acuerdo de libre comercio. Las dos posteriores cumbres ordinarias en Chile (1998) y Canad (2001), adems de la extraordinaria de Mxico (2004), ratificaron esalnea. Si bien los planes estadounidenses no fructificaron por el certificado de defuncin que una nueva configuracin poltica latinoamericana dio al ALCA en Mar del Plata, Argentina, en 2005, la presin y las maniobras de la Casa Blanca se han vuelto a expresar, sin lograr resultados, en la V cumbre de Trinidad y Tobago en 2009.

Si bien quedan en el recuerdo el silencio cmplice de la OEA ante las invasiones militares estadounidensesde Guatemala (1954), Repblica Dominicana (1965), Granada (1983), Panam (1989) y Hait (1994), hay dos ltimos hechos que confirman el agotamiento de la OEA y el Sistema Interamericano: la violacin de territorio ecuatoriano por las fuerzas armadas de Colombia con el objetivo, logrado, de asesinar el jefe rebelde de las FARC en marzo de 2008 y el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en junio de 2009 en Honduras.

Un cuarto factor es la crisis del capitalismo. Al cumplirse cerca de cinco siglos de hegemona del capital, es posible apreciar un alto grado de descomposicin de un sistema que en la palabra y la voz de varios intelectuales se presentaba, en la ltima dcada del siglo XX, al derrumbarse el llamado socialismo real, como el nico sobreviviente en las arenas calientes del campo universal.

La realidad se ha encargado de negar los gritos de algaraba de la burguesa imperial. La aparicin de una burbuja financiera ha provocado desde hace ms de dos aos una de las crisis ms profundas de los Estados Unidos y que, lo han asegurado muchos, es apenas una expresin de una crisis estructural del sistema capitalista mundial que no termina de resolverse.

La crisis del capitalismo podra sintetizarse en el agotamiento de la forma de producir, en el agotamiento de la forma de distribuir y en el agotamiento de la forma de vivir. Estamos, por tanto, ante una crisis multidimensional provocada por capitalismo: financiera, productiva, energtica, alimentaria y climtica que no encuentra una respuesta de salida dentro del sistema.

Ninguna de las iniciativas adoptadas por los pases del G-20 en los ltimos aos da con la punta del ovillo. No hay respuesta. El Consenso de Washington, que en la dcada de 1990 era el catecismo con el cual las clases dominantes construan imaginarios colectivos en las clases subalternas, ha dado paso, ni veinte aos despus, al llamado Consenso de Londres, en marzo de 2009, cuando los pases mas industrializados del planeta se reunieron para conjurar las causas y los efectos de una crisis mundial que amenaza con arrastrar al capital, si hay sujeto social que se le enfrente, a una fase terminal de su existencia. Pero ni Londres, ni Sel (2010) ni Cannes (2011) han atacado las races de la crisis y elnfasis nicamente en lo financiero no hace ms que agravar la tendencia.

Un quinto factor es el predominio de gobiernos populares, progresistas y revolucionarios en Amrica Latina y el Caribe. Salvo Panam, Colombia, Costa Rica, Mxico, Chile y Guatemala (por el reciente triunfo de la ultraderecha), el resto de los pases est conducido por presidentes y primeros ministros que son el resultado de una crtica radical al neoliberalismo y al orden social injusto dictaminado por el capital.

No cabe la menor duda de que en ese grupo de jefes de Estado y de los pueblos que los acompaan existen dos corrientes: los que apuestan a construir una sociedad que supere el capitalismo y otros que apuestan por un capitalismo latinoamericano que cuestione la hegemona del capitalismo central en general y de los Estados Unidos en particular. El punto de encuentro entre una y otra posicin es una actitud de soberana frente al imperio ms poderoso que ha conocido la humanidad.

La creatividad y la ofensiva poltica de los gobiernos progresistas y de izquierda ha sido fundamental para avanzar en la direccin del resurgimiento del latinoamericanismo. El ALBA primero y UNASUR despus, bajo las siempre lcidas reflexiones de Fidel Castro, quien siempre recomienda no perder de vista al enemigo principal, se constituyeron en verdaderos motores de la unidad y la integracin, traducida ahora en el nacimiento de la CELAC.

Es evidente que la falta de respuestas a la crisis por parte del capitalismo central y la fuerza de los gobiernos progresistas y de izquierda han logrado atraer a los gobiernos de derecha a la CELAC, aunque es evidente que habr que estar atentos a la evolucin de sus posiciones.

Los desafos de la CELAC

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos tiene al frente un cmulo de desafos que, dependiendo cmo los vaya enfrentando y resolviendo, podr determinar la naturaleza de su vida y contribuir a la profundizacin de la tercera ola emancipatoria de Nuestra Amrica.

El primer desafo es convertirse en los hechos, tal como se ha propuesto desde su fundacin, en un foro poltico regional en el que prevalezca en trminos reales y no formales el principio de la igualdad poltica. Ya ninguno de los Estados, incluso los ms dciles, quieren que los siga mirando desde arriba el sumo pontfice del Norte.

La igualdad desde la poltica implica abandonar la visin reducida e instrumentalizada de un modelo de democracia representativa que en pleno siglo XXI ya no es la nica manera de organizar la vida de los pueblos y las sociedades. El desarrollo de otras formas de democracia en varios pases de Amrica Latina y el Caribe ensea que la democracia no puede ni debe reducirse a un mero procedimiento por el cual los pueblos eligen a sus gobiernos y representantes. Los pueblos, en su condicin de sujetos colectivos y plurales, quieren votar, elegir, participar y decidir. Es decir, quieren otra forma de articularlos Estados y las sociedades.

Este principio de igualdad poltica implica, adems, convertir a este potencial organismo regional, en contraposicin al fundado en 1948 en Bogot, en un espacio comn en el que confluya una diversidad de actores, cada uno portador de su historia particular y proyecto de pas especfico. Es el respeto efectivo y no retrico a la autodeterminacin de los pueblos, por lo tanto es la aceptacin de las diversas formas de gobierno.

El reconocimiento del principio de igualdad poltica independientemente del tamao del Estado, conduce a una reconceptualizacin de la soberana, la integracin y la democracia, as como a clausurar el principio del alineamiento con el que se ha actuado desde la OEA y que ha conducido a decisiones aberrantes como las de excluir a Cuba en la asamblea de Punta del Este, en 1962, y a mantener un silencio cmplice ante el criminal bloqueo del que es vctima la mayor de las antillas y ante las invasiones militares estadounidenses de varios pases de Amrica Latina y el Caribe.

Y eso conduce a otro principio, ahora inexistente en la OEA: el principio de la cultura de la paz y la declaracin de que Amrica Latina y el Caribe no sern bases militares de ninguna potencia mundial. Es decir, lo que est en crisis es la idea de lo polticamente aceptable en el uso de la fuerza. Con ese argumento se ha mantenido un silencio cmplice ante las invasiones militares y los golpes de Estado organizados, ejecutados y alentados por los Estados Unidos.

Como la poltica es la economa concentrada, es evidente que la CELAC debe dar pasos importantes para fortalecer las iniciativas de integracin que hay en Amrica Latina y el Caribe. Para eso debe materializar el principio de la igualdad econmica interestatal, que no es otra cosa que alentar todas aquellas iniciativas conducentes a poner a fin al carcter primario-exportador de nuestras economas, por mucho valor agregado que se haga a la explotacin de los recursos naturales. Se trata de construir una economa latinoamericana basada en la complementariedad y la reciprocidad.

Y, finalmente, hablando de la incorporacin de nuevos principios, est el principio de respeto a todas las formas de vida. Esto impone el desafo de encontrar espacios de acuerdo para que las formas de reproduccin de la vida no sean incompatibles con la naturaleza, lo cual implica una redefinicin de las formas de producir y distribuir la riqueza. Amrica Latina y el Caribe son susceptibles de sufrir los ms terribles desastres naturales producto de huracanes, ciclones, sismos, terremotos, sequas e inundaciones. Ningn organismo regional puede ignorar esa realidad y no tomar medidas.

Pero sera ingenuo pensar que los Estados Unidos Estados Unidos van a quedarse quietos y resignarse ante la fundacin de este Foro Poltico que cuestiona su hegemona. Est claro que se esforzar por matar al nuevo organismo. Una manera de hacerlo ser por la va de fortalecer en sus gobiernos aliados la idea de no anteponer la Comunidad de Estados de Amrica Latina y el Caribe a la OEA. La otra, de tantas opciones en manos, derrocar a los gobiernos contestones del continente.

La fundacin de la CELAC es un acontecimiento histrico que da cuenta de la posibilidad que se tiene para avanzar hacia la emancipacin, pero tambin nos advierte de que se deber enfrentar a problemas y amenazas muy grandes. El imperio no est derrotado. El nacimiento de la CELAC ha sido un parto histrico, su proyeccin en medio del imperialismo ms grande que haya padecido la humanidad- ser una hazaa histrica.

Hugo Moldiz Mercado es abogado, periodista y magster en relaciones internacionales. Escritor e investigador y coordinador de la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad, captulo boliviano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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