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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2011

Julio Mario Santo Domingo y Alfonso Cano: hasta la muerte tiene sello de clase
Dos muertes que revelan la injusticia que caracteriza a Colombia

Renn Vega Cantor
Rebelin


En un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se seal que Colombia es el tercer pas ms desigual e injusto del mundo. Entre un total de 129 pases en los que se midi la desigualdad, Colombia ocupa el envidiable puesto 127, solamente superado por Angola y Hait. Desde luego que esta medalla de bronce en injusticia social debe tener desconsoladas a nuestras clases dominantes que, desde ahora mismo, prometieron hacer todo lo posible para saltar al primer lugar y obtener as la medalla de oro, porque no puede ser que hasta en eso no seamos los primeros, como lo somos en trminos de felicidad, donde se asegura que indudablemente ocupamos el primer puesto en el ranking mundial. Ya el rgimen de Santos entendi el mensaje que no podemos consolarnos con tan honroso tercer puesto y tenemos que ascender al primero en injusticia y desigualdad, lo cual se lograr con la implementacin de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, la Unin Europea y Corea del Sur, junto con todas las reformas internas que empobrecen an ms al pueblo colombiano. Que no lo duden los escpticos, que nunca faltan, porque en los prximos aos estaremos encabezando, sin discusin alguna, la lista de los pases ms miserables del planeta!

Esa desigualdad estructural e inherente a nuestra sociedad se puede mostrar con dos muertes que se presentaron en el ltimo mes en este pas del sagrado corazn. Nos referimos a la muerte del capitalista Julio Mario Santo Domingo y a la del comandante de las FARC Alfonso Cano. Una rpida comparacin de estos dos hechos nos confirma que hasta la muerte tiene sello de clase.

 

La muerte de un cacao

Julio Mario Santo Domingo muri de muerte natural en la ciudad de Nueva York, a los 87 aos de edad el 7 de octubre de 2011. Era en ese momento el multimillonario nmero 108 del mundo segn la revista Forbes, con una fortuna estimada en unos 9.000 millones de dlares. Como clara muestra de lo que es un capitalista en el mundo tropical no viva en Colombia sino que administraba sus riquezas desde el corazn del imperialismo, como los tpicos hacendados ausentistas que contratan capataces para que les cuiden sus propiedades. 

Como no es de extraar la fortuna que amas Santo Domingo se sustent en el delito y en los crmenes de cuello blanco, con lo cual se desmiente la afirmacin de Juan Manuel Santos cuando celebrando en forma morbosa el asesinato de Alfonso Cano sostuvo que el crimen no paga. Qu no paga?, si la historia de Julio Mario Santo Domingo demuestra con creces que el crimen es inherente y la fuente de la riqueza de los multimillonarios, porque aqul amas su fortuna mediante varios procedimientos criminales, entre los que sobresalen la evasin de impuestos, la destruccin de sindicatos y el apoyo a grupos paramilitares y a presidentes ligados al mundo del hampa, como Ernesto Samper y lvaro Uribe Vlez. Recordemos algunas de estas acciones. Para empezar, durante dcadas el clan Santo Domingo fungi como un poder en las sombras en el Congreso de la Repblica con el fin de que nunca se cobraran o se aumentaran los impuestos que deba pagar la empresa Bavaria, una productora de cerveza, que as dejaba de pagar millones de pesos al Estado. En el mismo sentido el hecho ms flagrante de evasin de impuestos se present en el 2005 cuando Bavaria fue vendida a la empresa sudafricana SABMiller, y como producto de dicho negocio Julio Mario Santo Domingo dej de pagarle al fisco nacional la bobadita de 1200 millones de dlares, un desfalco difcil de igualar en una sola transaccin.

En cuanto a la destruccin de sindicatos y la persecucin de los trabajadores, como buen capitalista Santo Domingo se dio a la tarea de liquidar cualquier intento de organizacin de sus obreros y empleados, como sucedi de manera reiterativa con los sindicatos de Caracol, Avianca y Bavaria, en los tiempos en que esas empresas eran de su propiedad.

Con relacin al apoyo a los paramilitares valga recordar que el capo Salvatore Mancuso seal en reiteradas ocasiones que la empresa de bebidas Bavaria le pagaba impuestos por operar en la costa caribe colombiana. En concreto confes que Bavaria desembolsaba unos 70 centavos de dlar por cada 30 cervezas que venda en la costa Atlntica y preciso que los directivos de Bavaria saban sobre esos pagos ya que los distribuidores locales exigieron que les ayudaran a absorber su costo. [1]

En cuanto su apoyo a presidentes en ejercicio es sabido el respaldo de Julio Mario Santo Domingo al gobierno de Ernesto Samper, el cual fue financiado tambin por el Cartel de Cali, hasta el punto que ese respaldo evit que ese gobierno cayera y, aunque tambaleante, se mantuviera durante cuatro aos. Y con respecto al rgimen criminal de lvaro Uribe Vlez, ste cont con el apoyo incondicional de Julio Mario Santo Domingo, el cual en repetidas ocasiones manifest su satisfaccin con la inseguridad antidemocrtica y fue uno de los que apoy la reeleccin de AUV. No poda de ser de otra forma, si se recuerda la evasin de 1200 millones de dlares que le facilit el inquilino de la Casa de Narquio.

Como no poda faltar, Santo Domingo para disimular sus desfalcos funga como filntropo cultural y deca apoyar obras de universidades y bibliotecas, algunas de las cuales llevan su nombre. Sus perioridistas a sueldo, en sus emisoras, canales de televisin y en sus peridicos y revistas porque este magnate era dueo de importantes medios de incomunicacin, se encargaban de exaltar su desprendimiento por el dinero que don a esas obras. Qu don o devolvi, como dira Facundo Cabral? Lo que don es una miseria insignificante con relacin a la evasin gigante de 1200 millones de dlares, porque por ejemplo en el caso de la Universidad de los Andes una institucin privada del gran capital que por lo dems no necesita este tipo de dadivas- les entreg la suma de 24 mil millones de pesos, que corresponden a 0,07% de lo que le birlo al fisco colombiano. Con esto, ha quedado el donante como un gran filntropo y se gana todo el aplauso de la sociedad colombiana. El resto US$1.190 millones de dlares se quedan en las arcas familiares. Y todo el mundo tan tranquilo [2] . Que filantropa y que desprendimiento, por lo dems digno de imitar!

Cuando muri Julio Mario Santo Domingo, los polticos, los funcionarios de gobierno y los plumferos a sueldo lloraron y lo exaltaron como un gran colombiano, tan grande que ni siquiera muri ni fue enterrado en este pas y no faltaron los lambiscones que llegaron a agradecerle por ser un defensor de la libertad de prensa, y uno de ellos dijo, sin rubor alguno, que solo por esto, slo por su compromiso por el periodismo libre de Colombia (no slo en El Espectador, tambin en Cromos, Shock y en el Canal Caracol), debemos rendir un tributo de agradecimiento al hombre de empresa que fue Julio Mario Santo Domingo [3] . Este hombre de empresa destrua sindicatos, financiaba a paramilitares, apoyaba a presidentes corruptos y criminales, evada impuestos y presuma de ser filntropo, adems contaba con un sequito de periodistas y literatos a sueldo para que le aplaudieran su falso desprendimiento. Todo esto es tpico de la burguesa colombiana, de la crema y nata de la sociedad colombiana, cuando muere uno de los suyos, de los verdaderos dueos del pas, de uno de los cacaos, como se llama en lenguaje coloquial a los miembros de los cuatro grupos econmicos que controlan y dominan a Colombia. Su mejor retrat fue escrito por otro periodista: Julo Mario Santo Domingo es una persona que inspira muy poca simpata en Colombia. Muchas de sus decisiones lo retratan como un hombre soberbio e intransigente que no tiene escrpulos en usar su extraordinario poder para desapretar los tornillos de la ley a su favor, en un pas que mira desde su balcn de Nueva York con los binculos de un hacendado [4] .


El asesinato de un rebelde

A las pocas semanas de la muerte del magnate Julio Mario Santodomingo, el 4 de noviembre fue asesinado por el Estado colombiano Alfonso Cano, comandante de las FARC, en un combate desigual, en el que se utilizaron 20 aviones y helicpteros y unos 1000 hombres y en el que se emplearon varias toneladas de explosivos. Ante este hecho criminal, las clases dominantes de Colombia, sus periodistas, politlogos y violentologos, as como polticos y analistas no han ocultado su felicidad, disimulando el carcter criminal del hecho y haciendo una apologa del terrorismo de Estado. Con muy contadas y honrosas excepciones, se ha aplaudido este asesinato poltico de Estado. Una de esas honorables excepciones la constituye la del arzobispo de Cali, Daro de Jess Monsalve Mejia, que ha dicho de manera categrica: Por qu no trajeron vivo, por ejemplo, a 'Alfonso Cano', cuando se dieron todas las condiciones de desproporcin absoluta y de sometimiento y reduccin a cero de un hombre de ms de sesenta aos, herido, ciego y slo? y por qu encapsular la lucha anti-guerrillera en ese marco de traer muertos a los cabecillas, sin agotar el marco tico de la no pena de muerte, de la captura como objetivo legal?" [5] .

Para justificar este hecho se han difundido todo tipo de calumnias sobre el comandante asesinado y en una forma morbosa y macabra se utiliz su cuerpo como trofeo de guerra por parte del rgimen y sus ulicos, as como por los buitres del periodismo colombiano, casi todos los que se llaman periodistas en este pas.

Guillermo Senz, el verdadero nombre de Alfonso Cano, haba nacido en 1948, el mismo ao del asesinato de Jorge Elicer Gaitn. Estudio antropologa en la Universidad Nacional y desde muy joven fue un militante revolucionario. Renunci a todo, a su familia, a las comodidades que le proporcionaba la clase media bogotana y se fue al monte, donde se enrol en las FARC y all permaneci durante cerca de 40 aos. Era un estudioso y conocedor de la sociedad colombiana, un hombre que convivi con la miseria rural y que por su disciplina ascendi en el seno de ese movimiento insurgente. Ahora que lo presentan como un delincuente, ocultando su carcter de rebelde, y cuando Juan Manuel Santos reconoce que llor de emocin al enterarse de la noticia, queda clara la arrogancia de las clases dominantes de este pas, as como la desigualdad latente de Colombia, que se expresa hasta en la forma de morir, porque mientras los ricos mueren de muerte natural en sus ricas propiedades de Manhattan, lejos del pas en el que se han enriquecido, con la sangre y el trabajo de los pobres, otros mueren en el monte colombiano, enfrentando a un terrible aparato de guerra, cuya funcin bsica es defender a los ricos que acumulan capital y mueren en el extranjero.

Resulta significativo que muy pocos se pregunten que lleva a un estudiante universitario a renunciar al relativo confort de la vida de la clase media urbana y a enfrentar a las clases dominantes y al capitalismo colombiano. Esta trascendental decisin no puede reducirse a un asunto meramente voluntario e individual, a la sed de enriquecimiento o a decir que es producto de un instinto inherente de violencia, porque eso es negarse a considerar la desigualdad que ha propiciado el conflicto social y armado que soportamos hace ms de medio siglo. Adems, es difcil argir que en la selva se disfruta de la riqueza o se vive como un rey, o que la violencia de nuestro pas es resultado de la accin de un hombre o de un grupo de rebeldes y no ha sido originada por la violencia del Estado y de las clases dominantes en los ltimos 60 aos.

Cuando se celebra, como se ha hecho, la muerte de un ser humano como si fuera un carnaval, algo que ni siquiera es original de las clases dominantes de este pas, porque simplemente se limitan a replicar las enseanzas de sus amos imperialistas (recurdese lo sucedido con los casos recientes de Ben Laden y Gadafi), es bueno constatar como esas clases dominantes han impuesto un social-fascismo (con su culto morboso por la muerte) que se manifiesta en comportamientos propios de una sociedad enferma y sictica, como lo hemos podido observar en las ltimas semanas, que danza con sadismo sobre el cadver de los dirigentes de la insurgencia.

Lo que las clases dominantes de este pas celebran es la muerte de un hombre que tuvo la osada y el valor de levantarse contra ellas. Eso es lo que no se puede perdonar, de ninguna manera, porque Cano enfrent el poder y la riqueza de la misma clase a la que perteneca Julio Mario Santo Domingo. No se admite la rebelin contra un orden desigual (que nos ha convertido en el tercer pas ms injusto del orbe) y eso se castiga no slo con la muerte sino con el escarnio pblico, como en los tiempos de la colonia y de Jos Antonio Galn. Hay que escarmentar con el cadver de aquel que se atreva a levantarse en armas contra el capitalismo gangsteril a la colombiana, porque eso perturba la tranquilidad de los dominadores, de los que viven en sus Bunkers privados en Colombia o en el exterior, y mueren en ellos, como le aconteci al magnate Santo Domingo. No se admite la rebelin y menos que alguien la mantenga a lo largo de su vida, hasta su muerte, lo que se tolera y se aplaude es a los conversos y arribistas que ahora son los portavoces del terrorismo de Estado y a los cuales se les premia con una vicepresidencia, un ministerio o la alcalda de Bogot u otra ciudad del pas.

Que al rebelde que han matado con saa se le acuse de los peores crmenes y as se justifique su asesinato es un pretexto para proteger a los criminales que le sirven al capitalismo criollo y que andan sueltos en todo el pas, y muchos de ellos ocupan altos cargos en la administracin pblica, en las Fuerzas Armadas, ejercen como periodistas, o son ex presidentes y muchos de ellos conviven con los paramilitares, a los que organizaron y financiaron. Por qu nunca se bombardean a las Bandas Criminales (bacrin) como la de los URIBEOS? Si el crimen no paga, como dice Juan Manuel Santos, por qu se respalda a la Pacific Rubiales y a todas las empresas petroleras y mineras que han dejado de pagar, como lo hacia Santo Domingo, varios billones de pesospor concepto de impuestos, debido a que han sido exoneradas por el Estado, mientras someten a condiciones infrahumanas de explotacin a los trabajadores en los campamentos de los nuevos enclaves?

Desde el punto de vista de los dominados, la muerte de Alfonso Cano fue heroica, no slo por las circunstancias en que se present, sino porque l nunca renunci a sus convicciones. En tal sentido puede decirse con las palabras de Adolfo Snchez Vzquez: Su preocupacin por la muerte nunca le hizo temerla () De esta lucha nada podra esperar l, indefenso como un tronco derribado. Y sin embargo luchaba (). Con la muerte cerca, viva, anudada en sus pulmones, se levantaba cada da. Pudo suicidarse. Hubiera sido el camino ms fcil. Y no lo quiso. Consciente, deliberadamente esper la muerte. Y cuando lleg la salud fra, serena, estoicamente [6] . Esto es algo que tanpoco pueden ni quieren entender las clases dominantes de Colombia y todos sus imitadores de la clase media que piensan que la rebelin se puede liquidar con la pura represin, los bombardeos y los crmenes de Estado, sin repartir ni un centmetro de tierra ni un gramo de riqueza, y que no existen hombres y mujeres dispuestos a dar la vida, porque sencillamente el capitalismo a la colombiana no les ofrece nada, ni en el presente ni en el futuro, a los pobres de este pas, salvo morirse de hambre, eso si con el cuento de que vivimos en el pas ms feliz del mundo.

Hasta el conservador peridico londinense The Times en una comparacin que hizo de las dos muertes, en la que, dando muestras de su postura de clase, dice que mientras Santo Domingo representa el xito en el mundo del capitalismo, el asesinato de Cano indica el fracaso de la utopa comunista, tiene que reconocer que la guerrilla colombiana se ha convertido tal vez en la ms vieja del mundo porque para muchos muchachos campesinos la posibilidad de una comida diaria, un uniforme y un fusil son la mejor opcin frente a la vida de un tugurio sin oportunidades [7] . Y al respecto la revista Semana, rgano de las clases dominantes de Colombia agrega con cinismo: El doble obituario del peridico The Times ilustra las contradicciones dialcticas de la realidad colombiana. Por un lado, el hombre que simboliza el xito en el mundo empresarial globalizado del siglo XXI, cuya muerte ha sido acompaada de mltiples reconocimientos y homenajes. Por otro, el que le dedic su vida entera a combatir ese sistema a travs de las armas, que acab siendo dado de baja en una madriguera, en medio del jbilo nacional por su desaparicin [8] .

Comentarios aparte, que el capitalismo sea exitoso est puesto en duda en todo el mundo por la profunda crisis que lo carcome y que el ideal comunista muera por el asesinato de un hombre es un disparate. Esta es una tpica lectura de las clases dominantes que efectivamente creen que el capitalismo es exitoso porque hay ricos y pobres, y que los fracasados son los que, como Alfonso Cano, han muerto combatiendo a ese sistema injusto y explotador. Adems, ese enfoque presenta la alegra de clase al ver morir a un adversario, como si fuera la alegra de todo un pueblo y supone que cuando muere un burgus todos perdemos. Una mirada histrica nos indica todo lo contrario, que quienes quedan en la historia no son los Santo Domingo y sus mulos, sino aquellos que los han enfrentado y que han demostrado su superioridad moral al ser consecuentes con el riesgo de morir al combatir a una oligarqua criminal y gangsteril, como la colombiana.


(*) Renn Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedaggica Nacional, de Bogot, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008.

NOTAS:

[1] . Mancuso dice que directivos de Postobn y Bavaria tenan conocimiento de los pagos de estas empresas a los paramilitares, en www.semana.com/on-line/ mancuso ... bavaria .../103676-3.aspx

[2] .Cecilia Lpez de Montao, Las donaciones de Julio Mario, en El Pasqun, 28 de enero de 2007. Puede consultarse en: blog.un pasquin .com/2007/01/las- donaciones-de-julio - mario .html

[3] . Hctor Abad Faciolince, Un recuerdo y una reflexin, en El Espectador, octubre 8 del 2011.

[4] . Gerardo Reyes, Don Julio Maro Santo Domingo, Biografa no autorizada, Ediciones B, Bogot, 2003.

[5] . www.verdadabierta.com/.../3731-arzobispo-de-cali-cuestiona-la-mue...

[6] . Citado en grandesmontanas1110.blogspot.com/.../adolfo-sanchez-vazquez.html

[7] . www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=167381

[8] . Ibd.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 


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