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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2011

Cinco tendencias mundiales en 2011-2012 y el aura de los derechos humanos

Carlos Alberto Ruiz Socha
Rebelin


En el cierre del 2011, en el da internacional de los derechos humanos (10 de diciembre), en este momento de quiebre figurado que suele hacerse y que en esta ocasin cobra ms sentido, debe trazarse una visin crtica que nos recomponga la sustancia de esos derechos como herramientas de confrontacin, es decir para recuentos de ruptura y no para reflexiones contemplativas, as como para posibilidades de tensin y no para apaciguamientos, a quienes creemos desde la Izquierda un deber luchar en su defensa real contra el orden establecido, pese a los augurios de fracaso o aislamiento.

Desde ese sentimiento llamado indignacin que no es slogan para nosotros, que bien puede reconocerse suscitado en la reaccin hasta fisiolgica ante las injusticias, debe procurarse cuidar la raz de un alegato emancipatorio, en el espacio tumultuoso, alienante y alienado, vaco y congestionado, de una era global en la que quien mata se autoproclama como titular del derecho a proteger y para ello interviene con su derecho y por la fuerza, arruinando pueblos, territorios, naciones, regiones y culturas. poca en la que sistemticamente se (des)informa y se (de)forman conceptos concernientes a los derechos humanos, siendo stos despojados y necesitada su razn de ser reasumidos ms all de su enunciacin lineal y de su formalismo.

Si un pensamiento de liberacin los ha incorporado como medios por la lucha y para su despliegue creativo mirando a la dignidad y dignificacin del ser humano, es decir hacia la bsqueda de garantas efectivas de cumplimiento material que configuran el bien estar y el buen vivir colectivo, tales derechos humanos se nos tergiversan si no los vinculamos o enmarcamos en los procesos reales y no artificiosos que este ao 2011 se nos han revelado o plasmado, y que continuarn pronunciados muy seguramente en los escenarios del 2012.

Se trata de al menos cinco dinmicas y tendencias mundiales que se han superpuesto o intrincado recientemente, que no slo condicionan a futuro la formulacin de los derechos humanos sino que determinan radical y aceleradamente su exposicin. Son estas cinco marchas: 1) la crisis econmica mundial, principalmente la maniobra financiera; 2) las revueltas polticas, bsicamente las signadas en 2011 en una parte del denominado mundo rabe; 3) las contradicciones de la respuestas de la Izquierda a esas convulsiones sociales; 4) el nuevo ciclo fascista de regulacin global; y 5) el exhorto de un nuevo idealismo y su carga material activa en el balance de poder.

1) La crisis econmica que nos revenden desde hace ya cuatro aos es la superficie de la crisis de civilizacin que nos ocupa; la celeridad y extensin rapaz de un modelo de mercantilizacin que es depredador de la vida humana y del planeta, devastador de las relaciones sociales y su mantenimiento con el compromiso de valores de convivencia y cuidado. Es la destruccin de cnones relativos al derecho de intervencin social-estatal para la preeminencia del bien pblico. Ya deshecho de su promesa de igualdad, el liberalismo baja la cabeza tras el derecho de pernada financiera. Un nico poder de ncleos de ricos y cnicos, articulados en la lgica de su hegemona, que subordinan de manera manifiesta y explcita las sucesiones y las formas de la poltica. Adoptan las decisiones verdaderas en un estado mundial de excepcin. Es decir, retomando a Carl Schmitt, se plantan y expresan como autnticos soberanos. Soberano es quien decide en los momentos de excepcin, por fuera de la retrica legal. La mano (in)visible que estrangula pases y que trunca la vida de seres humanos, ha demostrado que es la soberana fidedigna. En cambio no la democracia, ni la constitucin poltica, ni la juridicidad. Para la civilizacin y la ilustracin que sembr esas nociones al lado de los derechos humanos, resultando stos superiores en aquellas guillotinas, contra la absolucin de los tiranos de entonces, es fundamental tomar nota de la necesidad de rebelarse contra este nuevo absolutismo, contra los mercados ab-sueltos de la ley con la que s se nos somete. La disyuntiva probada: o los derechos del mercado a todo, o los derechos de todos los humanos como lmites a esa racionalidad de la compra-venta y el pillaje.

2) No lejos de la primera marcha. Son las llamadas revueltas de la primavera rabe. Sin lugar a dudas es la respuesta en forma de tempestad a viejos vientos y regmenes. Aquella y stos anticipan, en cada extremo, la actual configuracin dspota, neo-seorial y neo-liberal del mundo, y la probable contestacin desde abajo. A la opresin del antes y del ahora, surge la rebelin del maana. Protestas, conatos, concentraciones de multitudes, indignacin en el grito y en el puo, masas interpuestas, cuerpo tejido que certeramente est en la mira, contra lo que no se puede apoderar de todo, todo el tiempo. Interfiere como lmite. Se hace lmite e impone un giro, otro horizonte y en consecuencia abre un camino. Los derechos humanos de esa ideologa liberal trasvasada en parte con el colonialismo, y en confluencia, se reivindicaron entonces como base de la democracia que deba explicarse en la modernidad al satisfacerlos. La leccin es ms clara: en el siglo XXI tambin los derechos humanos se ganan, surgen de batallas sociales y polticas, y por supuesto tambin del desarrollo y el equilibrio de la colisin, incluso militar, de fuerzas. Deben verse en ese laberinto. Como hijos promisorios nacidos con apellido hace menos de 250 aos, ofertados para distintas castas en la metrpoli y subastados slo para una en la colonia. Por lo tanto: un privilegio para pocos. Contra ese estado de cosas se rebel e inmol el vendedor de frutas Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid.

3) Surgidas como legtimas rebeldas ante estructuras conservadoras o retrgradas, es decir la explosin del inconformismo de abajo frente a un poder no representativo, ni popular, y mucho menos revolucionario, aunque en el pasado en algn momento se haya revestido de disidente, como fue el caso de Libia, lo cierto es que en la prctica de esa oleada de insurrecciones, se inscribi la incapacidad de una gran parte de la Izquierda, para conectar eficazmente con esa lucha defensiva que se elevaba contra autocracias aliadas de Occidente. Las contradicciones en las respuestas de la Izquierda a esas convulsiones sociales, se simbolizan en absurdos apoyos a dictadores, mientras tales revueltas fueron y son todava instrumentalizadas y proyectadas por un poder ms asesino y expoliador, como es el que se registra bajo la patente de la OTAN. La leccin est a la vista: la denuncia de la violacin masiva y sistemtica de los derechos humanos no es ni puede parecer un patrimonio moral de la Derecha y del Imperio y sus agencias. Por congruencia y definicin, es slo una labor tica y poltica de la Izquierda, que debe no slo saber reconocer la falsedad o simulacin de sus colaboradores, como Gadafi se presentaba ganando el respeto de una Venezuela Bolivariana, por ejemplo, sino que debe, esa Izquierda, saber cmo acompaa y articula en una especie de Internacional de las Resistencias, los brotes de rebelin no falsaria sino genuina y justificada, es decir el fantasma de esas alteridades rebeldes que nos recorre y que fomentan las alternativas.

4) El nuevo ciclo fascista de regulacin global, que obra con la tenaza de las pacificaciones o sumisiones, ya por la frula del garrote o por la aprobacin de la rendicin, tras la cual desde un pas entero hasta colectivos reivindicativos, deben aceptar su ruina y su dependencia, quedar hipotecados y en franco vasallaje, refrendando las nuevas reglas de la exclusin dominante del capital con las que se explica el mundo o cmo sobrevivir en l a partir de una nueva segregacin que impone escoger slo una de dos palabras: paz o justicia, pero no paz con justicia. Para la primera, la paz fascista, el recorte de derechos y la asuncin de la desigualdad manifiesta, certifican la cohesin; que stos han quedado reservados como integridad slo para una plutocracia y sus cortes. Para quienes aspiran a la justicia, existen formas de disuasin. Sus gestores identifican y se adelantan a los movimientos rebeldes, los neutralizan y los cooptan, disponiendo contra ellos medios de distraccin, desgaste y enfrentamiento infructuoso y ficticio, tanto selectivo como indiscriminado. Hace entonces funcional distintas guerras y diversos caos, del mismo modo que las paces y su orden, para reforzar el estado de excepcin en el que se salva el que puede decidir no con el derecho sino con la fuerza, o sea la ley del ms fuerte para el ms fuerte. Una servidumbre es servida as al paso de la mercantilizacin y la ganancia, que la recompensa por la obediencia, por el acatamiento del suicidio. Concurre en forma de linchamiento de los que piden justicia y perturban la paz de los cementerios; nos visita en la exaltacin diaria del que argumenta y banaliza el genocidio y el ecocidio, mientras unas lites se lucran. Se basa en su negacin del cambio y en el negacionismo de su causa, en la malograda refundacin del capitalismo, instaurado como nico y universal destino, como fin de la historia y confn del ser humano. Los derechos humanos, si no han sido enajenados y vaciados como institucin, deben ser armas que apunten contra esa resolucin totalitaria.

5) Aunque aniden en experiencias y paradigmas realistas que portan tal ideologa neofascista, los derechos humanos como discurso de apelacin internacional deben ser recobrados y tratados por la Izquierda como recursos de contraste, en cuyo mismo texto y contexto se declaran los derechos de los pueblos, el derecho a la rebelin, al fin de las ocupaciones, a la independencia y a la resistencia, as como la perspectiva de las luchas de las mujeres y el derecho a la afirmacin de los bienes comunes de la humanidad, en el marco de los derechos para rehacer un habitar sostenible en el planeta. Recuperados, ms all, y en oposicin, de ser vistos como un producto pragmtico en los cuadros y clculos de los intereses geoestratgicos o geopolticos en juego, en cuya telaraa pueden quedar atrapados forzosamente, pero no de manera ineludible e irremediable, algunos brazos y cadenas de gobiernos de Izquierda y parte de las plataformas o redes con tal identidad. Que pueden y deben esbozar proposiciones idealistas, de construccin de imaginarios que las encarnen, de mtodos y procesos de salida ante la confusin o falsa ininteligibilidad del mundo. Podemos defender y cimentar las condiciones de garanta de los denominados convencionalmente derechos humanos sin dejar de ser anti-imperialistas, conscientes que el Imperio manipula su enunciado y lo plasma en su soflama contra la rebelin que no puede usar. Lo que pasa en Siria hoy lo demuestra. Podemos repudiar la violencia contra el pueblo y a los centros de poder internacional que la rentabilizan. No hay incoherencia. Tal conjuncin de derechos es la base tica irrenunciable en la que las fuerzas de Izquierda construirn en inteligente armona el anti-imperialismo absolutamente necesario, y sobre la que se impulsar esta etapa de trnsito post neoliberal hacia un socialismo global que no puede ser indolente. As, los derechos humanos, aquello a salvaguardar por encima de cualquier situacin, como no morir de hambre ni ser torturado, no son ni una ddiva del poder, sino nuestro fruto: para la lucha contra el sistema que los niega o los sacrifica para afianzar la concentracin del capital y para blindar a los amos.

Recapitulando: los derechos y las rebeliones que los sustentan se explican en el mismo grito de la humanidad que se impone como lmite fctico y no meramente formal o normativo frente al mercado global, ante su soberana desbocada y su compulsin neofascista. Los derechos humanos estn en la cantera de la reconstruccin y creacin de las alternativas de Izquierda, no son bienes gratuitos sino que (in)surgen de batallas a dar y ganar contra el capitalismo, interponiendo el cuerpo y su fuerza, por lo tanto no son slo el fin ni son slo el medio. Son un demanda de auto-constitucin en el camino del buen vivir ac y ahora, en la historia. Entre dos aos vistos, apenas el espacio de una milsima de segundo en nuestra consciencia, que rubrican nuestra debilidad, nuestro relativo e individual abatimiento, pero tambin nuestras luces, nuestras certezas y el asomo de una potencia de dignidad posible de la especie en su morada degradada por un sistema ciego. Todava generosa, en esa caverna han sido inscritas las cruces y runas de los derechos humanos y a su lado superiores y preferibles grafas de las utopas de luchas por el bien comn.


*(*) Carlos Alberto Ruiz es Doctor en Derecho, autor de La rebelin de los lmites. Quimeras y porvenir de derechos y resistencias ante la opresin (Ediciones Desde Abajo, Bogot, 2008).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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