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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2005

Una crtica del xito de ventas Confesiones de un asesino econmico a sueldo
Fracasos de un asesino econmico a sueldo

Mark Engler
Rebelin


Desde David Horowitz a Christopher Hitchens, los progresistas cambia-casacas no parecen tener mucho problema para encontrar una clida bienvenida en la derecha. Siguiendo el ejemplo de los conservadores, parece prudente no rechazar a los perros de ataque republicanos y guerreros de los grandes negocios cuya conciencia despertada les hace desear expiar sus fechoras.

Esta actitud puede que explique el reciente abrazo ofrecido a John Perkins, un ex consultante corporativo y autor de Confesiones de un asesino econmico a sueldo. Sorprendentemente este libro, que usa la perspectiva de un enterado para construir una abierta crtica a la globalizacin neoliberal y a la poltica exterior de EEUU, ha llegado tan alto como hasta el nmero nueve de la lista de libros ms vendidos de The New York Times. En meses recientes Perkins concedi a Amy Goodman una larga entrevista por radio y dict conferencias a audiencias atentas en el Foro Social Mundial de Porto Alegre.

Lamentablemente, Confesiones no es un buen libro y los lectores tienen razn en creer que Perkins an tiene que ganarse el lugar de honor que le han concedido algunos globalistas preocupados.

Es cierto que Perkins ha escrito un atractivo recuento de los "profesionales muy bien pagados que estafan billones de dlares a pases en todo el mundo. Ellos trasladan dinero del Banco Mundial y de otras organizaciones de 'ayuda' extranjera hacia los cofres de las enormes corporaciones y hacia los bolsillos de unas pocas familias ricas que controlan los recursos naturales del planeta". Estos profesionales son los asesinos econmicos a sueldo titulares. Y Perkins nos dice que, durante la dcada del 70, l era uno de ellos, que lleg hasta el cargo de "Economista en Jefe" en la poderosa y secreta firma contratista de Chas T. Main.

El autor asegura que, despus de ser reclutado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), fue enviado al sector privado. All trabaj a sabiendas para convencer a pases pobres de aceptar prstamos que nunca podran pagar, con el fin de que firmas como Main, Halliburton y Bechtel pudieran disfrutar de lucrativos contratos de construccin y el gobierno de EEUU pudiera ejercer su poder sobre las naciones endeudadas. "Mi editor pregunt si realmente nos autotitulbamos asesinos econmicos a sueldo", escribe Perkins. "Le asegur que s, aunque utilizbamos solamente las iniciales" (AES). El hecho de que muchos norteamericanos se estn enterando por medio del libro de Perkins de los malvados actos de los AES indudablemente es una buena cosa.

El problema es que el contenido real de la admisin de Perkins demuestra ser angustiosamente dbil. Resulta que, desde que l se retir hace veinticinco aos, los AES han dejado de existir como tales. Al final de su carrera, la "corporatocracia" ya "haba mejorado o era ms perniciosa". Al hablar de las personas que l reclut para su firma, Perkins escribe que "en sus vidas no haba habido pruebas de polgrafo. Nadie les haba detallado lo que se esperaba que hicieran para cumplir su misin de imperio global". Los agentes corporativos de hoy, como sospechbamos mucho antes de que nos lo dijera Perkins, simplemente operaban en busca de ganancias y poder, con la conviccin de que el crecimiento econmico lograr la salvacin. El ejercicio explcito de poltica exterior de mala fe representada por los AES ya no es necesario.

En Porto Alegre, Walden Bello situ a Confesiones en el mismo rango que los Documentos del Pentgono y las memorias anti-CIA del ex agente Philip Agee. De manera similar, en su nota de solapa, David Korten escribe que Perkins "nombra nombres y conecta los puntos". Pero eso es precisamente lo que Perkins no hace. A diferencia de la larga lista de Agee de operativos de la CIA, Perkins no menciona a nadie. En vez de poner su propia evidencia de ofensas especficas, l utiliza lo ya publicado para probar sus revelaciones. Usa un artculo de Vanity Fair para discutir la relacin de los Bush con la familia real saud, y se refiere a su propio contacto saud como el "Prncipe W."

Y tambin estn sus inclinaciones New Age. Hacia el final del libro Perkins relata su actual trabajo no lucrativo con pueblos indgenas en lugares como Ecuador. En un giro grotesco, profundiza en un tipo de esencialismo que, afortunadamente, hace mucho tiempo que ha sido desterrado de las facultades de Antropologa de las universidades. Perkins retoma "La Profeca del Cndor y el guila", y predice una era en la cual "el pueblo amaznico del Cndor", con su sensibilidad "intuitiva y mstica", aprender a vivir en paz con el guila "racional y material".

Destino del "Tercer Milenio" aparte, parece que la penitencia de John Perkins es incompleta -que debiramos exigir algo ms que sus Confesiones. Si otros AES dan el paso al frente como resultado de este libro y confiesan los negocios y negociantes especficos que han modelado la era moderna de la globalizacin, sera un resultado inspirador. Pero por el momento slo tenemos a Perkins. l ha escrito la versin de aventuras de espionaje de su vida pasada, diseada para ser accesible, aunque no ofrezca mucha grasa en el hueso. Ahora que ya ha capturado nuestra atencin, que nos d la carne.


Confesiones de un Asesino Econmico a Sueldo
Por John Perkins
Berrett-Koehler Editores, 250 pginas, $24.95


- Mark Engler, escritor residente en la Ciudad de Nueva York, es comentarista de Foreign Policy in Focus. Se le puede contactar por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com.


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