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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2005

Bernard Cassen habla de la controvertida relacin entre izquierda radical e islam
Nuevos proletarios, viejos principios

Anna Maria Merlo
Il Manifesto


Traduccin para Rebelin de Gorka Larrabeiti

Fue a partir del Frum Social de Pars de hace dos aos cuando explot abiertamente la cuestin con la consecuencia hasta ahora de una ruptura en el movimiento altermundialista y de una crisis en su seno, que haba venido a la luz en el Frum Social de Londres: por qu parte de la izquierda se ha dejado arrastrar por una aplicacin selectiva de los valores universales? Hemos planteado esta pregunta a Bernard Cassen, presidente honorario de ATTAC y director general de Le Monde Diplomatique, que ha afrontado esta laceracin, ms debatida en Francia que en ningn otro lugar. La ocasin nos la brindaba la entrevista con Tariq Ramadan, publicada recientemente en Il manifesto, en la que ste habla de su propuesta de una moratoria sobre la lapidacin, o sea, de la posibilidad de sentarse en torno a una mesa a debatir si es oportuno o no discutir sobre un crimen contra la humanidad.

La extrema izquierda est sacrificando los principios universales en aras del dilogo con los oprimidos?

Sea quien sea el interlocutor con el que tenemos que trabajar y son muchos- no podemos sacrificar los principios republicanos fundamentales, como el de la igualdad hombre-mujer o el de la laicidad, y , en consecuencia, el de la distincin entre un yo religioso y un yo poltico, favoreciendo consideraciones a breve plazo.

Qu es, entonces, lo que empuja en esta direccin?

En Francia hay una situacin especfica, que, sin embargo, tambin existe en otros lugares: es la mala conciencia del colonizador, que provoca que su culpa no termine nunca de ser expiada. Es como un pecado original, que asume incluso quien ha luchado contra la colonizacin, hasta arriesgando. Yo, que particip en esta lucha cuando era estudiante, por ejemplo en la manifestacin en Charonne donde hubo ocho muertos, no tengo nada que reprocharme personalmente, pero debera asumirme la responsabilidad de las desgracias de la colonizacin del XIX. Esta actitud est presente en la extrema izquierda y entre los Verdes: invitan a recordar, justamente, las derivaciones y los crmenes de este o aquel gobierno, endosando la responsabilidad al pas entero, mientras muchos ciudadanos estaban en contra. Es decir, se opera una focalizacin sobre una parte de la historia colonial y postcolonial que determina el resto de los comportamientos.

Existen, adems, otros objetivos inmediatos: una parte de la izquierda cree que ha llegado el fin del proletariado tradicional, el de Marx para entendernos, que ya no existira aunque en Francia haya 6 millones de obreros- y se crean un proletariado de sustitucin, constituido por los inmigrantes. As dicen que el nuevo proletariado tiene razn y crean un cortocircuito: inmigrante igual a islam igual a Ramadan, quien se autoproclam portavoz de las periferias (banlieues). Su argumento es que, en la periferia, vive tambin gente no musulmana, y que la mayora de los musulmanes no son practicantes. Su argumento es que en las periferias hoy los jvenes sufren discriminaciones lo que es cierto- y por esto se reconocen en el islam; y, que, dentro del islam, es con Tariq Ramadan con quien hay que dialogar si se quiere evitar que estos jvenes caigan en el integralismo. El mal menor.

Sin embargo, como militante de ATTAC, tengo que decir que no he visto nunca ni a Ramadan ni a su gente participar en las luchas de los altermundialistas, en contra del liberismo, en contra de los parasos fiscales, la especulacin financiera, los ogm: ni una palabra. Adems, Ramadan se aprovecha del sentido de culpa de la izquierda con los inmigrantes. Hay que recordar que no hemos estado esperndolo para luchar por los derechos concretos de los inmigrantes: l, en cambio, hace pasar esta lucha bajo otro registro y muchos no ven la diferencia.

A pesar de todas las precauciones de estilo a las que recurre, Ramadan afirma que las leyes de la repblica valen slo hasta que no entran en contradiccin con el islam. Cuando propone la moratoria sobre la sharia, a quin se dirige? Ramadan no se ve como ciudadano suizo (que lo es), sino como un miembro de una comunidad de creyentes. Es escandaloso esperar que telogos diriman si la lapidacin est bien o mal, porque aceptando este nivel de discusin, nos situamos en la lucha fundamentalista.

Que algunos altermundialistas laicos y feministas acepten servir de trampoln para esta empresa de islamizacin, reaccionaria en el sentido estricto del trmino, puede parecer increble. Pero tienen una respuesta lista y sincera sin duda: como Ramadan dispone de un pblico joven que lo escucha y lo reverencia, discutamos con ellos. En contacto con nosotros, modificarn su visin de las cosas y quiz les convenceremos para que acepten nuestras ideas. Este clculo, que suena a recuperacin, es de un candor desarmante. Parece el partido comunista francs de los aos de oro, que se propona desplumar el pollo socialista; estos ingenuos quieren desplumar el pollo musulmn.

Ramadan seduce a parte de la extrema izquierda porque pretende hablar en nombre de los oprimidos. Es un anlisis grotesco; en efecto, no hace referencia a un anlisis de clase, visto que entre los musulmanes hay ricos y pobres, y que ser musulmn es relevante slo en una lgica interclasista. Ramadan es un predicador, como los misioneros catlicos: quiere atraer a la gente hacia su causa.

La alianza entre islam y extrema izquierda ha tenido lugar especialmente en Gran Bretaa?

En Gran Bretaa se da tambin una cuestin electoral, ya que, en Londres, una parte consistente del electorado es de origen inmigrante, y su mayora es musulmana. Para la extrema izquierda anti-Blair, sta es una alianza electoral que funciona y que se justifica sosteniendo que los musulmanes son el nuevo pueblo oprimido. Pero se ha de hacer una crtica de fondo a esta posicin: en un dilogo abierto, se deben afrontar interlocutores que, en lugar de en cuanto ciudadanos, dialogan en cuanto musulmanes, y que anteponen la pertenencia religiosa a la ciudadana. Se trata, por tanto, de un dilogo imposible, pues no se habla de lo mismo y se consideran finalidades muy diferentes: si actan como musulmanes, tienen reglas y cdigos que no tienen nada que ver con el lugar concreto en el que viven. Para m, esta es una ilusin completa de una parte de la izquierda. Alex Callinicos, lder del partido troskista Socialist Worker Party, teoriza esta alianza paragonando los musulmanes con los trabajadores irlandeses catlicos de hace siglo y medio por el hecho de que, en periodos distintos, tanto los unos como los otros sufrieron la opresin imperial britnica, pero olvida voluntariamente que los irlandeses se consideraban trabajadores comprometidos en las luchas sociales, mientras los militantes de algunas organizaciones musulmanas se consideran musulmanes y basta.

La presencia de Ramadan en el Frum social de Pars concit muchas crticas. Por qu fue invitado?

Nadie invit a Ramadan. Sin embargo, los Frum, el de Pars como el de Londres, son gestionados por organizaciones que declaran adherirse a los principios de Porto Alegre y nadie puede impedir las iniciativas de los miembros, que tienen derecho a celebrar seminarios y a invitar a quien quieran.

La consecuencia de la aceptacin del relativismo cultural es la explosin de los comunitarismos. ltimamente, en Francia, se han sucedido una serie de peticiones, desde la de los indgenas de la repblica en nombre de los colonizados tiempo atrs, hasta esa contra el racismo anti-blanco de las manifestaciones en los institutos. Cada uno se cierra en su propia identidad comunitaria, los pueblos de origen inmigrante (divididos, a su vez, en su interior), los hebreos, los blancos franco-franceses etc.. con el riesgo de llegar incluso a choques violentos. Estamos creando una Bosnia en nuestra propia casa atizando el fuego de las pertenencias comunitarias y optando por una aplicacin selectiva de los principios universales?

Es una buena imagen. En Holanda vemos ya los resultados de esta tendencia. Hay que recordar que ste es un filn explotado por la derecha, y entra dentro de la lgica de la actual administracin estadounidense. Es una tendencia que, una vez en marcha, es imposible parar. En su origen est la ausencia culpable de la poltica de los distintos gobiernos sucesivos en las periferias, lo que ha favorecido un repliegue hacia la comunidad, nica fuente de valores y criterios de estructura. Pero ste es el colmo de la inconsciencia poltica, racista, que deja a la gente anclada en su propia condicin de origen y esencializa condiciones contingentes: se constrie a los inmigrantes a aceptar su condicin de colonizados, y a los otros, la de colonizadores. Se crea as un impasse sobre la realidad de hecho, que, por suerte, est ms diversificada. Se crean condiciones cercanas a la guerra civil, un callejn sin salida: si hay colonizados, la nica va es la lucha por la liberacin. Ahora bien, as se juega con fuego, se mete a todos los musulmanes en el mismo saco, mientras la mayora es hostil al integralismo: son personas laicas como nosotros. Los decenios de escandalosa indiferencia por parte de los gobiernos en relacin con las zonas urbanas donde se concentran todos los problemas sociales, el desempleo masivo juvenil, las discriminaciones y, a veces, el racismo cotidiano del que muchos son vctimas, han hecho de estas zonas territorios de no-derechos, donde se niega toda aspiracin a una ciudadana plena y entera, lo que implica la desaparicin de todo proyecto colectivo. Esto explica el repliegue hacia las comunidades, que, despus de todo, son refugios de solidaridad imposible de encontrar en otro lugar.

sta es la situacin concreta. Una situacin que desafa a todas las estructuras del movimiento social y en particular las que se reconocen en el movimiento altermundialista- a reunir, en cuanto ciudadanos, a los jvenes de origen inmigrante, sean musulmanes o no, en torno a objetivos de transformacin social directamente tangibles, y, en consecuencia, de ruptura con las polticas neoliberistas de las que estos jvenes son las primeras vctimas. Pero, repito, sea quien sea nuestro interlocutor, no debemos sacrificar los principios fundamentales para establecer contacto con ellos.



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